sábado, 19 de diciembre de 2009

Amenaza

NOTA DE LA AUTORA: Hola a todos! Hoy no es miércoles, pero como ya estamos en Navidad, y Papá Noel está de camino, os traigo una nueva entrada, a modo de regalo. Espero que os guste. El próximo miércoles postearé, como todos. Un beso a todos. LEIRE.


Un nuevo día. Me levanté de la cama de un salto. Había dormido estupendamente esa noche y me sentía relajada, sin preocupaciones en la cabeza. Pero mientras elegía la ropa para esa mañana, me vino a la cabeza la conversación de Edgar de la tarde anterior. Debía de decidirme pronto. El sábado tenía que darle una respuesta. Quería con todas mis fuerzas estar con él, pero no estaba segura. ¿Y si me estaba mintiendo? ¿Y si saliera con él y al cabo de tres días me dejara? Yo no quería sufrir, y menos si ese sufrimiento provenía del chico al que quería.
Después de desayunar con mis hermanos nos fuimos los tres andando hacia el instituto, ya que Eric no había ido a por Carla. Era algo extraño, ya que él siempre iba a por mi hermana en coche. ¿Y si se habían enfadado? No lo creía, pero podía ser una posibilidad.
Cuando llegamos al instituto, Edgar y Ben estaban en la puerta esperando a Isaac. Los tres se saludaron chocándose las manos y dándose un abrazo típico de chicos. Mi hermana y yo nos miramos, nos sonreímos, y cada una se fue hacia su clase.
Como todas las mañanas, al llegar a la clase ya había algunas personas sentadas en sus respectivas sillas, pero ni Nanni ni Auro se encontraban allí. Me senté en una de las sillas vacías esperando a que vinieran. Pero en ese momento apareció por la puerta Fanny rodeada de sus tres grandes amigas que la seguían como si de perritos falderos se tratasen. Me dirigió una de sus sonrisas malévolas matineras y se sentó en su silla. Poco después, por la puerta hizo su aparición Edgar junto con Ben. Casi nunca se separaban. Eran grandes amigos, e iban a todos los sitios juntos. Edgar me dirigió una sonrisita, pero al ver que estaba sentada Fanny en su sitio le cambió la cara por completo y se puso serio. Fanny se dio cuenta y noté como los celos le comían por dentro. Aunque ella había ganado la apuesta, sabía que era yo la que le gustaba a Edgar, y no ella, como deseaba. Agaché la cabeza y sonreí para mis adentros.
Nanni y Auro no tardaron en llegar. Cuando me vieron me dieron, cada una, un beso en la mejilla. Me encantaba que hicieran eso. Me hacía sentir querida por mis amigas. A veces, las personas necesitamos ese tipo de gestos para sentirnos bien y contentos con nosotros mismos.
La clase empezó en breves. El profesor llegó algo enfadado. No sabíamos por qué, pero se le notaba. La lección nos la explicó en tan solo 20 minutos. El resto de la clase nos la dejó para que hiciéramos ejercicios. Él salió de la clase dejándonos solos. Eso era un peligro, ya que cuando estábamos sin profesor, siempre liábamos alguna. Los chicos se levantaron y empezaron a tirarse tizas desde una parte de la clase a la otra. En cambio, las chicas, solo nos poníamos a hablar de nuestras cosas.
- Menuda tarde la de ayer, ¿no? – dijo Nanni.
- Si, fue cargadita. – comenté yo. Recordé enseguida el comentario que hizo Isaac en el bar.
- Me quedé de piedra cuando Isaac dijo eso. – dijo Auro. – Está claro que os gustáis, pero el comentario no era apropiado a la situación. ¿Luego te pidió perdón?
- Si, en casa. Pero tía, cuando lo dijo, me quería morir. ¡Qué vergüenza!
- Ya. Me lo puedo imaginar. Si me hubiera pasado a mí… - Auro se quedó un par de segundos pensando la respuesta. - … la verdad, es que no sé lo que hubiera echo. – todas reímos.
- Os tengo que contar una cosa. – sonreí.
- Cuenta, cuenta. No nos dejes en ascuas. – dijo Nanni. Les conté la conversación que había tenido con Edgar en la puerta de mi casa. - ¿Qué dices, L? ¡Que suerte tienes! Está coladito por ti.
- Lo sé. Pero no sé que hacer.
- ¿Cómo que no sabes qué hacer? – preguntó Auro. – Claramente salir con él. ¡Estáis el uno coladito por el otro!
- Sí, ¿pero y si me está engañando? ¿Y si cuando empecemos a salir me deja a los tres días?
- Eso no va a pasar, Leire. – dijo muy segura de si misma Nanni. – Si pensara así no te hubiera dicho que esperaría hasta el sábado.
- Pero puede ser que lo diga porque soy una de las pocas chicas que se le han resistido.
- Puede ser, pero yo no lo creo. – Auro también negó con la cabeza, confirmando que ella estaba de acuerdo con Nanni.
- No sé, chicas. – dije mirando al techo.

Las tres nos callamos a la vez. Pero noté que alguien estaba cerca de mí escuchando toda la conversación que habíamos tenido. Recé para que no fuera Fanny, pero no sirvió para nada porque había sido ella. Me miró con cara de furia. Yo tragué saliva. Habíamos hecho una apuesta en la que había perdido, y no la estaba cumpliendo. Me estaba metiendo en un buen lió.
Salió de la clase, pero al pasar por mi mesa me dejó una nota en la que ponía que saliera de clase inmediatamente. Se lo dije a mis amigas, y tragando de nuevo saliva, salí de la clase con paso decidido. Y allí estaba ella. Su espalda apoyada en la pared. Un pie lo tenía también apoyado en la pared. Me dio miedo.
- ¿Qué quieres ahora, Fanny?
- No me vaciles Leire, que nos conocemos.
- No te he vacilado, pero bueno. ¿Qué quieres?
- Te he oído toda la conversación que has tenido con tus amigas. – se me estaba quedando la boca seca.
- ¿Y qué?
- ¿Cómo que y qué? – pegó un puñetazo a la pared. Me asusté. - ¿Cómo que y qué? Yo te voy a decir lo que pasa. Resulta, por si no te acuerdas, que tú y yo tuvimos una apuesta en la que yo salía victoriosa.
- Si, me acuerdo. Pero que yo sepa, no la estoy incumpliendo, ¿no?
- Si, la estás incumpliendo al máximo. Te dije que no te acercarás a él. Y ayer estuviste con él por la tarde. Y por lo que he oído, te ha pedido salir y tú te lo estás pensando. – miré al suelo. – Vale, me lo acabas de confirmar. Bien, tú lo has querido. Te dije que te apartaras de él por las buenas, y tú no lo has hecho. Ahora iré por las malas. – me sonrió malévolamente y entró en la clase con aire chulesco.

Me quedé fuera un par de minutos intentando averiguar que era lo que iba a hacer Fanny. Cuando se ponía así me daba miedo, y sabía que era capaz de hacer cualquier cosa por conseguir lo que quería. Inspiré y expiré un par de veces y entré en clase. Fanny me miró y se rió junto con sus amigas. Edgar también me miró con cara de preocupación. Yo, simplemente, agaché la cabeza y me senté en mi silla. Mis amigas me preguntaron que había ocurrido, y yo, en cuatro o cinco frases, se lo expliqué todo. Se quedaron mudas.


Safe Creative #0912195156793

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Pros y contras.

