Y ahí estaba yo, pensando en lo que Fanny me acababa de decir. ¿Insignificante? ¿Yo? La verdad es que no me lo consideraba. Sabía perfectamente que me lo había dicho para fastidiarme y para hacerme sentir peor de lo que estaba.
Alguien abrió de nuevo la puerta del baño. Esta vez no era Fanny, sino Auro. En cuanto me vio, vino y me abrazó. Ella sabía perfectamente que me pasaba algo. Me conocía muy bien aunque Nanni me la presentara hacia un mes.
- ¿Qué te pasa, Leire? Cuéntamelo todo. – dijo una vez nos separamos.
- Sé que en cuanto te lo diga, te vas a enfadar.
- No, ya verás como no. Pero cuéntamelo. No me gusta verte así. ¿Ha pasado algo con Fanny o con Edgar?
- No, no es por ellos. Esta vez no.
- ¿Entonces? – preguntó intrigada.
- Es por… vosotras. Bueno, por ti y por Nanni.
- ¿Qué te hemos hecho nosotras? Si siempre estamos intentando ayudarte en todo.
- Sí, lo sé. Pero es que hoy estoy un poco embajonada, y no sé por qué. Os he visto, tú con mi hermano y Nanni con Eric y me he sentido sola.
- ¡Pero si no te hemos dejado sola en ningún momento! – dijo exaltada.
- No, directamente, pero ahora cuando estábamos en la cafetería, tú te has sentado con Isaac y Nanni con Eric. Y yo me he quedado sin sitio. Me he encontrado desplazada y mal y me he ido.
- Lo siento, no lo hemos hecho aposta. De echo, si había sitio. Solo tenías que haberte cogido una silla y haberte sentado con nosotras.
- Ya. Sé que he exagerado un poco la situación, pero es como la he visto y la he vivido en ese momento. Pero es que, vosotras sabéis perfectamente que ahora estoy mal por todo lo que me ha pasado con Edgar. Deberíais ayudarme.
- ¡Pero si es lo que estamos haciendo! Mira, creo que ahora estás un poco cegada y estás sacando las cosas de quicio. Nosotras vamos a estar en la cafetería con todos los demás, en cuanto te tranquilices, vas ¿vale?
- De acuerdo. – acepté.
Auro salió del baño como Fanny había hecho hacía unos diez minutos atrás.
¿De verdad estaba cegada y estaba sacando las cosas de quicio, como me había dicho Auro? Ella estaba viendo las cosas desde otra perspectiva. A lo mejor tenía razón, aunque yo no lo veía así.
Me eché agua de nuevo en la cara, respiré hondo un par de veces y salí del baño con la cabeza gacha. Me topé con alguien.
Levanté la cabeza y vi a alguien que no conocía. Su cara me era familiar, pero no tenía el placer de conocerle. Era un chico alto, moreno con los ojos marrones claros. Más o menos tendría la edad de Edgar o quizá la de Eric.
- Lo siento. He salido rápido del baño y no te he visto. Perdona. – le dije mientras le tocaba el hombro en señal de disculpa.
- No pasa nada. Yo también iba un poco pensando en mis cosas y no me he dado cuenta de que salías en ese momento del baño. – me sonrió. Tenía unos dientes relucientes y una sonrisa bonita. – Por cierto, ¿cómo te llamas?
- Soy Leire. – sonreí. – ¿Y tú nombre?
- Mi nombre es Mark. Por cierto, tienes un nombre poco común.
- El tuyo tampoco es muy normal, que digamos. – ambos reímos por la estupidez de nuestra conversación. – Oye, ¿a qué curso vas? Es que tu cara me suena, pero no sé de qué.
- Te sonará de verme por aquí por el instituto. Voy a 1º Bachiller.
- ¡Ah! Como mi hermano. ¿Lo conoces? Se llama Isaac.
- Sí, claro que lo conozco, como no. Es de lo más popular que hay en el instituto. Entonces también serás hermana de Carla, claro.
- Por supuesto. – sonreí. – Que también es de lo más popular que hay en el instituto. Y luego estoy yo.
- ¿Qué pasa contigo? – preguntó intrigado.
- Pues que yo soy de lo más normal y paso más bien desapercibida.
- Como yo, entonces. – sonreímos.
- Bueno Mark, yo me voy a ir que mis amigos me están esperando.
- Espero verte algún día por el instituto, Leire.
- Lo mismo digo.
Él entró en el cuarto de baño de los chicos y yo me dirigí hacia la cafetería. La cara de Mark me era muy familiar. Como él había dicho, seguramente nos habíamos topado por el instituto en innumerables ocasiones. Éramos muchos y era casi imposible conocer a todo el mundo.
Al llegar a la cafetería, todos los del grupo se me quedaron mirando. Cogí una silla de una mesa próxima y me senté con ella. Nadie dijo nada, aunque Auro y Nanni se me quedaron mirando con una mirada que hablaba por si sola. Yo, simplemente, agaché la cabeza.
Enseguida tocó el timbre y nos dirigimos todos a clase, y con ello mi pesadilla. Me senté en el mismo sitio, por lo que seguía teniendo a Edgar detrás junto con Ben. Me puse nerviosa, no pude remediarlo. Me seguía poniendo nerviosa, aunque ya no nos habláramos, ni siquiera nos miráramos. Sentía, también, la mirada de Fanny en mí, sin que la apartara ni un momento. ¿Acaso no se fiaba de mí? Edgar ya era suyo, de su propiedad. ¿Por qué seguía sin dejarme en paz? ¿Por qué seguía agobiándome? ¿Por qué seguía haciéndome la vida imposible? Por más que me formulara estas preguntas en la cabeza, no encontraba respuestas para ellas.
Cuando por fin acabaron las clases, recogí todas mis cosas de la mesa y las guardé en la mochila sin ningún orden. Quería salir de allí lo antes posible. Cogí la mochila del asa y me dirigí hacia la puerta aunque Cynthia, llamándome desde su sitio, hizo que retrocediera sobre mis pasos.
- ¿Qué ocurre? – le pregunté.
- ¿Te apetece que hagamos algo esta tarde?
- ¿Tú y yo? ¿Y eso? – me estaba resultando algo raro lo que Cynthia me estaba proponiendo.
- Sí, tú y yo. Es que últimamente todos los demás están muy ocupadas: Carla con Hugo, Dafne con Eloy…
- Auro con Isaac, Nanni con Eric…
- Vaya, entonces me comprendes mejor de lo que pensaba. – dijo sonriendo.
- Si, te entiendo bastante bien. Pues por mi bien, ¿qué quieres que hagamos? ¿qué te apetece?
- No sé. Podríamos ir a algún bar a tomarnos algo y a pasar la tarde.
- Vale. ¿Quedamos sobre las seis?
- De acuerdo. Pues a las seis en el parque, ¿vale?
- Hecho. – le sonreí.
Me di media vuelta y salí de clase. Auro y Nanni estaban en la puerta esperándome. Me resultó raro que Isaac y Eric no estuvieran con ellas.
- No están porque queríamos acompañarte nosotras a casa. – dijo de repente Nanni.
- ¿Perdona? – dije yo un poco sorprendida.
- Que les hemos dicho a Eric y a Isaac que se fueran, que nosotras hoy nos íbamos contigo.
- ¿Y por qué me decís esto? Yo no he dicho nada.
- No has dicho nada, pero te conocemos y te lo vemos en la cara. – dijo Auro. – No queremos que vuelvas a pensar a pensar que te dejamos de lado, porque sabes que no es así.
- Esta conversación ya la hemos tenido Auro, y creo que ha quedado suficientemente claro.
- Sí, pero era para recordártelo. Por si acaso. – añadió.
- Oye, ¿y de qué estabas hablando con Cynthia? – preguntó Nanni.
- Hemos quedado las dos esta tarde para ir a un bar a tomarnos algo, pero si os queréis venir, os venís, que no pasa nada. Es que he supuesto que ibais a quedar con vuestros chicos.
- Pues has supuesto mal. – dijo Nanni. – Pero no pasa nada. Vete con Cynthia.
Salimos del instituto. La tensión que había entre nosotras se podía cortar con un cuchillo. Sabía perfectamente que ellas se habían mosqueado conmigo por haber quedado con Cynthia y no haberles dicho nada. Pero yo también tenía motivo para estar molesta, y no lo estaba.
Todo el camino hacia nuestras casas nos lo pasamos en silencio. Al llegar nos despedimos con un frío “adiós”, y cada una se fue hacia sus respectivas casas.
jueves, 14 de octubre de 2010
Nombre poco común.
