- Hola. – Edgar estaba sentado en mi cama. Al parecer me había dormido y ya eran las cinco de la tarde.
- Hola. – sonreí. Busqué desesperadamente el mp4 por toda mi cama y lo encontré debajo de la almohada. Lo apagué y lo dejé encima de la mesita de noche.
- ¿Cómo te encuentras?
- Muy bien. Me he sentado en la cama a escuchar un poco de música, y al parecer me he quedado dormida.
- Si, eso parece. – los dos reímos
- Bueno, a parte de venir para ver como estabas, he venido para hablar de algo más.
- ¿Ah, si? – me incorporé en la cama quedándome a su altura.
- Sí. Quiero que me expliques lo de la apuesta de Fanny. Pero quiero que me cuentes la verdad.
- Vale, no hay problema.
Le expliqué con todo detalle lo de la apuesta. Desde que fue ella la que vino a proponérmela, así como que la ganó al liarse con él y el que luego me amenazaba para que no me acercara a él.
- Por eso estuve unos días distante contigo. No podía dirigirte la palabra. Si me veía ella…
- Ya, entiendo. ¿Y por qué aceptaste la apuesta? ¿Pensabas que la ibas a ganar?
- No, no lo pensaba. Pero si decía que no, ella iba a salirse de todas formas con la suya. Y así, por lo menos, tenía una oportunidad para intentarlo, ¿no?
- Joder, Leire. No me esperaba esto de ti. Me has dejado de piedra. Pensaba que tú eras diferente, pero…
- Y lo soy, Edgar. Soy diferente a las demás. Bueno, tú me conoces y sabes como soy.
- Te conocía. Después de esto, no se que pensar. Yo en la fiesta quería estar contigo, y hubiera deseado que en vez de Fanny hubieras sido tú la que estuvo conmigo en esa habitación.
- Yo también, Edgar, yo también. Pero no fue eso lo que ocurrió.
- Lo sé. Pero no debes de machacarme, porque como sabes, yo no me acuerdo de nada. No lo hice porque quisiera, lo hice porque iba…
- Lo sé. No me lo recuerdes.
- Yo quería estar contigo. De hecho, creo que te lo hice saber, ¿no?
- Si, un poco. Aunque a tu manera.
- Joder, Leire. – resopló. – De la única manera que sé. – nos quedamos un par de minutos en silencio mirándonos.
- Si tanto me conoces… - empecé a decirle. – sabrás lo que estoy deseando hacer ahora, ¿no?
- Claro que lo sé, porque yo quiero hacer lo mismo.
Se acercó un poco más a mí. Colocó sus manos dulcemente sobre mi cintura, y atrayéndome hacia él, posó sus labios suavemente sobre los míos. Estaban húmedos pero a la vez calientes. Al principio, el beso fue un poco tímido pero, poco a poco, fue subiendo de tono. Me besaba apasionadamente, con ganas y deseo, y me acercaba cada vez más contra su pecho. Le separé con un pequeño empujón.
- ¿Qué ocurre? – me preguntó. - ¿Qué he hecho mal?
- Nada, nada.
- ¿Entonces?
- Vas demasiado rápido. Te dije que el sábado te daría la contestación.
- Pero si tú también querías besarme…
- Sí, pero no pensaba que lo ibas a hacer. Aún no tengo las cosas demasiado claras.
- ¿Aún después de este beso no lo tienes claro? ¿Es que no te ha gustado?
- Edgar… me ha encantado. Pero aún no sé si los pros superan a los contras. Necesito este último día para decidirme por fin.
- De acuerdo. – me sonrió. Agradecí ese gesto, ya que no estaba nada cómoda diciéndole ese tipo de cosas.
Estuvimos hablando durante un largo rato, hasta que Edgar decidió irse. Me dio un tímido beso en la mejilla, y salió de mi cuarto con paso decidido. Oí como antes de irse pasó por el cuarto de Isaac a saludarlo.
El timbre sonó. Mi madre fue a abrir la puerta. Por el tono con el que hablaba a las personas que había en la puerta, supuse que eran mis amigas. Subieron corriendo escaleras arriba y abrieron la puerta de mi habitación de golpe.
- Hola enfermita. – dijo Nanni mientras se tiraba en la cama a abrazarme.
- No estoy enferma, estoy bien. – aclaré.
- Entonces… ¿por qué estás en la cama? – preguntó Auro mientras me daba un beso en la mejilla.
- Porque me he puesto a escuchar música, y me he quedado durmiendo. Estaba algo cansada.
- Pues no se te nota en la cara. Pareces contenta. – dijo Nanni.
- Si, es que ha estado Edgar aquí. Bueno, de hecho está en el cuarto de Isaac.
- ¿Ah sí? ¿Y a qué ha venido? – preguntó un poco cotilla Auro.
- Pues a verla, ¿a qué si no? – dijo Nanni mientras sonreía y pegaba unos golpecitos en la cama.
- Y a aclarar lo de la apuesta de Fanny. Le he contado la verdad.
- Claro. Siempre la verdad por delante. Además, Fanny es la que tiene la culpa. – dijo Nanni.
- Si. Pero ha pasado algo más…
- ¿Sí? – dijeron las dos al unísono.
- Nos hemos besado. Pero un beso bastante subidito de tono.
- ¿¡Qué!? – Nanni saltó de la cama. - ¡Que fuerte! No me lo puedo creer. ¡Que bien, Leire!
- … - me quedé un par de segundos en silencio.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Auro. - ¿No te gustó?
- Si, claro que me gustó. Pero es que así lo único que hace es confundirme. Cuando tenía casi claro de que no quería nada con él, va y me da de nuevo un beso.
- ¿Cómo qué de nuevo? ¿Ya te había besado antes?
- Claro, ¿es qué no os lo he contado esta mañana?
- ¡No! – dijeron las dos a la vez de nuevo.
- Se me habrá debido de pasar…entre lo del desmayo y todo lo demás. Bueno… pues ya lo sabéis.
- Vaya… pensé que Edgar nunca se iba a lanzar. – comentó Auro.
- Yo no quería que se lanzara. Ahora las cosas son mucho más difíciles de lo que son ya de por sí.
- Ahí tienes razón. – las tres nos quedamos en silencio sin saber que decir.
- Bueno… - empezó a decir Nanni. – si ya estás bien, vamos por ahí a dar una vuelta.
- ¿Pero que estás diciendo, N? – dije. – ¡Si ya son las ocho!
- Vaya, es verdad. Pensaba que era algo más pronto.
Llamaron a la puerta. Después de contestar con el típico “adelante”, Edgar y mi hermano entraron a la habitación. Auro, al ver a Isaac, se sonrojó.
- Leire, venía a despedirme. Ahora si que me voy. – los dos reímos mientras los demás no entendían a que venían esas risotadas.
- Vale. ¿Nos vemos mañana?
- Claro, claro. Mañana nos vemos en el parque. Bueno, creo que vendré antes aquí, y así me voy con tu hermano. – le pegó una pequeña palmada en la espalda. Isaac no se quejó.
- Hecho. Mañana nos vemos. – le sonreí.
- Adiós a todos. Hasta mañana.
- Adiós Edgar. – dijeron Auro y Nanni al unísono.
- Bueno… - dijo Isaac cuando Edgar hubo cerrado de nuevo la puerta de la habitación después de salir de ésta. - ¿de qué estabais hablando?
- ¿Y a ti que más te da? – le dije. – Luego me dices a mí que soy una cotilla, y eres tú el más “maruja” de esta habitación.
- No sé yo que decirte, ¿eh? – añadió Auro. – Yo creo que Nanni le gana.
- ¡Oye! – dijo la aludida. Todos reímos sonoramente.
- Como no queréis contarme nada, me voy. Hasta luego. –sonrió a Auro y salió de la habitación.
- Siempre se quiere enterar de todo. Es un cotilla. – dije medio enfadada.
- Sí, pero es tan mono… - Auro puso cara de enamorada. Lo que era.
Nota de la autora: Esta semana habrá una sorpresa. Si quereis saberla solo tenéis que pasaros por mi Twitter. Un beso a todos. Leire
martes, 9 de febrero de 2010
Más confundida aún.
Escrito y publicado por Leire a las 21:52:00 12 me acuerdo de tí
miércoles, 3 de febrero de 2010
En la enfermería
Nota de la Autora: Hola chicos, ¿cómo estáis? Bueno, antes de dejaros con el capítulo de hoy, quería deciros que a partir de la semana que viene, no postearé los miércoles, sino los martes. Lo hago porque los miércoles me han salido unos asuntillos y no podré postear. Espero que no os moleste este cambio, y que os vayáis pasando por mi blog igualmente. Así que recordar: NO postearé los MIÉRCOLES, sino los MARTES. Un beso a todos. Siempre vuestra. Leire.
