lunes, 8 de junio de 2009

En la cafetería

Nota de Autora: Siento deciros esto, pero de ahora en adelante no se cuando podré postear, ya que estoy de exámenes y se me hace muy difícil dedicarle tiempo al blog. Cuando pueda y tenga un poco de tiempo, no os preocupeis que os deleitaré con una nueva entrada. Espero que me entendais. Y, sobretodo, no dejeis de pasaros por mi blog y de dejarme comentarios, porque como bien sabéis, son vuestros comentarios los que me dan fuerza para seguir adelante con este blog. Aquí os dejo con la novela. Siempre vuestra. LEIRE.

Cuando acabó, nos dijo que nos levantáramos y que fuéramos a su mesa, que nos iba a dar algo. Ya sabía lo que nos iba a entregar, ya que esta misma charla la tenía todos los años. Todo el mundo se levantó y se dirigió hacia la mesa haciendo una cola. Me puse la última. Al principio de ésta estaban Edgar con Fanny. Habían estado durante toda la charla hablando sin parar. Cuando les tocó el turno, la chica les dio dos cajitas, una para cada uno. Edgar se lo guardó en el bolsillo, mientras que Fanny lo llevaba en la mano. Se salieron de la cola y venían hacia mí.
- ¿Qué es lo que dan? Lo de siempre, ¿no? – les pregunté.
- Claro, lo de siempre, ¿qué sino? – me enseñó Fanny la cajita. Como suponía: era una caja en la que dentro llevaban dos preservativos.
- Estos caen este sábado en la casa de campo de mis abuelos. – dijo Edgar mientras soltaba una risa algo sonora.
- Pues a mí guárdame uno. – oí que le dijo Fanny en su oído. Inmediatamente después se fue.
- Es bastante lanzada esta chica, ¿no? – me preguntó.
- No sé, eso lo sabrás tú que la conoces mejor. – me fui hacia delante para coger la cajita que nos daban. Él se quedó en el mismo sitio en el que estaba, mirándome.

Cuando cogí lo que nos daban, salí para fuera. La charla había durado una hora y media, por lo que aún quedaba media hora para que empezara la siguiente clase. Fuimos todos a la cafetería y nos sentamos en varias mesas. Me senté al lado de Fanny. Auro y Nanni, que estaban en la otra mesa, se me quedaron mirando. Pero en la mesa en la que se encontraba Fanny, también estaba Edgar y Ben. Me sabía muy mal dejar de lado a mis amigas, pero me apetecía estar con Edgar en ese momento. Les hice un gesto para que se vinieran para la otra mesa, pero me giraron la cara.
- Déjalas. Mejor sino están. – me dijo Fanny mientras las miraba de mala gana.
- Pero son mis amigas, Fanny. No quiero que se sientan mal y se enfaden conmigo.
- ¿Por qué? ¿Por sentarte conmigo?
- Puede ser. – agaché la cabeza.
- Por cierto, ¿has oído lo que le dicho a Edgar? – sonrió.
- Claro que lo he oído.
- ¿Y ha dicho algo cuando me ido? – preguntó intrigada.
- No. – mentí. – No ha dicho nada.
- Pues vaya chasco. – puso cara de pena. – Oye, no me había dado cuenta pero llevas la diadema que te regalé.
- Si, es que con el vestido que llevaba hoy me pegaba y me la he puesto.
- Así me gusta. – me pasó un brazo por los hombros y me dio un beso en la mejilla.
- Menos roce, chicas. – dijo Ben que estaba en la otra punta de la mesa.
- Pero si te encanta, Ben, no mientas. – le soltó Fanny mientras le sacaba la lengua. Ben le hizo burla.

Noté que mi móvil vibraba en la mochila. La cogí y vi que tenía una llamada perdida. Miré de quien era. Era de Edgar. Lo miré. Estaba a tan solo un par de sillas a mi derecha. Él me sonrió. Le dije, sin alzar la voz que era lo que pretendía con la perdida. Él solo me sonrió.
- Recordar que este sábado tenéis una cita conmigo, ¿eh? – dijo Edgar algo chistoso.
- Más te gustaría tener una cita conmigo. – le dijo Cynthia que también estaba en la mesa.
- Ya la tuve en su momento, y sabes que me encantó. – él le dirigió una sonrisa picara mientras ella sonreía alegremente. ¿Una cita? ¿Cuándo? Yo de eso no me había enterado. Solo sabía que en el botellón que estuve en el parque se liaron, pero eso no se consideraba cita, ¿verdad?

Sonó el timbre.

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viernes, 5 de junio de 2009

La charla.

