martes, 4 de mayo de 2010

¿De qué querrá hablar?

- Me alegro por ti, Nanni. – agregué. – Era lo que querías desde hacía años. Cuantas veces he tenido que aguantar tus lloros porque veías a Carla y a Eric besándose por el instituto.
- Lo sé. Pero ahora eso no va a pasar, L, porque Eric ya es mío. Y espero que para siempre, porque lo quiero con toda mi alma.
- Sí, pero ten cuidado N. – dijo Auro. – Ve despacio, que ya sabes que las relaciones aceleradas no traen nada bueno.
- Si, lo sé. Estaos tranquilas. Ahora que lo he conseguido, no quiero perderlo por una equivocación mía. Eso no me va a pasar. – sonreí. – Bueno, ahora cuéntanos lo que te pasó a ti, L. – dijo mientras Nanni me miraba pícaramente.
- Cuando salí a ver a Isaac porque estaba fatal, Dani se ofreció a traernos a los dos a casa. Le dije que no hacía falta, que yo estaba bien, y que podía perfectamente con mi hermano. Pero él insistió. Cuando llegamos aquí a casa, Isaac entró directamente a casa dejándome a solas con Dani.
- Y os besasteis. – afirmó Auro. La miré.
- ¿Quieres contar tú la historia o yo?
- Tú, que te la sabes mejor. Perdona. – sonrió.
- Vale. Le di las gracias por todo lo que había hecho por mí durante toda la noche. Me dijo que no era nada, yo le dije que sí, que había hecho muchas cosas por mí, y que qué más quería. A lo que él me contestó que lo que quería en ese momento sabía que no iba a ocurrir, por lo que no pedía nada más. Le di las buenas noches, una beso en la mejilla, y entré en casa.
- ¿Sólo? ¿No os besasteis? – dijo Nanni.
- No, no nos besamos. No lo vi oportuno. Además, no quería besarle. No estoy segura de lo que siento por él. Y es que aún estoy coladita por Edgar, y contra eso no puedo luchar. No quiero darle falsas esperanzas a Dani y que se piense cosas que no son. No quiero utilizarle para olvidar a Edgar. Eso es de ser mala persona.
- Leire, cariño, eso lo hace todo el mundo. ¿Nunca has oído el refrán ese de que un tornillo quita a otro tornillo? – dijo Auro.
- No es así, tonta, es que un clavo quita a otro clavo. – aclaró Nanni.
- Da igual. Quiere decir lo mismo, ¿no? – se defendió la ofendida. - Pues ya está.
- Sí, si lo he oído. – contesté. – Pero yo no quiero aplicarlo, y menos con Dani. Porque él me importa. Es mi amigo y no quiero hacerle daño, porque no se lo merece. Así que, mientras no tenga claras las cosas, no pienso hacer nada.
- Pero si mi primo es un bombón. – dijo Auro.
- Lo sé, y no te digo lo contrario, pero… ¡ay! Dejadme. No me atosiguéis.
- No, no te atosigamos. – dijo Nanni. – Nosotras estaremos contigo pase lo que pase, y decidas lo que decidas. Para eso somos amigas. Y lo que hacen las amigas es ayudarse y apoyarse en todo, ¿no?
- Claro. ¡Abrazo colectivo! – nos levantamos las tres de donde estábamos sentadas y nos abrazamos.

En ese momento alguien entró en el cuarto. Las tres nos separamos para ver quién era. Isaac estaba en la puerta con mala cara y con bastantes ojeras.

- Chicas, no es por aguaros la fiesta, pero estoy hecho polvo, y me apetece descansar un poco. Así que, si no os importa, ¿podríais hablar un poco más bajo?
- Claro. – contestó Auro mientras le ponía ojitos. - ¿Cómo te encuentras, Isaac?
- Mejor, gracias. Auro, me gustaría poder hablar contigo mañana en el recreo o cuando tengas un rato libre, ¿vale? Hablaría ahora, pero es que no me encuentro demasiado bien, lo siento.
- No te preocupes, mañana en el recreo te busco y me cuentas.
- De acuerdo. Mañana entonces. Y gracias de nuevo chicas por bajar la voz. Mi cabeza os lo agradece. – intentó sonreír, pero no era su típica sonrisa reluciente y llena de vida, sino que estaba algo más apagada.

Salió de la habitación cerrando la puerta sin apenas hacer ruido. Nos miramos todas, pero nadie pronunció ni una palabra.

- ¿De qué piensas que quiere hablar mi hermano contigo, Auro? – le pregunté.
- No tengo ni idea, si quieres que te diga la verdad, porque ayer pasó de mí durante toda la noche. Casi no me dirigió la palabra y no estuvimos ni un momento a solas. Así que…
- No sé. Algo importante tendrá que decirte cuando no ha podido esperar a mañana para decírtelo.
- Miedo me da. Estaba muy serio. Era algo importante, y creo que no era nada bueno. Seguro que ya no quiere intentarlo conmigo, y no quiere saber nada más de mí.
- No digas eso, Auro, porque sabes que no. Querrá contarte otra cosa, pero eso no creo que sea.
- Espero que no.

Safe Creative #1005046195733

martes, 27 de abril de 2010

Su sueño hecho realidad.

- ¿Diga?
- ¡Leire! Soy yo, Nanni. ¿Cómo estás?
- Bien. Tengo un poco de resaca, pero bueno…estoy bien. ¿Y tú? ¿Qué tal?
- Bien, también estoy bien. Aunque bueno, como tú, tengo un poco de resaca, pero lo normal.
- Sí es que ayer bebimos demasiado. Y el que más mi hermano.
- ¿Qué le pasó a Isaac?
- Lo dicho, que Isaac bebió demasiado y tuve que traérmelo a casa, porque estaba fatal. Mareado y apenas podía andar. Y hoy está todo el día en el baño vomitando.
- Vaya con Isaac… - oí que decía Nanni al otro lado de la línea. – Bueno, ¿y pasó algo más después de irme?
- Algo pasó, pero nada importante. ¿Y tú qué? ¿Qué pasó con Eric?
- ¡Ay! Si yo te contara…
- Pues cuéntamelo, ¿¡a qué esperas!?
- Prefiero contártelo en persona. ¿Puedo ir a tu casa?
- N, eso no se pregunta. Sabes que sí. Mi casa, es tu casa.
- Vale. Me visto y me voy para tu casa. En media hora estoy allí.
- De acuerdo. Te espero.

Oí como colgaba el teléfono. Después hice yo lo mismo. Me senté en la cama y pensé. Cogí de nuevo el móvil, pero esta vez llamé a Auro.

- ¿Sí? – contestó.
- Auro, soy Leire.
- ¡Leire! ¿Cómo estás? Tengo una resaca, que no puedo conmigo misma.
- Yo también, pero ya se me está pasando. Oye, ¿te vienes ahora a mi casa? Nanni está de camino.
- ¿Sí? ¿Qué vais a hablar de lo de anoche?
- Claro, ¿de qué si no?
- De acuerdo. En nada estoy allí, que eso no me lo pierdo.
- Vale. Aquí estoy.

Colgué el móvil y lo dejé encima de la mesita de noche. Me levanté de la cama y miré a mí alrededor. El cuarto estaba hecho un desastre. La ropa de la noche anterior estaba esparcida por el suelo. No me había detenido ni a dejarla encima de la silla. La cogí y fui a tirarla a lavar a la habitación de la colada. Hacía mucho olor a tabaco, aunque yo no había fumado.
Subiendo las escaleras, llamaron al timbre. Bajé los pocos escalones que había subido y abrí la puerta. Nanni se abalanzó sobre mí y me dio un abrazo.

- ¡Ay, Leire, Leire! Lo que te tengo que contar. Vas a flipar en colores.
- ¿Qué dices?
- Lo que oyes. – dijo volviéndome a abrazar.
- Pero espera un poco. He llamado a Auro para que viniera ella también, así nos enterábamos las dos a la vez.
- Estás en todo. Me gusta, me gusta.

Nos sentamos las dos en el sofá. Nanni me miró de arriba abajo y puso cara de asombro. No sabía por qué lo hacía, pero cuando me miré y vi que aún estaba en pijama lo entendí todo. Las dos nos reímos sonoramente.
Auro llamó a la puerta y me levanté enseguida a abrirle. Las tres juntas, nos subimos a mi habitación para poder hablar de forma más tranquila. Sabía que en el comedor no nos iban a molestar porque mi madre no estaba, Isaac estaba encerrado en la habitación intentando no ir más al baño y Carla, también es su habitación, descansando un poco, ya que era la que más pronto se había levantado.
Al entrar en la habitación, Nanni fue corriendo y se tumbó en la cama que, algunos minutos antes, acababa de hacer. Auro se sentó a su lado. Yo, en cambio, cogí la silla del escritorio, y poniéndola enfrente de ellas, me senté.