Edgar me cogió en brazos, y junto con Nanni y Auro me llevaron a la enfermería. Notaba el pecho de Edgar, duro y formado, rozando mi cuerpo. Me sentía protegida.
Al llegar, me dejaron en la camilla. La enfermera, me tomó el pulso para ver si lo tenía normal y me miró la tensión. Como suponía, había tenido un descenso repentino de la tensión a causa de un disgusto. Edgar sabía que era por lo que él me había dicho.
- Chicos, no tenéis que preocuparos. Ha sido una bajada de tensión. Ahora la tendré aquí durante una media hora, por si le vuelve a pasar, pero no creo. – oí que le decía la enfermera a mis amigos.
- Pero se va a poner bien, ¿verdad? – preguntó Nanni.
- Claro, claro. Así que ahora, iros a clase.
- ¿Me puedo quedar? – giré la cabeza. Era Edgar el que lo había dicho. Se le veía preocupado.
- … - la enfermera se quedó unos segundos en silencio. – Está bien, puedes quedarte. Pero los demás iros a clase ya.
- No os preocupéis por mí, que estoy bien. – dije a Nanni y Auro cuando vinieron a darme un beso en la mejilla.
- Menudos sustos nos das, L. – Nanni sonrió. Yo le correspondí.
- Mejórate, Leire. Estás en buenas manos. – Ben me dio otro beso en la mano.
- Gracias por haberme cogido y …
- No me des las gracias. Luego te veo. – sonrió.
Salieron de la enfermería. La enfermera me ayudó a sentarme. Ya me encontraba algo mejor. Me sentía con fuerzas de nuevo, y la cabeza no me daba vueltas. Fue para uno de sus armarios y me trajo un líquido. Al parecer era suero, porque cuando le pegué un trago, estaba muy dulce y me dejaba la boca seca. Era para que la tensión volviera a la normalidad.
- Oye, cuida de ella. Tengo que salir un momento. En diez minutos estoy aquí. – le dijo la enfermera a Edgar.
- De acuerdo.
Edgar, que estaba de pie junto a la puerta, se acercó a donde yo estaba y se sentó al lado mío en la camilla. Me rodeó con sus brazos. Apoyé mi cabeza en uno de sus hombros y respiré el dulce olor de su cuello. Ninguno dijo nada. Nos pasamos así un par de minutos.
- Lo siento. – me dijo cogiéndome la cara entre sus dos manos. – Ha sido culpa mía.
- No, no ha sido culpa tuya. Solo que no me esperaba que Fanny soltase esa mentira. Y luego tú, vas y le crees y…
- Leire. – me cortó
- ¿Qué?
- No te preocupes de nada, ¿vale? Cuando estés mejor ya hablaremos de este tema. No quiero que te vuelvas a sofocar y te vuelva a bajar la tensión. Solo quiero que te recuperes, nada más.
- Gracias. – volví a abrazarle. Él me correspondió el abrazo.
- Te quiero. – me susurró en el oído.
- Y yo también, Edgar. – apreté fuerte su cuello.
Me aparté y me acurruqué junto a él. La enfermera llegó en un par de minutos. Al vernos sonrió y dijo “que bonito es el amor”. Los dos sonreímos pero no dijimos nada.
Tocó el timbre. El tiempo había pasado volando, y más si me encontraba junto a Edgar.
- Chicos, es hora de volver a clase. – nos dijo la enfermera.
- Sí, claro. – me levanté de la camilla con ayuda de Edgar.
- Leire. – me llamó la enfermera.
- ¿Sí?
- Si ves que te encuentras mal o algo extraña en clase, no dudes en venir, ¿de acuerdo?
- Claro. Muchísimas gracias por todo. – le sonreí.
- No tienes por qué dármelas. Es mi trabajo. – me devolvió la sonrisa.
Salimos de la enfermería. Edgar me cogió de la cintura. Me encontraba ya bien, pero aún me temblaban un poco las piernas. Él quería asegurarse de que no me caía.
Entramos en clase. Nanni y Auro se levantaron de un salto de sus asientos y vinieron hacia la puerta. Me abrazaron.
- ¿Cómo estás? ¿Ya te encuentras bien? Te veo aun un poco pálida, ¿seguro que te encuentras bien? – Auro no paraba de hacer preguntas.
- Sí, sí. Estoy bien. Me encuentro genial, de verdad.
- ¡Ay! Que susto nos has dado. – Nanni me volvió a abrazar. Edgar aún no me había soltado. Me tenía cogida por la cintura, y noté como me apretaba contra su cuerpo.
- Dejarla que se siente, por favor. – dijo Edgar apartando a mis amigas.
Me senté en mi sitio. Fanny me miraba con cara de enfado. Sabía que ahora Edgar me iba a hacer más caso a mí, e iba a pasar de ella. Estaba celosa a más no poder.
- Cynthia – empezó diciendo Edgar – ¿te puedes sentar con Ben estas dos clases que quedan? Me gustaría estar al lado de Leire, por si le vuelve a pasar.
- Edgar, no hace falta. Estoy bien.
- Insisto. – me miró directamente a los ojos. Me intimidó.
- Claro. – dijo Cynthia mientras se levantaba de su silla. – A mí no me importa. Leire, me alegro que ya estés bien. Me había asustado. – me dio un abrazo corto, y fue a la parte de atrás de la clase a sentarse con Ben.
Edgar se sentó a mi lado. Permaneció callado las dos horas que restaban de la mañana, algo no muy normal en él. Le miré un par de veces, pero no desvió su atención de la explicación que estaba dando el profesor en ese momento. La verdad, es que estaba muy atractivo mientras miraba atentamente al profesor.
Era hora de irse a casa. Salí de las primeras de clase. Ya me encontraba estupendamente, y tenía fuerzas para cualquier cosa, incluso para correr una maratón. Me despedí de mis amigas, que me preguntaron otras cuatro o cinco veces si me encontraba bien.
Edgar insistió en acompañarme a casa.
- No hace falta, tío, viene con Carla y conmigo. – le dijo Isaac una vez estábamos fuera del instituto. Le había contado a Isaac lo que me había sucedido.
- Ya, lo sé, pero…
- No le va a pasar nada. Y para ya de preocuparte, que ella está bien, ¿no la ves?
- Si, sí. Ya veo que está bien. – me guiñó un ojo. – Bueno, pues… - se quedó pensando un par de segundos – luego iré a tu casa a verte, ¿vale?
- No hace falta, Edgar, pero lo que quieras. Además, me alegrará verte.
- Entonces, no hay más que hablar. Sobre las cinco iré a tu casa.
- Vale. – le sonreí.
- Adiós. – me dio un beso en la mejilla, aunque sino hubiera habido tanta gente alrededor me lo hubiera dado en la boca.
Miré a mi hermano. Él me sonrió pícaramente. Sabía lo que le estaba pasando por la cabeza en ese momento, pero no dije nada. Esperamos a que Carla saliera para irnos los tres a casa.
Nada más llegar, Isaac le comentó a nuestra madre lo que me había ocurrido en clase, y se preocupó más de lo debido. Le expliqué unas tres o cuatro veces que ya me encontraba bien, y que solo había sido una bajada de tensión, cosa que le podía pasar a cualquier persona. Ella resopló mostrando su preocupación.
Subí a mi habitación y me tumbé en la cama. Tenía un poco de sueño, algo más de lo normal. Me puse los auriculares y enchufé mi mp4. Puse uno de mis discos preferidos. Oí como la música entraba por mis oídos y se quedaba en mi cabeza. Le di más voz al aparato.
Escrito y publicado por Leire a las 19:05:00 15 me acuerdo de tí
miércoles, 27 de enero de 2010
¡Será mentirosa!
Pronto llegó el recreo. Lo que más me gustaba del instituto. Auro, Nanni, Cynthia y yo nos dirigimos hacia la cafetería. Allí ya estaban la mayoría del grupo. Aún se me hacía un poco extraño empezarme a juntar con el grupo de Carla e Isaac, pero me tendría que ir acostumbrando poco a poco. Aunque estando con ellos delante, mis amigas y yo no podíamos hablar abiertamente de lo que pensábamos de ellos.
- Hombre, ya están aquí las nuevas integrantes del grupo. Poco a poco os vais haciendo de la pandilla, ¿eh? – dijo Eric mientras no paraba de mirar a Nanni de arriba abajo. Ella se dio cuenta y desvió la mirada.
- Si, eso parece. – Auro se sentó en la primera silla vacía que vio, que justamente era la que estaba al lado de mi hermano. Cuando lo miró, ambos sonrieron.
- Bueno, ahora que estamos todos… - empezó a decir Edgar. – hemos pensado en que el sábado podríamos hacer botellón en el parque, y luego irnos a algún pub donde nos dejaran entrar., claro.