Cuando abrí la puerta, pude ver unas 60 miradas que se dirigían de una hacia la puerta. En el salón estaban los de 3º y 4º. Tal fue la vergüenza que sentí que me senté en la última fila, ya que había un sitio libre en el pasillo. La chica que estaba dando la charla siguió con su repertorio.
- Llegas tarde. – era Ben. Me había sentado a su lado.
- Ya, ya lo sé. Es que no sabía que teníamos una charla aquí. He ido a clase y he visto que no había nadie, y es cuando he recibido un mensaje de Edgar diciéndome que estabais todos aquí.
- Si, me ha dicho que te iba a mandar uno avisándote.
- Por cierto, ¿dónde está? – dirigí una mirada rápida por todo el salón pero no lo vi.
- Está ahí delante con Fanny. – cierto. Estaban a tan solo un par de filas delante de mí. – Desde que han arreglado sus diferencias, están bastante unidos.
- Si, demasiado, creo yo. – miré a Fanny con celos. En esos momentos tenía envidia de ella. Estaba con el chico que me gustaba, y como bien había dicho Ben, desde que se volvían a hablar estaban más unidos.
- Eso me ha sonado a celos. – miré a Ben. ¿Sabía que me gustaba Edgar? ¿Era tan evidente?
- ¿Por qué dices eso?
- Porque a todas las chicas le gusta Edgar. Él es el guapo del instituto, y además, has respondido como si tuvieras celos de que Fanny estuviera bien de nuevo con él.
- Primero, está claro que Edgar es guapo, y eso salta a la vista. Pero tú tampoco estás nada mal, hay que reconocerlo. - ¿Por qué decía yo eso?
- Ya, ya lo sé. Tú tampoco, por cierto… - me miró de arriba abajo con una mirada que me gustaba bien poco. Esas miradas en la que los chicos te desnudan con ella.
- Gracias. – le sonreí tímidamente.
- Oye, ¿vas este fin de semana a la barbacoa que da Edgar en la casa de sus abuelos?
- Si, claro que sí. Me invitó ayer. Lo que pasa que aún no se lo he preguntado a mi madre, aunque como van mis hermanos supongo que me dejara.
- ¿También va Carla? – preguntó intrigado.
- Claro, en ese tipo de fiestas, Carla no puede faltar, sino no es una fiesta.
- Tienes razón. Tu hermana me encanta.
- Lo sé. – me miró. – Se te nota. Pero no te preocupes, ¿a qué chico no le gusta Carla?
- A Edgar, por ejemplo. – ahora le miré yo.
- Yo no estaría tan segura. Seguro que si ella le diera pie a algo, él caería, sin lugar a dudas.

Ben se calló. Le había dejado sin palabras. Si no me contestó fue porque en cierta manera sabía que yo tenía razón. Podía ser que a Edgar no le atrajera Carla, pero estaba claro que si ésta tonteaba un poco con él, caería como todos. Era Carla, una de las chicas más guapas del instituto, por no decir la que más.
Empecé a escuchar la charla que una chica nos estaba dando. No me equivocaba: sexo, drogas y alcohol. Siempre lo mismo: no bebáis, no fuméis, no toméis drogas, si hacéis algo tenéis que estar seguros y siempre con precaución…Estaba ya harta de este tipo de charlas.


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jueves, 4 de junio de 2009

Jueves

Abrí los ojos. Misma cama, misma habitación y misma vida, y eso me gustaba. Sonreí y me levanté. No sé porque pero hoy estaba de muy buen humor. Me puse un vestido que encontré por mi armario. Era de color beige con un lazo blanco por debajo del pecho. Desde principio de verano que no me lo había puesto. No es que no me gustara, pero nunca me sentía demasiado bien como para ponérmelo. Pero hoy era el día.
Fui a la cocina. Mi madre estaba hablando con Carla, pero cuando entré ambas se callaron. “Me voy, Leire” dijo mi madre mientras me daba un beso. Le hice un gesto a mi hermana para saber de lo que habían estado hablando. Ella solo movió la cabeza de un lado para el otro.
Isaac bajó con los cascos en una mano, pero los dejó en el suelo ya que Carla nos dijo que hoy se iba a venir con nosotros, por lo que no podíamos coger la moto para ir al instituto.
Cuando cogí la cartera de mi habitación, vi que la cremallera estaba abierta. Me di cuenta que dentro estaba la diadema que ayer me había dado Fanny. Me pegaba con el vestido, por lo que me la puse en la cabeza tirando mi flequillo para atrás y dejando suelta mi larga melena rizada.
Bajé al vestíbulo, y allí estaban mis dos hermanos esperándome.
- ¿Y esa diadema, Leire? – me preguntó extrañada Carla. – Es igualita que la que hay en aquella tienda del centro comercial.
- Si, es que me la compré allí ayer. – mentí.
- Me gusta. – sonrió. – algún día me la tendrás que dejar, enana.

