En unos cinco minutos ya estaba en el parque. Miré por todos lados, pero no vi ni a Nanni ni a Auro. Me senté en un banco para esperarlas. Y no tardaron mucho en aparecer. Las dos juntas. Riéndose mientras comentaban algo gracioso. Esas eran mis amigas. Despreocupadas. Alegres. Divertidas.
- L. – dijo Nanni mientras me daba un beso en la mejilla. Auro repitió el mismo gesto. - ¿Llevas mucho rato esperando?
- No, un par de minutos quizá. Bueno, ¿qué hacemos?
- ¿Nos vamos de compras? – propuso Auro.
- Yo paso. – cortó Nanni. – No tengo demasiado dinero. Y me lo estoy ahorrando para el sábado. Además, seguro que si vamos me tengo que comprar algo y no quiero.
- Vale. De compras descartado. –Auro se quedó pensando mirando al cielo. - ¿Y si vamos a algún sitio a tomarnos un helado o una coca-cola? Hoy hace mucho calor, y me apetece algo fresco.
- Yo conozco un bar por aquí cerca que es bastante barato y va mucha gente joven. – añadí.
- Pues… ¿a qué estamos esperando?
Nos encaminamos hacia el Tomato. Estaba segura de que les iba a encantar.
Al entrar saludé a Robert con la mano. Él me guiñó un ojo. Vi una mesa vacía al fondo. La misma en la que me senté con Cynthia el día anterior. Fuimos hacia allí y nos sentamos cómodamente.
- ¿Qué queréis para beber, chicas? – Robert ya estaba allí dispuesto a tomarnos nota.
- ¿Tenéis helados? – preguntó Auro.
- Claro, aquí tenemos de todo.
- Entonces ponme un cono de chocolate.
- A mí una fanta de naranja. – contestó Nanni.
- Y yo quiero una coca-cola light, por favor.
- Marchando un cono de chocolate, una fanta de naranja y una coca-cola light. – dijo Robert gritando mientras se marchaba de la mesa en dirección a la barra, al igual que había hecho el día anterior.
- ¿De qué conoces tú este bar? – preguntó Auro.
- Vine ayer con Cynthia aquí, y la verdad es que me gustó bastante. Y estamos rodeadas de gente de nuestra edad.
- Si, es verdad. – añadió Nanni.
- Aquí tenéis chicas. Si queréis algo más, no dudéis en llamarme.
- Vale, Robert. – le contesté. Él asintió con la cabeza y se fue.
- Ese tal Robert está muy bien, ¿eh? – dijo Nanni.
- Demasiado. – añadió Auro.
- Sí, pero es más mayor que nosotras. Además, vosotras tenéis novio… ¿de qué estáis hablando?
- Oye, que porque tengamos novio no quiere decir que nos quedemos ciegas, ¿eh? Si un chico es guapo, lo voy a decir igual teniendo novio o no. – Nanni asintió en señal de que estaba de acuerdo con lo que acababa de decir Auro.
Nos tomamos cada una lo que habíamos pedido, y nos quedamos un rato allí hablando. Miré varias veces hacia la mesa donde el día anterior estaba sentado Mark, pero al parecer, ese día no estaba. “Que pena” pensé. Me apetecía ver a ese chico. Me había caído bien. Era simpático y agradable. Y me había tratado perfectamente desde que me conoció.
- Menuda pandilla de chicos acaba de entrar por la puerta ahora mismo. – comentó Nanni.
- A ver. – me giré. Ahí estaba. Mark acababa de aparecer en el Tomato junto con sus amigos. – Está Mark.
- ¿Mark? ¿Quién es Mark? – preguntó Nanni. - ¿Qué me he perdido?
- Conocí a Mark ayer en el instituto y por la tarde me lo encontré aquí y estuve hablando con él un rato.
- ¿Pero cuál de todos es Mark?
- El que se acaba de sentar ahora mismo en la silla. El moreno alto con ojos marrones claros. Pero no miréis tan descaradamente, que se va a dar cuenta de que estamos hablando de él.
- Es muy guapo. Pero muy, muy guapo. – comentó Auro.
- Ya lo sé. – dije sonrojándome.
- ¿Es que te gusta?
- ¡No! ¡Claro que no! – intenté aclarar. – Pero está claro que él chico está de buen ver.
- No te lo discuto. – dijo Nanni.
- Si, y cuanto más se acerca, más guapo es. – dijo Auro.
Me empecé a poner nerviosa. Me giré y, en efecto, Mark venía hacia mi mesa. Al parecer, me había visto, o había visto a mis amigas mirándole sin disimular.
- Hola Leire. – dijo Mark nada más llegar. – Segundo día que te encuentro aquí.
- Sí. Me gusta este sitio. – sonreí. – Por cierto, estas son Nanni y Auro. – dije mientras las señalaba.
- Encantado. Yo soy Mark. ¿Sois del instituto también?
- Sí, vamos a la misma clase que Leire. – comentó Auro.