- ¡Oh! Que los nenes son menores de edad. – dijo Eric aparentando ser gracioso, cosa que ninguno de los que estábamos allí presentes entendió la broma.
- Si, ¿y qué? Debemos disfrutar ahora que luego…nos pueden meter a la cárcel, como a ti. – le contestó Ben dirigiéndose a Eric y dejándolo sin palabras. – Que ya sabes que si te pillan vendiendo…
- ¿Te callas? Porque si no lo haces, te voy a partir la boca. –contestó Eric muy enfadado.
- Venga chicos, parad ya. – se entrometió Carla. – Haber si os vais a enfadar por una tontería de este tipo.
- No, si yo no me enfado. – dijo Eric, mientras todos le mirábamos. – Pero cuando venga a pedirme, le voy a mandar a la mierda.
- Lo siento, tío. Ha sido un comentario gracioso. No pensaba que te iba a sentar mal. – Eric se crujió los dedos de la mano. Ben tragó saliva.
- Bueno, volviendo al tema del sábado… - empezó diciendo Carla para quitarle importancia al asunto. – a mí me gusta la idea. Normalmente no solemos ir a ningún sitio después del botellón.
- Si, la verdad es que si. – contestó Dafne.
- Podríamos ir al Diamonds. Me han dicho que esta bastante bien, y que suele ir gente de nuestra edad. – dijo Auro. – Mi primo y mi hermano suelen ir muy a menudo, y les he oído hablar muy bien de él. Además, creo que no queda muy lejos del parque. Tal vez a unos diez minutos andando.
- Por mí de lujo. Suena bien. – dijo Nanni sonriendo.
Todos asintieron con la cabeza en señal de aprobación. Este sábado sería la primera vez que iba a ir a un pub. Nunca había estado en ninguno, y tenía ganas por saber como iba a ser aquello.
Tocó el timbre y volvimos todos de nuevo a clase con caras largas. Casi al entrar en clase, Edgar me cogió de uno de mis brazos y me paró.
- ¿Qué ocurre? – le dije algo preocupada.
- ¿No piensas decirme nada respecto al beso de ayer? – me miraba directamente a los ojos esperando una respuesta.
- ¿Qué quieres que te diga? Me dejaste sin palabras. No esperaba que me fueras a besar. – en ese momento pasó por allí Fanny y sus amigas. Al parecer había oído la última frase que le había dicho a Edgar. Se quedó con la boca abierta.
- ¡Eres una zorra! - dijo Fanny mientras salía de su interior todo el odio que tenía acumulado, y venía directa a mí a pegarme una bofetada.
- ¿Dónde vas, Fanny? – Edgar la cogió antes de que ésta pudiera pegarme, y se puso entre medias de las dos.
- ¿Qué dónde voy? A pegarle a esta imbécil. Tú y yo teníamos un trato, ¿recuerdas?
- ¿Un trato? – ahora Edgar me miraba a mí, y no a Fanny.
- ¡Ah! ¿Qué no se lo has contado? Tanto que te gusta, ¿y no le has contado nuestro trato? – ahora Fanny no estaba enfadada, sino que reía de maldad.
- No, no me ha contado nada. – Edgar seguía mirándome con cara de sorpresa. Yo no pude articular palabra. Simplemente, bajé la cabeza en señal de vergüenza.
- Pues sí, ella vino un día y me dijo que la que antes se liara contigo, te tendría para siempre. Yo no estaba segura de aceptar, pero me presionó tanto… - no daba crédito a lo que estaba diciendo Fanny. ¡Había ocurrido justo al revés! - Y como fui yo la que se lió contigo antes, ella tendría que separarse de ti. Pero no está cumpliendo su trato.
- ¡Mentirosa! – ahora fui yo la que me abalancé sobre ella para pegarle, pero Edgar fue más rápido que yo y me sostuvo.
- ¡Eh, eh! Parad ya. Parecéis dos crías pequeñas. No me esperaba esto de vosotras. Y menos de ti. – me dijo mirándome y haciéndome sentir como una mala persona. – Ya hablaremos tú y yo muy seriamente. Ahora, las dos a clase y ¡YA!
Fanny, victoriosa, entró en clase sonriendo. No sabía por qué había echo eso. Aunque ya me habían advertido mis amigas: “Es capaz de hacer cualquier cosa por conseguir lo que quiere”. Edgar, que seguía mirándome, me soltó, ya que aún me tenía agarrada del brazo y entró en clase sin decirme ni una palabra. No quería entrar en aquella clase en donde se encontraba mi peor pesadilla, y aquel chico que con el beso de la noche anterior me había echo sentir algo especial.
Respiré profundamente. No me encontraba nada bien. Sentía una presión en el pecho. Me costaba respirar. Estaba hiperventilando.
- ¿Estás bien? – Ben, que en ese momento estaba entrando en clase, se había dado cuenta de lo que me pasaba.
- No muy bien… - noté como un sudor frío me recorría todo el cuerpo y llegaba hasta la cabeza. No tenía fuerzas para mantenerme de pie.
- Estás blanca. – perdí el equilibrio pero Ben me cogió y me tumbó en uno de los bancos que habían en el pasillo. – ¡Dios, Leire! Voy a avisar a alguien. Ahora mismo vengo. – me dio un beso en la mano.
Oí como entraba en clase y llamaba a Edgar con una voz algo quebradiza. Estaba asustado. Enseguida salió Edgar y al verme allí tumbada, blanca como la pared y con la mirada perdida, se asustó bastante.
- Ben, corre hasta la enfermería y dile a la enfermera que voy a llevarla allí.
- No, a la enfermería no. – dije casi sin vocalizar. Tenía la boca totalmente seca.
- Me da igual lo que quieras o no. Te voy a llevar igual. – oí como la gente de clase empezaba a salir. Entre ellas, mis amigas.
- ¿Qué le pasa? – oí que preguntó Nanni.
- No lo sé. Creo que le ha dado un bajón de tensión. La voy a llevar a la enfermería. Allí estará bien.
- Te acompañamos. – le dijo Auro. Cerré los ojos. Me pesaban los parpados.
- De eso nada, vosotras os vais a clase.
- Edgar, somos sus amigas. Si tú vas, nosotras también. – noté como Nanni me cogía de la mano.
- Está bien.
Escrito y publicado por Leire a las 15:48:00 17 me acuerdo de tí
miércoles, 20 de enero de 2010
Palabra tabú
“Riiinnng”. El despertador acababa de sonar. A penas, sin abrir los ojos, me levanté de la cama, y fui directa al baño a ducharme y arreglarme. Cerré la puerta con cerrojo. No quería que se repitiera lo mismo de hacia unos días.
Mientras me secaba, recordé el beso con Edgar. ¡Lo había deseado durante tanto tiempo! Y ahora era real. Una sonrisa salió de mis labios. Hoy era de esos días que aunque lloviera o nevara, la sonrisa no desaparecería de mi cara.
Fui a mi habitación a ponerme la ropa para irme al instituto. Una simple camiseta de tirantes y unos vaqueros de pitillo con unas sandalias romanas.
Mientras desayunaba en la cocina, mi madre bajó casi corriendo mientras se vestía por el camino. Llegaba tarde al trabajo, sin duda.
- ¿Cómo estás, cariño? – me preguntó.
- Bien, ¿por qué? – dije extrañada.
- Como ayer te acostaste sin cenar, pensé que te encontrabas mal o te pasaba algo.
- No, es que no tenía hambre.
- ¡Ah! Bueno… - miró el reloj que había colgado en la cocina. – Menos mal que hoy ya es viernes. Me voy, cariño.
- Adiós mamá. Que pases un buen día. – cerró la puerta principal de la casa.
Isaac no tardó mucho en bajar a desayunar. Cuando me vio sentada en la mesa, le salió una sonrisa pícara de su boca.
- ¿Por qué te ríes? – le pregunté.
- Por nada en especial. Solo que se te ve algo contenta este mañana, ¿no?
- Si, bueno… - dije sin dejar entrever nada.
- Venga, enana, que nos conocemos. Sé perfectamente que ayer Edgar subió a tu habitación y te besó.
- ¿Y tú cómo sabes eso? – le pregunté extrañada ante esa afirmación.
- Porque me lo ha contado él. Somos amigos, ¿recuerdas? Nos solemos contar todo. Y cuando digo todo, es todo.
- Vaya, tendré que tener cuidado con lo que hago con él, porque no quiero que luego te lo vaya contando.
- Sé a lo que te estás refiriendo, y tranquila, que si tenéis sexo, él no me contara los detalles.
- Isaac, eso no es lo que me preocupa.
- Pues debería de preocuparte. – salió de la cocina y subió a su cuarto.