Salimos de casa y nos dirigimos hacia el instituto. Carla, durante todo el camino, nos estuvo contando lo que nuestra madre le había estado diciendo. Le había pedido perdón, porque había reconocido que se había pasado. También nos dijo que le había dicho que comprendía que los jóvenes de hoy en día bebiéramos de vez en cuando, pero que debíamos controlar hasta que punto. Por eso, no quería volver a verle a ella, ni a ninguno de nosotros, en esas condiciones. Lo entendí.
Cuando llegamos cada uno se fue para su clase. Cuando entré en clase no había nadie allí. Me pareció algo raro ya que a esas horas normalmente en clase estaba casi todo el mundo. No sabía donde se podía haber metido todos mis compañeros. En ese instante mi móvil empezó a vibrar en mi mochila. Lo saqué y vi que era un mensaje de Edgar.
"Leire, estamos en el salón de actos. Ayer nos dijeron que fuéramos en la 1º hora porque nos iban a dar una charla, pero como no estabas…por cierto, ¿dónde te metiste? Un beso preciosa."
¿Una charla? ¿Sobre qué? Sería de los mismos temas de siempre: sexo, drogas…seguro que no me equivocaba. Lo raro es que mis amigas no me hubieran llamado para decirme, ¿o sí? Seguramente se lo habría dicho Nanni a Isaac cuando llamó la tarde anterior para preguntar por mi estado de salud.
Salí de clase y fui directamente hacia el salón de actos. Estaba en la otra punta del instituto, por lo que tarde algo de tiempo en llegar. Cuando llegué por fin, la puerta estaba cerrada. Ahora tendría que tocar a la puerta y abrir. Eso fue lo que hice.

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miércoles, 3 de junio de 2009

Cosas que pasan.

Enseguida se hizo de noche. Mi madre me llamó desde la cocina para que fuera a cenar, por lo que bajé sin demora. Allí ya estaba mis hermanos junto a mi madre en la mesa. Me senté. Carla estaba muy seria. Supongo que en la comida mi madre habría hablado con ella y con Isaac sobre la cena del día anterior.
- ¿Y tú dónde has estado esta mañana que no has venido a comer? – me preguntó mi madre algo enfadada.
- Me ido con mis amigas a comer, pero no te preocupes que no voy a volverlo a repetir. No entre semana.
- De acuerdo. Por cierto, ¿tú ayer también estabas en la cena? – no había escapatoria. No podía mentir, era mi madre.
- Si, yo también estuve en la cena. Pero nada más comer me fui a dormir. – mis hermanos me miraron. Yo agaché la cabeza. Esperaba que ninguno dijera nada.
- Eres una mentirosa, Leire. Tú también bebiste. – dijo Carla rabiosa.
- Carla, cállate. Eres la que menos tienes que hablar. Vete a tu cuarto. – dijo mi madre chillando.

Carla se levantó sin decir nada y se fue a su cuarto pegando un portazo al cerrar la puerta. Nosotros seguimos cenando sin apenas decir ninguna palabra. Era normal que mi madre estuviera enfadada. Había pillado a Carla la noche anterior borracha, y en su casa, por lo que entendía su conducta.
Al cenar, recogimos la mesa y fregué los platos para que mi madre se pudiera sentar en el sofá y descansar un poco.
Cuando terminé, di un beso a Isaac y a mi madre y me fui a mi habitación. Estaba muy cansada y necesitaba dormir un poco. Pero cuando entré en mi cuarto me pasé por el de Carla. Tenía que hablar con ella.
Llamé a la puerta, y ella me respondió con un “pasa” un poco molesto. Pasé y me encontré a Carla tumbada en la cama boca abajo. Cuando se giró, vi que sus ojos estaban bañados en lágrimas. Había estado llorando. Me acerqué, y me senté en el borde de su cama.
- No llores, Carla. No pasa nada. – le dije mientras le acariciaba el hombro.
- Si que pasa, Leire. Mamá ayer me pilló borracha, y encima aquí en casa. ¿Sabes lo que es eso? – empezó de nuevo a llorar, aunque intentaba disimularlo secándose las lágrimas con la mano.
- Pues no, por suerte no lo sé. Pero sabes que le podría haber pasado a cualquiera. A Isaac también le pilló.
- Si, pero Isaac iba bien. A penas se había bebido un par de chupitos, y controlaba lo que hacia. Pero en cambio yo…
- No te atormentes, Carla, en serio. No vale la pena. Mamá sabe de sobra que bebes, y que te vas de botellón con tus amigos.
- Si, lo sé. Pero es muy diferente que te vea. – se tranquilizó un poco.
- Venga, Carla. Más vale que te acuestes he intentes dormir. Mañana se le habrá pasado el enfado, ya lo verás.
- Eso espero. Gracias Leire. Se que eres una enana… - desvié la mirada. – pero eres buena chica. – me dio un abrazo.