- Ya decía yo que me sonaban vuestras caras. – todos reímos sonoramente.
- Por cierto Mark, este sábado habíamos pensado ir todos los que nos juntamos al parque a hacer botellón y después a un pub que nos gusta bastante. ¿Te quieres apuntar? – le pregunté.
- Vale, me gusta la idea. ¿Se pueden venir también mis amigos?
- Por supuesto. Tus amigos también tienen que venir.
- De acuerdo. El sábado allí estaremos. Bueno, me voy con ellos que ya están pidiendo, y seguro que no piden por mí. Hasta luego.
- Adiós Mark. – le despedí con la mano. Él se fue.
- Vaya, no te has andado con rodeos, ¿eh? – Nanni me dio un pequeño codazo en el brazo. – Siento decirte, querida Leire, que ese chico te gusta. Y si no te gusta, al menos te pone.
- ¡Nanni! ¿Pero qué estás diciendo? Ya te lo he dicho antes. Ese chico me cae bien, y ya está. Siempre que estoy bien con un chico, pensáis que me gusta, y no es así.
- Claro que no. Pero digas, lo que digas, a ti Mark te gusta.
- Entonces… ¿también me gusta Dani, no? Porque mañana he quedado con él para venir aquí a hablar un rato.
- Sí, Dani también te gusta un poco. – dijo Auro.
- Claro, y a mí me gustan todos. Estáis muy equivocadas, chicas.
Nos quedamos mirándonos. No me gustaba nada lo que acababan de decir. Yo ya era bastante mayorcita para saber que chico me gustaba y quién no. Y Mark no me gustaba. Y Dani… Dani ya era diferente. No sabía exactamente si me gustaba o no, pero algo sentía por él. Debía aclarar esos sentimientos hacia él.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Y cuanto más se acerca, más guapo es.
Escrito y publicado por Leire a las 15:12:00 0 me acuerdo de tí
lunes, 8 de noviembre de 2010
Lo siento.
Hola a tod@s!
Siento deciros que esta semana la tengo toda llena de exámenes y de trabajos, y no voy a poder postear.
Pero no os preocupeis, porque el sábado y el domingo subiré los dos capítulos correspondientes al martes y jueves de esta semana.
Espero que me perdoneis.
SIEMPRE VUESTRA. LEIRE.
Escrito y publicado por Leire a las 19:01:00 5 me acuerdo de tí
jueves, 4 de noviembre de 2010
¡Bah! Paso de ti.
El capítulo de hoy es más largo de lo habitual por una cosa: Mañana día 5 de Noviembre es el cumpleaños de Maria Jose Sabogal (más conocida como Majo). Cumple 14 años.¡MUCHAS FELICIDADES MAJO! Pensarás: ¿De quién ha sido esta idea? Muy sencillo: dale las gracias a tu amiga Male. Fue ella la que contactó conmigo por Twitter y me dijo que te diera esta pequeña sorpresa. Espero que te haya gustado. Un beso muy fuerte y disfruta de tu día :)
Ahora os dejo con el capítulo de hoy:
Me quedé pensando. ¿Cynthia tenía razón y aún me importaba que Edgar se enterara de que estaba saliendo con otros chicos? ¡Y qué más daba! Él estaba saliendo con Fanny. Además, después de todo lo que me había dicho no quería saber nada más de él.
- Chicos. – Empezó diciendo Dafne. - ¿Este sábado vamos a hacer algo?
- Claro, como todos los sábados. – añadió Edgar. – Irnos al parque a hacer botellón, ¿no? ¿O tenéis en mente hacer algo distinto? Porque la verdad es que estaría bastante bien. – por una vez, estaba de acuerdo con él.
- Joder, yo no sé que os ha dado ahora con hacer cosas diferentes. – Cynthia metió baza. – Siempre hemos estado haciendo lo mismo, y nadie se ha quejado, y ahora…
- Que yo sepa, nadie ha dicho nada más. – dijo Ben.
- Claro que no. – Cynthia me miró, pero yo no dije nada. – Bueno, pues si queréis hacer algo diferente, por lo menos proponer algo.
- Yo por mí, nos iríamos al parque a hacer botellón y después al Diamonds. – dijo Auro. – Ese pub no está nada mal. Y nos dejan entrar, que es lo importante.
- Yo voto por esa idea. – comentó Isaac.
- Claro, como lo ha dicho tu novia pues… - dijo Edgar con rin tintín.
- Pues sí, ¿y qué? ¿Tienes algún problema? - apuntó Isaac.
- Venga chicos, tengamos la fiesta en paz. – interrumpió Dafne. – A mí también me parece una buena idea.
- Decidido. – indicó Nanni. – El sábado al parque y después al Diamonds. Ya no hay nada más que hablar.
- Ya se lo diré a Hugo, y también a Dani. – añadió Carla. – Y tú Dafne díselo a Eloy, para que lo sepa.