No entendía por qué mi hermano había dicho eso. ¿Sexo? ¿Yo con Edgar? No, ni en broma. Era demasiado pronto para empezar a pensar en eso. Todavía no estábamos ni saliendo, ¿cómo podía pensar en sexo? Esa palabra ni se me había pasado por la cabeza. ¿Acaso se lo había comentado Edgar? Porque Isaac no dice nada por decirlo. Seguro que Edgar le había comentado algo al respecto.
Cuando bajaron mis hermanos de sus respectivos cuartos, nos fuimos al instituto. Eric ya no venía a por Carla. Ella ahora estaba con Hugo, y no pintaba mucho que Eric viniera a por ella. Aunque la relación de amistad que mantenían entre ellos, no se iba a esfumar como por arte de magia.
Cuando llegamos al instituto, mis amigas me estaban esperando en la puerta. Era algo extraño, ya que normalmente ellas llegaban justas a clase, o incluso a veces, algunos minutos tarde. Por ello, el verlas allí me resultó extraño.
- ¿Qué hacéis tan temprano aquí?
- Nos hemos levantado pronto. Hoy es viernes, el último día de la semana.
- El último día de clase, dirás. – le corregí a Nanni.
- Bueno, eso. Y como es el último día, se merece que entremos las tres juntas a clase. – sonrió Auro.
- Vamos, que lo que querías era ver a mi hermano antes de que entrara a clase, ¿no? – dije conociendo a Auro.
- ¡Sí! – añadió emocionada. – Es que es tan guapo…
- Venga, anda, vámonos a clase. No aguanto tanto amor en el ambiente. – dijo Nanni.
Las tres nos fuimos hacia nuestra clase. En la puerta, esperando a que entrara todo el mundo, estaba Fanny junto a Raquel, Jess y Karen, sus tres amigas que no se separaban de ella para nada. Al pasar por su lado, me dio un pequeño empujón. La miré con mala cara.
- ¡Uy! Lo siento, Leire. Es que me caía. – dijo mientras sonreía maliciosamente.
- Si, ya. Eso no te lo crees ni tú. Pero, bueno, no me apetece liarla aquí y ahora. Paso de ti y de tus tonterías.
- ¿Para ti son tonterías? No creo que lo que vaya a hacer con Edgar sean tonterías.
- ¿Perdona? – me giré de golpe. Mis amigas, que no estaban haciendo caso a Fanny, siguieron su camino y se sentaron en sus respectivos sitios.
- ¡Ah! Ahora ya no te parecen tonterías, ¿no? – empezó a reírse sonoramente. Sus amigas la imitaron. – Ay, Leire, que nos conocemos… - las tres pasaron por al lado mía entrando en clase y dejándome con la intriga de lo que Fanny iba a hacer con Edgar.
Resoplé. ¡Que mal me caía Fanny! Siempre hacía algo para hacerse de notar. Odiaba a esa clase de personas. No sabía por donde podía salir Fanny esta vez, pero seguro que algo bueno no era. Mis amigas siempre me decían lo mismo sobre ella: “es capaz de hacer cualquier cosa por conseguir lo que quiere”. Lo que tampoco sabía es por qué ella se había obsesionado conmigo. Si Edgar quería estar conmigo y no con ella, debía de asimilarlo y seguir con su vida. Eso es un palo muy gordo que suele pasar a casi todas las chicas, pero la vida no termina ahí. “Hay muchos chicos en el mundo” pensé.
- Hola guapa, ¿qué haces aquí fuera? La clase está a punto de empezar. – era Edgar. Yo aún estaba en la puerta de clase.
- Ya, lo sé. Es que me he topado con Fanny, y estaba aquí pensando en lo que me ha dicho.
- ¿Y qué te ha dicho? Si se puede saber, claro. – no podía contárselo. Debía esperar a que ocurriera lo que tenía que ocurrir, y no adelantarme a los hechos.
- Nada, tonterías suyas. – esperaba que fueran tonterías. Deseaba que lo fueran.
Los dos juntos entramos en clase. Fanny, al vernos, puso mala cara. Yo me reí para mis adentros. Me encantaba que estuviera celosa. Me senté en mi sitio, junto a Cynthia, que ya estaba dentro de clase. Mis amigas estaban sentadas juntas. Últimamente, siempre me sentaba con Cynthia. Era una chica bastante maja, una vez la conocías. Aunque desde siempre la había visto demasiado creída (como Carla) y no me caía demasiado bien. Pero todo el mundo sabe que las apariencias engañan.
Escrito y publicado por Leire a las 13:31:00 23 me acuerdo de tí
miércoles, 13 de enero de 2010
Lo estaba deseando.
Edgar, con una señal, me dijo que me sentara a su lado. Me senté a su vera encantada. Con su brazo derecho rodeó mis hombros sintiendo su calor, su fuerza. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Me encantaban los chicos fuertes y musculosos.
- ¿Te molesto? – me preguntó.
- No, para nada. – él sonrió. – Prefiero que me cojas porque la peli es de miedo, y lo voy a pasar mal.
- Pues no te preocupes, porque aquí está tu salvador. – apreté mi cabeza con su hombro. Él no se quejó.
Por fin acabó. Sin duda, esa noche, me costaría dormir. Nos levantamos todos de los asientos y nos pusimos a hablar de diferentes temas. Eric no le quitaba ojo a Nanni. Ella se estaba dando cuenta, pero conocía a Nanni, y tenía demasiada vergüenza como para acercarse a hablar con él.
- Nanni, ¿a qué esperas para hablar con él?
- Tía, tengo muchísima vergüenza. Desde que nos liamos el sábado pasado, no hemos intercambiado ni una simple palabra.
- Ahora tienes la oportunidad. Venga.
- No L, hoy no. Prefiero hablar con él el sábado en el botellón. Seguro que con dos copas de más no me da tanta vergüenza.
- Lo que quieras, pero él no para de mirarte.
- Lo sé. – agachó la cabeza. Se había sonrojado.
Ya eran cerca de las nueve de la noche. La gente se empezó a irse a sus casas. Me despedí de Auro y de Nanni, y me subí a mi habitación, ya que no encontré a Edgar para poder despedirme de él.
Me senté en la cama dispuesta a leer un poco, pero alguien llamó a la puerta. Contesté con un “adelante” mientras me levantaba de la cama.
- ¿No te ibas a despedir de mí? – era Edgar.
- Sí, pero es que no te he encontrado. Pensaba que te habías ido ya a casa.
- No, estaba en el baño. – los dos sonreímos.
- ¡Am! – nos quedamos varios segundos en silencio.
- ¿Mañana nos volvemos a saltar las clases? Pero esta vez solos tú y yo.
- ¡Puff! Preferiría no perderme más clases, la verdad. Como se entere mi madre de que hoy he faltado…
- Vale, vale. No me acordaba que tú eres buena estudiante. Yo no quiero ser el responsable de que eso se eche a perder.
- Porque me salte un par de clases no quiere decir que deje de estudiar, ¿eh?
- Lo sé, aunque las mayorías de las veces se empieza por ahí. – yo asentí.
- Bueno…
- ¿Quieres que me vaya?
- ¡No! Yo no he dicho eso.
- Ya, pero lo has dado a entender con ese “bueno…”
- No, y lo sabes. Era para romper un poco el hielo, Edgar. Yo no quiero que te vayas.
- Lo sé. – se acercó a mí. Me estaba empezando a intimidar.
- ¿Qué haces? – pregunté mientras se acercaba cada vez más a mi rostro.
- Me gusta verte de cerca. Eres muy guapa, y tus ojos son impresionantes.
- Gra, gra, gracias. – tartamudeé. Estaba demasiado cerca de mis labios.
- No te pongas nerviosa. Sobretodo no me rechaces, por favor. – casi estaba rozando mis labios. Cerré los ojos. Me besó. Un beso cálido, suave y lleno de sentimientos. El chico que me gustaba y con el que tanto había soñado me estaba besando. Se separó de mí. – Espero que esto te ayude a decidir si quieres salir conmigo o no. Hasta mañana Leire.
- Hasta mañana. – salió de mi habitación.
Me quedé de pie, junto a la puerta. Aún no había asimilado que Edgar me acababa de besar, nuestro primer beso. Ese chico besaba muy bien, y lo estaba deseando durante años.
Ya se habían ido todos de la casa, y mi madre todavía no había llegado. No tenía hambre. Me había comido casi media bolsa de palomitas yo sola. Desde mi habitación les dije a mis hermanos que estaba cansada y que me iba a dormir.
Me acosté en la cama. El móvil, que estaba en la mesilla de noche, empezó a vibrar. Acababa de recibir un mensaje, y era de Edgar.