- Bueno, ya que estamos todas… ¡cuéntanoslo todo! Con todos los detalles, no te dejes nada, que te conozco Nanni. – le dijo Auro pegándole un pequeño codazo a Nanni en las costillas.
- Me has hecho daño, bestia. – le contestó la aludida.
- No cambies de tema, y ve al grano, que Leire y yo estamos que nos subimos por las paredes.
- ¿Eso es cierto? – preguntó Nanni. Yo sentí.
- ¿Ves? – añadió Auro. – Así que…desembucha, trucha. – todas reímos.
- Está bien. Bueno, pues cuando Auro se fue con Hugo a casa, recibí un mensaje al móvil en el que Eric me decía que me saliera del pub, que quería hablar conmigo. Dude un poco, porque tenía que dejar a Leire sola, pero ella me convenció. Así que salí y no vi a nadie, excepto a Isaac sentado en el bordillo. Le pregunté por Eric y me dijo que estaba al volver la esquina. Así que me dirigí hacia allí. – Nanni hizo una pausa para crear suspense. Auro y yo nos miramos.
- ¿Quieres seguir, por favor? – dije. – ¡Me va a dar algo pronto, si no sigues con la historia!
- Vale, vale, impacientes. Pues giré la esquina y allí estaba él: apoyado en la pared y con los brazos cruzados. ¡Estaba guapísimo, chicas! No os lo podéis ni imaginar. Se le marcaban todos los músculos de brazo. Estaba…
- Vale, vale. – le cortó Auro. – Ya nos hacemos una idea. Pero sigue, por favor.
- Bien. Pues me acerqué a él con algo de vergüenza. Nunca había estado tan a solas con él. Y es que Eric impone bastante. Bueno, que me voy por las ramas. Me acerqué poco a poco. Cuando me vio, ¿sabéis lo que hizo?
- ¡NO! ¿Qué hizo? – preguntamos Auro y yo a la vez.
- Se abalanzó directamente sobre mí, me agarró por la cintura y me beso.
- ¿Qué me estás contando? – pregunté sin dar crédito a lo que estaba oyendo.
- ¡Menudo beso! Fue increíble.
- ¿Y no te dijo nada más? – preguntó Auro intrigada.
- Si, ahora viene lo bueno. Agarraos, porque esto que os voy a decir ahora es muy fuerte, y puede ser que os de un mareo o algo por el estilo.
- ¡CUÉNTALO YA! – grité desesperada.
- Me dijo que durante esa noche se había dado cuenta de lo importante que era para él. Que desde que nos liamos en la fiesta de Edgar, él pensaba que yo tan solo era un rollo más. Pero que después de lo que había pasado en el baño, se había dado cuenta de que le gustaba de verdad, y de que pensaba que se estaba enamorando de mí. – miré a Auro. Estaba igual que yo: con la boca abierta.
- ¡Oh! Eric ha sacado su faceta más romántica. Con lo macarra que es… parece mentira que él haya podido decir esa clase de palabras. – dijo Auro.
- Pues sí, lo dijo. Me quedé de piedra.
- ¿Y qué le contestaste? – pregunté intrigada.
- ¿Queréis saberlo? – las dos asentimos. – Le dije: “Yo no creo que me esté enamorando de ti, simplemente, porque ya lo estoy” – Auro y yo empezamos a chillar y nos tiramos encima de Nanni mientras le abrazábamos y le dábamos besos sin parar.
- ¿Y qué paso después? – le pregunté cuando cada una hubo recuperado su sitio inicial, y Nanni podía respirar tranquila.
- Simplemente, él se acercó más a mí, me volvió a besar y me dijo… atentas porque no os lo voy a volver a repetir: “Me ha costado mucho decirte lo que siento por ti, pero ahora que por fin lo he conseguido, no te quiero perder por nada del mundo. Quiero que seas mía para siempre, y no pararé hasta conseguirlo” – empezamos a chillar de nuevo. – Así que… ¡estoy saliendo, oficialmente, con Eric! – nos abalanzamos de nuevo hacia Nanni.

No podía creer lo que le había pasado a Nanni. Ella, durante años, había ido detrás de Eric, pero nunca había podido conseguir nada con él porque siempre había estado con Carla. Y, cuando mi hermana y Eric rompieron, Nanni vio una oportunidad clara en ir a por él. Y le había salido de maravilla. Había conseguido que él se fijara en ella, algo bastante difícil, porque Eric nunca le había dirigido, ni siquiera, una simple mirada o un escueto hola. Pero todo había salido a pedir de boca, y, por fin, había conseguido lo que ella tantos y tantos días había soñado: estar con el chico que le gustaba.

Safe Creative #1004276126463

PD: Hola a todos! La entrada de hoy es más larga, porque el jueves no voy a poder postear. LO SIENTO MUCHO. Pero es que el viernes tengo un examen bastante dificil, y no creo que tenga tiempo para subir nueva entrada. Espero que lo comprendais. Gracias por estar ahí todos los martes y los jueves. Y sabeis que me podeis preguntar lo que querais en http://www.formspring.me/LeireBlog SIEMPRE VUESTRA. LEIRE.

jueves, 22 de abril de 2010

¡Que mala es la resaca!

Abrí los ojos. Mi cuarto daba vueltas mientras sentía unos fuertes pinchazos en la cabeza. Parecía que tuviera una banda de música tocando cerca de mi oreja. ¡Qué sensación más horrorosa! Me di la vuelta, pero el dolor de cabeza no cesaba. Miré el móvil que estaba encima de la mesita de noche. Las dos y media del mediodía. ¿Y mi madre no había venido a despertarme? Eso era un poco raro.
Me levanté como pude de la cama, agarrándome por el camino a todo lo que pillaba. Aún estaba mareada y no tenía fuerzas no siquiera para andar. Era incapaz de poner un pie detrás del otro.
Fui el cuarto de baño. No había nadie allí. Me miré al espejo. “Que cara tan horrible”, pensé. Abrí el grifo del agua fría y me lavé un par de veces la cara. Esperaba que eso me despejara un poco, aunque no fue del todo así.
Alguien abrió la puerta del baño e Isaac entró a toda prisa, levantó la taza del váter, y agachándose un poco, empezó a vomitar.
Puse cara de asco e, inmediatamente después, salí del baño cerrando la puerta a sus espaldas. Pobre Isaac. Ayer se pasó demasiado y ahora estaba pagando las consecuencias. Así seguro que la próxima vez controlaba más lo que bebía y lo que fumaba.
Fui de nuevo a la habitación. Ya eran las dos y media y el estómago empezaba a rugirme. Tenía un poco de angustia, pero el hambre era superior a todo lo demás. Me recogí el pelo en una coleta, y sin quitarme el pijama bajé a la cocina.
Carla estaba entre los fogones. Eso si era extraño. Y lo más raro aún, es que lo que estaba cocinando hacía buena olor.

- ¿Qué estás haciendo, Carla? – le pregunté sentándome en una de las sillas de la cocina.
- Pues la comida, ¿qué si no?
- ¿Pero mamá no está?
- No, se ha ido a comer a casa de Rita. La ha invitado. Y mamá no ha podido negarse.
- Lo entiendo. ¿Y qué estás preparando? Porque huele de lujo.
- Son espaguetis a la carbonara. Es la primera vez que los hago, pero no tienen muy mala pinta. – me levanté y me asomé a la cacerola. Realmente, tenían buen aspecto. - ¿Qué tal llevas la resaca?
- Bien. Bueno, tengo algo de angustia, pero también tengo hambre, así que… ¿y tú qué?
- ¿Yo? De lujo. A penas tengo dolor de cabeza. Bebí bastante, pero lo hice poco a poco. Y ahora casi no tengo resaca.
- Pues díselo a Isaac, porque él si que está mal. Ayer me dio un buen susto.
- Ya, ya lo sé. Me lo ha estado contando antes. Seguro que le sirve de lección. La próxima vez se controlará más.
- Eso espero. Yo no quiero llevarme, de nuevo, un susto como ese.
- Por favor, no habléis tan alto. Me va a estallar la cabeza. – Isaac acababa de aparecer en la cocina. Tenía la cara descompuesta. Se sentó en una silla
- ¿Ya estás mejor? – le pregunté.
- Sí, bueno…no paro de ir al baño a vomitar.
- Menos mal que no está mamá aquí, sino ibas a ver lo que es bueno. – añadí. Isaac puso las manos en la mesa y apoyó su cabeza en ellas.
- Yo no voy a comer mucho, Carla. No quiero forzar el estómago. – dijo Isaac sin levantar la cabeza.
- No te preocupes. Tú come lo que tengas hambre.