Escrito y publicado por Leire a las 17:18:00 8 me acuerdo de tí
martes, 12 de octubre de 2010
Solo dale tiempo.
Nanni y Eric se despidieron con otro beso, y las tres entramos, por fin, en clase. Y, de repente, me topé con su mirada. Edgar estaba sentado en las últimas mesas, al lado de Ben. Era extraño que no estuviera con Fanny, la que era ahora su novia. ¿Habría pasado algo entre ellos? ¿O solamente no querían estar juntos todo el tiempo? Miré hacia el otro lado de la clase. En la otra punta estaba Fanny junto con sus “amigas”, porque no sabía a ciencia cierta si Jess, Karen o Raquel eran amigas de Fanny.
Me senté al lado de Cynthia. Estaba delante de ellos, pero eso no me importó demasiado. Le saludé. Ella hizo lo mismo. Me acomodé en mi asiento y saqué todas las cosas preparada para cuando el profesor viniera a dar la clase.
En ese instante Cynthia se giró hacia atrás. Al parecer Ben le había tocado el hombro para que ésta se girara.
- ¿Qué quieres? – le dijo Cynthia con un tono no muy amigable.
- ¿No me vas a preguntar dónde estuve ayer todo el día? – preguntó Ben impaciente porque ella se lo preguntara.
- No, no te lo voy a preguntar porque no me interesa para nada.
- ¿Enserio?
- Claro que es enserio. O si no te lo habría preguntado ya, ¿no? ¿Y lo he hecho? ¿Verdad qué no? Pues ya está. No me interesa.
- Pues vaya. – noté decepción en la voz de Ben.
Cynthia volvió a girarse hacia adelante. Se me quedó mirando y me hizo un guiño. Entendí a la perfección lo que significaba. Como me había comentado el día de antes, a Cynthia le gustaba Ben, pero quería ir poco a poco. Pretendía conocerlo antes bien para luego no tener disgustos. Ella tampoco quería que él se pensara que iba detrás de él como un perrito faldero se tratase. Cynthia tenía las cosas muy claras, y no sé dejaba chafar por nadie. Era una chica decidida y que nadie podía dominar. Si ella hacía algo, era porque, realmente, ella quería hacerlo.
Las tres clases siguientes antes del recreo se me pasaron verdaderamente muy lentas. Sentir que tenía detrás mismo a Edgar hacia que no me pudiera concentrar. Tenía miedo de que en cualquier momento él pudiera decirme o hacerme algo. Pero no pasó nada de eso. De vez en cuando podía oír cómo le comentaba algo a Ben, pero siempre relacionado con algo que en ese momento estaba explicando el profesor. Si estaba cambiando, sí. Siempre que se sentaba con Ben hablaban de cualquier cosa, por muy tonta que fuera. Pero ahora no. ¿Acaso también estaba perdiendo la relación con su mejor amigo?
El timbre para salir el recreo. “Por fin” pensé. Un minuto más en esa clase y cerca de Edgar y me hubiera dado un sincope o algo por el estilo. Salí de clase y me quedé en la puerta de ésta esperando que Nanni y Auro salieran. Pero no fueron ellas las que aparecieron primero, si no Fanny con sus secuaces. Ni si quiera me dirigieron una simple mirada, excepto Karen. Iba la última de las cuatro. Cuando pasó por mi lado me dirigió tímidamente una ligera sonrisa, que yo le correspondí sin pensármelo. Me daba pena. Esperaba que fuera capaz, y pronto, de dejar a esas chicas y buscarse otras amigas que supieran apreciarla, porque realmente era muy buena chica.
Pocos segundos después salieron mis amigas y nos fuimos hacia la cafetería. Mis amigas estaban empeñadas en que fuéramos allí, ya que iban a estar Eric e Isaac. Era entendible, pero también debían pensar un poco en mí, ¿no? A lo mejor a mi no me apetecía estar en aquel sitio compartiendo espacio con Edgar. Bastante había tenido en clase. Quería relajarme, y así no lo iba a conseguir. “Leire, no seas egoísta” oí decir en mi mente. Tenía toda la razón. Debía hacer de tripas corazón e ir allí con todos.
Llegamos y mi preocupación desapareció por completo. Edgar no estaba. Uf. Menos mal. Podría estar tranquila y comportándome como realmente era.
Nos sentamos en la mesa. Auro al lado de Isaac y Nanni de Eric. ¿Hola? ¿Y yo dónde? Miré a mis amigas pero ellas no se dieron cuenta de mi situación en aquel momento. Eché un vistazo a toda la mesa sin encontrar donde sentarme. Noté como de repente algo se ponía en mi garganta impidiendo que yo pudiera tragar. Mis manos empezaban a temblar y a sudar. Un sudor frío subía hacia mi cabeza.
Me di media vuelta y salí de allí rápidamente. No se me ocurrió actuar de otra forma nada más que de esa. No quería montar un numerito, aunque sabía de sobra que ya lo había hecho.
Me fui casi corriendo al servicio de chicas. ¿Qué era lo que me estaba pasando? No lo entendía del todo bien, aunque podía saber a que era debido. Veía como cada una de mis amigas tomaba un camino diferente, y a mí me dejaban totalmente sola, sin saber qué hacer ni cómo actuar. ¿Realmente me sentía tan sola?
Una lágrima cayó por mi mejilla. La quité de allí. No quería llorar, y menos en el instituto.
Abrí el grifo de los baños. Metí las manos debajo y, haciendo como una especie de cuenco, me mojé la cara. Suerte que esa mañana no me había maquillado, sino se me hubiera corrido todo el maquillaje. Me miré al espejo. Estaba horrible. Los ojos hinchados y rojos de haber llorado.
Alguien abrió la puerta en ese momento. “Lo que me faltaba” pensé. Fanny estaba de pie, detrás de mí. Me di la vuelta.
- ¿Qué quieres? – le pregunté a la vez que me giraba para ver mejor todos sus movimientos.
- ¿Yo? Nada en especial. – se apoyó en la pared del baño mientras cruzaba los brazos.
- Entonces… ¿qué coño haces aquí?
- Venía al baño. ¿Es que a caso no puedo? – me vaciló.
- Sí, claro que puedes. Pero sé que no has venido a eso.
- Pues claro que no, payasa. He venido a reírme de ti. He visto como salías de la cafetería afectada, y quería saber lo que te pasaba para reírme a gusto.
- Ya te puedes pirar de aquí, porque no te lo pienso contar. – dije dándole la espalda y quedándome enfrente del espejo.
- Como te tomo el pelo.
- ¿A qué te refieres? – vi por el espejo que Fanny venía hacia donde estaba yo. Se puso a mi lado.
- Sé perfectamente lo que te ocurre. Ves como tus amigas te están dejando de lado para estar con sus respectivos novios.
- Eso no es verdad. – mentí. ¿Cómo podía ella saberlo?
- Claro que es verdad. Además, te lo noto en la mirada. – agaché la cabeza y miré al suelo. No aguantaba que me intimidara con su mirada. - ¿Lo ves? Y tampoco soportas que Edgar esté conmigo.
- Eso no me preocupa demasiado. Sé que no vais a durar mucho tiempo. Se os ve de lejos. Solo dale tiempo. – no estaba muy segura de lo que decía, pero lo dije.
- Bueno, eso es solo lo que piensas tú. Es una insignificante opinión proveniente de una insignificante persona.
Me miró de arriba abajo y se marchó del baño dando un portazo al salir.
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Escrito y publicado por Leire a las 19:58:00 8 me acuerdo de tí
jueves, 7 de octubre de 2010
Un martes cualquiera.
Abrí un ojo. Después el otro. Aún no había sonado el despertador. Miré la hora. Tan solo faltaban un par de minutos para que fuera la hora de levantarme. Apagué la alarma para no tener que oírla.
Me senté en el borde de la cama. Apoyé un pie en el suelo. Después el otro. Me levanté de la cama, después de contar hasta tres. Me fui directamente al baño a darme una ducha, como todas las mañanas.
Después elegí unos simples pantalones de pitillo, una camiseta de manga corta y unas romanas en los pies. Me pinté muy poco. Tenía buena cara, y no hacía falta mucho maquillaje.
Bajé al salón. Como siempre, mi madre ya no estaba en casa. Muy pocos eran los días que la pillaba en casa y me podía despedir de ella.
Pasé a la cocina. Isaac se encontraba en la mesa, con un vaso de zumo delante. Tenía cara de sueño.
- Buenos días. – le dije al llegar.
- Mmm. – fue lo único que pudo contestar.
- Yo también te quiero. – cogí un vaso y me eché un vaso de leche.
