miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ellos vuelven, ¿y tú?

martes, 31 de agosto de 2010

Pronto el blog estará de vuelta.

lunes, 12 de julio de 2010

Vacaciones.

Hola a tod@s!

¿Qué tal llevais las vacaciones? Espero que muy bien, y disfrutando del sol al máximo.

Antes que nada, pediros perdón por haber tardado tanto en ponerme en contacto con vosotros. He estado muy liada con los exámenes y con la escuela oficial. Y después, me fui de vacaciones unos días con el instituto y mis compañeros de clase, que, por cierto, me lo pasé genial en la playa :)

En el verano, voy a ponerme las pilas con la novela, y voy a intentar sacarla adelante, porque últimamente he estado algo bloqueada, y no me venía la inspiración. Y cuanto más quería escribir, menos me apetecía y menos ideas me surgian. Supongo que eso le puede pasar a cualquiera, pero espero que no me dure mucho más, porque estoy deseando volver a este mundo y colgar de nuevo fragmentos de mi novela, para que disfruteis con ella y me digais vuestra opinión.

Espero que me comprendais, y, de nuevo, pediros perdón por este retraso, porque vosotros sois todo para mí.

Si no pasa nada, os veo en Septiembre. Que paseis un buen verano y que disfruteis mucho, que son solo dos meses.

SIEMPRE VUESTRA. LEIRE.


PD: He contestado a las preguntas que tenía en mi FORMSPRING Si quereis preguntarme algo directamente, solo teneis que hacerlo ahí :)

martes, 18 de mayo de 2010

Parón por exámenes

Hola a todos!

Bueno, hoy no posteo para subir un nuevo trozo de mi novela, sino para deciros que durante un tiempo no voy a poder subir.

Ahora estoy de exámenes finales (como muchos de vosotros por no decir todos) y he de concentrarme en estudiar y sacarlo todo adelante. Y la verdad, es que la novela me quita bastante tiempo de ese estudio.

Además (por esta misma causa, supongo) muchos de vosotros ya casi no pasais por mi blog porque estais más atentos ahora mismo en los estudios que en otras cosas. Eso se refleja, claramente, en los comentarios. Cada vez tengo menos, pero es una cosa comprensible.

Así que espero que me comprendais y, a la vez, me perdoneis.

En cuanto acabe los exámenes, estaré de vuelta con muchas nuevas historias entre Leire y todos los demás personajes.

Un beso a todos. Y hasta muy pronto. LEIRE.

jueves, 13 de mayo de 2010

¿O quizá sí?

Salí de la habitación y fui directamente a la cocina. Allí estaba mi madre. Le di un beso en la mejilla y le pregunté qué tal le había ido la comida en casa de Rita. Por su cara supuse que había ido bien.

- Mamá, no hagas nada para cenar. Voy a coger un brick de caldo preparado para hacer unos fideos para mí y para Isaac.
- ¿Y eso?
- Es que tenemos un poco el estómago revuelto.
- ¿Qué pasa? Que al final ayer bebisteis, ¿o qué? Mira que os dije que no bebierais nada. Ni caso. El alcohol es malo, y más si abusáis. Ya tuve una discusión con Carla una noche por eso, porque la pillé borracha, y en nuestra casa. Así que, por favor, aprender un poco de vuestros errores. No quiero que bebáis más, ¿entendido?
- Entendido mamá. Pero no pasa nada, porque cuando salgas de fiesta te bebas un par de cubatas, ¿no?
- No, claro que no pasa nada si solo te bebes un par como mucho, pero no cerca de una botella.
- Mamá, nosotros no bebemos tanto. – bajé un poco la mirada. Mi madre no era tonta, y sabía perfectamente que habíamos bebido más de la cuenta, porque con dos cubatas una persona no tenía resaca.
- Bueno, dejemos el tema. Ahora os hago yo el caldo. ¿Tu hermana también quiere?
- No, Carla está durmiendo ya. Se ha levantado esta mañana a hacer la comida, y esta tarde estaba cansada y se ha acostado.
- Otra que tal baila. A esa también la voy a espabilar yo. Como no me saque bien la selectividad, se va a enterar.
- Mamá, tienes que confiar en ella. Yo sé que Carla lo va a sacar, y encima con nota, porque ella es muy lista.
- Sí, pero últimamente sale demasiado, igual que vosotros. Y no me gusta nada que salgáis tanto. Lleváis varios sábados seguidos saliendo, y eso no me gusta.
- No hacemos nada malo. Simplemente nos divertimos con los amigos, y nada más.
- Sí, eso me parece estupendo. Pero creo que ya os estáis pasando. Os estoy dejando demasiada libertad y os estáis aprovechando.
- Mamá, yo no lo veo así. Pero bueno, no quiero discutir contigo.
- Ni yo, cariño. Ni yo. – se acercó a mí y me dio un beso en la frente. – Eres un encanto, Leire. Sé que nunca me vas a fallar.
- Claro que no, mamá. Yo siempre estaré aquí para lo que necesites.