- Dime, ¿qué te ocurre?
- Te he visto esta tarde un poco fría conmigo, ¿no crees? – mientras me decía estas palabras, no se atrevía a mirarme a la cara. No desviaba los ojos del suelo.
- La verdad es que sí. No sabía cómo actuar después de lo que me dijiste ayer.
- De eso mismo quería hablar contigo. ¿Has asimilado ya lo que te dije? – soltó una pequeña risita nerviosa.
- …. – pensé durante unos segundos. – No, aún no, lo siento. Un día es poco. Necesito algo más de tiempo para pensarlo. Me dolió mucho que te liaras con Fanny. Y estoy mirando los pros y los contras de una posible relación contigo. Así que supongo que el sábado te podré contestar.
- ¿El sábado?
- Sí, ¿qué pasa?
- Demasiado tiempo. Pero bueno, esperaré, no me importa. – los dos sonreímos.

En ese momento me apeteció acercarme a él. Que me abrazara. Que me besara apasionadamente. Un beso único, increíble. Que nunca hubiera dado a otra chica. Pero en cambio, solo me atreví a decir:
- Ya hablaremos, Edgar. Hasta mañana. – abrí la puerta de casa y entré en ella.

Me quedé apoyada en la puerta durante un par de minutos. Pensaba en si había actuado bien. Quizá le tenía que haber dicho que sí, que me gusta mucho y que quería salir con él, y haberle dado un cálido beso en esos labios que tanto deseaba. O quizá no. Quizá había actuado bien diciéndole que el sábado le diría la respuesta.
Con la cabeza echa un lío, subí a mi habitación a cambiarme porque mi madre estaba preparando ya la cena. Me puse el pijama y bajé a la cocina.
- Hola mamá.
- Hola cariño, ¿qué tal la tarde?
- Muy bien. He estado en el parque con mis amigas. Bueno, y con Isaac y sus amigos.
- ¿Con Edgar también? – me quedé sorprendida por esa pregunta.
- Si, ¿por qué?
- No, porque te noto algo extraña. Y siempre que te noto así, es porque has estado con él.
- ¡Ay mamá! No digas tonterías, anda. No tiene nada que ver una cosa con la otra.
- Ya lo sé, pero siempre da la casualidad de que cuando estás así, por medio ha estado Edgar.
- Sabes desde siempre que ese chico me ha gustado. – mi madre lo sabía, pero no estaba dispuesta a contarle todo. – Y ahora, últimamente, estamos más juntos, pero nada más.
- Me alegro.
- ¿De qué? ¿De qué estemos más juntos? ¿O de qué no tengamos nada?
- … - mi madre no sabía que contestar. – Creo que de las dos cosas, cariño. – se acercó y me dio un sonoro beso en la frente.

Carla entró ese momento en casa. Al parecer había pasado fuera toda la tarde, aunque yo no lo sabía. Seguro que había quedado con Hugo en su casa. Se veían todos los días. Carla se estaba pillando por ese chico, y viceversa.
- Hola mamá. Ya estoy aquí. – dijo mientras entraba en la cocina y daba un beso a nuestra madre. – Hola a ti también, enana. – me despeinó el pelo.
- Carla, ahora cuando subas a tu cuarto llamas a tu hermano, que ya está la cena.
- No iba a subir a mi cuarto, pero no te preocupes. Ahora voy. – salió disparada a llamar a Isaac.
- Otra que también viene muy feliz cuando sale por las tardes. ¿Qué os pasa? – preguntó mi madre mientras se sentaba en la mesa a esperar a mis hermanos. Yo la imité.
- Cosas de la edad. – dije yo.

En apenas unos minutos, mis hermanos estaban en la cocina sentados en la mesa y cenando. Mi madre solo hacia que mirarnos a los tres. Isaac comía animadamente, con una sonrisa de oreja a oreja. Carla no lo demostraba tanto, pero también se le veía feliz. Y luego estaba yo, que no sabía como expresar mis sentimientos. Por una parte estaba feliz porque Edgar me había dicho sus sentimientos hacia mí. Pero por otra parte, no estaba segura si decirle que sí a lo de intentar una relación. Tenía miedo de que se fuera a ir con otra chica, y todo lo que me estaba diciendo fuera mentira.
Al acabar de cenar, y entre todos, recogimos la mesa. Mi madre se fue a dormir enseguida. Estaba cansada. Nosotros lo entendimos. Carla siguió a mi madre. Decía que también se iba a dormir. No era normal que se acostara tan pronto. Seguramente se conectaría un rato en el ordenador.
En cambio yo me quedé en el comedor viendo un rato la tele. Empecé a cambiar de un canal a otro, sin encontrar nada que me gustase. Al final tuve que dejar uno de esos programas de cotilleos en los que llevan a “famosillos” para hablar de sus vidas privadas. A Isaac no le gustaban para nada ese tipo de programas, pero vino y se sentó al lado mío. Estuve esperando durante un largo rato a que me volviera a pedir perdón por el comentario que había dicho esa misma tarde en el bar. Por fin dijo:
- Siento lo del comentario de esta tarde.
- Vale, Isaac, no me lo vuelvas a recordar, por favor. Ya he tenido suficiente con lo de esta tarde. – le dije sin apenas mirarle a la cara.
- Además, tampoco ha sido nada del otro mundo. Ni Edgar le ha dado importancia.
- Pero haber, no es que Edgar le haya dado importancia o no, es que, simplemente, ese comentario sobraba. Nadie tiene porque saber que Edgar me gusta.
- ¡Pero si lo sabe todo el mundo! Bueno, a lo mejor todo el mundo no, pero los que estábamos allí sentados, sí.
- Ya lo sé. Pero ¿a que a ti tampoco te gustaría que te dijeran delante de tus amigos que te gusta Auro?
- Pues… me daría un poco igual.
- Claro… Bueno, dejemos el tema en paz. No quiero seguir hablando de lo mismo durante toda la noche.
- Vale, lo que quieras.

Los dos nos callamos y no volvimos a hablar durante todo lo que duró el programa. Después, ambos nos levantamos del sofá y nos dirigimos a nuestra habitación dándonos las buenas noches.

Safe Creative #0912165123879

PD: Hola a todos. Antes que nada deciros que muchas gracias por todos los comentarios que he recibido en las últimas entradas. Me haceis muy feliz, de verdad. Quería deciros que he leido varios comentarios en mi última entrada que preguntaban por el blog de mi amiga Jess. Como sabeis, ella no tiene internet, y tenía que postear yo. Después de algún tiempo pensándolo, ha decidio dejar un poco el blog, porque decía que si no tenía internet no podía contestar a los comentarios y no podía disfrutar de lo que es en sí su blog. Espero que pronto le pongan internet sus padres y pueda seguir con su novela, ya que es fantástica, y aunque al principio tuvo algunas críticas, al final a la gente le acabó enganchando.
Un beso para todos. SIEMPRE CON VOSOTROS. LEIRE.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Vocazas.