- Lo siento, enana. Es que no he dormido nada bien. He estado casi toda la noche en vela, y no sé por qué, porque no estoy preocupado por nada.
- Puf. Puede ser por cualquier cosa. – le dije.
- Lo sé. En cuanto llegue a casa me voy a acostar la siesta y no me voy a levantar hasta mañana.
- A ver si es verdad y lo haces. Seguro que luego te vas por ahí a cualquier sitio.
- Ya verás cómo no.
Carla no tardó en bajar también a la cocina. Nos dio los buenos días a los dos. Se puso una rodaja de pan en la tostadora. Mientras esperaba se sentó a mi lado en la mesa.
- Vale, ahora que no está mamá quiero que me expliques lo tuyo con Dani. – me dijo sin andarse por la ramas.
- ¿Lo mío con Dani? No hay nada que explicar Carla, porque no hay nada.
- Ya, eso no te lo crees ni tú.
- De verdad. Te lo juro. Solo somos amigos. El sábado me ayudó mucho. Y ayer me llamó y me invitó al cine, pero como amigos. Nada más. No pasó nada.
- No sé si creerte mucho.
- ¿Por qué? No te estoy mintiendo.
- No tiene cara de mentir. – añadió Isaac.
- Lo sé, pero yo estuve saliendo con Dani y lo conozco. Conmigo hizo lo mismo.
- Hombre, no es por joderte Carla, pero es lo que normalmente suele hacer la gente: va al cine y todas esas cosas. Y porque vayan dos amigos no quiere decir que alguno de ellos quiera algo más.
- Bueno, yo solo digo lo que pienso. Darle tiempo al tiempo, y veréis como tengo razón.
Nadie dijo nada más. Enseguida llamaron a la puerta. Carla se levantó de su silla como un rayo y fue a abrir la puerta. Detrás de ésta se encontraba Hugo. Se abalanzó sobre él, y después de darle un largo abrazo le plantó un beso en los labios.
Mientras Carla subía a coger la mochila a su habitación, Hugo pasó a la cocina en donde estábamos nosotros.
- Hola chicos.
- ¡Que pasa tío! – Isaac se levantó de su silla y se estrecharon las manos a la vez que se daban una palmada en la espalda en señal de saludo.
- Hola Hugo. – le dije saludándole con la mano desde mi sitio.
- ¿Aún estáis desayunando? No es por meteros prisa, pero como tardéis mucho más no vais a llegar a clase.
- No te preocupes. Ahora cojo la moto y nos vamos volando para allá, ¿no? – dijo Isaac mientras me miraba. Yo asentí.
- ¡Ah, bueno! – Hugo sonrió.
- Por cierto Hugo, ¿y tú hermana? – preguntó Isaac mientras se terminaba de un trago lo que le quedaba en el vaso de zumo.
- En casa estaba. Había quedado con Nanni para ir al instituto, como todos los días. Oye, enhorabuena. – le dijo mientras le daba unas palmaditas en la espalda. – Ya me he enterado que estás saliendo con mi hermana.
- Si, desde ayer. – contestó Isaac. Noté como se sonrojaba.
- Espero que la trates bien, ¿eh? Como me enteré de que le haces algo… - Hugo intentó ponerse serio, aunque no lo consiguió.
- No te preocupes, tío. La voy a tratar muy bien.
- A ver si es verdad. Mi hermana está muy ilusionada.
- Y yo, y yo. – los dos sonrieron. – Lo mismo digo con Carla, ¿eh?
- ¡Madre mía! – añadí yo al no saber ya que comentar al respecto. – Menudos cuñados más empalagosos. Trátala bien, no, trátala bien tú. Cada uno que se preocupe de su relación y ya está. Todo arreglado. – todos reímos.
Carla acababa de bajar. Hugo se despidió de nosotros, y los dos, cogidos de la mano, salieron de casa.
Nosotros fuimos a por nuestras respectivas mochilas y los cascos, y fuimos a sacar la moto.
En menos de cinco minutos ya estábamos en el instituto. Esperé a que Isaac aparcara la moto, y los dos juntos nos fuimos hacia la puerta. Allí ya estaban Nanni y Auro. Era algo extraño. Siempre solían llegar tarde.
Isaac, al ver a Auro, le dio un prolongado beso en los labios mientras Nanni y yo los mirábamos con cara de tontas. Nanni aún tenía al chico que le gustaba a su lado, pero, en cambio yo, no podía decir lo mismo.
Nos despedimos de Isaac y las tres juntas nos fuimos hacia la clase. En la puerta de ésta, apoyado en el marco, estaba Eric, esperando a Nanni. En cuanto la vio, no pudo evitar que apareciera en sus labios una sonrisa. Nanni se abalanzó, literalmente, sobre él mientras le besaba. Volví a mirarlos como si de una tonta se tratase. ¿Pero qué estaba pasando? Carla con novio, Auro con novio, Nanni con novio… ¿y yo qué? ¿Qué pasaba conmigo? ¿Acaso no me había portado bien en la vida para que el amor no me sonriera? No me sabía mal que mis amigas tuvieran novio, ni mucho menos, todo lo contrario, me alegraba por ellas. Estaban felices, y eso me sobraba. Quería verlas bien, y ahora mismo lo estaban. Así que no podía pedir nada más.
Lo que no me hacía mucha gracia es que siempre estuvieran con ellos. Era normal. Habían empezado a salir hacía muy poco. En el caso de una un par de días, en el caso de la otra, apenas veinticuatro horas. Pero no me gustaba tener que soportar como ellas se besaban con sus respectivos novios demostrando su amor, mientras yo me quedaba mirándolos sin saber cómo actuar.
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Escrito y publicado por Leire a las 17:32:00 8 me acuerdo de tí
martes, 5 de octubre de 2010
¿Por qué tengo que elegir yo?
Abrí la puerta y allí estaba Dani, radiante, como siempre. Con su pelo despeinado y su barbita de tres o cuatro días, pero siempre cuidada. Le di dos besos.
- Qué guapo te has puesto. – le dije después de haber cerrado la puerta de la casa.
- Claro, está es una ocasión especial, ¿qué te pensabas? – los dos reímos. Dani era así. Siempre con bromas.
- Oye, ¿y tú no me dices nada a mí o qué? – le dije mientras me cruzaba de brazos en señal de enfado, aunque realmente no lo estaba.
- ¿Para qué te voy a decir algo? Si todo lo que te pueda decir con palabras se queda corto. – me sonrojé, aunque no sabía exactamente por qué. Tan solo era un cumplido, y lo sabía, pero aún así, consiguió que me sonrojara.
- Que tonto eres. – le dije mientras le pegaba una pequeña palmada en el brazo.
Hablando de unas cosas y otras llegamos al centro comercial. Con Dani daba igual de lo que hablara, siempre conseguía sacarme una sonrisa. Me encontraba muy a gusto cuando estaba con él.
Llegamos a las salas del cine. Los dos, como tontos, nos quedamos mirando atentamente las películas que en ese momento se proyectaban en ese cine. Había dos de acción, tres de miedo, dos de risa y una de amor. Esperaba que Dani no quisiera ver ni las de acción ni las de miedo. No me gustaban para nada. Y si quería ver la de amor, era un mal presagio. Significaba que la salida no había sido entre dos amigos y que él pretendía algo más conmigo.
- Bueno, ¿qué te apetece ver? – me preguntó al ver que yo no decía nada.
- No sé… pero te rogaría que de miedo no, por favor.
- ¿Por qué? ¿Es que te dan miedo? - intentó imitar a un fantasma, pero que no causaba nada de miedo, más bien algo de risa. Y eso fue lo que hice.
- Pues como me tengan que causar el mismo miedo que tú… - los dos reímos. – No, enserio. De miedo no, que luego sueño cosas extrañas y no hay quién me calmé.
- Vale, de miedo descartada. Y, como conozco demasiado a las tías… - dejó caer. – Supongo que de tiros y coches volando y todo lo relacionado tampoco, ¿verdad?
- Acertaste. – o tenía súper poderes y me había leído la mente, o de verdad conocía a las chicas. Lo último casi me asustó más que lo primero.
- Vale, entonces nos queda la romanticona y las graciosas. Elige.
- ¿Por qué tengo que elegir yo?
- Porque si lo hubiera hecho yo, ya estaríamos dentro del cine viendo como unos tíos se pegan tiros unos a otros.
- Vale, vale, lo comprendo. No sé…a mi me apetece ver alguna de risa, ¿o qué?
- Uf. Menos mal. Tenía pánico de que pudieras elegir la romanticona, y en mitad de la película te me pusieras a llorar desconsoladamente.