Me levanté de la silla y empecé a poner la mesa. Isaac se levantó a ayudarme. En diez minutos ya estábamos comiendo. Y en media hora estábamos recogiendo la mesa y sentándonos en el sofá. Yo aún llevaba el pijama. Y no pensaba quitármelo en todo el día. Después de una fiesta, lo mejor que se puede hacer es quedarse en casa descansando. Y qué mejor que hacerlo en pijama.
Subí de nuevo a mi cuarto y me tumbé en la cama. Cerré un poco los ojos. Enseguida me vino a la cabeza todo lo que había ocurrido la noche anterior: Edgar, Eloy, Fanny, Dani… Había sido una noche bastante movidita, y no había tenido desperdicio. Pensaba que esa noche iba a ser especial porque, por fin, después de mucho pensármelo, le iba a decir que sí a Edgar: que quería salir con él, pasar todo mi tiempo a su lado, que me abrazara, besara y me hiciera sentir especial y única. Pero nada de eso pasó. Todo lo contrario. Me hizo sentir fatal, y lo peor aún, delante de todo el mundo. No me dejó explicarme. No quiso saber mi historia, mi argumento. No, no quiso. Era más fácil creerse todo lo que otra te cuenta sin contrastar los hechos. Eso era mucho más fácil.
Algo me sobresaltó. Mi móvil estaba sonando sin cesar. Abrí los ojos y lo cogí inmediatamente.

Safe Creative #1004226078194

martes, 20 de abril de 2010

Es un encanto.

Era Nanni.

“L, ya sé dónde está tu hermano. Está aquí fuera, sentado en la acera. Lleva una muy gorda. Sal en cuanto puedas que yo me tengo que ir. Chao peque”

Me levanté de un salto. Me tambaleé. Estaba demasiado mareada. Menuda familia. Entre unos y otros estábamos apañados.
Salí del pub. Miré a ambos de la calle. Por fin lo vi. En una acera, sentado (como me había dicho Nanni) con las piernas abiertas y la cabeza entre ellas. Fui hacia él como pude, porque yo también iba bastante mareada.

- Isaac, Isaac. ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? – empecé a darle pequeñas palmadas en la cara para espabilarlo, pero no obtuve respuesta. – Isaac, ¡dime algo!
- Enana, déjame en paz, quiero dormir. No me molestes. – dijo sin levantar la cabeza y casi sin vocalizar.
- De eso nada. No puedes dormirte. Ahora no, Isaac. – seguí pegándole en la cara. – Venga, espabila. No me hagas esto. ¿Pero qué mierda te has tomado?
- Solo alcohol, y dos o tres porros.
- ¡Como si fuera poco! Venga, espabila.
- No puedo. Tengo mucho sueño, y sed. – se le empezaban a cerrar los ojos.
- Isaac, no te duermas. Voy dentro a por una botella de agua, y ahora vengo. No te muevas de aquí, ¿vale? Y, por favor, no te duermas. Sobre todo, no te duermas.

Me levanté de su lado, y corriendo, como pude, entré dentro del pub. Me fui directamente a la barra. Al llegar, pedí una botella de agua. Rebusqué en mi bolso el dinero. No encontraba en el monedero. “¡Mierda!” pensé, “Ahora no”.

- ¿Ahora te has pasado al agua? ¿Ya te has cansado del Vodka? – me giré hacia donde provenía la voz. Era Dani.
- No, que va. Es para mi hermano. Está ahí fuera, muy mal. Lleva una buena y se me está durmiendo. ¡Y encima no encuentro el dinero, joder!
- No te preocupes, sal fuera, que ya pago yo la botella de agua. Y ahora mismo salgo yo también.
- Gracias Dani.

Cogí la botella de agua de encima de la barra y salí del pub directa hacia donde estaba Isaac sentado. Le di la botella. Él bebió un poco, y dejó el resto del agua en la acera. Me mojé un poco la mano y se la restregué por el cuello y la cara. Había visto hacer eso en numerosas películas aunque no sabía del todo si estaba bien hecho.
Dani salió en ese momento del pub, y vino directamente hacia nosotros. Al ver a Isaac en ese estado, se asustó bastante. Su cara reflejaba todo. Estaba realmente asustado, pero Isaac ya estaba volviendo en sí y se estaba espabilando.

- Ya está mejor, Dani, así que puedes cambiar esa cara de asustado. – le dije.
- Madre mía, ¡si está blanco! – se puso al lado de Isaac. – Menudas llevas colega. Esta noche te has pasado de listo.
- Un poco. – contestó Isaac. – Pero ya estoy algo mejor. Me ha venido un mareo y me estaba entrando sueño, pero con el agua en la nuca que me ha echado mi hermana, ya estoy mejor.
- Para que veas lo que te cuida la enana. – dijo yo. Los dos me miraron. Isaac sonrió, aunque no era su típica sonrisa. Estaba algo más despagada.
- Si no llega a ser por ella, aquí me da algo. – añadió Isaac. – Leire, yo me quiero ir ya a casa.
- Sí, nos vamos a ir ya. – añadí.
- Chicos, yo os acompaño a casa, así me quedo más tranquilo. No os puedo dejar iros solos a casa en las condiciones en las que estáis.
- Dani, yo estoy bien. Se me ha pasado todo de golpe. Podemos irnos solos.
- Leire, no insistas que no. Os acompaño, porque como a Isaac le pase algo por el camino, tú no vas a poder con él. Así que os acompaño y me quedo más tranquilo.
- Vale, lo que quieras. – le sonreí.

Levantamos entre los dos a Isaac y nos dirigimos hacia casa. Eran cerca de las seis de la mañana, y el cielo estaba empezando a esclarecerse.
Cuando llegamos a casa, Isaac se despidió de Dani y entró en casa sin decir ni una palabra. Nos quedamos los dos solos en la puerta.

- Gracias Dani.
- ¿Por qué? Si no he hecho nada… - dijo Dani mientras se subía de forma disimulada los pantalones.
- ¿Qué no has hecho nada? Me has acompañado a casa, te has preocupado por mí toda la noche… ¿qué más quieres?
- Lo que ahora quiero sé que no va a ocurrir, así que no pido nada. – los dos sonreímos tímidamente porque sabíamos perfectamente a lo que se estaba refiriendo.
- Buenas noches, Dani. – le di un dulce beso en la mejilla.
- Buenas noches, Leire.

Entré en casa y cerré la puerta. Me quité los tacones para no hacer ruido y no despertar a mi madre. Isaac ya se había acostado. La puerta de su habitación estaba cerrada.
Pasé a mi habitación, me quité la ropa, me puse el pijama y me desmaquillé. Me acosté en la cama. Puf. Menuda nochecita. Había pasado de todo. Pero estaba demasiado cansada como para empezar a recordar todo lo que había ocurrido.

Safe Creative #1004206064865

jueves, 15 de abril de 2010

Paréntesis*

¡Hola a todos! Como sabéis, este es el primer jueves que posteo después de que vosotros eligierais el nuevo horario.

Pero, lo siento mucho, hoy no voy a poner un nuevo trozo de la novela porque hay algo que quiero comentaros que me interesa algo más.

Sé que mucha gente lee mi historia y se siente identificada con ella. Lo que me gustaría es que me pusierais en un comentario con que situación de la novela os habéis sentido identificadas u os haya pasado algo parecido en vuestra vida real.
También me gustaría que pusierais que echáis de menos en la historia (personajes, acciones, formas de ser…) o situaciones que os hayan pasado que os gustaría que pasaran (de forma similar) en la novela.

Hago esto porque me gusta que mis seguidores participen directamente en la novela, para que se sientan involucradas dentro de la historia y sea lo más real posible.

De nuevo, lo siento. Espero que me perdoneis. Un beso a todos. SIEMPRE VUESTRA. LEIRE.

PD: El blog lleva más de 100.000 visitas. Gracias a todos vosotros que siempre habéis sido fiel al blog y a la historia. Muchas gracias

martes, 13 de abril de 2010

En este mundo tiene que haber de todo

Entré de nuevo al pub. Todo el mundo seguía en la pista bailando, excepto Nanni y Auro que se encontraban en una de las mesas hablando. Me hice paso, como pude, entre la multitud y me senté con ellas.

- Hola chicas.
- Hola Leire. – me dijo Nanni. - ¿Cómo estás? Me acabo de enterar de lo que te ha dicho Edgar. ¡Pero te has perdido lo mejor! Auro ha entrado toda rabiosa y le ha pegado cuatro gritos a Edgar. ¡Se ha quedado de piedra! No sabía qué decir. – Auro sonreía victoriosa.
- ¿Enserio? – pregunté, aunque sabía de sobra la respuesta. No conocía a Auro de mucho tiempo, pero sabía lo que era capaz de hacer.
- Te lo juro. – dijo Nanni. – Ha estado fabuloso. Por cierto, ¿cómo estás? Que antes no me has contestado.

Les conté todo lo que me había pasado fuera: lo que Fanny me había dicho, lo de Eloy y todo lo demás.