Pronto llegamos al parque. Nos fuimos todos hacia el mismo banco. Al parecer, la tarde la íbamos a pasar juntos. No me desagradó demasiado, aunque prefería no estar cerca de Edgar. Necesitaba pensarme en lo que le iba a contestar. Como muy tarde, mañana le quería dar una respuesta, y no tenía las cosas del todo claras.
Me senté en la parte de arriba del banco. Me gustaba sentarme ahí. Edgar dudó durante unos segundos, pero después se sentó debajo de mí cogiéndome los tobillos con sus manos. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Siempre que él me tocaba, sentía una sensación rara en mi cuerpo. Me gustaba, pero a la vez me ponía nerviosa.
- ¿Queréis uno? – volví en sí. Isaac estaba ofreciendo un cigarro a Auro y Nanni. Las dos agradecieron la intención, pero ninguna cogió un cigarro. En cambio, Ben y Edgar le quitaron uno cada uno. Isaac puso mala cara, pero no dijo nada.
- Deberías dejar de fumar, Isaac. – le dije mientras los tres se encendían los cigarros.
- Creo que esta conversación ya la hemos tenido. Y creo que quedó ya clara.
- Isaac, tu hermana tiene razón. No deberías de fumar tanto. – esta vez la que había hablado era Auro. Isaac la miró con ojos de enamorado.
- Pero si tú también fumabas.
- Si, pero solo a veces. Además, me he dado cuenta de que es una tontería.
- Bueno, quizá debería de intentarlo, ¿no? – Isaac sonrió a Auro. Esta le correspondió.
- Vaya cabronazo. Tío, nos estás defraudando. Ya no eres lo que eras. – Edgar le pegó una gran calada a su cigarro.
- Y tú, también deberías de intentar dejarlo. – dijo yo mientras le daba unos golpecitos en la espalda.
- ¿Yo? Ni de coña. – dijo girándose hacia mi. – Si le tengo que gustar a una chica, me tiene que querer tal y como soy. – tenía razón. Además, Edgar me gustaba tal y como era. Y es que verle con un cigarro en la mano, tenía su punto.
- Tienes razón. - apoyé mi codo en su hombro. Él no se quejó.

Estuvimos hablando animadamente durante un largo rato. Llegada la media tarde, los chicos decidieron irse a tomar unas cañas a un bar. Nos miramos entre nosotras sin saber que contestar, pero la cara de Auro lo decía todo. Así que, los seis, nos encaminamos al bar que estaba más cercano al parque.
Nos sentamos en una mesa que estaba cerca de un rincón. Así, podríamos estar tranquilamente sin que nadie nos molestara. Enseguida vino una chica a atendernos. Los chicos, como de costumbre, se pidieron una cerveza. Auro y Nanni se pidieron una coca-cola. Yo no estaba segura de que pedirme, pero al final pedí lo mismo que los chicos. Isaac me miró extrañado, pero no dijo nada al respecto.
- ¿Este sábado vamos a hacer algo? – preguntó Ben. Por lo que aparentaba, él seguía con ganas de fiesta. En cambio, yo no tenía las mismas ganas que él.
- No sé, ¿qué os apetece hacer? – mientras Isaac decía esto, no dejaba de mirar a Auro.
- Botellón en el parque, como todos los sábados. – propuso Edgar.
- Me parece muy bien. Me gusta la idea. – dijo Ben.
- Tú te apuntas a un bombardeo, tío. – dijo Isaac.
- Pues claro. Hay que vivir la vida, ¿no? Por cierto, chicas, vosotras también os podéis venir, ¿eh?
- Es que pensábamos ir igualmente, nos invitaras tú o no. – dijo Nanni un poco enfadada.
- Oye, oye… que no he dicho nada malo como para que me contestes así.
- Tienes razón, lo siento. Pero es que os pensáis que sois el centro del universo, y eso no es así. Puedo ir perfectamente a un botellón en el parque, sin que me invites. – todas miramos perplejas a Nanni. Le había dado un ataque de los suyos y había explotado.
- Vaya. – dijo Ben al cabo de unos pocos segundos pensando en lo que decir. – Me da miedo volver a decir algo, no vaya a ser que me comas…
- Tranquilo. Te haría cualquier cosa menos comerte. – Nanni le sonrió forzadamente.
La chica del bar nos trajo, por fin, las bebidas que habíamos pedido. El bar estaba abarrotado, por ello la tardanza. Todos bebimos un gran trago de nuestras bebidas. Era un día de mucho calor, y algo fresco apetecía.
- Enana, te estás acostumbrando a la cerveza, ¿eh? – me dijo mi hermano.
- Isaac, te rogaría que no me llamaras enana, y menos delante de mis amigos, y del…
- Del chico que te gusta, ¿no? – abrí notablemente los ojos. Auro, que estaba bebiendo en ese momento de su coca-cola, se atragantó. Me dieron ganas de levantarme y pegarle un guantazo a Isaac, pero no lo hice. Edgar ya sabía que me gustaba, pero el comentario sobraba.
- No te pases, Isaac, no te pases. – Edgar me miró fijamente. Pude ver un brillo especial en sus ojos. Nunca lo había visto así.
- Creo que ese comentario sobraba, tío. – Edgar me seguía mirando. Me intimidaba.
- Lo siento. Se me ha escapado. No lo he hecho con mala intención, de verdad. Perdona Leire. – Isaac se levantó de la silla y vino a darme un beso y un abrazo. Se lo agradecí. – Lo siento, enana. – me dijo susurrándome en el oído.
- Ya hablaremos en casa. – le respondí yo.

Poco después de terminarnos las bebidas, nos levantamos del bar y nos fuimos. Estaba mucho más lleno que cuando llegamos.
Ya eran casi las nueve de la noche. Hora de irse a casa a cenar. Primero, acompañamos a Nanni a su casa. Después fue el turno de Auro. Isaac, se despidió de ella con un beso en la mejilla, aunque sabía que él se moría por besarla. Después nos tocó el turno a Isaac y a mí. Nos despedimos de Ben y de Edgar. Éste último me pidió que si podía hablar conmigo un momento. Asentí. Isaac entró en casa y Ben se dirigió a su casa.

Safe Creative #0912095087708

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Todos los tíos son iguales.

Acababa de recibir un mensaje. Nerviosa, cogí el móvil, y abrí el mensaje. Era de Eloy, como esperaba. En él ponía lo siguiente.
“Leire, me alegro de saber algo de ti. Ahora mismo estoy en la universidad. Ya nos veremos en alguna fiesta o algo, ¿vale? Un saludo.”
Volví a leer el mensaje un par de veces. No me lo podía creer. Después de habernos liado el sábado pasado, había estado muy frío. Ni siquiera un simple beso al despedirse. Tan solo un frio saludo. Tampoco quería que quedáramos, porque si no, no me hubiera dicho de vernos en la próxima fiesta. Me entristecí. Creía que Eloy podía ser diferente al resto de los demás, pero me equivoqué.
Mis amigas, al verme que me había cambiado la cara completamente, me preguntaron qué era lo que pasaba. Se lo conté en pocas palabras, incluso leyéndoles el mensaje que me acababa de enviar.
- Ese tío es un gilipollas. Leire, pasa de él. – dijo Nanni intentando ir de sabionda.
- No, no hace falta que pase de él, porque él ya pasa de mí. – abrí la piruleta que Auro me había dado hacia un par de minutos.
- No creo que pase de ti. A lo mejor es que no puede quedar contigo. Está muy liado con los estudios y esas cosas. – Auro intentaba quitarle importancia al mensaje.
- No. Ha sido muy claro: “Ya nos veremos en alguna fiesta o algo”. Claramente, no quiere saber nada de mí.
- Piensa lo que quieras. Yo no lo creo así. – Auro seguía en sus trece.

La campana del fin del recreo nos interrumpió. Nos levantamos de nuestros asientos y nos dirigimos hacia la clase. Pero en la puerta nos topamos con Edgar y todos los demás que también salían de la cafetería en ese momento. Él me dirigió una sonrisa tímida y sincera. Yo se la devolví.