Salí de la habitación y me dirigí a la mía. Me puse el pijama y me acosté en la cama. Era la hora de que se acabaran las emociones fuertes por hoy.

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Nota de la autora: Muchísimas gracias por todos los premios que me habéis otorgado. Han sido tantos blogs, y tantos premios que no puedo ponerlos todos. Haber si un día tengo algo de tiempo y los pongo por mi blog, ¿vale? Espero que me perdonéis por no poder ponerlo en estos momentos. De nuevo gracias. LEIRE.

lunes, 1 de junio de 2009

Es el mejor.

Fuimos al bocata, y nos sentamos en una mesa de cuatro. A penas había gente en el local. Fanny nos dijo que era lo que queríamos para comer. Yo le pedí un bocadillo vegetal. Era lo que más me gustaba (y de los que menos engordaban). Ella fue y los pidió. A los pocos minutos estaba de nuevo en la mesa con lo que habíamos pedido.
Durante la comida, Fanny les estuvo contando a las demás lo que le había pasado con Edgar en el recreo.
- A mí me parece guapísimo, Edgar. De los más guapos del instituto. – dijo Jess.
- De eso nada, el más guapo es Ben, ¿a qué si Raquel? – había sido Karen.
- Si, claro que si. – dijo Raquel. Deducí que a las dos les hacia gracia Ben.
- Primero, el más guapo es Edgar, y es para mí, que os quede claro a todas. – dijo Fanny algo furiosa. No me atreví a hablar. No podía comentar que a mí también me gustaba Edgar.

No hablé durante toda la comida. Fanny y sus amigas no se podían enterar de que a mí me gustaba Edgar, porque o sino me dejarían de hablar. Además, había visto la reacción que Fanny había tenido cuando Jess había dicho que Edgar le parecía guapo. No quería arriesgarme. De hecho, Fanny parecía de las típicas chicas que si le llevabas la contraria te haría la vida imposible. A lo mejor no, y me estaba equivocando y era una buena chica, aunque no estaba segura de eso.

Cuando terminamos de comer, nos fuimos a unos bancos y estuvimos allí algo más de dos horas. Ya eran las cinco, y era hora de volver a casa. Tenía que hacer los deberes.
- Chicas, yo me voy ya a casa, ¿vale? Tengo cosas que hacer. Y a mi madre no le parece bien que salga entre semana.
- Bueno, haz lo que quieras. Pues mañana nos vemos entonces. – dijo Fanny un poco seria.
- De acuerdo. Hasta mañana, chicas.

Me fui directa a casa. Esperaba no encontrarme a nadie por la calle. No quería que nadie me viera con la mochila. Pensaba en lo todo lo que había ocurrido hoy: Edgar perdona a Fanny, Fanny y sus amigas roban en una tienda y me regalan algo de lo robado, cojo un cigarro y me lo meto en la mochila… ¡Ostras! ¡El cigarro! No me acordaba de él. Aún lo tenía en el bolsillo pequeño de la cartera. Esperaba que mi madre no le diera por mirar en mi mochila, porque si no me iba a caer una buena. Cogí la diadema blanca que aún llevaba en la cabeza y la guardé también dentro de la mochila.
Cuando entré en casa, encontré a Isaac en el comedor jugando a la consola, como siempre. Se pasaba horas jugando a esa cosa que yo no lo encontraba nada divertido.
- ¿Qué tal Isaac? – pregunté mientras dejaba la mochila en el suelo y me sentaba en el sofá.
- Pues nada, aquí, distrayéndome un rato. Por cierto, ha llamado Nanni después de comer para ver cómo estabas.
- ¿Y qué le has dicho? – dije mientras le cogía el mando de la consola y le ponía el juego en pausa.
- Le he dicho que te habías ido a comer con no se quién, porque no se con quien te habías ido. – me miraba directamente a los ojos.
- Mierda, Isaac. Mierda. La has cagado. – dije mientras andaba de un sitio para el otro.
- ¿Qué pasa? – me preguntó intrigado.
- Pues que le dije a Nanni que me iba al baño porque me había bajado…ya sabes. Pero es que había quedado allí con Fanny, y me dijo que nos fuéramos juntas a comer, y me salté las tres últimas clases. Y es que Nanni no sabía nada.
- Eso te pasa por mentir. Mejor que no te juntes con Fanny, no es buena gente hermanita. – me dijo mientras se recostaba en el sofá.
- Déjame hacer mi vida, ¿estás?
- Bueno, tú haz lo que quieras. – cogí mi mochila y salí del comedor. – Leire, ven aquí. – me llamó Isaac desde el comedor otra vez. Me dirigí hacia allí de nuevo.
- ¿Qué quieres ahora? No me des sermones de hermano mayor, ¿vale? Puedes ahorrártelos.
- Solo quería decirte que no le dije eso a Nanni. – dejé de nuevo la mochila en el suelo y me senté a su lado.
- ¿Y que le dijiste, entonces? – pregunté intrigada.
- Cuando me preguntó que como estabas, me quedé un poco extrañado. Pero sabiendo que te habías ido a comer fuera, y claramente con ella no era, supuse que le habías contado una trola impresionante. Y no quise que te descubriera, por lo que le dije que estabas acostada porque te encontrabas algo mal.
- Eres el mejor, Isaac. Te quiero. – me abalancé sobre él y empecé a darle besos por toda la cara.
- Lo sé, lo sé. Pero quítate ya de encima que quiero seguir jugando a la play. – me separó de un empujón.