- Y eso ha sido todo. ¿Y tú qué, Nanni? Antes hemos ido al baño y parece ser que te hemos pillado muy ocupada.
- Sí, bueno… - dijo la aludida.
- ¿Cómo que sí, bueno? – gritó Auro. - ¡Te estabas comiendo la boca con Eric!
- ¡Tshh! Calla. – dijo Nanni mirando a su alrededor. Auro había elevado demasiado el tono. – No quiero que se entere nadie.
- ¡Pero si te ha visto todo el mundo!
- Eso no es verdad. Solo me habéis visto vosotras.
- No creo. Te habrá visto todo aquel que haya ido al baño, lo que pasa es que no se habrán atrevido a pasar para no interrumpiros, como nosotras.

Nanni miró a Auro, y después a mí, pero no añadió nada más. Miré al suelo. Auro se dio cuenta y me dio un beso en la mejilla. No dijo nada más, ya que con ese beso sobraban las palabras.
Desvié la mirada hacia la pista de baile. Carla y Hugo bailaban alegremente los dos juntos; Eloy y Dafne estaban en la barra y hablaban entre besos y abrazos; Cynthia y Ben salían ese mismo momento fuera del pub; y Fanny y Edgar estaban sentados en otra mesa. Ella le estaba contando algo, pero Edgar solo hacía que dar caladas a un cigarro que se acababa de encender. ¿Cómo puede cambiar tanto una persona en tan solo un par de horas?
Me costaba comprender e intentar asimilar todo lo que había ocurrido. No entendía por qué no me había dejado explicarle lo de Eloy. Seguramente se lo hubiera aclarado, y todo se habría arreglado. A saber lo que le había contado Fanny. Seguro que había tergiversado toda la historia. De eso estaba segurísima. ¿Cómo podía ser así? Simplemente, porque en este mundo tenía que haber de todo.

- ¡Leire! ¿Estás o no estás? – Nanni me estaba hablando. Salí de mis pensamientos sobresaltada.
- Sí, estoy. Lo siento. Estaba pensando en otras cosas.
- Ya, nos hemos dado cuenta. Bueno, nosotras nos vamos a ir ya a casa. ¿Tú qué vas a hacer? – preguntó Auro. – Mi hermano me está haciendo señas en plan de que se va, por lo que supongo que tu hermana Carla también.
- Pues no sé lo que voy a hacer, chicas. No quiero irme sola a casa, pero es que no sé donde está Isaac. ¿Lo habéis visto? – miré a Auro.
- A mí no me mires. No me ha hecho caso en toda la noche. Y hace bastante tiempo que no lo veo por aquí. – miró de nuevo a Hugo, que estaba en la pista de baile y seguía haciéndole señas. – Bueno, lo siento chicas, pero yo me voy ya. Os llamo mañana para ver que tal lleváis la resaca post-fiesta. – sonrió.
- Adiós. – contestamos Nanni y yo a la vez.

Auro se fue hacia donde estaban Hugo y Carla. Mi hermana se despidió de mí con la mano. Lo mismo hizo Hugo y, más tarde, Auro. Esperaba encontrar a Isaac, o me tendría que ir sola a cada.
Nanni recibió un mensaje en el móvil. Lo miró, y una sonrisa apareció como por arte de magia en su cara.

- ¿De quién es el mensaje que acabas de recibir? – pregunté.
- Es de Eric. Me ha dicho que no va a tardar mucho en irse, pero que antes quiere hablar conmigo. No sé que querrá decirme.
- Yo si lo sé. Puede ser que quiera despedirse de ti porque hasta el lunes no te va a ver.
- No sé yo que decirte. Esto de hoy ha sido otro lio más, como el de la fiesta de Edgar. El lunes, él volverá a pasar de mí, como siempre y todo volverá a la normalidad.
- Eso no lo sabes, N.
- Tía, lo conozco. Sé cómo es Eric. Bueno, las dos sabemos cómo es Eric.
- Sí, pero no sé… a veces sorprende.
- Eso es verdad. Bueno, pues me voy fuera. Pero, ¿y tú? ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a quedar aquí sola?
- No, ahora buscaré a Isaac y nos iremos a casa. No te preocupes por mí.
- ¿Enserio, L? Que a mí no me sabe mal. Le digo a Eric que luego nos vemos y ya está.
- Que no, que no. Tú vete. No sufras por mí. De verdad.
- Bueno… si pasa algo mándame un mensaje al móvil, ¿de acuerdo? O me llamas.
- ¡Que sí! Anda, vete ya.

Nanni me dio un beso en la mejilla y salió también del pub. Y ahí estaba yo, en una mesa, sola, sin nadie con quien poder hablar. Y encima Isaac no estaba en el pub. ¿Cómo iba a volver a casa? No quería irme sola. Era de noche y me daba un poco de miedo.

En ese momento recibí un mensaje.


Safe Creative #1004135992062

NOTA DE LA AUTORA: Como sabeis, hoy empiezo a postear los martes y los jueves, por eso la entrada es algo más corta de lo habitual. Por lo demás, espero que os haya gustado. SIEMPRE VUESTRA. LEIRE.

martes, 6 de abril de 2010

"Y es que en el amor, cualquier cosa vale. O al menos eso es lo que dicen"

Ya podía buscar a Nanni. Allí estaba ella, junto con Eric, besándose con pasión pero a la vez con amor. Nos dimos la vuelta y nos fuimos de allí. Salimos fuera del pub.

- ¿Has visto a Nanni? Joder, como se comían la boca. ¡Qué envidia! – dijo Auro.
- Ya te digo. – añadí yo.
- ¿Tú? ¿Pero qué estás diciendo? No te hagas la tontita que te he visto perfectamente que te has besado con Dani, que te he visto.
- Sí, pero era para darle envidia a Edgar. Ha sido un sencillo beso entre amigos, nada más.
- Leire, conozco a mi primo, y te puedo asegurar que le gustas, y no es poco.
- ¡Qué va, tía! No marees, que no. Solo somos muy buenos amigos.
- Ya me dirás, ya. Avisada estás. – Auro cruzó los brazos para aparentar que estaba enfadada. Nos miramos y empezamos a desternillarnos de risa. - ¿Y qué tal besa Dani?
- Solo ha sido un beso, pero he de confesarte que besa mejor que Edgar. – las dos volvimos a reírnos.
- Lo que yo decía. Una puta. Eso es lo que eres. – la voz provenía de detrás de nosotras. Era Edgar. Me miró con cara de asco y se metió de nuevo dentro del pub.
- Me estoy cansando ya de ese gilipollas. Y me estoy cansando más aún de que te esté insultando a todas horas. Éste se va a enterar de quien es Auro. – quise detenerla, pero no pude. Fue más rápida que yo, y se metió, también, dentro del pub.

Pasaba de líos y de más líos, por lo que me quedé fuera. No quise entrar. Tenía que hacerlo, pero algo me lo impedía. Quizá la cobardía. Quizá el miedo. No sabía muy bien lo que era. Solo sé que no pude entrar a parar a mi amiga. Quizá quería que Auro le dejara las cosas claras a Edgar, porque yo sabía que no iba a ser capaz. Lo quería demasiado.

- Me encanta. – era ella. Podía reconocer su voz a distancia. Fanny dio dos o tres palmadas, en señal de júbilo. – Tu amiguita Auro le está montando el mayor pollo de la historia a Edgar.
- ¿Y qué haces aquí? ¿No deberías estar dentro defendiendo a tu querido? – contesté casi con lágrimas en los ojos, aunque pude contenérmelas.
- ¿Yo? Ya se apañará él, que ya es bastante mayorcito para arreglar las cosas solo. – se acercó algo más a mí. – Además, prefiero estar aquí, contemplando lo bien que me ha salido el plan.
- Si, Fanny. El plan te ha salido de lujo. Le has contado a Edgar que me lié con Eloy en su fiesta, aunque ya no venía a cuento. Y encima se piensa que soy una cosa que no soy. – la miré de arriba abajo. – Se ha equivocado de persona.
- ¿Estás insinuando que soy una guarra? – se acercó aún más a mí. Me dio miedo. Pero tuve el suficiente valor como para dar un paso adelante y quedarme frente a ella. Cara a cara.
- ¿Tú qué crees? – la miré desafiante.
- Puede ser. – desvió la mirada hacia arriba. – Pero soy yo la que tengo a Edgar. – me miró de nuevo a la cara. – Fanny uno, Leire…cero.

Se dio media vuelta y entró dentro del pub. Me quedé allí, de pie, sin saber qué hacer. No quería volver dentro del pub. No quería encontrarme ni a Edgar ni a Fanny. No. No quería. Había intentado hacerle frente a Fanny, pero no había podido con ella. Me había ganado. Jugando sucio, pero me había ganado. Siempre tenía que tener la última palabra. Debía asimilar la derrota. Estaba demasiado cansada de la situación como para seguir luchando contra una persona que siempre ganaba, aunque para conseguirlo tuviera que hacer daño a miles de personas. Y es que en el amor, cualquier cosa vale. O al menos eso es lo que dicen.