En clase todo fue normal, sin ningún incidente a destacar. Noté como Edgar no hacia más que mirarme. Me sentía algo incómoda. En cambio, Fanny solo hacía que mirarlo a él. Esa chica iba a ir a por todas. Aunque supiera que él no estaba interesado en ella, sino en mí, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para poder conseguirlo. No importaba el precio.

Al terminar las clases, Isaac me estaba esperando en la puerta del instituto. Cuando vio aparecer a Auro le salió una tímida sonrisa que no pudo controlar. Si que le gustaba de verdad Auro, porque o sino esa sonrisa hubiera sido amigable y amable, pero nunca tímida.
- Nos está esperando Eric en el aparcamiento para llevarnos a casa.
- ¿Y eso? ¿Qué le ha dado a éste ahora?
- No lo sé. Me ha dicho que como esta mañana nos había traído, y ahora tenía que llevar a Carla a casa, que le daba igual llevar a dos personas más.
- Vaya, que simpático, ¿no?
- Si. Haber cuanto le dura la simpatía…

Me despedí de mis amigas. Nanni me dijo que esta tarde iban a salir. Con una señal le dije que por la tarde me llamara por teléfono, porque debía irme ya. Las dos se despidieron con la mano.
Cuando llegamos al coche de Eric, vimos que él y Carla ya estaban dentro. Abrimos las respectivas puertas y nos metimos dentro del coche. Nadie dijo nada. Eric arrancó el coche y en tan solo tres minutos estábamos en casa. Isaac y yo bajamos del coche despidiéndonos de Eric y dándole las gracias por habernos traído a casa. Él asintió con la cabeza. Carla aún se quedó con él en el coche hablando.

Después de comer, me subí a mi habitación a hacer los deberes que nos habían mandado para el día siguiente. Cuando vi los problemas de matemáticas, enseguida me vino a la cabeza Edgar. Ayer mismo estaba él en la habitación. En mí habitación. Aún podía oler su colonia. Aún podía ver esos ojos verdes mirándome. Aún podía sentirlo cerca de mí. Estaba deseando salir con él, pero quería asegurarme de que le gustaba de verdad, y no era un encaprichamiento como todas las demás chicas. Quería que me lo demostrara. Y para eso, debía de dejar pasar algunos días.
“Ring, ring” Mis pensamientos fueron interrumpidos por el teléfono de casa, pero enseguida dejó de sonar. Alguien lo había cogido desde otra parte de la casa. “Leire, es Nanni. Cógelo” oí que gritaba Carla desde su habitación.
- Hola Nanni.
- Hola Leire.
- Espera. Carla, ya puedes colgar. – noté como Carla colgaba el teléfono. – Ya está.
- Oye, ¿te hace una de parque esta tarde? – propuso Nanni.
- Si, la verdad es que me apetece. Hace algunos días que no vamos y lo estoy echando ya de menos, ¿tú no?
- ¿Yo? Claro que sí. Por cierto, ¿sabes si va a ir tu hermano y todos lo demás?
- No tengo ni idea, pero ahora se lo pregunto y te llamó, ¿vale?
- Vale. Te espero. – colgué.

Me dirigí a la habitación de Isaac, porque a Carla no se lo iba a preguntar. Llamé a la puerta y entré. Como siempre, él estaba enfrente de la pantalla del ordenador, con el Messenger encendido. Estaría hablando con Auro.
- Isaac, ¿vais a ir esta tarde al parque?
- ¿Y vosotras?
- Yo te he preguntado primero.
- Está bien. Si, supongo que sí. No es seguro, pero bueno, llamo a Edgar y a Ben y nos vamos para allá.
- De acuerdo. – me encaminé hacia la puerta. – Por cierto, dile a Auro que a las cinco y media la quiero aquí.
- Vale. – los dos sonreímos.

Volví a mi habitación. Enseguida llamé a Nanni. Le dije que sobre las cinco y media se pasara por mi casa, y así nos íbamos las tres juntas hacia el parque. Le pareció buena idea.
Abrí mi armario para cambiarme de ropa, pero pronto me di cuenta de que no valía la pena. Iba cómoda con la ropa que llevaba esa misma mañana, por lo que no me la cambié.

“Ding, dong”. Alguien estaba llamando a la puerta. Bajé corriendo, aunque mi madre se me adelantó.
- Hola Nanni. Hija, cada vez que te veo estás más guapa. Pasa, pasa. – le indicó mi madre.
- Mamá, ya me encargo yo. – mi madre nos dedicó una de sus mejores sonrisas y se fue al comedor.
- ¿Aún no ha venido Auro? – me preguntó Nanni.
- No, N, aún no ha venido. Se habrá pasado toda la tarde hablando con Isaac, y no se habrá dado cuenta de la hora que es.
- Seguro. Esta Auro… - las dos reímos. Pero alguien volvió a llamar al timbre.
- Mira, ya está aquí. – pero cuando abrí la puerta no me encontré con la cara de Auro, sino con Edgar y con Ben.
- Hola Leire. – Edgar se acercó a darme un beso en la mejilla, pero yo me aparté. Él agachó la cabeza sin saber que decir.
- ¿Qué hacéis aquí?
- Hemos quedado con tu hermano. – es verdad, no me acordaba de que Isaac me había dicho que iba a llamar a Edgar y a Ben para ir al parque.
- Lo siento, pasad. – Isaac bajó las escaleras de dos en dos. Cuando llegó a los últimos escalones, dio un salto.
- Cabrones, os dije a las 6.
- Ya tío, pero hemos venido antes. Nos aburríamos en casa, y no nos íbamos a poner a hacer los deberes, ¿no?- todos reímos.
- Pues venga, vámonos.
- Isaac, esperaros un par de minutos a que venga Auro y nos vamos todos juntos, ¿o qué?
- Vale, me parece bien. – Isaac sonrió y Edgar le dio un pequeño puñetazo en el brazo. Isaac le respondió de la misma manera.
Auro no tardó en llegar. Cuando nos vio a todos en la puerta esperándola, sonrió, pero yo sabía que en ese momento estaba sintiendo vergüenza. El chico que le gustaba estaba delante de ella y no era capaz de decirle nada.
Todos anduvimos hacia el parque. Durante el camino, todos hablábamos animadamente, aunque entre Edgar y yo había una cierta distancia. Sabía que él quería estar a mi lado, y hablar conmigo, pero yo no quería. Cuanto más lejos estuviera de él, mejor. Pensaba a todas horas sobre lo que me dijo la tarde anterior. Me había dejado de piedra diciéndome que de verdad le gustaba, y que quería que lo intentáramos. Pero si sintiera algo por mí, no se habría liado con Fanny.

Safe Creative #0912025046720

PD: No sé si os habréis dado cuenta, pero en la parte lateral del blog he añadido un espacio donde he puesto la descripción de cada personaje, por si os liaís o perdeís el hilo en alguna ocasión, podais seguir la novela sin dificultad. Espero que os sea de ayuda. Un beso para todos. Y muchas gracias por todos los comentarios. LEIRE.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

¿Vergonzosos los chicos? NO.