- ¡Qué capullo eres! Yo no soy así.
- Uf. Menos mal, por segunda vez. – los dos reímos.
- Vale, pues vamos a entrar a una de las de risa. Pero vamos ya, que queda diez minutos para que empiecen.
Dani se acercó a la taquilla y compró dos entradas para una de las comedías que habíamos elegido. Me puse de morros cuando él no me quiso coger el dinero de la entrada. Decía que había sido él el que me había invitado a ir al cine, y, por tanto, le tocaba a él pagar. Era una buena excusa, pero no me convenció del todo.
Entramos a la sala y nos sentamos en los asientos que la chica de la taquilla nos había asignado.
- ¿Te apetece algo? – me preguntó cuando nos habíamos acomodado en los asientos.
- Ahora que lo dices…unas palomitas no estarían mal.
- Marchando una de palomitas. – Dani se levantó del asiento, pero le cogí del brazo y volvió a sentarse en su sitio. - ¿Qué ocurre? – me preguntó.
- Tú me has pagado la entrada, ahora me toca a mí pagar las palomitas.
- De eso nada, Leire. Te he invitado yo al cine, y cuando se invita al cine, se invita a todo lo relacionado con él, y las palomitas entran dentro del pack. Así que… lo siento. – se volvió a levantar, pero lo volví a coger impidiéndole que lo hiciera.
- No. Quiero pagar yo las palomitas, enserio Dani. Si no, no voy a querer salir más contigo si no me dejas pagar nada. Yo así no me siento a gusto.
- Está bien, de acuerdo. Tú ganas. Pero que sepas que es la primera y la última vez que pagas algo. – sonreí. Abrí mi bolso y saqué un billete de veinte euros que di a Dani. – Bueno, pues ahora mismo vuelvo. – se levantó, pero lo volví a sentar. - ¿Y qué pasa ahora? Como me vuelvas a hacer eso otra vez, no me levanto más y vas tú a por las palomitas. – los dos reímos.
- Era para decirte que me comprarás también una fanta de naranja.
- Hecho.
Se levantó, pero ahora no me opuse a ello. Habíamos tenido la típica pelea de novios. Pero no, no lo éramos. Tan solo éramos dos buenos amigos que habían quedado la tarde de un lunes para salir al cine. Nada más. Entonces… ¿por qué estaba intentando auto convencerme si lo tenía tan claro?
Cuando quise darme cuenta Dani ya estaba de vuelta. Traía una bandeja porque no podía con los dos paquetes de palomitas y las dos bebidas. Pobre. Dani era un buen chico.
Le cogí mi paquete de palomitas y mi fanta. Acto seguido me devolvió lo que había sobrado de dinero.
Empezó la película. Los dos nos acomodamos bien en los asientos dispuestos a ver el film. De vez en cuando soltábamos alguna que otra risotada a causa de alguna escena graciosa, pero por lo demás no pasó nada más. Dani no intentó en ningún momento cogerme la mano o cualquier otra cosa. Me sentí aliviada. ¿En serio? ¿O en verdad deseaba que él lo hiciera?
Había ido a la cita con una idea equivocada. Desde que Auro me había dicho que yo le gustaba a Dani, todo parecía haber tomado un camino diferente. Seguramente Auro se lo había inventado, y a causa de eso, yo me había hecho unas ideas equivocadas en mi cabeza. Dani tan solo quería ser mi amigo, y así lo estaba demostrando.
Al acabar la película, las luces de la sala se encendieron. No había cosa que me diera más rabia. No me gustaba nada cuando hacían eso, porque te habías acostumbrado a la oscuridad del cine.
Nos levantamos los dos del asiento casi a la vez y fuimos comentando la película hasta la salida del centro comercial.
- Leire, ¿te apetece que cenemos en algún lado?
- No es que no quiera, pero es que le he prometido a mi madre que estaría en casa a la hora de la cena. No le gusta nada que salga entre semana, y me ha dejado salir con esa condición. Lo siento Dani, porque la verdad es que si me apetece.
- No pasa nada. Otro día, ¿vale?
- Hecho.
Nos encaminamos hacia nuestras casas mientras seguíamos comentando escenas que nos habían hecho gracia de la película. Me acompañó hasta mi casa.
- Gracias por acompañarme.
- De nada, señorita. Pero son treinta euros. – dijo mientras estiraba la mano para que le diera el dinero.
- ¡Imbécil! – los dos reímos.
- No, no, no te rías que es verdad. – se puso serio. Yo hice lo mismo. - ¡Ay, tonta! Ven aquí. – me cogió de los hombros y me atrajo hacia él. Me dio un abrazo. Rodeé su cintura con mis brazos. Estaba fuerte, muy fuerte.
- Espero quedar contigo otro día. – le dije cuando ya nos habíamos separado. – Me lo he pasado muy bien esta tarde.
- Yo también. Pues cuando quieras, quedamos. Algún día que no tengas nada que hacer y te aburras, me llamas y vamos a algún sitio. ¿Te hace?
- Me hace. – los dos volvimos a reir.
- De acuerdo, entonces. Pues nada, es hora de irme. Ya nos veremos.
- Hasta luego, Dani. – le di un beso en la mejilla.
- Adiós.
Se dio media vuelta y se fue. Lo observé durante un par de segundos. Andaba de forma despreocupada con las dos manos en los bolsillos. Tenía buen porte.
Entré en casa, cerrando la puerta a mis espaldas. Mis hermanos ya se encontraban en la cocina poniendo la mesa. Subí en un momento a la habitación a dejar el bolso y bajé de nuevo.
Al sentarme en la mesa mi madre me preguntó qué tal me había pasado la tarde de cine.
- Muy bien, la verdad. La película ha estado muy graciosa.
- ¿Con quién has ido? – me preguntó Carla mientras se metía en la boca un trozo de pollo.
- Con Dani. – se atragantó.
- ¿Con Dani? ¿Y eso? – preguntó Isaac.
- ¿Cómo qué y eso? Dani es mi amigo. ¿A caso no puedo irme al cine con un amigo?
- Claro que sí. – contestó Carla. – Pero no sé… - mi madre ponía cara de no entender nada, aunque no se atrevió a meter baza en el asunto.
Terminamos de cenar en unos pocos minutos después. Me levanté de la mesa, ayudé a quitar todos los platos, y después de despedirme de los tres, me subí a mi habitación. No quería acostarme tarde, porque sino al día siguiente estaría rendida.
Me puse el pijama y me acosté. Pensé en Edgar, pero ese pensamiento fue reemplazado cuando apareció en mi mente la cita que había tenido con Dani. Me lo había pasado realmente bien con él. Esperaba que nos volviéramos a ver muy pronto. Le tenía cierto cariño, y eso que no nos conocíamos muy bien.
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Escrito y publicado por Leire a las 17:56:00 7 me acuerdo de tí
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Él no se va a enterar, mamá
En cuanto terminamos subí a mi habitación. No tenía ganas de hablar con nadie, tan solo de estar sola y pensar en mis cosas. Encendí el ordenador y casi sin darme cuenta me metí en el fotolog de Edgar. Había renovado su foto. Ahora resplandecía una foto de Fanny comiéndose un chupa-chups. En el pie de foto ponía que ella era lo mejor que le había pasado en la vida, y aunque habían tenido sus más y sus menos no pensaba dejarla nunca. Se me derrumbó el mundo. Lo que me faltaba.
Salí de la página y apagué el ordenador. No quería saber nada más de ese chico ni de su relación con ese personaje, porque Fanny era eso: un personaje. No se la podía llamar de otra manera.
Me tumbé en la cama. Me había quedado sin ganas de hacer nada. Miré la mochila que había dejado al lado del escritorio. Enseguida caí en que la profesora de matemáticas nos había mandado algunos problemas para hacer en casa. En ese momento un montón de recuerdos pasaron por mi cabeza. Como aquel día, algunos días después de que Edgar y Fanny se liaran en la gran fiesta, mi hermano me convenció para que Edgar pudiera venir a casa a que yo lo explicara los problemas de matemáticas. Y yo, tonta de mi, accedí, y como no. Ese día fue el día, el día en el que él se me declaró y me dijo que desde siempre se había fijado en mí. Y yo, como una tonta, de nuevo, me lo creí. ¡Ay! Pero ahora todo eso pertenecía al pasado, a un pasado que parecía muy, muy lejano.
De repente algo me sobresaltó. Reconocí esa melodía. Estaba sonando mi móvil. Me levanté corriendo de la cama, y rebusqué en la mochila, ya que el móvil aún se encontraba ahí. Empecé a sacar libros y libretas, pero el móvil no aparecía, hasta que por fin lo encontré, en el fondo. Cuanto antes quieres encontrar una cosa, parece que más escondida está.