Mi madre cogió el brick del caldo de la despensa, y lo echó en una cacerola para que se calentara. Le puso unos fideos, también. Enseguida bajó Isaac. Cuando vio a nuestra madre, le dio un beso, pero ella seguía seria, en sus trece. Se notaba que en casa de Rita habían hablado de temas importantes y serios y venía un poco enfadada, o quizá molesta. Isaac lo notó y no comentó nada. No quería que se enfadara más y le empezara a echar la bronca. Él tampoco estaba para muchos gritos.

Cenamos en silencio, y cuando terminamos, recogimos la mesa entre mi hermano y yo y nos fuimos a acostar. Yo estaba demasiado cansada. Al día siguiente teníamos clase y quería estar reposada y con la mente despejada.
Le dí las buenas noches a mi hermano, y entré en mi habitación. Fui directa a ponerme el pijama, pero pronto me di cuenta de que ya lo llevaba puesto. ¡No me lo había quitado en todo el día!
Me senté en la cama y miré el móvil. Ni una llamada de Edgar. ¿Aún tenía la esperanza de que fuera a encontrar una llamada o un mensaje de él en mi móvil? Parecía mentira. Después de todo lo que me había hecho, aún me esperaba un perdón por su parte, o algo por el estilo. Pero en el fondo de mi corazón, sabía que eso no iba a ocurrir. ¿O quizá sí?

Safe Creative #1005136284293

PD: Bueno, lo he comentado en el Twitter, pero lo comento aquí también por si no lo habeis leido allí. El martes pasado no pude subir nueva entrada porque se me rompió la linea y no podía conectarme. Estuvieron todo el día arreglandola, y no tuve servicio hasta ayer por la noche. Lo siento, y espero que me perdoneis. SIEMPRE VUESTRA. LEIRE.

jueves, 6 de mayo de 2010

No pases de ella.

Después de estar otro rato más hablando, nos despedimos y mis amigas se fueron de mi habitación. Resoplé. No me podía creer que Nanni estuviera saliendo con Eric de forma formal, no un simple rollo de tan solo una noche, o un par. Por otro lado, Auro me daba pena. Ella estaba colada totalmente de Isaac, y él había pasado de ella durante toda la noche del sábado. Y quería hablar con ella mañana en el recreo. ¿Qué querría comentarle? Estaba preocupada. Mi hermano estaba demasiado serio cuando lo había dicho. Esperaba que no fuera nada malo, y tan solo fuera una tontería.

Era casi la hora de cenar, y mi madre acababa de entrar en casa después de haber estado todo el día fuera. Salí de mi habitación y fui a llamar a mi hermana a su cuarto. Entré, después de llamar a la puerta, y vi a Carla tumbada en la cama, durmiendo. No la llamé. No quería despertarla.
Salí del cuarto sin hacer apenas ruido y me fui directamente a la habitación de Isaac. Entré sin llamar a la puerta. Y ahí estaba Isaac, tumbado en la cama y con los ojos tapados con un antifaz.