Abrí los ojos. Vi como por la ventana de mi habitación aparecía un rayo de sol que iluminaba mi cama. Me levanté a trompicones, mientras abría mi armario en busca de algo que me acomodara ese día. Cogí una minifalda vaquera que me gustaba mucho como me quedaba. Rebusqué entre mis camisetas una que me quedara al son con la falda. En los pies, las primeras chanclas que vi cerca de la cama y que conjuntaran con la camiseta.
Bajé al salón, y como siempre, mi madre ya no estaba. Isaac estaba echándose en un vaso un poco de zumo. Le pedí que por favor, me pusiera uno a mí también. Él asintió algo malhumorado. Poco después apareció Carla por la cocina, con un conjunto que dejaba sin respiración. Hasta Isaac paró de echar el zumo en el vaso para poder observarla mejor. A Carla le encantaba llamar la atención. Cuanta más gente le mirara, mejor se sentía. En cambio yo, no me encontraba a gusto si sabía que alguien se estaba fijando en mí. Pero claro, cada persona es diferente.
Carla me quitó el vaso de zumo que Isaac me había preparado para mí. Le eché un bufido, y Carla con una sonrisa en la boca, desapareció de la cocina. Sin decir nada, cogí el cartón de zumo y me eché en un nuevo vaso. Isaac, mientras, cogía un par de galletas y se las metía en la boca sin apenas masticarlas. Le miré asustada cuando empezó a toser, pero enseguida me tranquilicé cuando me di cuenta de que lo había hecho aposta.

Carla salió por la puerta de casa cuando Eric llamó desde fuera tocando el claxon de su coche. Isaac, que aún se encontraba conmigo en la cocina, salió corriendo hacia el exterior de la casa, mientras Carla montaba en la parte del copiloto. Vi desde la ventana de la cocina, que Isaac y Eric entablaban una conversación entretenida. Isaac sonrió a Eric, y en un par de pasos estaba de nuevo en la cocina. Me dijo que cogiera las cosas porque hoy íbamos a ir al instituto en el coche de Eric. Me extrañé bastante, porque nunca me había montado con él. Me resultó algo raro que Eric hubiera accedido a la petición de Isaac.
Cogí mis cosas de la habitación y salí hacia el coche de Eric. Cuando éste me vio, me saludó con la mano. Yo, simplemente sonreí sin saber que más hacer. Me monté detrás del asiento de Carla, mientras que Isaac lo hacía detrás del de Eric.
En tan solo un par de minutos nos encontrábamos enfrente de la puerta del instituto. Era muy fácil llamar la atención con ese coche, ya que tan solo el ruido del motor hacia que todo el mundo se girara. Bajamos todos del coche, y después de que Eric lo cerrará con el mando a distancia poniendo a la vez la alarma, nos fuimos dentro del instituto.
Cuando iba hacia la clase, me topé con Fanny y sus amigas. No me dijeron nada, tan solo intercambiamos un par de miradas que podían hablar por si solas. Después de haber arreglado todo con Edgar, ya estaba mucho más tranquila. Esperaba que éste no le contara nada a Fanny, ya que o si no podía crearme serios problemas.

En clase, Edgar y yo no intercambiamos ninguna palabra. Él estaba concentrado en sus problemas de matemáticas. Esos problemas en los que yo, el día anterior, le había ayudado a hacer. Me sentía orgullosa de poder ayudar a alguien, y más si ese alguien era el chico que me gustaba. De repente, me volvió a pasar por la cabeza Eloy, ese chico tan guapo que había conocido el sábado anterior. No había tenido noticias suyas. Me entristecí. Cogí el móvil que tenía guardado en el bolsillo pequeño de la mochila y le escribí un mensaje en un par de minutos:
“Hola Eloy. ¿Cómo estás? Hace un par de días que no tengo noticias de ti, y como me dijiste que me llamarías… Espero que estés bien. Tengo ganas de verte. Un beso.”
Enviar. Le acababa de enviar ese mensaje a Eloy. Estaba segura de que me contestaría, pero no sabía cuando podía aparecer la respuesta en mi móvil.
Enseguida se hizo la hora de salir al recreo. Junto con Auro y Nanni, nos fuimos las tres a la cafetería. Quería que Auro me contara todo lo que había hablado con Isaac la tarde anterior por el Messenger.
- Pues hablamos de… cosas. – dijo Auro sin contarnos detalles.
- Ya, pero… ¿de qué cosas? – dijo Nanni intentando sonsacarle algo.
- Pues de… cosas. – volvió a decir Auro.
- Venga, Auro, no te hagas la interesante, que te conocemos. Cuéntanos en que quedasteis. – dije mientras me acomodaba en la silla dispuesta a escuchar la historia con la que Auro nos deleitaría en un par de segundos.
- ¡Vale! – dijo contenta. – Resulta que no me hablaba porque le daba vergüenza, cosa que no entiendo, pero bueno.
- Así son los tíos. – Nanni se recostó en la silla. – Para liarse con una tía no son nada vergonzosos, pero cuando resulta que tienen que hablar con ella, si. ¡Ay…! Nunca los he entendido, ni los entendiendo, ni los entenderé jamás.
- Como mierda los vas a entender N, ¡tan solo tienes 15 años! Anda que no te queda a ti cosas por vivir y por aprender. – no le hizo mucha gracia a Nanni que le dijera esas palabras, pero era la verdad.
- Sigo con la historia, si me dejáis claro. – Nanni y yo asentimos. – También me dijo que le gustaría que habláramos más a menudo, porque quiere intentar algo conmigo, pero quiere que nos conozcamos primero.
- Me parece lógico. Si cuando quiere, mi hermano es muy bueno.
- Si, cuando quiere. – dijo Nanni mientras se levantaba e iba hacia la barra de la cafetería. Vimos como pedía un par de piruletas, y nos las trajo. Le agradecimos el gesto que acaba de hacer con nosotras.

Giré mi cabeza hacia la mesa en la que estaban Edgar, Isaac y los demás. Como siempre, hablaban animadamente mientras las chicas intentaban hacerse de notar para que los chicos les prestaran algo de atención. Eric estaba sentado al lado de Carla, aunque entre ellos no hablaban. Ni siquiera se miraban. Ben, en cambio, no le quitaba el ojo de encima a Cynthia. Se le notaba que de verdad le gustaba. Ella, por el contrario, hablaba con Dafne de algún tema que era interesante para las dos. Seguramente Dafne le estaría contando que estuvo con Dani el día de la fiesta en casa de los abuelos de Edgar. Después de tres días, aun se hablaba de la gran fiesta que Edgar había hecho.

- Leire… ¡LEIRE! – Nanni me acababa de chillar en mitad de la cafetería. Un par de chicos que estaban cerca de nuestra mesa se giraron.
- ¿Qué quieres? – dije sobresaltada.
- Que te está vibrando el móvil. – el teléfono, que estaba encima de la mesa, había empezado a moverse.

Safe Creative #0911255013144

domingo, 22 de noviembre de 2009

Paréntesis

¡Hola a todos de nuevo! No os asusteis. No escribo para decir que dejo el blog ni nada parecido, todo lo contrario. Ahora estoy muy contenta con el blog y me está ayudando a salir adelante. Últimamente mi inspiración está mejor que nunca, y llevo bastantes capítulos escritos, pero como sabéis, seguiré posteando todos los miércoles. Me gustaría preguntaros una cosa, ya que me está preocupando bastante: en la penúltima entrada tuve 32 comentarios en toda una semana (algo increíble) pero en cambio, en este último capítulo, solo tengo 10. Me gustaría saber si es que no comentais porque no os ha gustado el capítulo, o porque simplemente no teneis tiempo y solo pasais y la leeis. Si es la segunda opción, no pasa nada, lo entiendo. Pero si es la primera, me gustaría que me lo dijérais para poder cambiar algo de lo que no esté gustando. Espero que entendais que una cosa que me preocupa bastante. Os agradezco, que día a día, me sigais. Un beso a todos. SOIS TODO PARA MÍ. LEIRE.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Hermanas cotillas