No me dio tiempo a mirar quien era el llamante. Lo cogí inmediatamente.
- ¿Sí? – dije.
“Pi, pi, pi”. Habían colgado. Miré el número. No lo conocía. No me sonaba de nada. Enseguida me volvió a llamar. Dejé que sonara un par de veces y lo cogí.
- ¿Diga?
- ¿Leire? ¿Eres tú?
- Sí, claro que soy yo. ¿Quién eres?
- ¿No me reconoces la voz?
- Lo siento, pero no.
- Soy Dani, el primo de Auro.
- ¡Dani! – me senté en el borde de la cama. – ¿Cómo estás? Desde el sábado que no sé nada de ti.
- Sí, lo sé. Estoy muy bien, gracias. ¿Y tú? ¿Cómo te encuentras después de todo lo que pasó el sábado noche?
- Mejor, ya estoy algo mejor. – mentí. – Pero mejor no hablemos del tema. Por cierto… - dejé unos segundos de silencio. - ¿Quién te ha dado mi número?
- Mi prima, aunque me ha chantajeado.
- ¿Qué te ha dicho?
- Que si quería tu número le tendría que comprar todos los días que saliera el botellón.
- Y por lo que veo te ha convencido, ¿no?
- Sí, eso parece. – los dos reímos. – Bueno, te llamaba para decirte algo.
- Ya sabía yo que algo tramabas. – los dos reímos de nuevo.
- Era por si te apetecía que esta tarde nos fuéramos al cine o a tomar algo. – se me iluminó la cara.
- ¡Me parece estupendo! Me apetece salir contigo. – pensé en las palabras que acababa de decir. Esperaba que él no las hubiera malinterpretado.
- Entonces no hay nada más que hablar. ¿Te viene bien que te recoja a las seis?
- Hecho. Aquí te espero. Un beso Dani.
- Adiós.
Colgué. Me tiré para atrás en la cama. Dani me acababa de pedir ir al cine. Los dos. Solos. Miré el reloj. Eran las cuatro.
Me levanté de un brinco. Si me iba a ir al cine, iba a perder toda la tarde, por lo que tendría que hacer en ese momento los problemas de matemáticas. Así que me puse a hacerlos.
En un momento los tenía hechos. Mi hermano tenía razón. Era una máquina en las matemáticas. Da igual lo que me echaran, todo lo hacía bien y en un momento.
Me levanté del escritorio y abrí el armario. Tendría que cambiarme de ropa, no iba a ir con lo mismo que había llevado esa misma mañana. Pero… ¿qué me podía poner? ¿Unos pitillo? ¿Una falda? ¿Qué le gustaría más a Dani?
Me quedé paralizada. ¿De verdad me estaba preocupando qué ropa le podría gustar más a Dani? Empecé a preocuparme. Tan solo era Dani, un amigo, ¿o quizá era algo más? No, solo era un amigo, e iba a salir con él al cine, pero solo en plan amigos. Yo no quería nada más con él, pero entonces… ¿por qué me estaba preocupando tanto este tema si lo tenía tan claro?
Dejé de pensar y cogí lo primero que pillé del armario: unos pantalones cortos y una camiseta de manga corta. Así iba bien para la cita. ¿La cita? ¿Pero en qué diantres estaba pensado? No era una cita, simplemente eran dos amigos que se llevaban bien y que iban a quedar para ir al cine, punto y final.
Me cambié de ropa y me bajé al salón con mi madre. Estaba allí viendo la televisión, como todas las tardes. Siempre tenía algo que ver: o algún programa de cotilleo o sino una novela servía para pasar parte de la tarde descansando y sin hacer nada. Al ver que me había cambiado de ropa, no pudo disimular su extrañeza.
- ¿Te has cambiado de ropa, verdad?
- Si, mamá. Es que voy a salir.
- ¿Estamos a lunes y ya vas a salir? Ya sabes que no me gusta que salgáis entre semana.
- Solo voy al cine, mamá. A la hora de cenar voy a estar aquí, así que tranquila.
- ¿Y con quién vas? ¿Con tus amigas?
- No, mamá. No voy con Auro y Nanni. He quedado con Dani.
- ¿Dani? ¿Quién es Dani?
- Parece mentira que no le conozcas. Pues es el primo de Auro, y ha estado en casa muchas veces, mamá. Es amigo de Isaac.
- Dani, Dani… - mi madre se quedó un par de segundos en silencio, pensando si conocía a Dani. – Pues ahora mismo no caigo quién es ese chico.
- Va a venir ahora a recogerme, así que… - dejé la frase sin terminar.
- Pero… ¿y cómo es que vas a salir con él si es amigo de tu hermano?
- Pues porque también es mi amigo.
- ¿Y eso no le molestará a Edgar? - me quedé de piedra. ¿Cómo sabía mi madre eso?
- ¿Por qué le tiene que molestar a Edgar?
- No sé, cariño, como siempre ha sido el chico que te gustaba y últimamente estabais así, así pues… - ahora sí que me había quedado de piedra. Mi madre desde siempre había sabido que Edgar era el chico que me gustaba, pero no sabía de dónde se había sacado todo lo demás.
- No creo que Edgar se enteré. – el corazón se me aceleró. No me gustaba mentirle a mi madre, pero estaba claro que no le iba a contar toda la verdad. A mi madre no le gustó para nada esa contestación.
Llamaron al timbre. Me despedí de mi madre prometiéndole unas mil veces de que a la hora de la cena iba a estar en casa. Ella se quedó algo conforme, aunque no del todo.
Escrito y publicado por Leire a las 13:07:00 13 me acuerdo de tí
martes, 28 de septiembre de 2010
Ella es superior a mí
- Cuéntamelo todo, y ya. No quiero que te hagas de rogar.
- De acuerdo. Pues muy simple… ¡ESTAMOS SALIENDO – dijo casi chillando. Pegué un grito y la abracé.
- ¡No me lo puedo creer! Me alegro mucho por ti, Auro. Por fin mi hermano se ha decidido. ¡Ya era hora! – todas reímos.
- Si, por fin se ha decidido, y me ha pedido salir. Pensaba que nunca lo iba a hacer. Ahora si estoy feliz. – Auro sonrió felizmente. Nanni y yo hicimos lo mismo.
Salimos las tres de clase y fuimos hacia la puerta del instituto. Allí estaba mi hermano, solo. Se acercó Auro casi corriendo y le plantó un beso en los labios. Isaac se lo correspondió. Miré a todos lados. Por allí seguían sin aparecer Ben, Edgar, Fanny, Raquel y Jess. ¿Pero dónde narices se habían metido?
Noté como Nanni me daba un pequeño codazo en el brazo avisándome de algo. Volví a mirar a todos lados y allí estaban. Edgar y Fanny venían directos hacia donde estaba mi hermano. Iban cogidos de la mano. Ben, Raquel y Jess iban detrás de ellos.
- ¿Qué pasa, capullo? – le dijo Edgar a Isaac mientras se chocaban las manos en señal de saludo.
- Nada. Os he estado esperando todo el puto día, y no habéis aparecido. Ya os vale, cabrones. Me habíais dicho solo las primeras horas.
- Lo sé, lo sé. – Ben se incorporó a la conversación. – Pero al final nos hemos liado y…
- ¿Os habéis liado? – preguntó Isaac sin entender muy bien a que se estaba refiriendo su amigo.
- Si, coño, nos hemos puesto a jugar a los bolos, y ya hemos pasado toda la mañana en el centro comercial. – aclaró Ben.
- ¡Ah! Entonces esta tarde no os apetecerá una de bolos, ¿verdad?
- Hombre, pues la verdad… - empezó diciendo Edgar. Pero Fanny le interrumpió.
- Y menos si van ellas. – dijo mirándome de arriba abajo. No pude contenerme.
- ¿Pero a ti qué te pasa? Me tienes ya harta, y no puedo más. – le dije mientras me enfrentaba a ella. Estábamos las dos cara a cara.
- ¡Eh! ¿De qué vas? – Edgar se puso entre nosotras dos y me dio un pequeño empujón. - Déjala en paz.
- Ha empezado ella… - empecé diciendo, pero Edgar me volvió a dar otro pequeño empujón, y me apartó más de Fanny.
- ¡Eh, eh, eh! Ya vale, Edgar. – Isaac se metió en medio de nosotros dos. – No la vuelvas a tocar, ¿de acuerdo? – ambos se quedaron cara a cara. Edgar posó su mano en el hombro de mi hermano en señal de paz.