“Leire, el beso ha sido precioso. Cada vez que lo recuerdo se me ponen los pelos de punta. Ha significado mucho para mí, y espero que para ti también. Mañana nos vemos en clase. Un beso. Te quiero”
Releí el mensaje unas cuatro o cinco veces. No me lo llegaba a creer del todo. Ese beso había significado mucho para él y para mí. Y ese “te quiero” al final me había dejado con la boca abierta. Le contesté al mensaje.
“He estado soñando con este beso muchos años, y lo sabes. Aún lo estoy asimilando, porque todo esto me parece un sueño. Espero que cuando mañana me despierte, el sueño se haya echo realidad. La respuesta te la daré el sábado, como habíamos quedado. Duerme bien y descansa. Te quiero.”
Dejé el móvil en la mesilla. Edgar no me iba a contestar porque ya me había despedido de él. Me toqué los labios con los dedos. “Sí, el beso había sido real”.
Escrito y publicado por Leire a las 18:27:00 30 me acuerdo de tí
miércoles, 6 de enero de 2010
Todos juntos en casa.
Ya eran cerca de las cinco de la tarde cuando terminé de hacer todos los deberes que me habían propuesto. Me apetecía quedar con mis amigas. Ellas eran todo para mí, y me gustaba disfrutar de su compañía. Llamé a Auro.
- ¿Sí? – contestó ella en la otra parte del teléfono.
- Auro, soy Leire.
- Hola cuñada. – oí una pequeña risa.
- Ojala. – yo también sonreí. – Oye, me apetece salir esta tarde, ¿hacemos algo?
- … - unos segundos en silencio. – Pues pensaba quedarme en cada viendo una película que acabo de alquilar, pero si te quieres venir…
- Mejor aún. ¿Y si te vienes tú?
- ¡De lujo!
- Pero espera, tengo que preguntárselo a mi madre para ver si le viene bien.
- De acuerdo.
- Luego te llamo.
- Vale. – le colgué.
Abrí la puerta de mi habitación y bajé los escalones de dos en dos hasta llegar al salón donde se encontraba mi madre. Estaba apagando la tele.
- Mamá, ¿se pueden venir Nanni y Auro a casa a ver una película?
- Claro, cariño. Además, yo me voy ahora a ver a Rita. Hace varios días que no la veo.
- Gracias, mamá. – le di un beso en la mejilla y un abrazo. – Que te lo pases bien con Rita.
Subí de nuevo a mi habitación. Llamé a Auro para decirle la buena noticia. Sobre las seis estaría en mi casa. Llamé también a Nanni para que se viniera. Siempre teníamos que estar las tres juntas. Éramos como un pack.
Desde mi cuarto oí como la puerta principal de la casa se cerraba. Mi madre se acababa de ir. Fui a la habitación de Carla a decirle que íbamos a estar abajo viendo una película, por si se quería unir al plan.
- ¿Y mamá no está? – me preguntó.
- No, se ha ido a casa de Rita a pasar la tarde. Supongo que vendrá a la hora de cenar.
- Perfecto. Voy a llamar a Hugo para que se venga también.
- Vale.
Salí de su habitación y me fui a la cocina a preparar las palomitas para la sesión de cine. Una película sin palomitas, no era una buena película.
Allí estaba Isaac, en pantalones cortos y sin camiseta. Lo veía algo más musculazo que de normal. Estaría haciendo abdominales y flexiones por la noche.
- Y si te pones una camiseta… ¿qué tal?
- Joder, siempre me recriminas todo. Y si no quiero, ¿qué?
- ¡Puff! A mí me da igual. Lo digo porque ahora mismo va a estar aquí Nanni y Auro. Y puede que Hugo también.
- Pues ya de paso llamamos a todos y que se vengan, ¿no?
- Por mi genial. – dije emocionada.
Nada más decir esto, Isaac se subió corriendo a su habitación a llamar a todos los demás integrantes de la pandilla. Yo, mientras, preparaba varias bolsas de palomitas.
“Ding, dong”. Fui hacia la puerta principal y abrí. Allí estaba Nanni, Auro y su hermano Hugo.
- Hola chicas. Hola Hugo.
- ¿Cómo estás, Leire? – Hugo se acercó a mí y me dio dos besos.
- Muy bien. Pasad. Aunque sois los primeros en llegar.
- ¿Cómo qué los primeros? Pensaba que éramos los únicos. – dijo Nanni mientras se acomodaba en el sofá.
- No. Al final hemos llamado a todos los demás.
- Te he visto audaz, L. – añadió Nanni.
- Lo sé. Aunque no lo he decidido yo, sino Isaac.
Carla e Isaac bajaron poco después al comedor junto con nosotros. Al ver a Hugo, Carla se abalanzó sobre él y le dio un corto pero intenso beso en los labios. Todos nos quedamos boquiabiertos. No pensaba que Hugo y mi hermana estuvieran saliendo. Ella había dicho que lo querían intentar, no que lo estuvieran intentando. Fuera lo que fuese, estaba contenta por ellos. Hugo era buen chico. Hacían buena pareja.
- Hola Auro, ¿cómo estás? - le preguntó Isaac.
- Muy bien, ¿y tú? – ambos estaban deseando abrazarse y demostrar su amor. En cambio, solo hacían que dirigirse sonrisas nerviosas.
- Bien también.
Volvieron a llamar al timbre. Esta vez fue Isaac el que abrió. El resto de la pandilla entró en el salón. Nos saludamos. Edgar me dio un abrazo y un beso en la mejilla.
- ¿Y a qué se debe esta reunión? – preguntó Cynthia.
- A nada. Simplemente para estar juntos y ver una película. – contestó Isaac.
Todos se acomodaron en los diversos sofás dispuestos a ver la película. Auro me dio el DVD y yo lo puse. Era de miedo. Odiaba las películas de terror. Me daban pánico. Luego me costaba muchísimo dormir.
Escrito y publicado por Leire a las 18:07:00 20 me acuerdo de tí
miércoles, 30 de diciembre de 2009
La ropa es muy importante.
Llegamos al centro comercial. Durante todo el camino estuve hablando con Nanni y Auro de diversos temas, y se me pasó el trayecto volando.
Dafne, Cynthia y Carla dijeron que iban a ir a comprarse algo de ropa para el botellón. Los chicos ya se habían encargado de decirles el plan para la noche del sábado. Nosotras decidimos hacer lo mismo, así que nos fuimos con ellas. Los chicos, en cambio, se fueron a los recreativos a echarse alguna partida a los bolos.
Las seis nos fuimos a varias tiendas de ropa. Vimos como Carla y las demás se probaban unos vestidos de infarto. Me dio envidia. Yo también me quería comprar algo que dejara boquiabierto a Edgar, pero si mi madre me veía con algunos de esos vestidos, seguro que hacía que me lo quitara.
- ¿Cómo me queda? – Carla salió de uno de los probadores con unos leguins negros de cuero y una camisera larga muy ajustada que dejaba a la luz todas sus curvas. Se dio media vuelta. Saltaba a la vista su figura. En los pies llevaba unos tacones de ensueño. Me encantó.
- Te queda genial, Carla. – le dije.
- Lo sé. ¿Crees que me lo debería de comprar?
- Si luego me lo vas a dejar todo… ¡por supuesto! – sonrió y se metió en el probador de nuevo.
Dafne se compró un vestido muy atrevido y Cynthia una falda bastante corta. Yo no quería comprarme nada. Aún tenía en el armario ese vestido rojo bastante corto que todavía no había estrenado. Veía un poco de avariciosa comprarme algo cuando todavía ese vestido no lo había usado. Además, tenía ganas de ponérmelo. Quería ver la cara que ponía Edgar cuando me viera aparecer con ese modelito.
Carla salió de esa tienda con las manos repletas de bolsas. Le encantaba comprarse ropa. Esperaba que luego parte de esa ropa me la dejara. Gastábamos casi la misma talla, y nos podíamos intercambiar las prendas.
Fuimos a los recreativos, donde se encontraban los chicos. Algunos estaban jugando a los bolos, otros, en cambio, se entretenían jugando al futbolín o al billar. Dejamos las cosas en unas sillas y nos pusimos a mirar como jugaban. Me estaban entrando ganas de jugar con ellos al billar, así que me levanté y me puse al lado de Isaac y Edgar, que eran los que estaban jugando en ese momento.
- ¿Cómo vais? – pregunté.
- Voy ganando. – me contestó Edgar. – Como siempre.
- De eso nada. – se quejó Isaac. – Aún puedo ganarte.
- Si, no sueñes… - ambos rieron. Yo no entendí el por qué de esa risa, pero me uní a ellos.
Me levanté y me dirigí hacia la pista de bolos. Allí estaban el resto de los chicos y todas las chicas. Cogimos unos zapatos que fueran de nuestro número, y en varias pistas, empezamos a jugar. Pronto se agregaron Edgar e Isaac.