- Isaac, ¿estás bien?
- Sí, ¿por qué? ¿Qué quieres? – dijo sin quitarse el antifaz.
- No quiero nada. Simplemente he venido a ver como estabas y a decirte que la mamá ya ha venido a casa, porque la he oído entrar.
- Pues vale. – contestó rotundamente y de forma vacilante.
- Oye, ¿qué te pasa? ¿Por qué me contestas así?
- Por nada, y no me pasa nada.
- ¿Cómo que no? Estas súper borde, y encima ayer pasaste de Auro durante toda la noche. No le hiciste ni caso. – Isaac se quitó el antifaz y me miró directamente a los ojos.
- Lo sé. No era mi intención. Pero no pude hacer nada al respecto. Iba demasiado pasado de rosca y no era consciente de mis actos.
- ¿Ah no? ¿Ni al principio?
- Si, al principio de la noche sí, pero luego ya no. Estuve hablando con ella durante un rato, pero luego ya…no sé lo que hice.
- Yo si lo sé. Pasaste de ella. Ni caso. Ni miradas.
- Puf. La he liado, ¿no?
- Pues sí, un poco. Ella está preocupada porque piensa que ya no quieres saber nada de ella y que ya no te gusta.
- Eso es mentira. Me gusta más que nunca. – bajó la mirada mientras una sonrisa tímida le salió de su boca.
- ¿Sí? Pues Isaac, que quieres que te diga, no lo demuestras. Y como sigas así la vas a perder, y para siempre. Y no quieres eso, ¿verdad?
- Claro que no.
- Pues no juegues más. Si la quieres, ves directamente a por ella, porque puede ser que ella se canse y no quiera luego nada contigo.
- Espero que eso no pase.
- Si no quieres que pase, ya sabes lo que tienes que hacer. Es un consejo que te doy, porque conozco a mi amiga. Es una buena chica, y no se merece sufrir. Porque ella es capaz de hacer por ti lo que sea, y no quiero que le hagas daño.
- No te preocupes, que eso no va a pasar.
- Bueno, solo te quería decir eso.
- Gracias enana. – me sonrió. Se levantó de la cama y me abrazó.
- De nada. Para eso estamos los hermanos. Tú siempre has estado ahí ayudándome en todo y defendiéndome en la medida de lo posible. Y esto es lo mínimo que puedo hacer.
- Gracias de nuevo.
- Por cierto, ¿qué quieres para cenar? Porque no creo que tu estómago esté para soportar una de las cenas de mamá. – los dos reímos.
- Bueno…estaría bien un caldito suave de fideos o algo, ¿no crees?
- Si, lo creo. Y me parece que yo me voy a hacer otro, porque tengo el estómago un poco revuelto.
- Vale. Ahora mismo bajo a ayudarte.
- Bien. Te espero abajo.

Safe Creative #1005066213981

martes, 4 de mayo de 2010

¿De qué querrá hablar?

- Me alegro por ti, Nanni. – agregué. – Era lo que querías desde hacía años. Cuantas veces he tenido que aguantar tus lloros porque veías a Carla y a Eric besándose por el instituto.
- Lo sé. Pero ahora eso no va a pasar, L, porque Eric ya es mío. Y espero que para siempre, porque lo quiero con toda mi alma.
- Sí, pero ten cuidado N. – dijo Auro. – Ve despacio, que ya sabes que las relaciones aceleradas no traen nada bueno.
- Si, lo sé. Estaos tranquilas. Ahora que lo he conseguido, no quiero perderlo por una equivocación mía. Eso no me va a pasar. – sonreí. – Bueno, ahora cuéntanos lo que te pasó a ti, L. – dijo mientras Nanni me miraba pícaramente.
- Cuando salí a ver a Isaac porque estaba fatal, Dani se ofreció a traernos a los dos a casa. Le dije que no hacía falta, que yo estaba bien, y que podía perfectamente con mi hermano. Pero él insistió. Cuando llegamos aquí a casa, Isaac entró directamente a casa dejándome a solas con Dani.
- Y os besasteis. – afirmó Auro. La miré.
- ¿Quieres contar tú la historia o yo?
- Tú, que te la sabes mejor. Perdona. – sonrió.
- Vale. Le di las gracias por todo lo que había hecho por mí durante toda la noche. Me dijo que no era nada, yo le dije que sí, que había hecho muchas cosas por mí, y que qué más quería. A lo que él me contestó que lo que quería en ese momento sabía que no iba a ocurrir, por lo que no pedía nada más. Le di las buenas noches, una beso en la mejilla, y entré en casa.
- ¿Sólo? ¿No os besasteis? – dijo Nanni.
- No, no nos besamos. No lo vi oportuno. Además, no quería besarle. No estoy segura de lo que siento por él. Y es que aún estoy coladita por Edgar, y contra eso no puedo luchar. No quiero darle falsas esperanzas a Dani y que se piense cosas que no son. No quiero utilizarle para olvidar a Edgar. Eso es de ser mala persona.
- Leire, cariño, eso lo hace todo el mundo. ¿Nunca has oído el refrán ese de que un tornillo quita a otro tornillo? – dijo Auro.
- No es así, tonta, es que un clavo quita a otro clavo. – aclaró Nanni.
- Da igual. Quiere decir lo mismo, ¿no? – se defendió la ofendida. - Pues ya está.
- Sí, si lo he oído. – contesté. – Pero yo no quiero aplicarlo, y menos con Dani. Porque él me importa. Es mi amigo y no quiero hacerle daño, porque no se lo merece. Así que, mientras no tenga claras las cosas, no pienso hacer nada.
- Pero si mi primo es un bombón. – dijo Auro.
- Lo sé, y no te digo lo contrario, pero… ¡ay! Dejadme. No me atosiguéis.
- No, no te atosigamos. – dijo Nanni. – Nosotras estaremos contigo pase lo que pase, y decidas lo que decidas. Para eso somos amigas. Y lo que hacen las amigas es ayudarse y apoyarse en todo, ¿no?
- Claro. ¡Abrazo colectivo! – nos levantamos las tres de donde estábamos sentadas y nos abrazamos.