- Tranquilo, tío. Ha sido solo un pequeño empujón para que no se enzarzaran en una pelea.
- De acuerdo, pero no la vuelvas a tocar ni en broma. Ya aguanté bastante la otra noche, y no te dije nada, pero no lo voy a volver a tolerar. – le dijo mientras ponía su dedo índice en el pecho de Edgar.
- Vale, Isaac. – Edgar se acercó a darle un abrazo a mi hermano. Al principio Isaac se quedó un poco paralizado, pero luego le correspondió al abrazo.
Miré a mis amigas. Ellas no salían de su asombro. ¿Cómo podía haber sido capaz de pegarme un empujón a mí? A la chica que hasta hacía un par de días le gustaba. Y todo por defender a la que era ahora su novia.
Giré mi cabeza y miré a Fanny. Ella sonreía maliciosamente, disfrutando de cada momento, de cada minuto. Se deleitaba viendo como yo sufría por toda aquella escena que acababa de suceder. Ella estaba consiguiendo todo lo que quería, y estaba contenta. Solo le faltaba saltar de alegría. Pero no hacía falta que lo hiciera, porque sabía que estaba disfrutando.
Miré de nuevo a mis amigas, y les hice un gesto de cabeza. Ellas sabían perfectamente lo que significaba. Nos fuimos de allí sin decir nada más, y nos encaminamos hacia casa.
- ¡Que fuerte me parece! – dijo Nanni cuando ya estábamos demasiado lejos de ellos como para que nos pudieran escuchar.
- Ya te digo. Y Fanny como disfrutaba, ¿eh? – las dos giraron sus cabezas para mirarme. Yo permanecí en silencio. - ¿No piensas decir nada al respecto, L?
- ¿Yo? – pregunté. Estaba ausente.
- No, mi abuela. ¡Pues claro que tú! – dijo Auro mientras me miraba y me pegaba unos pequeños golpecitos en la espalda. – Leire, ¿no has visto lo que hecho Edgar?
- Pues claro que lo he visto, por eso estoy así. No me puedo creer que él haya actuado de esa manera. Pero bueno, en cierta manera lo entiendo.
- ¿Qué lo entiendes? – preguntó Nanni alzando la voz. – ¿Qué coño es lo que entiendes? Porque ahora la que no está entendiendo nada soy yo.
- Muy fácil. Entiendo que él defienda a la que es ahora su novia, aunque no hace falta que lo haga de esa manera.
- Leire, te voy a abrir los ojos, porque veo que aún los tiene bastante cerrados. – añadió Auro. – Si, vale que esté defendiendo a la que es su novia en estos momentos, pero es que hasta hace un par de días estaba loco por ti, y eso no puedes negármelo.
- Claro que no, porque eso es obvio. – dije. – Pero contra lo que hay ahora no puedo luchar. Ya estoy harta de luchar y no ganar la batalla. Ya no puedo más. Así que lo único que me toca ahora es resentirme e intentar olvidarle, y ya está.
- Vaya… - Nanni se quedó pensativa. – Pensaba que tú eras de otra manera.
- ¿Cómo que de otra manera? – pregunté.
- Si, de otra manera. Has estado luchando por Edgar durante todos estos años, y ahora te vas a dar por vencida.
- N, contra Fanny no puedo luchar. Ella es superior a mí.
- De eso nada, monada. Ella no es superior a ti, ni mucho menos. Ya le gustaría. Já. Simplemente ella ha ido por el camino más sencillo para conseguir a Edgar, y es la mentira. Pero él pronto se dará cuenta de cómo es ella y la volverá a dejar, como ya pasó en su tiempo.
- Pues eso, por ahora no puedo hacer nada. Tiempo al tiempo. – añadí. – Pero no voy a poder soportar situaciones como las que ha ocurrido hace un momento. No.
Había llegado a casa. Me despedí de mis amigas y entré. Carla e Isaac aún no habían llegado. Siempre era yo la primera en llegar.
Saludé a mi madre, y le ayudé a poner la mesa. Enseguida llegaron mis hermanos. Isaac tenía mala cara. Sabía que no le había gustado nada la reacción que Edgar había tenido cuando yo me había enfrentado a Fanny. Él se había tenido que meter en medio, y eso que Edgar era uno de sus mejores amigos.
Empezamos a comer. Nuestra madre nos preguntaba cosas del instituto, que yo, alegremente, contestaba para que no se diera cuenta de que en verdad estaba triste. No quería que mi madre se preocupara. No quería que padeciera por mí. No se lo merecía.
PD: El jueves día 30 no podré postear. Por ello, subiré mañana miércoles 29 la entrada del jueves (aunque sea huelga general :D) Gracias a todos por seguir leyéndome. SIEMPRE VUESTRA. LEIRE.
Escrito y publicado por Leire a las 17:48:00 5 me acuerdo de tí
jueves, 23 de septiembre de 2010
Nervios.
Entró la siguiente profesora en clase. Me fui a mi sitio y me senté. Ben, Edgar, Fanny y todas sus amigas (excepto Karen) seguían sin aparecer por clase. Y estaba segura de que no lo iban a hacer en lo que quedaba del día. “Mejor” pensé, “porque como me los encuentre hoy por el instituto, no voy a ser responsable de mis actos”.
Pronto llegó el recreo. Las tres salimos a sentarnos en nuestro banco, como siempre. Ya no íbamos a la cafetería, como últimamente hacíamos, aunque si no estaba Edgar, la verdad es que me daba igual ir.
Auro, que estaba de pie, no paraba de ir de un lado para otro, por delante de Nanni y de mí. Pronto recordé que Isaac le había dicho la tarde de antes en mi casa que quería hablar con ella de algo importante, y ella estaba muy nerviosa.
- Tranquilízate Auro. Estando nerviosa no vas a conseguir nada. – dijo Nanni.
- Lo sé, lo sé, pero es que no puedo tranquilizarme. Seguro que me quiere decir que no quiere saber nada de mí.
- No creo que te quiera decir eso. – dije. – Así que no te preocupes.
- Tú sabes algo. – me dijo Auro parándose en seco delante de mí. – Tú sabes algo y no me lo quieres contar.
- ¡No! Yo no sé nada de nada. – mentí. Si Isaac quería hablar con ella, debía ser él quien se lo contara, no yo.
- Mentirosa. Te lo veo en la mirada. ¡Me estás mintiendo!
- ¡Que no! De verdad que no te miento.
- ¿Quién está mintiendo a quién? – Isaac acababa de aparecer en escena y ninguna nos habíamos dado cuenta de que venía hacia nuestro banco.
- Nadie a nadie. – sonrió Auro mientras ponía cara de enamorada.
- Bueno… ¿te viene bien que hablemos ahora? – le preguntó Isaac.
- Si claro, cuando tú quieras.
- Vale. – él sonrió. – Pues os la robo un momento. Adiós chicas.
- Adiós Isaac. – contestamos Nanni y yo a la vez.
- Adiós chicas. – respondió Auro.
- ¿Tú qué crees que le va a decir? – me preguntó Nanni.
- No tengo ni idea, pero creo que va a ser algo bueno. Sé más o menos de que se trata, pero no lo sé a ciencia cierta.
- ¿Y de qué se trata?
- Prefiero no decírtelo, porque seguramente ella vendrá contenta y querrá contarlo, y que nosotras nos llevemos una sorpresa. Y si ya lo sabemos, se va a llevar una gran decepción.
- Cierto. ¿Pero es algo bueno, no?
- Espero que sí. – sonreí.
- ¿Quién soy? – me giré ya que la voz provenía de detrás de Nanni. Era Eric, y le había tapado los ojos a ella para que adivinara quién era, aunque estaba claro.
- Mmm… déjame pensar que no lo sé. – contestó ella. – Puede ser que sea… ¿mi novio?
- Qué bien suena eso salido de tu boca. – añadió él. Le destapó los ojos. Ella giró la cabeza y la besó dulcemente en los labios. Por un momento, los envidié. Por fin, después de mucho sufrir y esperar, estaban juntos. ¿Quién se lo iba a imaginar? Yo no. - ¿Me puedo quedar aquí con vosotras?
- Claro. – dijo Nanni sin pensar. – Bueno, si a Leire no le importa.
- ¿A mí? Claro que no. Siéntate Eric.
- Gracias, Leire. Oye… - empezó a decir. – siento si alguna vez te he tratado un poco mal o he sido un poco antipático contigo cuando estaba con tu hermana.
- No pasa nada, Eric. Todo olvidado. Novia nueva, vida nueva. – le sonreí.
- Gracias. Es un alivio, ¿sabes? – todos reímos.
- Lo sé.