En ese momento vi aparecer por la puerta del pub a Dafne. Con ella iba también Eloy. “Lo que me faltaba” pensé. No tenía ningunas ganas de hablar ni con uno, ni con el otro.

- Hola Leire. ¿Qué haces aquí sola? – preguntó Dafne.
- Estaba un poco agobiada de tanta gente, y me he salido un rato a tomar el aire.
- ¡Ah! Bueno… ¿pero no te pasa nada, no? – me volvió a preguntar.
- Que no, que no. Enserio. No te preocupes. – era mentira, pero no tenía ganas de explicarle todo lo que me había pasado.
- Vale. Yo me voy dentro a bailar otro raro, ¿te vienes Eloy?
- No, me quedo aquí un rato tomando el aire. Ahora dentro de unos minutos vuelvo a entrar.
- De acuerdo. Te espero dentro. – Dafne se acercó a Eloy y le dio un beso en los labios.
- Hasta luego preciosa.


Dafne entró adentro de nuevo, dejando a Eloy a solas conmigo. Me miró. Yo desvié la mirada. Después de Edgar y de Fanny, era con la persona que menos me apetecía hablar. En cierta manera, todo había surgido a causa de él. Si no me hubiera liado con Eloy en la fiesta de Edgar nada de esto habría pasado.

- A mí no me engañas, Leire. Nos conocemos muy poco, pero lo suficiente para saber que estás hecha polvo. Y es por lo de Edgar.
- Lógico que estoy hecha polvo. Miento. Estoy hecha mierda. No me apetece nada estar aquí, pero... ¿y qué? ¿A quién le importa eso? ¡A nadie!
- Yo he salido a hablar contigo, ¿no? Eso es porque algo me importarás.
- No, tú has salido a tomar un poco el aire, y da la casualidad de que me has encontrado aquí fuera.
- No. He salido porque he visto que después de salir tú, ha salido Fanny y Edgar. Él ha entrado de mala ostia y Fanny se ha quedado hablando contigo. Y como sé que Fanny solo hace que joderte, he salido para ver si estabas bien. Pero tú créete lo que te apetezca.
- ¿En serio? – le pregunté casi con lágrimas en los ojos.
- Claro que sí, Leire. – se acercó y me abrazó. – Que porque esté saliendo con Dafne no quiere decir que tú no me importes. Como te dije en aquella fiesta, tú eres una chica diferente a las demás, y me diste confianza. Yo te ayudé a que no te derrumbarás cuando viste a Edgar con Fanny. Y te voy a ayudar en todo, siempre que esté en mis manos.
- Gracias, Eloy. – agaché la cabeza. – Cuando esta noche te he visto con Dafne, pensé que eras un imbécil y que me habías mentido. Pero ahora sé, que eres muy buena persona y voy a poder confiar en ti.
- Por supuesto que sí, Leire. Por supuesto que sí. – me abrazó de nuevo, pero esta vez el abrazo duró algo más que el primero. - ¿Entonces estás mejor o qué?
- Sigo hecha mierda, pero menos. – no pudimos evitarlo y los dos sonreímos.
- Así me gusta. Que sonrías. Estás preciosa cuando lo haces. – volví a sonreír. – Bueno, pues me voy adentro. No quiero que Dafne se enfade conmigo. Si necesitas algo, ya sabes.
- Sí. Gracias Eloy. No te preocupes.

Eloy se dio me dio media vuelta y entró dentro. ¡Increíble! Lo que me acababa de pasar había sido increíble. Nunca había podido imaginar que, después de todo, Eloy era una buena persona. A lo mejor me había anticipado a sus actos. Podía ser. Pero después de lo que acababa de ocurrir sabía que podía contar con Eloy. En cierta manera, me alegré.

Safe Creative #1004065917388

martes, 30 de marzo de 2010

¿Sientes celos, Edgar?

Enseguida vinieron Auro y Nanni, que habían visto de cerca todo lo que había pasado. Empecé a llorar desconsoladamente.

- ¿Habéis visto lo que ha hecho? Me ha llamado zorra, y delante de todo el mundo. Me ha dejado por los suelos.
- Lo hemos oído todo, Leire. – dijo Nanni mientras me abrazaba. – No te preocupes, L. Eres fuerte y ese es un gilipollas.
- No le importas nada, Leire, sino hubiera venido a hablar contigo y no a gritarte y a ponerte en ridículo. – añadió Auro. - No le hagas ni caso. No se merece que estés así por él. No. No se lo merece.
- Pero yo le quiero. Y lo de Eloy fue solo un error. Cualquier persona puede cometer un error, y no es juzgada por ello.
- Vale, venga Leire, no te atormentes. No te comas la cabeza. No vale la pena. Ya se dará cuenta de que ha cometido un error, y de los grandes. – me dijo Auro mientras me daba un beso en la mejilla.
- Sí, pero entonces yo ya no estaré aquí. Porque lo que me acaba de hacer no se lo voy a perdonar jamás.
- ¡Así se habla, L! – dijo Nanni. – Que se entere de lo que ha perdido. Y ahora, vamos a pasar la mejor noche de nuestras vidas.
- ¡¡SÍ!! – grité. – Hoy la vamos a liar.

Cogimos la botella de Vodka que había dejado cerca del banco, y nos fuimos las tres al banco en el que estábamos antes. Allí también se encontraban Ben e Isaac. Mi hermano, al verme, no pudo resistirse y me abrazó. Se lo agradecí. Siempre hacía que me sintiera bien.
Seguimos bebiendo hasta que se nos acabó la botella. No parábamos de reírnos por cualquier tontería. Y mis amigas hablaban de temas graciosos para que yo me olvidara de todo lo que había ocurrido, aunque era imposible de olvidar. Edgar me había dejado en ridículo, y todo por culpa de Fanny. Esperaba no encontrármela en el pub al que íbamos a ir después, porque no era responsable de mis actos.

Miré el reloj. Eran las cuatro y media de la mañana. Recogimos todo lo que habíamos ensuciado en el parque, y nos dirigimos hacia el pub Diamonds. No estaba muy lejos de allí.
Cuando llegamos, Dani y Hugo, que eran los que normalmente solían ir a ese pub, fueron los primeros que entraron. Saludaron al portero, y después de hablar con él durante unos minutos, pasamos todos los demás sin ningún tipo de problema.
Dentro había muchísima gente, y eran, la mayoría de nuestra edad, aunque también había bastantes universitarios. Sonreí. Había muchos chicos guapos. A Nanni se le abrieron los ojos.

- Madre mía, si esto está lleno de tíos buenos. – dijo Nanni.
- ¡Y que lo digas! Y encima son mayores… esta noche nos vamos a poner las botas.
- Pero si vosotras tenéis a Eric y a Isaac, ¿qué más queréis? –dije yo.
- Ya lo entiendo…lo que tú quieres es tenerlos todos para ti. ¡De eso nada! Te hemos pillado. Además, Isaac y Eric no nos hacen caso, ¿no lo ves? Eric no ha hablado en toda la noche con Nanni e Isaac… ¡a penas me ha mirado! – añadió Auro. – Así que, está es nuestra noche, chicas. ¡Vamos a bailar y a dejarlos con la boca abierta!

Las tres, con paso seguro y decidido, nos pusimos en mitad de la pista de baile, y empezamos a bailar, haciéndonos espacio entre la gente que no paraba de mirarnos, aunque a nosotras eso no nos importaba. Íbamos demasiado borrachas como para que eso nos afectara.
De repente noté unas manos que se posaban en mi cintura y unas caderas que se acercaban a las mías. Empecé a contonearme, aunque no tenía ni idea de quién podía ser. Vi como mis amigas empezaban a hacerme señas y a ponerme ojitos. ¿Quién podía ser? Mi giré y ahí estaba él. Con su barba de dos o tres días y su pelo despeinado. Ahí estaba Dani con una perfecta sonrisa en la boca.

- Bailas muy bien, ¿eh?
- Gracias. Sabía que eras tú el que estaba detrás.
- Eso no te lo crees ni tú. – sonrió. Tenía razón. Pensaba que, a lo mejor, podía ser Edgar. Pero la verdad, es que me hizo más ilusión cuando vi que era Dani.
- Es verdad, me has pillado. – los dos reímos.
- ¿Te apetece algo para beber?
- No debería, pero sí.
- Pues vamos a la barra.

Me despedí de mis amigas, y me fui con Dani a la barra a pedir algo para beber. Me pedí otro cubata de vodka con limón. La verdad es que no tendría que beber más, pero esta noche era diferente. Había pasado algo que no tenía que haber ocurrido. Y tenía que olvidarlo, sí o sí.
Estuvimos hablando durante largo rato. Dani era un buen amigo mío, y durante toda la noche había intentado quitarme la mayor preocupación que tenía en la cabeza.