En ese momento alguien entró en el cuarto. Las tres nos separamos para ver quién era. Isaac estaba en la puerta con mala cara y con bastantes ojeras.

- Chicas, no es por aguaros la fiesta, pero estoy hecho polvo, y me apetece descansar un poco. Así que, si no os importa, ¿podríais hablar un poco más bajo?
- Claro. – contestó Auro mientras le ponía ojitos. - ¿Cómo te encuentras, Isaac?
- Mejor, gracias. Auro, me gustaría poder hablar contigo mañana en el recreo o cuando tengas un rato libre, ¿vale? Hablaría ahora, pero es que no me encuentro demasiado bien, lo siento.
- No te preocupes, mañana en el recreo te busco y me cuentas.
- De acuerdo. Mañana entonces. Y gracias de nuevo chicas por bajar la voz. Mi cabeza os lo agradece. – intentó sonreír, pero no era su típica sonrisa reluciente y llena de vida, sino que estaba algo más apagada.

Salió de la habitación cerrando la puerta sin apenas hacer ruido. Nos miramos todas, pero nadie pronunció ni una palabra.

- ¿De qué piensas que quiere hablar mi hermano contigo, Auro? – le pregunté.
- No tengo ni idea, si quieres que te diga la verdad, porque ayer pasó de mí durante toda la noche. Casi no me dirigió la palabra y no estuvimos ni un momento a solas. Así que…
- No sé. Algo importante tendrá que decirte cuando no ha podido esperar a mañana para decírtelo.
- Miedo me da. Estaba muy serio. Era algo importante, y creo que no era nada bueno. Seguro que ya no quiere intentarlo conmigo, y no quiere saber nada más de mí.
- No digas eso, Auro, porque sabes que no. Querrá contarte otra cosa, pero eso no creo que sea.
- Espero que no.

Safe Creative #1005046195733

martes, 27 de abril de 2010

Su sueño hecho realidad.

- ¿Diga?
- ¡Leire! Soy yo, Nanni. ¿Cómo estás?
- Bien. Tengo un poco de resaca, pero bueno…estoy bien. ¿Y tú? ¿Qué tal?
- Bien, también estoy bien. Aunque bueno, como tú, tengo un poco de resaca, pero lo normal.
- Sí es que ayer bebimos demasiado. Y el que más mi hermano.
- ¿Qué le pasó a Isaac?
- Lo dicho, que Isaac bebió demasiado y tuve que traérmelo a casa, porque estaba fatal. Mareado y apenas podía andar. Y hoy está todo el día en el baño vomitando.
- Vaya con Isaac… - oí que decía Nanni al otro lado de la línea. – Bueno, ¿y pasó algo más después de irme?
- Algo pasó, pero nada importante. ¿Y tú qué? ¿Qué pasó con Eric?
- ¡Ay! Si yo te contara…
- Pues cuéntamelo, ¿¡a qué esperas!?
- Prefiero contártelo en persona. ¿Puedo ir a tu casa?
- N, eso no se pregunta. Sabes que sí. Mi casa, es tu casa.
- Vale. Me visto y me voy para tu casa. En media hora estoy allí.
- De acuerdo. Te espero.

Oí como colgaba el teléfono. Después hice yo lo mismo. Me senté en la cama y pensé. Cogí de nuevo el móvil, pero esta vez llamé a Auro.