Subí a mi habitación. Al entrar pude diferenciar el olor a su colonia. Todo el cuarto olía a su magnífico perfume. Esa noche soñaría con él, sin duda. Recogí todas las libretas y bolígrafos que había dejado encima de la mesa de estudio, y lo guardé en la mochila.
Miré el reloj. Con Edgar se me había pasado la tarde volando. Ya eran las ocho de la tarde. Entre los ejercicios de matemáticas y la larga charla en la cocina, la tarde se había esfumado. Cogí el libro de lectura que tenía encima de la mesa de noche, y me fui al cuarto de mi hermano. Me apetecía estar con él. Esperaba que Isaac me dejara estar con él en la habitación.
Llamé a su puerta, y pasé. Él aún seguía en el ordenador. Se pasaba tardes enteras enfrente de la pantalla. Cuando me acerqué a él, enseguida minimizó una conversación del Messenger. Me mosqueé un poco, pero no pregunté porque lo hacía.
- ¿Qué quieres, enana? – me preguntó mirándome.
- ¿Me puedo quedar aquí contigo? Es que me apetece leer, pero sabes que no me gusta leer a solas.
- Si, lo sé.
- Además, te prometo que no cotillearé con quien estás hablando, porque me he dado cuenta de que enseguida has minimizado una conversación. – él se rio.
- Vale, está bien.

Me tumbé en la cama, y abrí el libro dispuesta a leer, pero Carla interrumpió en la habitación abriendo la puerta de repente y sin llamar.
- ¡Hermanitos! – dijo cerrando la puerta. Cogió la otra silla que había en la habitación y sentó al lado de Isaac.
- ¿Qué quieres ahora, Carla? – le preguntó Isaac mientras volvía a cerrar la conversación del Messenger.
- ¿Qué estás escondiendo? – empezaron a forcejear entre los dos. Yo no podía leer en esas condiciones, por lo que me levanté de la cama dispuesta a irme. – Leire, no te vayas ahora. Ayúdame a averiguar con quien está hablando. – me lo pensé un par de veces y dejé el libro encima de la cama. Cogí las manos de Isaac para que éste no se pudiera mover. Carla abrió la conversación y leyó el nick de la persona con la que estaba hablando. – “Menos mal que ya me hablas. No podía soportar que desde el sábado no me dirigieras la palabra después de lo que pasó entre nosotros. Eres todo para mi I” - Carla y yo nos miramos sin decir nada. Enseguida caí de quien se trataba. Todo me cuadraba. Isaac estaba hablando con Auro.
- ¿Me podéis dejar en paz, por favor? – Isaac consiguió soltarse y cerró otra vez la conversación. – Sois unas cotillas, y siempre os queréis enterar de todo, y eso no puede ser. - las dos nos dirigimos a la puerta para salir de su habitación.
- ¡Ostras! Ahora caigo. – dijo Carla cuando estaba a punto de cerrar la puerta. - Con la que estás hablando es Auro, ¿verdad? ¡Qué fuerte! Estás hablando con la niñata esa.
- No te pases. – le dije mientras le daba un pequeño empujón. – Que es mi amiga.
- Ya lo sé, por eso es una niñata. Hermanito… - miró a Isaac mientras se ponía una mano en la cintura. – Te estás echando a perder. Antes molabas más.
- Olvídame. – se levantó Isaac de la silla y le cerró la puerta en las narices a Carla. Solté una carcajada en voz baja para que Carla no pudiera oírme. Me encantaba que Isaac hiciera ese tipo de cosas, así dejaba en mal lugar a Carla.

Cada una se fue a su cuarto, pero me acordé de que me había dejado el libro de lectura en el cuarto de Isaac. Pensé que no era buen momento para entrar en la habitación. No quería que se enfadara conmigo. “Ya iré después de cenar” pensé.
Bajé hacia la cocina a ayudar a mi madre a preparar la cena para todos. Ya casi la había terminado, por lo que solo tuve que poner la mesa.
- ¿Cómo estás, cariño? – me preguntó mientras ponía la ensalada en el centro de la mesa.
- Muy bien, mamá. ¿Tú como te encuentras de tu gripe?
- Mejor, a penas tengo ya síntomas.
- Me alegro.
- ¿Qué tal llevas las clases y el curso en general?
- Muy bien. Por ahora me está pareciendo fácil, pero tan solo llevamos un par de semanas. Aún lo difícil no ha llegado.
- Lo sé, cariño. Pero sé que tú vas a poder con esto, y con mucho más. – las dos sonreímos.

Mis hermanos no tardaron en bajar a la cocina a cenar. Desde siempre había sido yo la que estaba mucho tiempo con mi madre. La necesitaba en mi vida. En cambio, mis hermanos parecían que podían vivir sin ella. Yo no era así. Mi madre era esencial en mi vida. Como me había criado sin padre, mi madre era la que me daba fuerzas para seguir adelante con mi vida. Era ella la que me ayudaba a afrontar mis problemas. Sabía que si algo me pasase, ella estaría allí para ayudarme en lo que fuera necesario.
Después de cenar, Isaac fue el que se quedó en la cocina fregando los platos. Había muy pocas cosas como para poner el lavavajillas. Carla barrió un poco la cocina. Yo, en cambio, guardé en la nevera todas las sobras de la cena. Por la noche éramos nosotros lo que nos encargábamos de las faenas de la casa. Mi madre venía cansada del trabajo, y siempre la ayudábamos, para que ella se fuera a sentar al sofá a ver un rato la tele.
Me despedí de mi madre y me fui a la habitación a dormir. Me puse el pijama, pero cuando estaba a punto de meterme en la cama, alguien entró en la habitación. Era Isaac.
- No te he dicho mil veces que llames a la puerta antes de entrar. Si llegas a pasar unos pocos minutos antes me pillas en bragas.
- Ya ves tú. Ni que me fuera a asustar. Enana, que lo que tú tienes, se lo he visto yo a millones de tías. – me quedé mirándolo pensando que era un poco fantasma. Millones de tías seguro que no, pero algunas cuantas sí.
- Bueno, ¿qué es lo que querías? – me metí en la cama, y me tapé.
- Quería darte el libro este. Te lo has dejado antes en mi habitación.
- Ya lo sé. Me he acordado cuando he salido, pero no he querido volver a entrar.
- ¿Y eso? – se sentó al lado mía.
- Porque no. No quería molestarte. Estabas ahí hablando con Auro, y estábamos nosotras interrumpiendo.
- Tú no has interrumpido nada, ha sido Carla. Si es que ella es así de lista. Siempre se quiere enterar de todo.
- Sí, así es Carla. Bueno, muchas gracias por el libro. – se lo quité de sus manos y lo dejé encima de la mesita de noche que había a mi derecha. Isaac se levantó y se fue hacia la puerta. - ¡Espera Isaac!
- ¿Qué pasa? – se giró mientras cogía el picaporte de la puerta para poco después abrirla.
- ¿De verdad que te gusta Auro? – vi como se sonrojaba.
- … - se quedó un poco pensativo. – Sí, sí que me gusta.
- ¿Y por qué has estado dos días sin hablarle?
- Porque los chicos somos así. Tenemos que dejar un par de días de separación, para que no penséis que nos gustáis demasiado.
- ¡Qué difíciles sois los tíos! – me tumbé en la cama.
- Sí, un poco. Pero no te pienses que las tías sois fáciles, ¿eh?
- Anda, buenas noches Isaac.
- Buenas noches enana. – me apagó la luz y salió de mi habitación.