- ¿Cómo estás? – me preguntó cuando el camarero nos trajo nuestro segundo cubata.
- Mucho mejor. - ¡y tanto! Ya se me trababa hasta la lengua, y no era casi capaz de decir una frase entera con cierto sentido.
- Me alegro, porque ese Edgar es un capullo. No ha sabido apreciarte. – dijo pegándole un trago a su cubata. – Y hablando del rey de Roma…
- Que por la puerta asoma. – me giré y miré hacia la puerta del pub. Allí estaba él, e iba con ella: Fanny. Cogidos de la mano. ¡Increíble! Que pronto me había olvidado. – Y encima va con Fanny. ¡Como la odio!
- No eres la única que no siente cierta simpatía por ella. Yo no sé que tiene esa chica, que en vez de hacerse de querer, hace que todo el mundo le tome odio.
- Yo si sé lo que tiene, y se llama maldad. Y Edgar…no me puedo creer que me haya olvidado tan pronto. ¡Es imposible!
- ¡Claro que es imposible! Porque aún no se ha olvidado de ti.
- ¿Cómo que no? ¡Pero míralo! Pero si va cogido de la mano a Fanny.
- Si, ya lo sé. Pero esta aparentando algo que no es. De hecho, creo que lo que quiere es darte celos, para que te joda más. Porque él sabe de sobra que a ti Fanny no te cae nada bien. Y que mejor para darte envidia y que los celos te coman por dentro que ella misma. Y le está saliendo a la perfección.
- ¿Tú crees? – pregunté sin tener muy claro lo que me acababa de decir, aunque tenía cierto sentido.
- Por supuesto. ¿Quieres que te lo demuestre? – me sonrió pícaramente.
- ¿En qué estás pensando? Miedo me das cuando me miras así.
- ¿Te fías de mí? – me miró directamente a los ojos. En ese momento, Dani era una de las personas en que más me fiaba.
- Sí. – dije sin pensármelo mucho más.

Me giró un poco el taburete para que me quedara de espaldas a la barra y que estuviera enfrente de Edgar y Fanny. Él se colocó delante de mí, pero dejándome espacio para que pudiera ver en todo momento lo que hacía Edgar. Me empezó a acariciar la cara.

- Lo estás viendo, ¿no? – asentí con la cabeza. – Vale. Míralo disimuladamente, para que no sé de cuenta de que lo estás mirando. – volví a asentir.

Empezó a tocarme la pierna, pero suavemente, y de forma no muy descarado. Vi como Edgar miraba hacia el sitio donde estábamos nosotros. Disimulé mirando a Dani y haciendo como que estaba hablando con él. Dani se percató y supo enseguida que Edgar estaba atento a nuestros movimientos. Fue entonces cuando se aproximó más a mí, y lentamente se fue acercando a mi cara. Estábamos muy cerca. Yo ya no veía a Edgar. Ahora solo tenía ojos para Dani. Posó suavemente sus labios sobre los míos. Cerré los ojos. Me besó. Un beso suave, sin maldad. Un beso entre dos amigos, aunque lo que en ese momento estaba sintiendo no era amistad, sino atracción hacia Dani.
Abrí los ojos. Edgar nos estaba mirando con cara de asombro, y a la vez de enfado. Fanny quiso atraer su atracción hacia ella, pero Edgar la apartó de un manotazo, y se fue a sentarse en una mesa, junto con Isaac y Ben. Dani se separó.

- ¡Ha funcionado! ¡Ha funcionado!
- Te lo dije. Te dije que confiaras en mí, que yo de esto se demasiado. – se volvió a sentar en su silla y bebió un trago de su cubata.
- Se ha ido muy cabreado.
- Claro. Muerto de celos. Puede ser que luego me las tenga que ver con él, porque te he besado, pero bueno…es un riesgo que tengo que correr. El beso ha valido la pena. – me sonrió pícaramente. Hice lo mismo.
- ¿Por qué los tíos sois así? Vosotros os podéis liar con cualquiera para darnos celos a nosotras y eso está bien. Pero en el momento en el que lo hacemos nosotras pasa a estar mal. No lo entiendo.
- Yo tampoco, pero es así. La sociedad.
- ¿La sociedad? Pues quiero cambiarla. – Dani se rió sonoramente.
- ¿Tú? – preguntó aun entre carcajadas.
- Si, ¿Qué pasa?
- Nada. Suerte.

Después de charlar durante otro rato, nos levantamos y nos fuimos hacia el centro de la pista, a bailar junto a todos los demás. Cuando Auro me vio me dio un codazo y se sonrió. No sabía exactamente lo que intentaba decirme, pero sé que era algo respecto a lo de su primo.
Cogí a Auro del brazo y nos fuimos hacia los servicios, aunque no sabíamos muy bien donde se encontraban. Pero cuando por fin los hallamos, vimos algo que nos dejó de piedra y con la boca abierta.

Safe Creative #1003305874573

martes, 23 de marzo de 2010

Por favor, escúchame.

Miré el móvil para saber que hora era. Como no veía con claridad, tuve que cerrar uno de los ojos para poder fijar la mirada. El reloj marcaba las tres de la mañana.

- Chicas, son las tres. No tardaremos mucho en irnos, ¿no? – pregunté.
- No lo sé. ¿Es que quieres irte ya, L? – me preguntó Nanni.
- Pues… no lo sé. – todas empezamos a reírnos. – No estoy yo muy centrada esta noche. Y el alcohol ya está haciendo su efecto. – todas volvimos a reírnos. – Está haciendo demasiado efecto. – me senté en el banco. Mis amigas me ayudaron.
- Si, siéntate, anda, que no vas a aguantar mucho más de pie. – me dijo Auro mientras se sentaba al lado mío. - ¿Qué estás mirando, Nanni?
- ¿Yo? Nada. – contestó.
- ¿Cómo que nada? – Auro miró hacia donde lo estaba haciendo Nanni. - ¡Ahhh! Le estás haciendo ojitos a Eric.
- No, de eso nada. – contestó Nanni ofendida. – Es él que no para de mirar hacia aquí. Y yo aprovecho y le miro. Lo que pasa es que me aguanta la mirada.
- ¡Uy! Aquí esta noche hay rollito, lo que yo os diga. – dije.
- Yo estoy de acuerdo con Leire. – dijo Auro.

Intenté levantarme, pero me volví a sentar. Todo me daba vueltas. Auro me miró con cara de enfado, aunque no sabía ciertamente por qué.

Quería ir con Carla y con todos lo que estaban en el otro banco. Quería empezar a relacionarme con el otro grupo, como en el último botellón. Me levanté como pude, cogí la botella de Vodka con una mano, y el cubata y el bolso con la otra.

- ¿Se puedes saber a dónde coño vas? – dijo Nanni mientras cogía su cubata y me seguía.
- Al otro banco, con todos aquellos.
- ¿Y eso por qué? Aquí estamos bien.
- Si, no te lo discuto. Pero quiero relacionarme con ellos.
- Vale. – dijo Auro levantándose del banco a la vez que cogía la fanta. – Vamos para allá, pero todas. No nos tenemos que separar. Somos como las supernenas, todas juntas.
- Claro que sí. ¡Las tres juntas hasta el fin del mundo! – dijo Nanni mientras nos cogía a Auro a mí del brazo.


Con paso decidido, aunque de lado a lado, conseguimos llegar al banco donde estaban todos los demás. Cuando nos vieron, se acercaron a saludarnos, aunque a mí ya me habían visto. Carla se levantó del banco, ya que aún seguía con Hugo, y se acercó a nosotras.

- ¿Cómo está mi hermanita? – dijo con una sonrisa en la boca. – Enana, estás preciosa. Me he enamorado del vestido.
- Lo sé. Pero no te preocupes, que cuando quieras te lo presto, no tengo ningún problema. Pero con una condición.
- ¿Cuál?
- Que tú me dejes a mí los leguins y la camiseta. Te están que ni pintados.
- Anda, calla. Dejémonos ya de piropearnos. Que parece que nos llevemos hasta bien. – las dos reímos. - ¿Qué tal la noche?
- ¡Genial! – dijo Auro eufóricamente.
- Me alegro, aunque aún queda bastante noche por delante.
- Eso espero. – dijo Nanni. Carla la miró. Todas sabíamos a lo que Nanni se estaba refiriendo, aunque ninguna dijo nada al respecto.
- ¡Mira qué guapa va mi hermana! – acababa de llegar Hugo. Abrazó a Auro. Ella puso cara de desconcierto.
- ¿Ya vas borracho o qué?
- Un poquito, pero muy poco. – y empezó a reírse descontroladamente. Carla no pudo contenerse y empezó a reírse también. Segundos después, todas nos unimos a una risa colectiva.
- ¿Un poquito? Menudo pedo llevas, amigo. – dijo Nanni.
- ¡Ay, Nanni! ¿Tú sabes que yo a ti te quiero mucho? – dijo Hugo mientras se acercaba a Nanni y le pasaba un brazo por sus hombros. – Pero como amigos, ¿eh? No vaya a ser que Carla se me enfade, y me quede sin novia. – Carla se enfurruñó, pero fue Hugo y le plantó un beso en los labios. Ella sonrió.