Después de pasar casi una hora jugando a los bolos, decidimos volver a casa. Ya era cerca de la hora de comer, y los padres no debían saber que nos habíamos saltado las clases. Con malas caras y un poco de tristeza, cogimos nuestras mochilas y demás cosas y nos dirigimos hacia nuestras casas.
En el camino, los chicos no paraban de hacer tonterías y de empujarse los unos a los otros. En cambio, las chicas los mirábamos extrañadas y nos reíamos de la situación. Cerca del instituto, nos despedimos todos, y Carla, Isaac y yo nos dirigimos hacía casa.
- Ni una palabra a mamá, ¿eh? – dijo Carla mientras guardaba las bolsas con la ropa en su mochila.
- Eso estaba claro. En este marrón estamos metidos todos, y esto debe llevarse a la tumba. – dijo Isaac. Yo asentí con la cabeza.
Entramos todos a casa. Dejamos las cosas cada uno en nuestra habitación y bajamos a la cocina a comer. Mi madre, como todos los días, tenía ya la comida preparada.
- ¿Qué tal os ha ido el día? – preguntó una vez estábamos todos sentados en la mesa.
- Bien, muy bien. – contestó Isaac mientras se llevaba a la boca una gran cucharada de arroz.
- Me alegro. Espero que estéis estudiando y llevéis los deberes y las obligaciones al día, ¿eh?
- Si, no te preocupes mamá. – la tranquilizó Carla. No podíamos decirle que nos habíamos saltado las clases. Nos reñiría. Y lo peor de todo: seguro que nos castigaría.
Después de comer subí rápidamente a mi cuarto a hacer los deberes que habían mandado las tres primeras horas de clase. Mi madre me había removido la conciencia. Además, no era normal que hubiéramos faltado a clase seis personas. Seguro que al día siguiente los profesores nos preguntarían donde habíamos estado. Debía de inventarme una buena excusa. Sobretodo que fuera creíble.
“Toc, toc”. Carla entró inmediatamente después. Llevaba puesto la ropa que se había comprado esa misma mañana. Le encantaba probarse la ropa que se había comprado para ver que le quedaba realmente de infarto. Dio un par de vueltas sobre si misma.
- ¿Qué te parece?
- Ya te lo he dicho esta mañana en la tienda…estás estupenda. Me encantan esos leguins. – sonreí.
- Lo sé. No te preocupes, que te los dejaré. ¿Y tú que te vas a poner? – me levanté de la silla del escritorio y le saqué de mi armario el vestido rojo que aún conservaba la etiqueta. – Es precioso, ¿cuándo te lo compraste?
- Este verano, pero a escondidas de la mamá. Luego quise devolverlo porque no estaba del todo segura que me lo fuera a poner, pero se me había pasado el tiempo de devolución, y me lo tuve que quedar.
- ¿Devolverlo? ¡Estás loca! Es fantástico. Pues porque no sabía que tenías este vestido, sino ya te lo hubiera quitado un par de veces. – volví a sonreír. Era raro que a mi hermana le gustara algo mío. Además, eso era un sello de seguridad, ya que Carla iba totalmente a la moda. - ¿Qué zapatos te vas a poner?
- Pues no lo sé. Quizá unas bailarinas.
- ¡No! – dijo casi chillando. – Espera, ahora vengo. – salió de mi cuarto, pero en tan solo un par de minutos estaba de vuelta con unos zapatos negros con un tacón de 7 centímetros en sus manos. - ¿Qué te parecen?
- Son preciosos.
- Pues para ti, te los doy. Hace tiempo que no me los pongo. Los he utilizado mucho, aunque como verás están como nuevos. – y tenía razón, a penas llevaban ningún arañazo.
- Gracias, Carla. – me abalancé sobre ella y le abracé. Ella me correspondió el abrazo.
- De nada, enana. Aunque estoy viendo por momentos que te me haces mayor. – las dos sonreímos.
Salió de nuevo de mi habitación, pero esta vez no volvió. Llevaba los zapatos en una mano y el vestido en la otra. ¿Por qué no me lo probaba? Me quité toda la ropa que llevaba y me puse el vestido con los zapatos. Me miré al espejo. Estaba muy atractiva. El vestido era extremadamente corto y dejaba al descubierto mis bonitas piernas. También lucía espalda, ya que era palabra de honor. Estaba claro que mi madre no me iba a dejar salir así de casa, así que supuse que me tendría que llevar el vestido a casa de Auro y cambiarme allí, como hacía un par de sábados.
La puerta se abrió de golpe. Era Isaac. Al verme con aquel impactante vestido se quedó con la boca abierta. Salió de la habitación y volvió a entrar.
- Pues si, es la habitación de mi hermana pequeña. Pensé que me había equivocado. – reí.
- No, no te has equivocado.
- ¿Cuándo te vas a poner eso?
- Creo que este sábado, sino me arrepiento antes, claro.
- Por favor, no te arrepientas. – Isaac se sentó en la cama y sacó un cigarro del paquete de tabaco que llevaba en el bolsillo derecho.
- No me gusta que fumes, y menos en mi cuarto.
- Lo siento. – se levantó, abrió la ventana y se puso con la mano fuera de ésta. – Ya está.
- Gracias.
- ¡Madre mía! No me quiero imaginar la cara que pondrá Edgar cuando te vea con ese vestido rojo pasión.
- Espero que le guste.
- ¿Qué le guste? Vamos, te va a dejar seca. – los dos reímos a carcajadas.
- Ojala.
- Ay mi enana que ya empieza a pensar en…
- ¡Isaac!
- ¿Qué?
- Calla.
Isaac se me quedó mirando pero no me dijo nada más. Estuvo conmigo hasta que se acabó el cigarro. Quería quitarme el vestido, pero con él allí mirándome no lo iba a hacer. Así que me esperé a que saliera de mi habitación.
Escrito y publicado por Leire a las 12:51:00 21 me acuerdo de tí
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Tienes el camino libre.
El recreo llegó enseguida. Las tres nos salimos hacia el patio y nos fuimos directamente a la cafetería. Últimamente teníamos por costumbre ir allí. Era donde se juntaba la mayoría de la gente popular del colegio. Allí se hablaba de cualquier cosa, y nos gustaba enterarnos de los cotilleos ajenos.
Poco después llegó Carla junto a Eric, Cynthia, Dafne y todos los demás. Edgar estaba entre ellos. Noté que cuando me vio se sonrojó. Dafne se sentó al lado de Carla y empezó a contarle algo que parecía bastante interesante. Carla prestaba atención. ¿Qué le estaría contando? Quería saberlo.
Por otro lado, Ben, Edgar e Isaac hablaban animadamente sobre algún tema. Cynthia no le quitaba ojo a Ben. Aunque ella me había dicho que Ben era tan solo un rollo, pensaba que le hacía más gracia de lo que ella quería aparentar. Eric, en cambio, miraba a Nanni. Ella no se había dado cuenta, y hablaba con Auro como si nada ocurriera. Cuando Eric se dio cuenta de que le miraba, apartó su mirada hacia otro lado intentando disimular. Yo sonreí para mis adentros.
- ¿Qué os vais a poner el sábado? – preguntó Nanni.
- Siempre estás pensando en lo mismo. – dijo Auro. – Yo supongo que una minifalda o algo así. Y una camiseta de tirantes.
- Yo no lo sé. A lo mejor unos pantalones cortos y una camiseta corta para llamar la atención. – sonrió Nanni. - ¿Y tú, L?
- Puff. Ni idea. Tal vez un vestido corto que tengo. Aún no me lo he puesto ninguna vez, porque me parece demasiado corto, pero bueno… Creo que esta ocasión lo merece.
Tocó el timbre. Todos salimos con paso acelerado de la cafetería. No queríamos llegar tarde a la clase. En cambio, la mesa de mis hermanos no se levantaron. Al parecer, estaban planeando saltarse las tres últimas horas de clase. A mí no me hacía ninguna gracia, pero si me lo proponían no tenía elección. Las tres nos encaminamos hacia la clase, pero Ben corrió detrás de nosotras gritando nuestros nombres. Nos giramos. Él llegó excitado.
- Chicas, ya sé que vosotras sois independientes, y porque os invite yo no lo vais a hacer, pero… - miró a Nanni. Ésta sonrió. –… nos vamos a ir al centro comercial ahora. ¿Os queréis venir?
- Isaac va, ¿no? – preguntó Auro. Ben asintió. – A mí me apetece, ¿qué decís? – nos miró a Nanni y a mí.
- Lo que queráis, chicas. O vamos todas, o no vamos ninguna. – dijo Nanni.
- Pues vamos todas. – añadí yo mientras sonreía. Ben hizo lo mismo.