- ¿Sí? – contestó.
- Auro, soy Leire.
- ¡Leire! ¿Cómo estás? Tengo una resaca, que no puedo conmigo misma.
- Yo también, pero ya se me está pasando. Oye, ¿te vienes ahora a mi casa? Nanni está de camino.
- ¿Sí? ¿Qué vais a hablar de lo de anoche?
- Claro, ¿de qué si no?
- De acuerdo. En nada estoy allí, que eso no me lo pierdo.
- Vale. Aquí estoy.

Colgué el móvil y lo dejé encima de la mesita de noche. Me levanté de la cama y miré a mí alrededor. El cuarto estaba hecho un desastre. La ropa de la noche anterior estaba esparcida por el suelo. No me había detenido ni a dejarla encima de la silla. La cogí y fui a tirarla a lavar a la habitación de la colada. Hacía mucho olor a tabaco, aunque yo no había fumado.
Subiendo las escaleras, llamaron al timbre. Bajé los pocos escalones que había subido y abrí la puerta. Nanni se abalanzó sobre mí y me dio un abrazo.

- ¡Ay, Leire, Leire! Lo que te tengo que contar. Vas a flipar en colores.
- ¿Qué dices?
- Lo que oyes. – dijo volviéndome a abrazar.
- Pero espera un poco. He llamado a Auro para que viniera ella también, así nos enterábamos las dos a la vez.
- Estás en todo. Me gusta, me gusta.

Nos sentamos las dos en el sofá. Nanni me miró de arriba abajo y puso cara de asombro. No sabía por qué lo hacía, pero cuando me miré y vi que aún estaba en pijama lo entendí todo. Las dos nos reímos sonoramente.
Auro llamó a la puerta y me levanté enseguida a abrirle. Las tres juntas, nos subimos a mi habitación para poder hablar de forma más tranquila. Sabía que en el comedor no nos iban a molestar porque mi madre no estaba, Isaac estaba encerrado en la habitación intentando no ir más al baño y Carla, también es su habitación, descansando un poco, ya que era la que más pronto se había levantado.
Al entrar en la habitación, Nanni fue corriendo y se tumbó en la cama que, algunos minutos antes, acababa de hacer. Auro se sentó a su lado. Yo, en cambio, cogí la silla del escritorio, y poniéndola enfrente de ellas, me senté.

- Bueno, ya que estamos todas… ¡cuéntanoslo todo! Con todos los detalles, no te dejes nada, que te conozco Nanni. – le dijo Auro pegándole un pequeño codazo a Nanni en las costillas.
- Me has hecho daño, bestia. – le contestó la aludida.
- No cambies de tema, y ve al grano, que Leire y yo estamos que nos subimos por las paredes.
- ¿Eso es cierto? – preguntó Nanni. Yo sentí.
- ¿Ves? – añadió Auro. – Así que…desembucha, trucha. – todas reímos.
- Está bien. Bueno, pues cuando Auro se fue con Hugo a casa, recibí un mensaje al móvil en el que Eric me decía que me saliera del pub, que quería hablar conmigo. Dude un poco, porque tenía que dejar a Leire sola, pero ella me convenció. Así que salí y no vi a nadie, excepto a Isaac sentado en el bordillo. Le pregunté por Eric y me dijo que estaba al volver la esquina. Así que me dirigí hacia allí. – Nanni hizo una pausa para crear suspense. Auro y yo nos miramos.
- ¿Quieres seguir, por favor? – dije. – ¡Me va a dar algo pronto, si no sigues con la historia!
- Vale, vale, impacientes. Pues giré la esquina y allí estaba él: apoyado en la pared y con los brazos cruzados. ¡Estaba guapísimo, chicas! No os lo podéis ni imaginar. Se le marcaban todos los músculos de brazo. Estaba…
- Vale, vale. – le cortó Auro. – Ya nos hacemos una idea. Pero sigue, por favor.
- Bien. Pues me acerqué a él con algo de vergüenza. Nunca había estado tan a solas con él. Y es que Eric impone bastante. Bueno, que me voy por las ramas. Me acerqué poco a poco. Cuando me vio, ¿sabéis lo que hizo?
- ¡NO! ¿Qué hizo? – preguntamos Auro y yo a la vez.
- Se abalanzó directamente sobre mí, me agarró por la cintura y me beso.
- ¿Qué me estás contando? – pregunté sin dar crédito a lo que estaba oyendo.
- ¡Menudo beso! Fue increíble.
- ¿Y no te dijo nada más? – preguntó Auro intrigada.
- Si, ahora viene lo bueno. Agarraos, porque esto que os voy a decir ahora es muy fuerte, y puede ser que os de un mareo o algo por el estilo.
- ¡CUÉNTALO YA! – grité desesperada.
- Me dijo que durante esa noche se había dado cuenta de lo importante que era para él. Que desde que nos liamos en la fiesta de Edgar, él pensaba que yo tan solo era un rollo más. Pero que después de lo que había pasado en el baño, se había dado cuenta de que le gustaba de verdad, y de que pensaba que se estaba enamorando de mí. – miré a Auro. Estaba igual que yo: con la boca abierta.
- ¡Oh! Eric ha sacado su faceta más romántica. Con lo macarra que es… parece mentira que él haya podido decir esa clase de palabras. – dijo Auro.
- Pues sí, lo dijo. Me quedé de piedra.
- ¿Y qué le contestaste? – pregunté intrigada.
- ¿Queréis saberlo? – las dos asentimos. – Le dije: “Yo no creo que me esté enamorando de ti, simplemente, porque ya lo estoy” – Auro y yo empezamos a chillar y nos tiramos encima de Nanni mientras le abrazábamos y le dábamos besos sin parar.
- ¿Y qué paso después? – le pregunté cuando cada una hubo recuperado su sitio inicial, y Nanni podía respirar tranquila.
- Simplemente, él se acercó más a mí, me volvió a besar y me dijo… atentas porque no os lo voy a volver a repetir: “Me ha costado mucho decirte lo que siento por ti, pero ahora que por fin lo he conseguido, no te quiero perder por nada del mundo. Quiero que seas mía para siempre, y no pararé hasta conseguirlo” – empezamos a chillar de nuevo. – Así que… ¡estoy saliendo, oficialmente, con Eric! – nos abalanzamos de nuevo hacia Nanni.