El recreo pasó volando junto con Nanni y Eric. Él era muy simpático. Nunca había estado tan cerca de Eric, y menos había intercambiado algo más de cuatro palabras con él. Nanni parecía encantada con él, y viceversa. Y eso era lo único que yo necesitaba para estar feliz y alegrarme por ellos. Si mis amigos eran felices, yo también lo era aunque el amor no me estuviera sonriendo en estos momentos.
Edgar me vino de nuevo a la cabeza. ¿No pensaba venir a clase en todo el día? Puf. En menudo se estaba convirtiendo. Si él de por sí ya era un poco rebelde, ahora, junto con Fanny, nadie podría pararlo. Iba a ir de mal en peor. Lo malo es que iba a arrastrar a otras personas que no tenían nada de culpa, como Ben, aunque él ya era bastante mayorcito y podía decidir por él mismo.
Regresamos a la clase. Edgar, Ben, Fanny, Raquel y Jess no estaban en ella. Seguían sin venir a clase. Y yo estaba de los nervios a causa de ello. Quería que Edgar apareciera para dejarle las cosas bien claras, al igual que Fanny. Aunque la principal razón por la que quería ver a Edgar no era esa, y yo lo sabía. Él me seguía gustando, aunque hubieran cambiado las circunstancias, y necesitaba verlo: ver esa mirada que hacía estremecerme. Pasara lo que pasase, yo siempre seguiría sintiendo algo especial por él, porque él para mí era especial.
No me gustaba nada la nueva situación. De un día para otro, Edgar me dejaba en ridículo delante de todo el mundo chillándome e insultándome. Eso no tenía perdón. No podía tratarme así, ni a mí ni a nadie, porque él no era más que nadie para hablar de esa manera y hacerlo pasar mal a otras personas. No tenía derecho.
El resto de horas se me pasaron algo lentas. No podía concentrarme en nada: todos los problemas de mates me salían mal, en el análisis morfológico de las oraciones no paraba de equivocarme en cosas tontas…
El timbre puso fin a las clases de ese lunes. Me levanté de la silla, y después de recoger las cosas y de despedirme de Cynthia, me fui hacia donde estaba Auro y Nanni. Quería que Auro me contara lo que le había dicho mi hermano, ya que no habíamos podido hablar después del recreo porque ella había llegado justa a clase.
Escrito y publicado por Leire a las 18:28:00 11 me acuerdo de tí
martes, 21 de septiembre de 2010
Palabras que atraviesan corazones.
Me senté con Cynthia. Me saludó a la vez que me daba un par de besos. La noche del sábado ella había estado hablando durante largo rato con Ben en la barra, y luego puede ver como los dos salían del pub, y ya no los volví a ver en toda la noche. Tenía la sensación de que habían tenido algo más que palabras. No me lo pensé dos veces, y me dispuse a preguntárselo.
- Oye, Cynthia… ¿qué tal con Ben?
- ¿Por qué? ¿Pasa algo? – preguntó enseguida.
- No, no pasa nada. Solo quería saber que qué tal lleváis… ¿vuestra relación?
- ¿Relación? – preguntó extrañada.
- Sí, porque tenéis algo, ¿no?
- ¿Ben y yo? ¡Qué va! Solo nos liamos en la fiesta de Edgar y nada más.
- Pero os vi el sábado muy juntitos.
- Sí, pero no hubo nada. Simplemente estuvimos hablando de cosas, pero nada más. Primero, antes de empezar con él algo serio, porque la verdad es que me gusta bastante, quiero conocerlo algo más. No quiero lanzarme a la piscina, y luego encontrarme con que no tengo flotador, ¿me entiendes?
- Perfectamente. – sonreí.
En ese instante, entró el profesor en clase, y tan solo unos segundos después, Nanni y Auro aparecieron por la puerta de la clase, sudando y jadeando. Se sentaron sin decir una palabra, ya que el profesor las miraba con cara de enfado. No le gustaba que después de él entrara nadie más. Tenía que ser el último.
El profesor echó un vistazo rápido a la clase percatándose de que faltaban algunas personas.
- ¿Qué pasa? ¿Qué los lunes no os gustan? – todos nos miramos sin saber a qué se podía estar refiriendo. – Si mi vista no me falla, falta el señorito Edgar y el señorito Ben, y también la señorita Estefanía, Jessica y Raquel, ¿no? ¿Alguien sabe dónde pueden estar? – nos volvimos a mirar todos, pero no hubo respuesta. – De acuerdo. Empecemos con la clase.
- ¿Dónde se habrá metido el estúpido de Ben? – oí que preguntaba Cynthia al aire. Pero no obtuvo respuesta. – Siempre metiéndose en líos por Edgar.
Cynthia tenía toda la razón. Ben y Edgar eran muy buenos amigos, pero siempre (o casi siempre) se hacía lo que Edgar decía. Era muy dominante.
Cogí mi libreta, y arrancando una hoja, escribí algo en ella. Dirigida para Nanni y Auro.
“¿Dónde narices estabais? Os estaba echando ya de menos. ¿Y por qué habéis venido tan cansadas? ¿Veníais corriendo o qué? PD: os sigo queriendo igual”
Cuando el profesor se dio la vuelta para escribir algo en la pizarra, llamé a Nanni sin que se diera cuenta el profesor, y le pasé la nota. Ella puso cara de extrañada, pero no dijo nada y se apresuró a abrir el trozo de papel que le acababa de pasar.
Auro, al percatarse de que Nanni había recibido una nota, se acercó también a leerla. Pronto tuve una respuesta. Pero ellas no me dieron la nota en la mano, sino que directamente hicieron una bola con el trazo de papel y me lo tiraron a la cabeza. Al darme, me quejé. El profesor se giró, pero disimulé. No se dio cuenta de nada.
Abrí rápidamente la nota. Había seis o siete frases escritas en bolígrafo rosa. “¿Cómo no? El color favorito de Nanni” pensé. Ponía:
“Calla, calla, y calla. Llegábamos tarde (como siempre) pero en la puerta nos hemos encontrado con Fanny y Edgar abrazados. Al pasar, he puesto cara de asco, y Fanny me ha dicho algo, y como no lo he entendido, me he acercado y le he dado un guantazo. Total, que Edgar se ha abalanzado sobre mí, y ha aparecido Ben y lo ha separado de mí. Y detrás Fanny riéndose. Lo está trastornando, Leire. “
No daba crédito a lo que estaba leyendo. ¿Qué Edgar había ido a pegarle a mi amiga porque le había dado una torta a Fanny? ¿Pero quién se pensaba que era él? No tenía derecho a pegar a una chica, y menos a mi amiga. Ahora si había despertado a Leire. Pero a la Leire mala. Que se metiera conmigo lo podía soportar, pero que intentara pegar a una de mis mejores amigas, no lo podía soportar. Había estallado la guerra contra Edgar y Fanny. ¿Y no dicen que en la guerra vale todo, igual que en el amor? Pues se iban a enterar.
No le respondí a la nota. No podía. Me temblaban las manos. Estaba furiosa. Necesitaba salir fuera de clase. Necesitaba evadirme de lo que en ese momento estaba rodeada. Noté como las piernas empezaban también a temblarme. No podía controlarlas. Cynthia se dio cuenta y me preguntó si estaba bien. Con un hilo de voz lo contesté que sí, y ella se lo creyó completamente.
En cuanto acabó la clase y el profesor desapareció por la puerta, me levanté de la silla casi de un salto y fui hacia donde estaban Nanni y Auro.
- Cuéntamelo todo, de pies a cabeza, sin dejarte ni un detalle, aunque sea el más mínimo. – le dije apoyando las manos en la mesa.
- Ya te lo he contado. Más o menos es lo que te he puesto en la nota. – dijo Nanni. Auro asintió. – Llegábamos corriendo, como siempre, porque llegábamos tarde, y en la puerta estaban Edgar y Fanny demostrando su amor. Cuando he pasado por su lado, le he puesto cara de asco, como es normal, porque es lo que me dan: asco. Y Fanny no sé qué narices me ha dicho, pero seguro que guapa no ha sido.
- ¿Y qué has hecho? – le pregunté.
- Pues eso. Me he acercado y le he dicho: “¿Qué es lo que me has dicho?” y ella: “¿Yo? Nada”. Y como sabía que me estaba mintiendo, le he arreado un guantazo con la mano abierta en toda la cara. ¡No me he podido resistir!
- Bien hecho. – dijo Auro pegando un pequeño puñetazo en la mesa.
- Y entonces, es cuando Edgar se ha abalanzado sobre mí como un loco, y balanceándome de un lado al otro, me ha dicho que no volviera a acercarme a Fanny nunca más. Que como él me viera me iba a enterar.