Cogí de nuevo mi mochila y me subí a mi habitación. Me puse a escuchar música durante un rato. Después me puse hacer los deberes que me habían mandado esa misma mañana. No los hice muy bien porque no tenía ganas.

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Paréntesis

Cuando tenía el chat, una chica me dijo que le gustaría que pusiera algunas fotos para que la novela fuera más entretenida. Mi contestación fue que prefería no ponerlas, para que cada uno se imaginara el personaje y las situaciones. Otra persona me dijo que pusiera fotos del estilo de la cabecera del blog. Eso me pareció algo más interesante. Por eso he hecho esto. Espero que os guste porque lo he hecho con todo mi cariño para mis seguidores. Para los que día a día se pasan por mi blog para seguir mi novela. Mil gracias.

LEIRE.

domingo, 31 de mayo de 2009

Eso no está nada bien

Salimos del baño. La gente estaba por los pasillos. Iba a ser un poco difícil escaparse del instituto, porque siempre había alguien en conserjería que vigilaba la entrada. Nos escondimos detrás de una columna, donde nos reunimos con las demás. La gente estaba empezando a entrar en las clases. Teníamos que pensar un plan pronto. Se me ocurrió decirle a la chica que estaba allí que si me podía hacer una fotocopias, y en el momento en el que se girara para atender el recado que le había mandado, salir del instituto. Y fue lo que hice.

En cinco minutos estábamos fuera. Nunca había echo nada por el estilo, pero había sido muy excitante. Nos dirigimos hacia el centro comercial. Íbamos cargadas con las mochilas, y la gente se nos quedaba mirando extrañadas, ya que no era normal que cuatro chicas estuvieran a esas horas por la calle y con mochilas, ya que deberían estar en el instituto.
Cuando llegamos al centro comercial, aún era un poco pronto para comer, por lo que entramos en una tienda de complementos. Cada una, al entrar, se fue por un lado diferente, y yo me quedé en la entrada de la tienda sin saber que hacer. Busqué a Fanny con la mirada, la encontré y me dirigí hacia ella. Vi como cogía unos pendientes, y se los metía en la mochila sin que la dependienta se diera cuenta.
- ¿Qué haces, Fanny? – eso para mi era robar.
- Tomar prestado esto. No puedo comprármelo, porque os tengo que invitar a comer.
- Pues yo te lo compro. – le dije sacando el monedero.
- No hace falta. Sal fuera de la tienda y espéranos en un banco. En cinco minutos estaremos allí. – no me hizo gracia que robaran, y menos unos pendientes que apenas valían dinero. – Te prometo que te llevaré algo.

Me salí de la tienda como me había dicho, porque no quería meterme en ningún lío, y menos que me acusaran de ser cómplice de un robo. Al sentarme en el banco que estaba cerca de la tienda, noté que había algo en mi bolsillo derecho. Metí la mano y saqué el cigarro que Fanny me había ofrecido en el baño. “¿Qué hago yo ahora con esto?”. Abrí el bolsillo pequeño de mi mochila y lo metí ahí. Cuando dirigí de nuevo la mirada hacia la tienda, vi que ya estaban saliendo de ella a paso un poco ligero. Me levanté, y cuando me acerqué a ellas me dijo Jess que no me detuviera, que nos íbamos directamente a comer.
Por el camino, Fanny sacó un par de pendientes que había robado de la tienda, junto con tres anillos y dos diademas de color blancas. Las demás, hicieron lo mismo, y pude comprobar que también habían robado las diademas del mismo color.
- Por eso siempre vais conjuntadas, ¿no? – pregunté.
- Claro, y no nos gastamos nada de dinero en estas tonterías. – me dijo Fanny mientras se ponía uno de los anillos y se lo miraba para ver que tal le quedaba. – Me queda genial. Por cierto Leire, esto es para ti. – me dio unos aros de color plata, un anillo sencillo pero bonito y la diadema.
- Gracias Fanny, pero no puedo aceptar nada que haya sido robado. Lo siento. – no podía.
- No pasa nada, Leire. De todas formas, la de la tienda gana con lo que vende. – lo cogí porque empezaba a sentirme algo presionada. – Pero la próxima vez te coges tú tus propias cosas, ¿eh? – se rió.
- Si, claro… - miré al suelo.