No podía creer lo que le había pasado a Nanni. Ella, durante años, había ido detrás de Eric, pero nunca había podido conseguir nada con él porque siempre había estado con Carla. Y, cuando mi hermana y Eric rompieron, Nanni vio una oportunidad clara en ir a por él. Y le había salido de maravilla. Había conseguido que él se fijara en ella, algo bastante difícil, porque Eric nunca le había dirigido, ni siquiera, una simple mirada o un escueto hola. Pero todo había salido a pedir de boca, y, por fin, había conseguido lo que ella tantos y tantos días había soñado: estar con el chico que le gustaba.

Safe Creative #1004276126463

PD: Hola a todos! La entrada de hoy es más larga, porque el jueves no voy a poder postear. LO SIENTO MUCHO. Pero es que el viernes tengo un examen bastante dificil, y no creo que tenga tiempo para subir nueva entrada. Espero que lo comprendais. Gracias por estar ahí todos los martes y los jueves. Y sabeis que me podeis preguntar lo que querais en http://www.formspring.me/LeireBlog SIEMPRE VUESTRA. LEIRE.

jueves, 22 de abril de 2010

¡Que mala es la resaca!

Abrí los ojos. Mi cuarto daba vueltas mientras sentía unos fuertes pinchazos en la cabeza. Parecía que tuviera una banda de música tocando cerca de mi oreja. ¡Qué sensación más horrorosa! Me di la vuelta, pero el dolor de cabeza no cesaba. Miré el móvil que estaba encima de la mesita de noche. Las dos y media del mediodía. ¿Y mi madre no había venido a despertarme? Eso era un poco raro.
Me levanté como pude de la cama, agarrándome por el camino a todo lo que pillaba. Aún estaba mareada y no tenía fuerzas no siquiera para andar. Era incapaz de poner un pie detrás del otro.
Fui el cuarto de baño. No había nadie allí. Me miré al espejo. “Que cara tan horrible”, pensé. Abrí el grifo del agua fría y me lavé un par de veces la cara. Esperaba que eso me despejara un poco, aunque no fue del todo así.
Alguien abrió la puerta del baño e Isaac entró a toda prisa, levantó la taza del váter, y agachándose un poco, empezó a vomitar.
Puse cara de asco e, inmediatamente después, salí del baño cerrando la puerta a sus espaldas. Pobre Isaac. Ayer se pasó demasiado y ahora estaba pagando las consecuencias. Así seguro que la próxima vez controlaba más lo que bebía y lo que fumaba.
Fui de nuevo a la habitación. Ya eran las dos y media y el estómago empezaba a rugirme. Tenía un poco de angustia, pero el hambre era superior a todo lo demás. Me recogí el pelo en una coleta, y sin quitarme el pijama bajé a la cocina.
Carla estaba entre los fogones. Eso si era extraño. Y lo más raro aún, es que lo que estaba cocinando hacía buena olor.