- Yo he intentado separarlo, pero de un empujón me ha separado de él y me ha tirado al suelo. – añadió Auro.
- Y ahí es cuando ha venido Ben, y cogiendo a Edgar, lo ha separado de mí. Si no llega a ser por Ben, yo creo que Edgar me hubiera pegado.
- ¿Estás segura, N? – le pregunté.
- Sin dudarlo, L. Edgar, desde que pasó lo del sábado, está cambiando. Y todo por Fanny. Lo está haciendo violento.
- Pues yo le voy a bajar esos humos que tiene tan subiditos, tanto el uno como el otro. – dije. – Porque a mis amigas él no les pone ni una mano encima. ¿Pero quién se ha pensado que es?
- Tranquila Leire. Yo creo que es mejor que no te metas es este lio. Es una cosa que ha pasado, y ya está. Vamos a dejarla correr, porque si no va a ser peor, y se va a liar más.
- Me da igual que se lie más. Él no se puede salir con la suya.
- Pero es que yo le he pegado una torta a la que es ahora su novia. – dijo Nanni. Esas palabras me atravesaron el corazón como si de un puñal se tratase.
- ¿Crees que están saliendo?
- Esta mañana me los he encontrado abrazados y hablando muy cerca él uno del otro, así que me atrevería a decir que sí, son novios. – otro puñal me atravesó el corazón.
Escrito y publicado por Leire a las 17:40:00 9 me acuerdo de tí
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Lunes, otra vez, y encima tengo que verle
Ya era la hora de levantarse. ¡Qué rápida se me había pasado la noche! Parecía como si me acabara de acostar. Pero no. El despertador ya había sonado, y yo tenía que levantarme.
Me arreglé rápidamente, y bajé a desayunar. Estaba de buen humor, pero cuando vi a Isaac y Carla conversando en la cocina sobre lo que había pasado entre Edgar y yo el sábado por la noche, todo pareció cambiar. Mi buen humor desapareció por completo, como por arte de magia. Y un sentido de culpa y de pena me invadió el cuerpo en menos de unos segundos.
Con la cabeza gacha, y sin hacer ningún comentario, me senté con ellos en la mesa de la cocina.
- Buenos días enana, ¿qué tal has dormido? – me preguntó Isaac. Ya tenía mejor cara, y también mejor humor.
- Bien, aunque creo que me ha faltado noche. Quizá unas dos o tres horas más.
- ¡Pero si has dormido un montón! – comentó él.
- No. La que ha dormido un montón ha sido Carla, que se acostó por la tarde, y se acaba de levantar. – añadí.
- Es que estaba muy cansada. – contestó la aludida. – Pero a las cuatro de la mañana me tuve que levantar a comer algo, porque estaba hambrienta. La barriga no paraba de rugirme.
- ¿Y qué comiste?
- Lo que encontré por la nevera. Había unos pocos espaguetis que habían sobrado por la mañana. Los calenté y me los comí.
- ¡Menuda zampona estás echa! – dijo Isaac mientras se bebía de un trago lo que le quedaba de zumo en su vaso.
- Anda que tú… siempre estás comiendo. Y mejor dicho, quitándole la comida a los demás. – contestó Carla.
- Eso es verdad. – añadí. – A mí siempre me estás quitando los vasos de zumo de las mañanas.
- ¡Eso es mentira! Porque luego voy y te lleno otro para que te lo tomes.
- Eso también es verdad. Ahí me has pillado. – comenté.
- Anda, toma…bebe algo. – Isaac se levantó, cogió un vaso limpio y me lo llenó de zumo.
- Gracias.
- Tanta amabilidad… - empezó diciendo Carla. – me da asco.
- Cállate pesada. – se acercó Isaac a ella y le revolvió el pelo. – Siempre quejándote por todo.
- No vuelvas a hacer eso en tu vida. Con lo que me cuesta peinármelo todos los días…
- Ya ha vuelto la antigua Carla. – dije. – Ya la echaba de menos. Ya decía yo que no era normal que Carla me dejara bolsos y ese tipo de cosas.
- Carla puede ser simpática cuando ella quiere, pero también puede ser mala y borde. – dijo la mayor de los hermanos. Se levantó de su silla y se fue subiendo las escaleras con paso decidido.
- Esta chica está más tonta… nunca aprenderá. Está en la edad del pavo. – dijo Isaac.
- Pues como tú y como yo.
- De eso nada, yo no estoy en la edad del pavo.
- No, que va. Apenas. – me bebí lo que me quedaba en el vaso, me levanté de la silla y subí a mi habitación a por la mochila, dejando a Isaac solo en la cocina.
Bajé enseguida y esperé a mis hermanos en el recibidor de la casa. Enseguida estábamos todos allí dispuestos a irnos al instituto.
Salimos de casa, y con paso ligero, nos dirigimos hacia el instituto. Cuando llegamos cerca del parque, Carla dijo que se quedaba allí. Había quedado con Hugo para verse antes de irse cada uno a sus respectivos institutos. Al parecer, lo de Carla y lo de Hugo iba muy enserio. Me alegraba por ellos.
Isaac y yo nos dirigimos solos hacia el instituto. En la puerta, como casi siempre estaban Edgar y Ben esperando a mi hermano. Cuando vi a Edgar, el corazón me dio un vuelco. No estaba preparada para verlo de nuevo después de todo lo que había pasado el sábado por la noche.
Me acerqué hacia ellos. Le dirigí una de mis mejores sonrisas a Ben, que me correspondió con lo mismo. Pero a Edgar ni le miré. De hecho, él tampoco lo hizo. Podía ver en su mirada odio hacia mí. No podía entenderlo. Isaac me cogió, me dio un beso en la mejilla, y entré en el instituto sin decir nada más.
Por el pasillo iba pensando en lo que acababa de ocurrir. Había sido una situación muy incómoda, y no quería que volviera a ocurrir. Tampoco quería ver de nuevo a Fanny, aunque sabía que eso no iba a pasar. Tendría que ver a ambos todos los días, y aguantar que estuvieran juntos.
En la puerta de la clase estaba Karen, sola, sin nadie más a su alrededor. Me extrañó que no estuviera con Fanny ni con Raquel y Jess. Me acerqué a ella. Me miró directamente a los ojos, y sin decirme nada más, me abrazó. No sabía cómo reaccionar, pero le correspondí el abrazo. Me resultaba algo extraño, ya que con Karen no había tenido ningún tipo de relación. Tan solo había hablado la noche del sábado. De hecho, fue ella la que me advirtió de que Fanny le iba a contar a Edgar que había tenido algo más que palabras con Eloy.
- Lo siento mucho, Leire. De verdad. No sabía que Fanny podía llegar tan lejos.
- No te preocupes, Karen. Estoy bien. De todas formas, muchas gracias por avisarme la otra noche.
- Sí, pero no sirvió de mucho. Ella consiguió lo que quería: hacerte daño y estar con Edgar. No puedes consentirlo.
- ¿Y qué quieres que haga? Yo no soy como ella. Ni quiero serlo.
- Si quieres, yo puedo ayudarte. Planearemos algo, y Edgar volverá a ser tuyo.
- Lo siento Karen, pero yo no quiero entrar en su juego. Yo no sé ser así.
- Ya, ya lo sé. Bueno, yo solo quiero ayudarte, y decirte que aquí me tienes para lo que quieras, ¿de acuerdo?
- Gracias Karen. Sé que para ti esto es un sacrificio, porque te estás jugando muchas cosas.
- Sí, pero ya no me importa. No me gusta el rollo que lleva Fanny. Y cuanto antes me aleje de ella, mejor.
- Sí, va a ser lo mejor. – dije mientras le tocaba un hombro. – Tú no eres como ella. Tú eres buena chica. – Karen asintió mientras aparecía en su rostro una pequeña sonrisa. – Por cierto, ¿dónde está?
- ¿Quién? – preguntó sin saber a quién me refería.
- Fanny, ¿quién si no?
- Se ha ido con Jess y Raquel al parque de enfrente del instituto. Se iban a pelar las primeras clases. Pero yo prefiero venir. Soy buena estudiante, y no quiero que mis notas empeoren.
- Lo entiendo. Bueno… ¿entramos en clase?
- Claro. – sonrió.
Entramos las dos juntas a clase. Mis amigas aún no habían llegado. Era algo extraño, ya que estaba a punto de empezar la clase y todavía no habían aparecido.
Escrito y publicado por Leire a las 18:12:00 16 me acuerdo de tí