Empezamos a hablar de cualquier cosa, y a reírnos por cualquier tontería. El alcohol corría como agua, y la gente no hacía más que beber y beber. Si mi madre estuviera ahora aquí se quedaría con la boca abierta: sus tres hijos bebiendo sin parar hasta inhibirse por completo, y uno de ellos, además, fumando, y no solo tabaco.
En ese momento, alguien me tocó el hombro por detrás. Me giré. Era Karen. Me quedé un poco extrañada. ¿Karen, amiga de Fanny, quería hablar conmigo?

- Hola Leire. – dijo con la cabeza agachada. - ¿Puedo hablar contigo?
- ¿Conmigo? ¿De qué quieres hablar? Mejor que no te vea Fanny, porque sino…
- ¿Podemos hablar en privado, por favor? Me gustaría decirte una cosa. – insistió.
- Claro. Vamos a aquel banco de allí. – nos fuimos y nos sentamos en un banco. – Dime, ¿qué quieres?
- No sé si estoy haciendo bien en decírtelo o no, porque me podría crear problemas, pero tengo que decírtelo. Yo no soy mala. Yo no soy como ella. – dijo con los ojos llorosos.
- No te preocupes, Karen, no voy a decir nada. Cuéntame. - intenté tranquilizarla. ¿Qué tendría que decirme?
- Esta mañana Fanny nos ha dicho que quería hablar con Edgar y contarle algo de ti.
- Sí, eso ya lo sabía. Pero no sé qué es lo que le va a contar, porque yo no tengo nada que ocultar.
- Hombre, ocultar no, pero… ¿hay algo que quieres que Edgar no sepa? - ¡MIERDA! Miré disimuladamente a Eloy. – Exacto. Fanny le va a contar a Edgar que en su fiesta te liaste con Eloy.
- ¿Pero cómo sabe ella eso? – pregunté interesada.
- No tengo ni idea, pero lo sabe. Y se lo va a contar. De hecho, ahora mismo puede ser que se lo esté contando. Quería decírtelo para que estuvieras preparada. Fanny es muy mala persona, y con tal de dejarte mal y de que Edgar pase de ti, es capaz de hacer cualquier cosa.
- Lo sé. – me bebí de un trago el medio cubata que aún llevaba en la mano.
- Por favor Leire, no le digas a Fanny que te lo he contado, por favor. O me hará la vida imposible. – una lágrima le recorrió la mejilla.
- Tranquila, Karen. Fanny nunca sabrá que me lo has contado. – miré hacia un lado. En ese momento, Jess y Raquel venían de detrás de unos arbustos.
- Bueno, me voy, que ya vienen mis amigas. Gracias, Leire. Espero que te vaya todo bien, porque, la verdad, es que eres una buena chica. – sonrió. Le respondí de la misma manera.
- Buenas noches Karen.

Se levantó del banco en el que estábamos sentadas y se fue con Jess y Raquel. Vi como las otras dos le preguntaban algo y me miraban. Karen sabría salir de ese interrogatorio sana y salva. Me dio pena. Karen era muy buena chica, pero estaba acorralada. No tenía escapatoria. Había elegido en su momento muy mal a sus amigas, y ahora se estaba arrepintiendo por ello. Me alegré por tener a unas amigas tan buenas y que me quisieran tanto.
Alguien se sentó a mi lado. Salí de mis pensamientos. Lo miré. La verdad es que era realmente guapo.

- ¿Qué haces aquí, Dani?
- Es que como te he visto sola, pensaba que a lo mejor te estabas aburriendo. ¿Qué te estaba contando Karen?
- Nada que pueda decirte, lo siento. Pero me ha fastidiado la noche.
- Pensaba que éramos amigos.
- Y lo somos, Dani, pero de verdad que no puedo contártelo. Se lo he prometido. Y lo que prometo, lo cumplo. Además, tarde o temprano te enterarás, estoy segura.
- Bueno…lo que quieras. Pero ya sabes, que si quieres hablar o desahogarte con alguien, yo estoy aquí para lo que necesites, ¿vale?
- Muchas gracias, Dani. Eres un buen amigo. Te lo agradezco. – sonreímos. Me abrazó. Me dejé llevar. Apoyé mi cabeza en su hombro, y me dejé que me abrazará con sus fuertes brazos. Me sentí querida. Algo que nunca antes había sentido. Ni con Edgar.
- ¡YO FLIPO! No solo te lías en MI fiesta con Eloy, sino que ahora vuelvo y te encuentro abrazada a Dani. ¡ERES UNA ZORRA! – me separé de Dani. Y allí estaba Edgar, plantado delante del banco en el que estábamos nosotros, enfadado y con mucha ira y rencor en su cuerpo.
- Edgar, no te enfades. Te lo puedo explicar todo.
- ¿QUÉ ME LO PUEDES EXPLICAR TODO? Si, ya. Yo intentado excusarme por lo de Fanny, y va y me entero, por otra persona, que tú también tuviste tu fiesta particular. Ya sé la clase de chica que eres. Y paso de estar contigo. Me das asco.
- Edgar, por favor… ¡ESCÚCHAME! – dije gritando. Todo el mundo miraba nuestro numerito.
- No tengo nada que escuchar. Ya no. – se giró. Detrás de él estaba Fanny, con una sonrisa de oreja a oreja, disfrutando de todo lo que estaba pasando. – Vamos Fanny. Ya no tenemos nada que hacer aquí. – Edgar la pasó un brazo por sus hombros y, juntos, se fueron hacia otro lado.

Me quería morir. Mi corazón se acababa de romper en mil y un pedazos, y Edgar los estaba pisando en cada paso que daba junto a Fanny. Dani se levantó y no dudó en abrazarme de nuevo. Pude oír un “Lo siento” proveniente de su boca.

Safe Creative #1003235821142


PD:
Ya lo he dicho en el Twitter, pero la entrada de hoy es la número 100.¡No me puedo creer! 100 entradas ya. Como pasa el tiempo. Solo espero que la esteis disfrutando tanto como yo escribiéndola. Un beso a tod@s. LEIRE.

martes, 16 de marzo de 2010

Pero... ¿qué me está pasando?

Nos dirigimos hacia su banco, donde tenían todas las botellas. Allí estaba Carla y Hugo, que estaban en el banco sentados y hablando entre ellos; Dafne y Eloy que hablaban demasiado cerca el uno del otro y pude ver un beso entre ellos. Luego estaban, además, Dani, Cynthia y Eric, que conversaban de forma muy entretenida.

- ¡Ay, Edgar, Edgar! Quien te ha visto y quién te ve. - le dijo Dani dándole unas palmaditas en la espalda mientras él se preparaba otro cubata.
- Si, vaya. – dijo él sonriendo aunque falsamente.
- Con nuestra pequeña Leire. – dijo poniendo su brazo alrededor de mis hombros. – Que se nos hace mayor. – me miró y me sonrió.
- Cállate, anda. – dije pegándole una pequeña palmada en el brazo.
- ¡Ay! Que mala eres. Que a los amigos de tu novio no se les pega, ¿eh?
- No somos novios. – dije yo. Edgar me miró desconcertado por lo que acaba de decir. – No, aún no. A lo mejor al final de la noche… ¿quién sabe? – sonreí pícaramente.

Eloy, que estaba hablando entretenidamente con Dafne, se levantó a saludarme. Le di un par de besos, pero de mala gana. Me había mentido. Cuando nos besamos en el cuarto de baño me dijo que yo no era como las demás chicas, y que le gustaba de verdad. Y más tarde, una semana después, empezaba a salir con Dafne, con la que anteriormente había tenido algo más que una amistad.

- ¿Cómo estás, Leire?
- Muy bien, gracias. Ya veo que estás bien acompañado.
- Sí, bueno… Dafne y yo tan solo llevamos dos días saliendo, pero parece que nos va bien.
- ¿Os conocéis? – acababa de llegar Edgar.
- Sí, nos presentamos el día de tu fiesta. Pero vamos, solo intercambiamos un par de palabras, y nada más. – miré a Eloy en señal de que no dijera nada de todo lo que había pasado entre nosotros. Él lo entendió.
- Menos mal, porque Eloy es un ligón, ¿verdad amigo? – Edgar pegó un trago a su cubata, y Eloy hizo lo mismo.
- ¿Enserio? – dije yo. – Pues no tiene pinta. Aunque mirándolo mejor….sí, si tiene pinta de ligoncete. – Eloy sonrió, y no se atrevió a decir nada por miedo a lo que pudiera decir yo.