- ¿Qué estás haciendo, Carla? – le pregunté sentándome en una de las sillas de la cocina.
- Pues la comida, ¿qué si no?
- ¿Pero mamá no está?
- No, se ha ido a comer a casa de Rita. La ha invitado. Y mamá no ha podido negarse.
- Lo entiendo. ¿Y qué estás preparando? Porque huele de lujo.
- Son espaguetis a la carbonara. Es la primera vez que los hago, pero no tienen muy mala pinta. – me levanté y me asomé a la cacerola. Realmente, tenían buen aspecto. - ¿Qué tal llevas la resaca?
- Bien. Bueno, tengo algo de angustia, pero también tengo hambre, así que… ¿y tú qué?
- ¿Yo? De lujo. A penas tengo dolor de cabeza. Bebí bastante, pero lo hice poco a poco. Y ahora casi no tengo resaca.
- Pues díselo a Isaac, porque él si que está mal. Ayer me dio un buen susto.
- Ya, ya lo sé. Me lo ha estado contando antes. Seguro que le sirve de lección. La próxima vez se controlará más.
- Eso espero. Yo no quiero llevarme, de nuevo, un susto como ese.
- Por favor, no habléis tan alto. Me va a estallar la cabeza. – Isaac acababa de aparecer en la cocina. Tenía la cara descompuesta. Se sentó en una silla
- ¿Ya estás mejor? – le pregunté.
- Sí, bueno…no paro de ir al baño a vomitar.
- Menos mal que no está mamá aquí, sino ibas a ver lo que es bueno. – añadí. Isaac puso las manos en la mesa y apoyó su cabeza en ellas.
- Yo no voy a comer mucho, Carla. No quiero forzar el estómago. – dijo Isaac sin levantar la cabeza.
- No te preocupes. Tú come lo que tengas hambre.

Me levanté de la silla y empecé a poner la mesa. Isaac se levantó a ayudarme. En diez minutos ya estábamos comiendo. Y en media hora estábamos recogiendo la mesa y sentándonos en el sofá. Yo aún llevaba el pijama. Y no pensaba quitármelo en todo el día. Después de una fiesta, lo mejor que se puede hacer es quedarse en casa descansando. Y qué mejor que hacerlo en pijama.
Subí de nuevo a mi cuarto y me tumbé en la cama. Cerré un poco los ojos. Enseguida me vino a la cabeza todo lo que había ocurrido la noche anterior: Edgar, Eloy, Fanny, Dani… Había sido una noche bastante movidita, y no había tenido desperdicio. Pensaba que esa noche iba a ser especial porque, por fin, después de mucho pensármelo, le iba a decir que sí a Edgar: que quería salir con él, pasar todo mi tiempo a su lado, que me abrazara, besara y me hiciera sentir especial y única. Pero nada de eso pasó. Todo lo contrario. Me hizo sentir fatal, y lo peor aún, delante de todo el mundo. No me dejó explicarme. No quiso saber mi historia, mi argumento. No, no quiso. Era más fácil creerse todo lo que otra te cuenta sin contrastar los hechos. Eso era mucho más fácil.
Algo me sobresaltó. Mi móvil estaba sonando sin cesar. Abrí los ojos y lo cogí inmediatamente.

Safe Creative #1004226078194

martes, 20 de abril de 2010

Es un encanto.

Era Nanni.

“L, ya sé dónde está tu hermano. Está aquí fuera, sentado en la acera. Lleva una muy gorda. Sal en cuanto puedas que yo me tengo que ir. Chao peque”

Me levanté de un salto. Me tambaleé. Estaba demasiado mareada. Menuda familia. Entre unos y otros estábamos apañados.
Salí del pub. Miré a ambos de la calle. Por fin lo vi. En una acera, sentado (como me había dicho Nanni) con las piernas abiertas y la cabeza entre ellas. Fui hacia él como pude, porque yo también iba bastante mareada.