En ese momento me vino a la cabeza Eloy. No había tenido noticias de él desde la fiesta del sábado. Y la verdad es que no lo entendía, porque a mí me había gustado bastante, y por lo que me había dicho, yo a él también le hacía algo de gracia. “Eso es para que no me piense que le gusto demasiado” pensé mientras los ojos se me iban cerrando cada vez más.



Safe Creative #0911184903424

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Problemas de matemáticas

Después de llegar a casa, y de comer, me subí a mi cuarto a hacer los deberes. La profesora de matemáticas nos había mandado una página entera de ejercicios. Ese día se había pasado.
Cuando me puse a hacerlos, oí que alguien llamaba a la puerta de mi habitación, e Isaac pasó.
- ¿Qué quieres? – le dije.
- Es que me acaba de llamar Edgar, y me ha dicho que viene hacia casa. Que no entiende unos problemas de mates y quiere que se los expliques.
- ¿Y por qué no me ha llamado a mí?
- Porque sabía que le ibas a decir que no viniera. – ¡qué razón tenía!
- Pues paso de explicárselo. – no quería tenerlo en mi cuarto.
- Leire, ayúdale. Sabes que se le dan muy mal las matemáticas, y tú eres una máquina. Piensa en él como un amigo, no como el chico que te gusta que se ha liado con tu enemiga.
- Vale, Isaac. No hace falta que me lo recuerdes todos los malditos días.
- Lo siento. – cerró la puerta.

Yo no quería explicarle los problemas. Además, ninguno de los dos iba a estar a gusto. Sabía que Edgar venía como excusa para hablar conmigo, no para que le explicara los ejercicios de mates. Alguien volvió a llamar de nuevo a mi puerta, pero el que apareció detrás de ella no fue Isaac, sino Edgar. Me levanté de la silla y le hice pasar. Él, con la cabeza agachada, dejó su mochila en el suelo y se sentó en la cama.
- Leire, necesito que me ayudes con los problemas de mates.
- ¿Es que no sabes apañártelas tú solito, o qué?
- Está claro que no, porque sino no hubiera venido.
- Anda, coge las cosas y ven aquí al escritorio, que ahora mismo estaba haciéndolos.
- Gracias. – me sonrió. Yo no le devolví la sonrisa.

Durante un buen rato le estuve explicando los problemas de matemáticas, pero en una de las veces en las que él estaba intentando hacer uno solo, empezó a hablarme de la fiesta del sábado.
- ¿Entonces te lo pasaste bien?
- Sí, me lo pasé estupendamente. – claro que me lo pasé bien, pero hasta que vi que él se estaba liando con Fanny.
- Me alegro. Oye… - dijo al cabo del rato. – Esta mañana he estado hablando con Fanny.
- Ya lo sé, os he visto.
- Si, estaba hablando con ella de lo que me dijiste tú ayer por el Messenger. Me ha dicho que es verdad, que si que me lié con ella. Pero para mí no significó nada, en serio. No estaba en condiciones, y es como si no hubiera pasado.
- Ya, pero ha pasado. Y el pasado no se puede cambiar.
- Lo sé.

Seguimos dando clase como si la conversación que acabábamos de tener no nos hubiera afectado a ninguno de los dos, aunque eso no era cierto. Yo estaba muy distante con él, y Edgar no sabía de qué hablar.
Cuando acabé de explicarle todos los ejercicios de matemática, bajamos los dos a la cocina a beber algo. Yo estaba muerta de sed. Me cogí una coca-cola. Le pregunté a Edgar que era lo que le apetecía, y él me contestó que tan solo un vaso de agua fresca. Le dije que se sirviera él mismo. Saqué también un paquete de papas.
- Leire, por favor, necesito que me vuelvas a hablar en clase. – me pidió mientras cogía una papa de la bolsa.
- No sé, Edgar. Ya veremos. Aunque me hayas dicho que para ti no fue nada… Me cuesta creérmelo. Y más viniendo de ti.
- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó algo mosqueado.
- Joder Edgar, ya lo sabes. Eres de esos chicos que te da igual con que chica estar. Además, la que quieres la consigues fácilmente. Y no me digas que no, porque no te creería.
- Pues sí, soy de esos chicos, para que te voy a mentir. Siempre he tenido la chica que he querido. En eso no he tenido problema.
- ¿Lo ves?
- Sí, pero parece que ahora la chica que quiero, se me está resistiendo. – me cogió la mano que tenía encima de la mesa y le dio un beso.
- Y más que se te va a resistir.
- ¿Y eso por qué? Sé que desde siempre te he gustado. Me he dado cuenta de las miradas que me echabas en clase, de las veces en las que venía aquí a tu casa a ver a tu hermano siempre te metías en tu habitación porque te daba vergüenza hablar conmigo…
- ¡Oh dios mío! ¿Siempre te has dado cuenta de eso? ¡Qué vergüenza estoy pasando en este momento!
- Pues no sé por qué. – me cogió de nuevo la mano que tenía encima de la mesa, pero esta vez no me la soltó. – Pero lo que tú no sabes es que siempre me he sentido atraído por ti.
- Imposible, Edgar. Tú siempre has pasado de mí. Ni una simple mirada en clase, ni un simpático “hola” al verme… ¡nada!
- Aunque te parezca mentira, me gustabas tanto que no era capaz de hablar contigo. Siempre he querido desde hace años acercarme a ti y conocerte, pero nunca he tenido el valor suficiente.
- ¿Tú? ¿Valor? No me lo creo. Si eres tú siempre el que entras a una chica si te gusta.
- No, estás equivocada. Yo entro a una chica si ésta me parece guapa, simpática y atractiva. En cambio, si me gusta, soy el chico más tímido que conocerás. – me quedé prendada de sus ojos en ese momento. Quería averiguar si mentía o no, pero su mirada transmitía sinceridad… o mentía muy bien.
- No sé, Edgar. En este momento estoy un poco confundida. Déjame un par de días para recapacitar y pensar en todo esto que me has dicho de sopetón. – él asintió.

Se levantó de la mesa, y después de ayudarme a recoger todo lo de la mesa, se despidió con un beso en la mejilla y se marchó.

Safe Creative #0911114868588

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Los tíos son así

Acababa de vestirme. Me había puesto los primeros pantalones cortos que había encontrado en el armario. No encontré ninguna camiseta que me gustara ese día. Fui a la habitación de Carla, ya que ésta estaba en el baño, y le cogí una camiseta que desde siempre me había encantado. Era roja, y quedaba algo ancha, que con los pantalones cortos quedaban de maravilla. En los pies, unas simples sandalias romanas.
Bajé a desayunar. Isaac ya estaba allí, y mi madre estaba vestida y estaba a punto de irse a trabajar. Le pregunté que cómo estaba, y ella me contestó que ya estaba mejor, aunque se notaba algo febril. Le dije que se podía quedar un día más en cama, pero ella no hizo caso a mi proposición, y se fue a trabajar.
Cuando Carla apareció en la cocina, se quedó con la boca abierta al verme su camiseta en mi cuerpo.
- ¿Qué narices haces con mi camiseta? – dijo exaltada.
- No encontraba nada, y como esta me gusta mucho... – dije intentando parecer melosa.
- Pero a mí me da igual que te guste. Quítatela ahora mismo.
- Déjamela, por favor.
- He dicho que no. – gritó de nuevo.
- Déjasela, Carla. ¿Qué te cuesta? A ti nada, y a ella le haces feliz. – dijo Isaac intentando ayudarme.
- Está bien. Pero que sea la última vez, ¿de acuerdo?
- Gracias, Carla. – fui a darle un beso, pero ella se apartó con cara de asco. Carla seguía sin cambiar.