Todas se pusieron la diadema en la cabeza, y yo hice lo mismo. Iba de blanco ese día, por lo que no me quedaba del todo mal.
Me acordé de que no le había dicho a Isaac que no me esperara, que no iba a casa a comer, por lo que le mandé un mensaje. A los pocos minutos tenía una contestación suya en la que decía que no le parecía bien que siempre estuviera por ahí. Pero hoy era un día especial.

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jueves, 28 de mayo de 2009

En los baños

Salí de la cafetería y me fui al banco donde estaban mis amigas. Le di a Nanni el chupa-chups y les conté que Edgar nos había invitado a su barbacoa. A ellas les pareció estupendo.

Sonó el timbre y nos dirigimos a las siguientes tres clases que teníamos. Por el pasillo me topé con Fanny. Cuando pasé por su lado, ella me rozó la mano a la vez que me daba una nota. Mis amigas no percibieron esa acción. Entramos en clase y me senté en la silla en la que horas antes había estado. Abrí el papel a rayas que me había dado Fanny. En él ponía:
"Te espero en los baños de las chicas en cinco minutos. No tardes. Tengo que contarte algo muy importante. Fanny."
Para poder acudir, me tendría que saltar las clases, y eso no me hacía gracia. Pero me había citado con ella, y si lo que me tenía que contar era tan importante, no podía faltar. Agarré mi mochila y me levanté de la silla.
- ¿Dónde vas, Leire? – Nanni, que estaba unas sillas a mi derecha, se dio cuenta de que me había levantado. Me acerqué a ella.
- Me tengo que ir al baño. – una excusa rápida para que ella no sospechara. – Creo que me ha bajado la regla.
- Vale, no te preocupes.

Salí airosa de la situación. Me dirigí rápidamente a los baños de las chicas. Abrí la puerta, pero allí no había nadie.
- ¿Hola? – pregunté al aire.
- Sabía que ibas a venir. – Fanny salió de uno de los baños.
- Es que acabo de leer la nota que me has dado, y como has dicho que era muy importante, pues he venido lo antes que he podido. – dejé la cartera apoyada en una de las paredes.
- Si. Era para contarte lo que me ha pasado con Edgar. Como te he dicho en el recreo, lo hemos arreglado todo. Ahora estamos muy bien. Hemos hecho las paces y todo ha salido a pedir de boca. – estaba contenta. Se lo notaba.

Sacó de un bolsillo un paquete de cigarros. No quería aparentar delante de ella que era una adolescente de quince años que no fumaba, aunque fuera de vez en cuando, por lo que cogí uno. Me lo guardé en el bolsillo. Ella sacó uno y se lo encendió.
- ¿No te lo fumas ahora? – me preguntó intrigada.
- No, ahora no. No me apetece. Luego cuando salga de aquí. En la calle.
- De acuerdo. – se guardó el paquete de nuevo en el bolsillo del pantalón. – Como te iba contando, ahora que hecho las paces con Edgar me gusta más que nunca. De hecho, me ha invitado a una barbacoa que hace él este fin de semana en la casa de campo que tienen sus abuelos.
- Ya, ya lo sé. A mí también me ha invitado. – le dije.
- ¿Sí? Pues bien, porque así me podrás ayudarle a conquistarle, ¿vale? – la idea de ayudarla no me gustaba nada. Tenía que hacer que Edgar se fijara en mí, no en otra.
- Lo intentaré. – no supe contestarle otra cosa.

Estuvimos hablando de Edgar hasta que a Fanny se le acabó el cigarro. Me había saltado una clase para que me contara eso, que no era nada importante. Yo nunca había faltado a clase por placer, sino que siempre que lo hacia era o porque estaba enferma o porque tenía que ir al médico. Pero en cambio Fanny, parecía hacerlo con bastante frecuencia.
Sonó el timbre. Cogí mi cartera del suelo y me dispuse a salir de los baños dirección a clase.
- ¿Dónde vas, Lei? – Fanny me había cogido de la muñeca.
- A clase. Ya me he saltado una y no quiero perderme más.
- Vaya. – Fanny puso cara de decepción. – Ahora que le había dicho a las demás que nos fuéramos al centro comercial que las invitaba a comer.