- Isaac, Isaac. ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? – empecé a darle pequeñas palmadas en la cara para espabilarlo, pero no obtuve respuesta. – Isaac, ¡dime algo!
- Enana, déjame en paz, quiero dormir. No me molestes. – dijo sin levantar la cabeza y casi sin vocalizar.
- De eso nada. No puedes dormirte. Ahora no, Isaac. – seguí pegándole en la cara. – Venga, espabila. No me hagas esto. ¿Pero qué mierda te has tomado?
- Solo alcohol, y dos o tres porros.
- ¡Como si fuera poco! Venga, espabila.
- No puedo. Tengo mucho sueño, y sed. – se le empezaban a cerrar los ojos.
- Isaac, no te duermas. Voy dentro a por una botella de agua, y ahora vengo. No te muevas de aquí, ¿vale? Y, por favor, no te duermas. Sobre todo, no te duermas.

Me levanté de su lado, y corriendo, como pude, entré dentro del pub. Me fui directamente a la barra. Al llegar, pedí una botella de agua. Rebusqué en mi bolso el dinero. No encontraba en el monedero. “¡Mierda!” pensé, “Ahora no”.

- ¿Ahora te has pasado al agua? ¿Ya te has cansado del Vodka? – me giré hacia donde provenía la voz. Era Dani.
- No, que va. Es para mi hermano. Está ahí fuera, muy mal. Lleva una buena y se me está durmiendo. ¡Y encima no encuentro el dinero, joder!
- No te preocupes, sal fuera, que ya pago yo la botella de agua. Y ahora mismo salgo yo también.
- Gracias Dani.

Cogí la botella de agua de encima de la barra y salí del pub directa hacia donde estaba Isaac sentado. Le di la botella. Él bebió un poco, y dejó el resto del agua en la acera. Me mojé un poco la mano y se la restregué por el cuello y la cara. Había visto hacer eso en numerosas películas aunque no sabía del todo si estaba bien hecho.
Dani salió en ese momento del pub, y vino directamente hacia nosotros. Al ver a Isaac en ese estado, se asustó bastante. Su cara reflejaba todo. Estaba realmente asustado, pero Isaac ya estaba volviendo en sí y se estaba espabilando.

- Ya está mejor, Dani, así que puedes cambiar esa cara de asustado. – le dije.
- Madre mía, ¡si está blanco! – se puso al lado de Isaac. – Menudas llevas colega. Esta noche te has pasado de listo.
- Un poco. – contestó Isaac. – Pero ya estoy algo mejor. Me ha venido un mareo y me estaba entrando sueño, pero con el agua en la nuca que me ha echado mi hermana, ya estoy mejor.
- Para que veas lo que te cuida la enana. – dijo yo. Los dos me miraron. Isaac sonrió, aunque no era su típica sonrisa. Estaba algo más despagada.
- Si no llega a ser por ella, aquí me da algo. – añadió Isaac. – Leire, yo me quiero ir ya a casa.
- Sí, nos vamos a ir ya. – añadí.
- Chicos, yo os acompaño a casa, así me quedo más tranquilo. No os puedo dejar iros solos a casa en las condiciones en las que estáis.
- Dani, yo estoy bien. Se me ha pasado todo de golpe. Podemos irnos solos.
- Leire, no insistas que no. Os acompaño, porque como a Isaac le pase algo por el camino, tú no vas a poder con él. Así que os acompaño y me quedo más tranquilo.
- Vale, lo que quieras. – le sonreí.

Levantamos entre los dos a Isaac y nos dirigimos hacia casa. Eran cerca de las seis de la mañana, y el cielo estaba empezando a esclarecerse.
Cuando llegamos a casa, Isaac se despidió de Dani y entró en casa sin decir ni una palabra. Nos quedamos los dos solos en la puerta.

- Gracias Dani.
- ¿Por qué? Si no he hecho nada… - dijo Dani mientras se subía de forma disimulada los pantalones.
- ¿Qué no has hecho nada? Me has acompañado a casa, te has preocupado por mí toda la noche… ¿qué más quieres?
- Lo que ahora quiero sé que no va a ocurrir, así que no pido nada. – los dos sonreímos tímidamente porque sabíamos perfectamente a lo que se estaba refiriendo.
- Buenas noches, Dani. – le di un dulce beso en la mejilla.
- Buenas noches, Leire.

Entré en casa y cerré la puerta. Me quité los tacones para no hacer ruido y no despertar a mi madre. Isaac ya se había acostado. La puerta de su habitación estaba cerrada.
Pasé a mi habitación, me quité la ropa, me puse el pijama y me desmaquillé. Me acosté en la cama. Puf. Menuda nochecita. Había pasado de todo. Pero estaba demasiado cansada como para empezar a recordar todo lo que había ocurrido.

Safe Creative #1004206064865