Como todas las mañanas, Eric fue a por Carla. No podía entender cómo podían ir juntos al instituto. Ambos ya no se gustaban. Pero todo esto se hacía por no perder la popularidad de ambos dos. Casi todas las chicas deseaban a Eric, y lo mismo ocurría con Carla. Eran la pareja más deseada y la más envidiada. Y eso tenía que permanecer inalterable.
Isaac sacó su moto, como era habitual ya de todas las mañanas, y ambos nos fuimos de camino al instituto. El camino se me hizo demasiado corto. Pensaba en Edgar y en la conversación que tuvimos el día anterior por Messenger.

Entré en clase. Nanni y Auro ya estaban sentadas, y juntas, por lo que me tuve que sentar sola. Dejé mi mochila en la silla de al lado, por si alguien tenía intención de sentase a mi lado, como podía ser Edgar o Fanny. Pero enseguida vino Cynthia, y me pidió si podía apartar la mochila, ya que se quería sentar conmigo. Acepté encantada.
- ¿Qué tal en la fiesta? – me preguntó cuando el profesor de Historia empezó a hablar de la Segunda Guerra Mundial.
- Bien, bien. – mentí.
- Desde que me dijiste que Ben quería hablar conmigo, luego ya no te vi.
- Ni yo a ti tampoco. Y por cierto, ¿con Ben qué? Porque dijo que se quería liar contigo, ¿no?
- Sí. Al final nos liamos. Pero vamos, nada serio. Ya sabes, todo lo que pasa en esas fiestas es por el efecto del alcohol. – la frase que Cynthia acababa de decir, me recordó a lo que Edgar me había dicho por el Messenger. Se había liado con Fanny, pero él no se acordaba.
- ¿Crees que una persona, si va muy, muy borracha… puede hacer algo y no acordarse? – pregunté queriendo saber la respuesta de ella.
- Claro que sí. Cuando te has pasado bebiendo, llega un punto en el que no sabes ni lo que haces ni lo que dices. Y luego no te acuerdas de nada. A mí me pasó eso en un sábado que estuvimos haciendo botellón en el parque.
- ¡Qué triste! – dije mientras disimulaba haciendo creer al profesor que estaba tomando apuntes de lo que estaba diciendo.
- Si, muy triste. – ella me imitó. – Oye… - dijo al cabo del rato. - ¿Tú no te liaste con Eloy?
- ¿Cómo te has enterado?
- Esa pregunta no se hace. En esas fiestas todo lo que pasa, al día siguiente lo sabe todo el mundo, por eso te tienes que cuidar bastante. Y aún así… - dijo mientras miraba a Edgar.
- ¿Es qué también sabes lo de Edgar? – pregunté intrigada.
- Claro. Sé con quien estuvo cada uno. Lo que no entiendo es cómo pudo liarse otra vez con Fanny. Esa chica es repugnante. Es muy mala.
- ¡No me lo jures! A mí casi me pega porque Edgar me dio un día un beso en la mejilla.
- Lo sé. También lo vi. – me sonrió. Yo hice lo mismo. – Desde siempre le ha gustado Edgar. Consiguió salir con él, pero tan solo duraron unos meses. Ella le dejó por otro, pero luego se arrepintió bastante. Edgar estuvo muy pillada por ella cuando estaban juntos. Pobrecillo.
- A mí no me da ninguna pena. Edgar es el típico chico que va de flor en flor, y esos chicos yo no los aguanto.
- Pero antes él no era así. Empezó a ir de chica en chica cuando lo de Fanny. Como te he dicho lo pasó muy mal, pero yo le ayudé a olvidarla. – ella me sonrió, pero mi sonrisa salió algo forzada.
Enseguida llegó la hora del recreo. La hora de juntarnos todos en la cafetería, aunque no era lo que yo deseaba. Prefería estar con mis amigas en el banco de siempre. Se lo dije a ellas, y aceptaron encantadas. Le conté a Nanni que Carla se había liado con Hugo el día de la fiesta. Nanni ya lo sabía, y también sabía que ayer se estuvieron viendo. Se lo había contado Auro. Nanni estaba contenta porque así pensaba que Carla se olvidaría de Eric, y ella podría ir a conquistarlo. También le conté a Auro lo que Isaac había dicho de ella cuando estaba con Dani en la habitación de mi hermano.
- ¿Es verdad lo que me estas contando, Leire?
- Claro que es verdad, te lo juro. Los escuché ayer. Y me dio una alegría…
- O sea, que le gusto. – dijo levantándose del banco y poniéndose a bailar con un acompañante imaginario.
- Si, le gustas. Pero por favor, para de hacer eso. – le dije mientras las tres nos reíamos.
- ¿Y por qué narices no me dice nada? Desde la fiesta no me ha dirigido la palabra, ni siquiera un “hola”. Nada de nada. ¿Por qué será eso?
- No lo sé. Pero ya sabes que los tíos son así. – contestó Nanni como una marisabidilla. – Les encanta hacerse los duros aunque se estén muriendo por tus huesos.

Todas suspiramos acordándonos cada una del chico que nos gusta, pero ninguna añadió nada más al respecto. Estuvimos durante todo el recreo hablando de Auro y de Isaac. Ella no paraba de darle vueltas a la cabeza, aunque yo intentaba que no lo hiciera.
Sonó el timbre para ir de vuelta a las clases. Cuando estábamos entrando, me topé con Fanny que también estaba entrando. Nos lanzamos una mirada desafiante, y ella sonrió maliciosamente.
Cuando salimos de clase, vi como Fanny y Edgar se quedaban un poco más de tiempo en clase para hablar. Eso me mosqueó bastante. Pero no podía hacer nada. Era ella la que había ganado la apuesta y era yo la que me tenía que alejar de Edgar.


Safe Creative #0911044823862

jueves, 29 de octubre de 2009

Hola a todos de nuevo.

Hola a todos:
Como bien dice el título de esta entrada: "Hola a todos de nuevo". Antes que nada, quiero dar las gracias a toda la gente que me ha escrito un comentario dándome su apoyo y mostrándome todo su cariño. Lo agradezco mucho. No sabéis cuanto. Ya estoy mucho mejor. Poco a poco, y con la ayuda de muchísima gente: amigas, familiares... estoy empezando a superar la pérdida de mi abuela. Me he dado cuenta que no vale la pena estar triste por una persona que ya se ha ido. Yo disfruté con ella cuando la tuve aquí en vida, conmigo, a mi lado, dándome lo mejor de sí misma. Y yo lo supe aprovechar y valorar. Ahora, no le puedo hacer daño. Ella, esté donde esté, tiene que verme feliz y contenta. Pase lo que pase, yo siempre la voy a echar de menos, y va estar por siempre en mi corazón.
Pero bueno, esta entrada no era para escribir sobre mis sentimientos, sino para deciros que voy a volver a publicar la novela. He vuelto a escribir. Me ha ayudado mucho hacerlo, ya que no pensaba tanto en la pérdida de mi abuela. Así que, seguramente, la semana que viene empezaré a subir capítulos. Pero no será tan a amenudo como lo solía hacer, ya que solo llevó un par de días por delante de lo que publico. Y necesito tiempo para pensar en lo que quiero que pase en la historia, y en escribirlo.
De nuevo muchas gracias y... ¡hasta pronto! SIEMPRE CON VOSOTROS. LEIRE.