No tenía escapatoria. Era un buen plan, y encima me invitaba a comer. En cambio, si volvía a clase le tendría que explicar a Nanni y Auro porque me había saltado una clase entera. No podía inventarme ninguna excusa, pero si me saltaba las demás clases que quedaban podría decir que me encontraba mal y me había ido a casa. Podía funcionar. Por lo que no me lo pensé más.
- De acuerdo. – le sonreí. – Vámonos.
- Esta es mi Leire. – me abrazó.

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Nota de la autora:esta es la última entrada de la semana. Lo siento. Ahora vienen los exámenes y me voy a pasar todo el fin de semana estudiando. Un beso para todos. LEIRE.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Me ha pillado.

Fanny se dirigió hacia el banco en el que estábamos nosotras, pero no se acercó del todo. Me hizo un gesto con la mano para que me acercara.
- Chicas, me voy un momento a la cafetería que quiero comprarme una piruleta. – les dije a mis amigas.
- Vale, pues cómprame a mí un chupa-chups. – Nanni me dio el dinero.

Me fui hacia donde estaba Fanny, y juntas nos fuimos hacia la cafetería.
- Ya lo he arreglado con él, Leire. Fue todo un malentendido. Me ha pedido hasta perdón, y todo. Que guapo que es. – suspiró.
- Me alegro mucho, Fanny. – pero no era cierto. En verdad deseaba que siguieran enfadados.
- Voy a ver si se puede volver a fijar en mí, porque a mí me encanta. – ahora ya estaba del todo perdida. Fanny era muchísimo más guapa que yo, y además ella tenía una ventaja: ya conocía a Edgar y habían tenido algo juntos antes.
- Bueno, Fanny, luego hablamos que ahora voy a ir a comprarme algo a la cafetería.
- Vale, yo voy a ir al baño. Luego nos vemos Leire.

Me dirigí a la cafetería para comprarle a Nanni lo que me había encargado. Entré y allí estaban todos. Apenas me atreví a mirar hacia su mesa. Me puse en cola.
- ¿Qué te pensabas que te ibas a escapar de mí? – era Edgar. No hacía ni falta girarme, reconocía su voz y su colonia a distancia.
- No, pensaba que te habías olvidado tú de mí. – dije sin mirarle.
- Pues no. Y quería hablar contigo de dos cosas. La primera es que ayer te estuve llamando por la noche cuando llegué a mi casa pero me decía que el número al que llamaba no existía. ¿Me puedes explicar por qué? – dijo mientras me cogía del hombro y me daba la vuelta.
- Si, aunque creo que no te va a gustar. Pensé que seria gracioso darte un número falso. – dije agachando la cabeza. Me cogió de la barbilla con la mano y me la levantó.
- Pues a mí no me hizo ninguna gracia. – me miraba directamente a los ojos. No podía desviar la mirada.
- Lo siento, de verdad. Toma, apunta mi número y dame un toque ahora para que veas que es el mío. – sacó su móvil del bolsillo y me lo acercó. Lo cogí y apunté mi número. Se lo di y de inmediato me hizo un toque. Mi móvil, que lo acababa de sacar, empezó a vibrar.
- Ahora si. Gracias. – me sonrió. Se guardo de nuevo el móvil en el bolsillo del pantalón – Y esto que te voy a decir ahora no te lo tenía que decir, por lo mal que te has portado, pero como me caes bien te lo diré.
- ¿Qué quieres? – la cola había llegado a su fin y estaba enfrente de la chica que llevaba la cafetería.
- Espera Edgar, un momento. – me giré hacia la chica. – Quiero una piruleta y un chupa-chups, por favor.
- Y a mí me pones una coca-cola. – dijo Edgar desde detrás mío. La chica fue y nos dio lo que habíamos pedido. – Ya lo pago yo, Leire, no te preocupes. – entregó el dinero y nos apartamos de allí para que los demás pudieran pedir.
- ¿Y qué es lo que me querías decir? – le dije mientras abría la piruleta y me la metía en la boca.
- Que este fin de semana voy a celebrar en la casa que tienen mis abuelos en el campo una comida, en plan campestre y esas cosas. Era para que supieras que estás invitada, y que te espero allí. De hecho, tus hermanos también van. Y quiero que se lo digas también a Nanni y Auro. Cuanta más gente seamos, mejor.
- Vale, de acuerdo. Pues cuenta conmigo. – esperaba que mi madre me dejara ir. Además, si iban mis hermanos no se podía negar. – ¿Tenemos que llevar algo?
- No. Aunque bueno si quieres traerte alguna botella de algo con alcohol, será bien recibida. Lo demás ya lo pongo yo.
- Muy bien. - me quitó la piruleta de mi boca y se la metió en la suya. Le dio un par de vueltas y me la dio de nuevo. Me quedé alucinada.
- Pues te espero.