Los cuatro nos fuimos hacia fuera del instituto. En ese momento no había nadie en conserjería, por lo que nos podíamos ir sin problema. Todos los demás ya estaban fuera, esperándonos. Cuando Edgar me vio, sonrió felizmente. Yo le correspondí. Vino hacia mí y me dio un abrazo. Se lo agradecí. Sentirlo cerca de mí me hacía sentirme bien.
- Venga, tortolitos, dejaros de arrumacos y vámonos ya, no vaya a ser que el conserje venga justo en este momento y nos vea aquí.
Todos nos fuimos camino al centro comercial. Nanni, Auro y yo íbamos por detrás de todos ellos. Nos veíamos extrañas yendo con ellos. Desde siempre habíamos deseado ir con ese grupo, y nunca nos hubiéramos imaginado que nuestro sueño se iba a hacer realidad. Carla, que iba con Dafne y Cynthia por delante, se retrasó y se puso a mi altura.
- ¿Qué pasa, enana? – puse mala cara. No me gustaba que me llamaran así, pero era una costumbre que iba a costar quitarla. Era más fácil acostumbrarme.
- Nada, ¿qué va a pasar?
- Te estás haciendo ya de nuestro grupo, ¿eh? Ya hasta te llamamos para que hagas pellas con nosotros. – sonrió mientras me rodeaba con su brazo. – Y bueno, al igual que tú, tus amigas. – les sonrió a ellas.
- ¿Y a ti que te pasa hoy? Estás demasiado simpática. Miedo me das cuando estás así.
- ¿Es que no puedo estar amable con mi hermanita o qué? – yo la miré extrañada. Sabía la repuesta, así que no se la di – Ya sé que no es muy normal, pero hoy estoy feliz. Ya te diré el por qué.
- ¿Tiene algo que ver con Hugo? – dijo Nanni. Carla la miró extrañada. Noté como se ponía nerviosa. – No te preocupes Carla. Sé que has estado quedando con Hugo, pero no pasa nada. Yo ya no estaba interesado en él.
- Ya sé en quien estás interesada, así que tienes todo el camino libre. Sé que desde siempre te he puesto las cosas difíciles, pero ahora ya ha terminado todo. Yo estoy intentándolo con Hugo, y quiero que salga bien. Así que ahí tienes a Eric. Es todo tuyo.
- Gracias Carla. – ambas sonrieron. Yo estaba alucinando.
- Además, creo que le gustas bastante. He visto como te miraba en la cafetería. – Carla también se había dado cuenta. – Y la verdad, es que hace tiempo que a mí no me mira igual. – sonreímos todas. Era difícil que Carla reconociera ese tipo de cosas. – Pero esto no quiere decir que seamos amigas, ¿eh? Simplemente compartimos grupo de amigos. – Carla nos guiñó un ojo y se volvió de nuevo con Dafne y Cynthia.
Era una tontería, pero lo que acababa de hacer Carla era extraordinario. No estaba del todo segura, pero podía ser que al final nos llegáramos a llevar bien. Mi hermana no era mala persona, pero desde que empezó el instituto, la popularidad se le había subido a la cabeza. Y ahora que casi estaba a punto de salir de él, debía de cambiar.
Escrito y publicado por Leire a las 13:49:00 14 me acuerdo de tí
sábado, 19 de diciembre de 2009
Amenaza
NOTA DE LA AUTORA: Hola a todos! Hoy no es miércoles, pero como ya estamos en Navidad, y Papá Noel está de camino, os traigo una nueva entrada, a modo de regalo. Espero que os guste. El próximo miércoles postearé, como todos. Un beso a todos. LEIRE.
Un nuevo día. Me levanté de la cama de un salto. Había dormido estupendamente esa noche y me sentía relajada, sin preocupaciones en la cabeza. Pero mientras elegía la ropa para esa mañana, me vino a la cabeza la conversación de Edgar de la tarde anterior. Debía de decidirme pronto. El sábado tenía que darle una respuesta. Quería con todas mis fuerzas estar con él, pero no estaba segura. ¿Y si me estaba mintiendo? ¿Y si saliera con él y al cabo de tres días me dejara? Yo no quería sufrir, y menos si ese sufrimiento provenía del chico al que quería.
Después de desayunar con mis hermanos nos fuimos los tres andando hacia el instituto, ya que Eric no había ido a por Carla. Era algo extraño, ya que él siempre iba a por mi hermana en coche. ¿Y si se habían enfadado? No lo creía, pero podía ser una posibilidad.
Cuando llegamos al instituto, Edgar y Ben estaban en la puerta esperando a Isaac. Los tres se saludaron chocándose las manos y dándose un abrazo típico de chicos. Mi hermana y yo nos miramos, nos sonreímos, y cada una se fue hacia su clase.
Como todas las mañanas, al llegar a la clase ya había algunas personas sentadas en sus respectivas sillas, pero ni Nanni ni Auro se encontraban allí. Me senté en una de las sillas vacías esperando a que vinieran. Pero en ese momento apareció por la puerta Fanny rodeada de sus tres grandes amigas que la seguían como si de perritos falderos se tratasen. Me dirigió una de sus sonrisas malévolas matineras y se sentó en su silla. Poco después, por la puerta hizo su aparición Edgar junto con Ben. Casi nunca se separaban. Eran grandes amigos, e iban a todos los sitios juntos. Edgar me dirigió una sonrisita, pero al ver que estaba sentada Fanny en su sitio le cambió la cara por completo y se puso serio. Fanny se dio cuenta y noté como los celos le comían por dentro. Aunque ella había ganado la apuesta, sabía que era yo la que le gustaba a Edgar, y no ella, como deseaba. Agaché la cabeza y sonreí para mis adentros.
Nanni y Auro no tardaron en llegar. Cuando me vieron me dieron, cada una, un beso en la mejilla. Me encantaba que hicieran eso. Me hacía sentir querida por mis amigas. A veces, las personas necesitamos ese tipo de gestos para sentirnos bien y contentos con nosotros mismos.
La clase empezó en breves. El profesor llegó algo enfadado. No sabíamos por qué, pero se le notaba. La lección nos la explicó en tan solo 20 minutos. El resto de la clase nos la dejó para que hiciéramos ejercicios. Él salió de la clase dejándonos solos. Eso era un peligro, ya que cuando estábamos sin profesor, siempre liábamos alguna. Los chicos se levantaron y empezaron a tirarse tizas desde una parte de la clase a la otra. En cambio, las chicas, solo nos poníamos a hablar de nuestras cosas.
- Menuda tarde la de ayer, ¿no? – dijo Nanni.
- Si, fue cargadita. – comenté yo. Recordé enseguida el comentario que hizo Isaac en el bar.
- Me quedé de piedra cuando Isaac dijo eso. – dijo Auro. – Está claro que os gustáis, pero el comentario no era apropiado a la situación. ¿Luego te pidió perdón?
- Si, en casa. Pero tía, cuando lo dijo, me quería morir. ¡Qué vergüenza!
- Ya. Me lo puedo imaginar. Si me hubiera pasado a mí… - Auro se quedó un par de segundos pensando la respuesta. - … la verdad, es que no sé lo que hubiera echo. – todas reímos.
- Os tengo que contar una cosa. – sonreí.
- Cuenta, cuenta. No nos dejes en ascuas. – dijo Nanni. Les conté la conversación que había tenido con Edgar en la puerta de mi casa. - ¿Qué dices, L? ¡Que suerte tienes! Está coladito por ti.
- Lo sé. Pero no sé que hacer.
- ¿Cómo que no sabes qué hacer? – preguntó Auro. – Claramente salir con él. ¡Estáis el uno coladito por el otro!
- Sí, ¿pero y si me está engañando? ¿Y si cuando empecemos a salir me deja a los tres días?
- Eso no va a pasar, Leire. – dijo muy segura de si misma Nanni. – Si pensara así no te hubiera dicho que esperaría hasta el sábado.
- Pero puede ser que lo diga porque soy una de las pocas chicas que se le han resistido.
- Puede ser, pero yo no lo creo. – Auro también negó con la cabeza, confirmando que ella estaba de acuerdo con Nanni.
- No sé, chicas. – dije mirando al techo.
Las tres nos callamos a la vez. Pero noté que alguien estaba cerca de mí escuchando toda la conversación que habíamos tenido. Recé para que no fuera Fanny, pero no sirvió para nada porque había sido ella. Me miró con cara de furia. Yo tragué saliva. Habíamos hecho una apuesta en la que había perdido, y no la estaba cumpliendo. Me estaba metiendo en un buen lió.
Salió de la clase, pero al pasar por mi mesa me dejó una nota en la que ponía que saliera de clase inmediatamente. Se lo dije a mis amigas, y tragando de nuevo saliva, salí de la clase con paso decidido. Y allí estaba ella. Su espalda apoyada en la pared. Un pie lo tenía también apoyado en la pared. Me dio miedo.