Nos despedimos de él y de todos los demás, y volvimos con Isaac, Ben y mis amigas, que aún se encontraban en el banco, hablando alegremente y sin ninguna preocupación en la cabeza. Yo, en cambio, tenía miedo de que más tarde Eloy le pudiera decir algo a Edgar de lo que tuvimos en su fiesta. Esperaba que Eloy no fuera de esos chicos, y mantuviera su perfecta boca cerrada.
Cuando llegamos, todos aplaudieron en señal de que nos echaban de menos. Parecía como si hubiéramos estado poco tiempo sin ellos, pero habían sido casi veinte minutos.
Isaac sacó de su bolsillo derecho del pantalón un paquete de cigarros, y cogió uno para él, y dos más, uno para Ben y otro para Edgar. A nosotras nos ofreció, aunque ninguna quiso.
Me senté en unos de los bancos. Tenía los pies engarrotados. No estaba acostumbrada a llevar ese tipo de tacones, y me estaban pasando factura. Y aún me quedaba noche por delante. Tenía que aguantar como fuera.

Giré la cabeza hacia el banco donde estaba Eloy y Dafne. Él me estaba mirando. Desvié inmediatamente la cabeza hacia otro sitio. Me había pillado mirándole. A lo mejor pensaba que él me gustaba. Nunca me había gustado. Simplemente que aquel día estaba destrozada porque había visto a Edgar liándose con Fanny en una habitación. Y él me ayudó a olvidar todo aquello, pero nada más. Después pensé que él podía ser diferente, distinto a todos los chicos que conocía, pero me acababa de dar cuenta de que no, era idéntico a todos los demás. Por ello, a lo mejor, había confundido los sentimientos, y había podido pensar que Eloy me gustaba un poco. Pero no.

- Chicas, nosotros nos vamos a ir a ver si pillamos… - dijo Edgar.
- ¿Os queréis venir alguna? – preguntó Ben.
- Yo paso. Ya sabéis que a mí todo eso no me gusta para nada. – añadí yo.
- Eso. A mi hermana dejarla aparte en todo este rollo. No quiero que siga los pasos de su guapo hermano mayor. – dijo Isaac haciéndose como si se levantara el cuello de la camiseta que llevaba. Todos reímos.
- ¿A ti no te hace falta abuela, verdad? – le pregunté.
- Que graciosa eres, enana.
- No menos que tú. – le sonreí para picarlo, aunque no lo conseguí.
- Bueno, ¿entonces no os queréis venir ninguna? – volvió a preguntar Ben.
- No. Nos quedamos aquí las tres. – contestó Auro.
- Vale. Luego nos vemos.

Se fueron los tres fuera del parque. ¡Menudo trío hacían! Los tres mosqueteros. Eran tal para cual. Cada uno tenía una personalidad diferente, pero entre ellos se complementaban perfectamente. Como nos ocurría a Auro, Nanni y a mí. Al principio tenía miedo de que Auro pudiera quitarme a mi mejor amiga, aunque pronto me di cuenta de que ella se convertiría en otra mejor amiga. Mejor dos que una. Nos habíamos hecho inseparables.
Volví a mirar al banco donde se encontraban todos los demás, pero esta vez vi a cuatro personas más que no me esperaba ver allí. Ya había llegado, y con ello mis temores y mis miedos.

- Chicas, acaba de llegar Fanny y sus amigas. – dije.
- ¿Qué me estás contando? ¡Lo que faltaba! – dijo Nanni llevándose una mano a la cabeza. – No puedo con ella. Es mala porque sí. Le gusta ser mala. Disfruta con ello.
- Lo sé, ¿qué me vas a contar a mí? – añadí.
- Mírala allí, hablando con todos como si nada pasase. Mirad con qué cara la está mirando Carla. – dijo Auro.
- Claro. Mi hermana no la aguanta, pero desde siempre. Está esperando cualquier oportunidad para dejarle las cosas claras, y si puede darle alguna que otra bofetada en la cara… – agregué.
- ¡La odio a muerte! – Nanni se sentó en el banco al lado mío, y me cogió con un brazo.
- Me dan pena Raquel, Jess y Karen. Son buenas chicas, lo que pasa que Fanny manda sobre ellas, y no pueden comportarse tal y como son.
- ¡Pues que se jodan! Tiene fácil solución: que no se junten con ella. – Auro se estaba exaltando.
- Sí, bueno…no creo que sea tan fácil. Es solo una opinión. – añadí.
- Mira, por allí viene mi primo Dani. Parece que él tampoco la soporta.

Yo sabía que Dani había salido con Fanny, pero no quise decir nada, por si él no quería que se supiera. Habían salido juntos, pero ella le puso los cuernos a él con Edgar, y entonces Dani empezó a salir con Carla, aunque desconocía si con mi hermana había estado mucho tiempo o no.
Dani venía hacia nuestro banco. Era un chico alto y bastante musculoso. Tenía unos andares muy chulescos. Llevaba una barba de dos o tres días que le hacía aparentar más de sus dieciocho años. Su pelo lo llevaba ligeramente despeinado, pero echo adrede. Sabía perfectamente lo que le quedaba bien, y lo acentuaba al máximo.

- Hola chicas, ¿qué tal? ¿Cómo lleváis la botella? – la miró de reojo y sonrió al ver que llevábamos más de la mitad. – Veo que va bien, sí.
- Mira, ahora mismo yo me voy a echar otro. – me bebí de un solo trago lo que podía quedar en mi vaso, poniendo cara de asco cuando me lo hube terminado.
- ¿Demasiado fuerte? – él rió.
- Un poco. – sonreí, y me puse otro, bastante cargado, aunque me prometí que ese sería el último. Iba demasiado mareada, y no quería estropear la noche.
- Espero no molestaros. – añadió Dani. – Es que acaba de llegar Fanny y sus perritos falderos, y no me apetecía compartir con ella el aire que respiro. – todas sonreímos.
- Pues ya que lo dices, si que nos has molestado, porque estábamos hablando de algo muy importante. – le dijo Auro de morros.
- Lo siento, chicas. Me voy. Ya vuelvo luego.
- De eso nada. – miré a Auro descaradamente. – Tú te quedas aquí con nosotras, que no molestas para nada. Todo lo contrario. Eres bien recibido. Encima de que nos compra la botella para que hoy podamos beber…
- Eso, eso. – añadió Dani. – La próxima vez te la va a comprar… ¡mi tía! – todas reímos, incluso Auro.
- Mira que eres tonto. Con lo que te quiero yo. – Auro se levantó y se abalanzó sobre Dani para darle un beso en la mejilla.
- Basta, basta. Que Dani es mío. – dije yo. Me levanté del banco y me senté en una de sus rodillas. Él me cogió de la cintura para que no me cayera.
- Joder. En algunos momentos no me queréis ninguna, y otras veces os peleáis por mí.
- ¡Eh, eh! No te flipes primito, que estamos de coña. Que serás muy guapo, y estarás muy bueno y todo lo que tú quieras, pero no nos gustas a ninguna, y menos a mí. – Dani miró a Nanni que estaba negando con la cabeza. Después me miró a mí.
- ¿A ti tampoco? – me dijo bajando el tono de voz para que solo lo oyéramos los dos.
- ¿A mí? Un poquito. - ¿qué acababa de decir? ¿Qué me gustaba Dani un poco? ¿Me gustaba de verdad? Normalmente se dice que cuando la gente va borracha, siempre dice la verdad. ¿Me gustaba un poco Dani y no me había dado cuenta? Estaba hecha un lío. Y no había otro momento para estar confusa, nada más que la noche en que le iba a decir por fin a Edgar que quería salir con él.
- Ya estoy más tranquilo. – Dani sonrió pícaramente. – Bueno chicas, me voy a ir para allá a recargarme el cubata. Y voy a aprovechar ahora que Fanny no está. – miré hacia el banco. Era cierto. Fanny no estaba allí, pero sus amigas sí. Era un poco extraño.


Dani se levantó del banco y se fue con los demás. La verdad, es que Dani estaba muy, muy bien. ¿Pero en qué estaba pensando? A mí quien me gustaba era Edgar, ¿qué hacía pensando en Dani? Todo esto me estaba comiendo por dentro.
¿Dónde podría estar Fanny? Me resultaba demasiado raro que sus amigas estuvieran en el banco con los demás, y que Fanny, su cabecilla, no estuviera allí con ellas. Miré para todos lados, pero no la encontré. ¿Y si se había ido con Edgar, Ben y mi hermano? Podría ser. Seguro que estaba con ellos. Seguro que le estaba comiendo la cabeza a Edgar, contándole mentiras sobre mí e intentando separarnos. La conocía.

Safe Creative #1003165763130