Se fue. Este chico cada vez me dejaba más descolocada. No sabía por donde iba a salir. Me metí la piruleta en la boca. Esa piruleta que hasta hacía unos instantes había estado en la suya.

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martes, 26 de mayo de 2009

Inimaginable.

- ¿Qué te ha dicho Edgar? – me preguntó Fanny. No sabía si contarle la verdad, o mentirle. La segunda opción me parecía la más acertada, ya que aún no tenía plena confianza en ella.
- Me ha dicho que le diga a mi hermano que luego tiene que hablar con él. ¿Por qué lo preguntas?
- Por nada, porque he visto que te había dicho algo. ¿Es que no sabes que yo estuve con él? - ¿Fanny con mi Edgar?
- ¿Estuviste con él? No tenía ni idea.
- Bueno…estar, estar no estuvimos. Solo que mientras estaba con Dani me lié unas cuantas veces con Edgar. Por eso luego Dani se fue con Carla.
- Si es que Fanny, eso no se hace.
- Ya…pero es que Edgar es tan guapo… - dijo mientras se giraba para mirarlo. Yo también lo hice. Edgar hizo un saludo con la mano a las dos.
- Si, la verdad es que sí. ¿Pero te hablas con él?
- No, porque luego tuvimos una serie de problemas y… lo que pasa. Pero me gustaría arreglarlo con él. Haber si un día de estos le mando algún mensaje y quedamos para hablarlo. – lo que me faltaba ya, otra rival con la que competir. Como no tenía bastantes…

Cuando la profesora nos riñó un par de veces porque no parábamos de hablar, dejamos el tema. Fanny era muy simpática, y se había sincerado conmigo. Le tendría que dar alguna oportunidad. Y es que con Fanny estaba muy a gusto, incluso a veces más que con Nanni y Auro, porque había ocasiones en las que ellas dos empezaban a hablar de cosas que habían pasado en sus vacaciones de verano, y yo me quedaba al margen en ese tipo de conversaciones.

Pasaron las tres horas y por fin salimos al recreo. Me despedí de Fanny y le dije que luego me acercaría a la cafetería a estar un rato con ellas. Me saqué el almuerzo y las gafas. Hoy hacía mucho sol y mis ojos no estaban como para aguantarlo.
Nos fuimos las tres a nuestro banco. Ellas se sentaron y yo me quedé de pie, porque en cualquier momento aparecería Edgar para hablar conmigo. Estaba impaciente. No tenía ni idea de que quería hablar conmigo, y esperaba que no fuera sobre el número falso que le di la anterior noche.
- ¿Y eso que te has sentado hoy con Fanny, Leire? – me preguntó Nanni.
- Es que como os habéis sentado juntas, para quedarme sola, pues me he sentado con ella.
- ¿Y de que habéis hablado? Porque no habéis parado en las tres horas.
- Pues de cosas, ¡que más te da! Tú a mi tampoco me cuentas las cosas que hablas solo con Auro. – me había pasado. Tenía que rectificar. – Por cierto, ¿qué tal ayer la tarde de chicas?
- Muy bien. Te tenías que haber venido. Por cierto, ¿cómo estás? ¿Ya te encuentras mejor? – ni me acordaba ya de eso.
- Si, gracias. Ya estoy mejor. – contesté mirando al suelo.
- Me alegro Leire. – sonrió Auro. - ¿Por qué llevas gafas de sol?

Les expliqué lo que había echo la noche anterior. Le conté lo que había hablado con Edgar en el supermercado, en casa, en mi cuarto, etc. Les conté que le había dado un número falso y que pensaba que hoy me iba a decir algo sobre eso.
En ese momento vi con Edgar salía de la cafetería. Me empecé a poner nerviosa, y mis amigas me lo notaron. Pero justamente salió detrás de él Fanny. “No, ahora no Fanny”. Ella le cogió del brazo. Él se giró. Fanny le dijo unas cuantas cosas y se fueron los dos a un banco a charlar. Tenían que hablar justamente ahora que él iba a venir a hablar conmigo. No era justo. Me puse algo triste.
Estuvieron un largo rato hablando. Estaba más pendiente de su conversación que de lo que me estaban contando mis amigas. Los dos se levantaron y se dieron un prolongado abrazo acompañado de un largo beso en la cara. Ahora si que lo iba a tener difícil con Edgar.

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