- ¿Qué quieres ahora, Fanny?
- No me vaciles Leire, que nos conocemos.
- No te he vacilado, pero bueno. ¿Qué quieres?
- Te he oído toda la conversación que has tenido con tus amigas. – se me estaba quedando la boca seca.
- ¿Y qué?
- ¿Cómo que y qué? – pegó un puñetazo a la pared. Me asusté. - ¿Cómo que y qué? Yo te voy a decir lo que pasa. Resulta, por si no te acuerdas, que tú y yo tuvimos una apuesta en la que yo salía victoriosa.
- Si, me acuerdo. Pero que yo sepa, no la estoy incumpliendo, ¿no?
- Si, la estás incumpliendo al máximo. Te dije que no te acercarás a él. Y ayer estuviste con él por la tarde. Y por lo que he oído, te ha pedido salir y tú te lo estás pensando. – miré al suelo. – Vale, me lo acabas de confirmar. Bien, tú lo has querido. Te dije que te apartaras de él por las buenas, y tú no lo has hecho. Ahora iré por las malas. – me sonrió malévolamente y entró en la clase con aire chulesco.
Me quedé fuera un par de minutos intentando averiguar que era lo que iba a hacer Fanny. Cuando se ponía así me daba miedo, y sabía que era capaz de hacer cualquier cosa por conseguir lo que quería. Inspiré y expiré un par de veces y entré en clase. Fanny me miró y se rió junto con sus amigas. Edgar también me miró con cara de preocupación. Yo, simplemente, agaché la cabeza y me senté en mi silla. Mis amigas me preguntaron que había ocurrido, y yo, en cuatro o cinco frases, se lo expliqué todo. Se quedaron mudas.
Escrito y publicado por Leire a las 18:54:00 18 me acuerdo de tí
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Pros y contras.
- Dime, ¿qué te ocurre?
- Te he visto esta tarde un poco fría conmigo, ¿no crees? – mientras me decía estas palabras, no se atrevía a mirarme a la cara. No desviaba los ojos del suelo.
- La verdad es que sí. No sabía cómo actuar después de lo que me dijiste ayer.
- De eso mismo quería hablar contigo. ¿Has asimilado ya lo que te dije? – soltó una pequeña risita nerviosa.
- …. – pensé durante unos segundos. – No, aún no, lo siento. Un día es poco. Necesito algo más de tiempo para pensarlo. Me dolió mucho que te liaras con Fanny. Y estoy mirando los pros y los contras de una posible relación contigo. Así que supongo que el sábado te podré contestar.
- ¿El sábado?
- Sí, ¿qué pasa?
- Demasiado tiempo. Pero bueno, esperaré, no me importa. – los dos sonreímos.
En ese momento me apeteció acercarme a él. Que me abrazara. Que me besara apasionadamente. Un beso único, increíble. Que nunca hubiera dado a otra chica. Pero en cambio, solo me atreví a decir:
- Ya hablaremos, Edgar. Hasta mañana. – abrí la puerta de casa y entré en ella.
Me quedé apoyada en la puerta durante un par de minutos. Pensaba en si había actuado bien. Quizá le tenía que haber dicho que sí, que me gusta mucho y que quería salir con él, y haberle dado un cálido beso en esos labios que tanto deseaba. O quizá no. Quizá había actuado bien diciéndole que el sábado le diría la respuesta.
Con la cabeza echa un lío, subí a mi habitación a cambiarme porque mi madre estaba preparando ya la cena. Me puse el pijama y bajé a la cocina.
- Hola mamá.
- Hola cariño, ¿qué tal la tarde?
- Muy bien. He estado en el parque con mis amigas. Bueno, y con Isaac y sus amigos.
- ¿Con Edgar también? – me quedé sorprendida por esa pregunta.
- Si, ¿por qué?
- No, porque te noto algo extraña. Y siempre que te noto así, es porque has estado con él.
- ¡Ay mamá! No digas tonterías, anda. No tiene nada que ver una cosa con la otra.
- Ya lo sé, pero siempre da la casualidad de que cuando estás así, por medio ha estado Edgar.
- Sabes desde siempre que ese chico me ha gustado. – mi madre lo sabía, pero no estaba dispuesta a contarle todo. – Y ahora, últimamente, estamos más juntos, pero nada más.
- Me alegro.
- ¿De qué? ¿De qué estemos más juntos? ¿O de qué no tengamos nada?
- … - mi madre no sabía que contestar. – Creo que de las dos cosas, cariño. – se acercó y me dio un sonoro beso en la frente.
Carla entró ese momento en casa. Al parecer había pasado fuera toda la tarde, aunque yo no lo sabía. Seguro que había quedado con Hugo en su casa. Se veían todos los días. Carla se estaba pillando por ese chico, y viceversa.
- Hola mamá. Ya estoy aquí. – dijo mientras entraba en la cocina y daba un beso a nuestra madre. – Hola a ti también, enana. – me despeinó el pelo.
- Carla, ahora cuando subas a tu cuarto llamas a tu hermano, que ya está la cena.
- No iba a subir a mi cuarto, pero no te preocupes. Ahora voy. – salió disparada a llamar a Isaac.
- Otra que también viene muy feliz cuando sale por las tardes. ¿Qué os pasa? – preguntó mi madre mientras se sentaba en la mesa a esperar a mis hermanos. Yo la imité.
- Cosas de la edad. – dije yo.
En apenas unos minutos, mis hermanos estaban en la cocina sentados en la mesa y cenando. Mi madre solo hacia que mirarnos a los tres. Isaac comía animadamente, con una sonrisa de oreja a oreja. Carla no lo demostraba tanto, pero también se le veía feliz. Y luego estaba yo, que no sabía como expresar mis sentimientos. Por una parte estaba feliz porque Edgar me había dicho sus sentimientos hacia mí. Pero por otra parte, no estaba segura si decirle que sí a lo de intentar una relación. Tenía miedo de que se fuera a ir con otra chica, y todo lo que me estaba diciendo fuera mentira.
Al acabar de cenar, y entre todos, recogimos la mesa. Mi madre se fue a dormir enseguida. Estaba cansada. Nosotros lo entendimos. Carla siguió a mi madre. Decía que también se iba a dormir. No era normal que se acostara tan pronto. Seguramente se conectaría un rato en el ordenador.
En cambio yo me quedé en el comedor viendo un rato la tele. Empecé a cambiar de un canal a otro, sin encontrar nada que me gustase. Al final tuve que dejar uno de esos programas de cotilleos en los que llevan a “famosillos” para hablar de sus vidas privadas. A Isaac no le gustaban para nada ese tipo de programas, pero vino y se sentó al lado mío. Estuve esperando durante un largo rato a que me volviera a pedir perdón por el comentario que había dicho esa misma tarde en el bar. Por fin dijo:
- Siento lo del comentario de esta tarde.
- Vale, Isaac, no me lo vuelvas a recordar, por favor. Ya he tenido suficiente con lo de esta tarde. – le dije sin apenas mirarle a la cara.
- Además, tampoco ha sido nada del otro mundo. Ni Edgar le ha dado importancia.
- Pero haber, no es que Edgar le haya dado importancia o no, es que, simplemente, ese comentario sobraba. Nadie tiene porque saber que Edgar me gusta.
- ¡Pero si lo sabe todo el mundo! Bueno, a lo mejor todo el mundo no, pero los que estábamos allí sentados, sí.
- Ya lo sé. Pero ¿a que a ti tampoco te gustaría que te dijeran delante de tus amigos que te gusta Auro?
- Pues… me daría un poco igual.
- Claro… Bueno, dejemos el tema en paz. No quiero seguir hablando de lo mismo durante toda la noche.
- Vale, lo que quieras.
Los dos nos callamos y no volvimos a hablar durante todo lo que duró el programa. Después, ambos nos levantamos del sofá y nos dirigimos a nuestra habitación dándonos las buenas noches.
PD: Hola a todos. Antes que nada deciros que muchas gracias por todos los comentarios que he recibido en las últimas entradas. Me haceis muy feliz, de verdad. Quería deciros que he leido varios comentarios en mi última entrada que preguntaban por el blog de mi amiga Jess. Como sabeis, ella no tiene internet, y tenía que postear yo. Después de algún tiempo pensándolo, ha decidio dejar un poco el blog, porque decía que si no tenía internet no podía contestar a los comentarios y no podía disfrutar de lo que es en sí su blog. Espero que pronto le pongan internet sus padres y pueda seguir con su novela, ya que es fantástica, y aunque al principio tuvo algunas críticas, al final a la gente le acabó enganchando.
Un beso para todos. SIEMPRE CON VOSOTROS. LEIRE.
Escrito y publicado por Leire a las 16:37:00 14 me acuerdo de tí