- De acuerdo. – asintió Dafne.
- Y yo se lo diré a Fanny y a sus amigas. – todos nos giramos hacia Edgar. A ninguno de nosotros nos caía bien Fanny.
- ¿Fanny? – dije con cara de asco. - ¿Vas a invitar a Fanny?
- Por supuesto. Es mi novia. ¿Qué te has creído, niñata?
- ¡Eh! Perdona. – dije levantándome de la silla. – Que yo en ningún momento te he insultado, ¿vale?
- Yo tampoco te he insultado, solo he dicho la verdad. – sonrió maliciosamente.
- Vete a la mierda. – me senté enfurecida. No tenía sentido seguir discutiendo con él.
- ¡Bah! Paso de ti. Me piro, tíos.
Después de decir esas palabras, Edgar se levantó de su silla, y se fue directamente a la mesa donde estaba Fanny y sus amigas, y se sentó al lado suya después de darle un beso bastante largo en la boca.
- ¿Aún estáis así? – preguntó Dafne.
- Claro que aún estamos así. – aclaré. – Después de todo lo que me dijo el sábado pasado, como para estar de buenas con él.
- Yo no sé lo que le pasa. – comentó Ben. – Desde que está con Fanny, ha cambiado bastante, y para mal. Nada le parece bien, y pega unas contestaciones que antes no las decía ni en broma.
- Ya. Es que él es así de especial. – añadió Carla.
Ninguno comentó nada más respecto al tema de Edgar. Giré mi cabeza hacia atrás, y allí estaba él sonriendo y hablando tranquilamente con Fanny y todas sus secuaces. La rabia y la ira me comían por dentro. Me daban ganas de levantarme y darle una buena bofetada con la mano abierta en toda su bonita cara.
Pero de repente, vino a mí un recuerdo muy hermoso: nuestro primer beso. Lo recordaba perfectamente. Había sido en mi casa, en mi habitación. Fue aquel día en que invitamos a todos a casa para ver una película. Él quería salir conmigo, y me dio un beso para ver si me decidía. Había sido tan bonito, y tan especial…y sobretodo lleno de sentimientos.
Volví en si. Todos se habían levantado de sus sillas. Al parecer acababa de tocar el timbre y todos se dirigían hacia las clases. Nos despedimos y cada uno se fue hacia su destino.
Al salir de las clases, les pregunté a mis amigas si les apetecía hacer algo por la tarde, siempre que no quedaran con sus respectivos novios, claro.
- No, yo no he quedado con Eric. ¿Y tú Auro? – la aludida negó con la cabeza. – ¡Esta tarde estamos libres! – dijo Nanni levantando las manos en señal de jubilo.
- Vosotras elegís. ¿Qué queréis hacer? A mí me da lo mismo, con tal de estar un rato con vosotras y de hablar de cualquier cosa…
- No sé… ¿quedamos en el parque a las seis y allí ya decidimos qué hacer? – propuso Auro.
- Vale. Allí os veo. – dijo Nanni. –Yo me voy con Eric, que me está esperando en el coche. Hasta luego, L. Adiós, A.
- Hasta luego. – contestamos Auro y yo al unísono.
Vimos como Nanni salía apresuradamente de clase. Auro y yo, algo más tranquilas, nos dirigimos hacia el exterior del instituto. Fuera, ya estaba Isaac esperándonos. Bueno, más bien esperándola. Se dieron un prolongado beso, mientras yo disimulaba y miraba hacia otro lado, aunque ellos no se sentían intimidados aunque miles de personas los miraran fijamente.
Llegamos a casa un poco más tarde de lo normal, porque Isaac se había empeñado en acompañar a Auro hasta su casa, aunque ella le había repetido millones de veces que no hacía falta, que se sabía perfectamente el camino. Pero Isaac insistió tanto, que ella, al final, tuvo que aceptar sin protestar.
Comimos espaguetis. Me encantaba como los hacía mi madre. Siempre había intentado que me salieran como a ella, pero nunca lo había conseguido, y creo que nunca lo iba a conseguir.
Sobre las cinco y media de la tarde, alguien llamó a la puerta principal de la casa. Yo, que estaba en el salón viendo la tele, me tuve que levantar a abrir. Y en la puerta me encontré a Hugo.
- Hola Hugo. – dije invitándole a pasar. - ¿Cómo estás?
- Muy bien, pero esa pregunta tendría que hacértela yo. ¿Cómo estás después de lo del sábado?
- Mucho mejor, casi ni me acuerdo. –mentí. Quería cambiar rápido de conversación.
- Me alegro. ¿Está tu hermana?
- Si, claro. Está arriba. Sube.
- Vale. Gracias.
Me sonrió y vi como Hugo subía las escaleras directo al cuarto de mi hermana. Carla y él quedaban todas las tardes. A veces en casa de él, otras veces en mi casa, y otras, salían fuera a dar un paseo por el barrio o se iban al centro comercial. Y al parecer, hoy tocaba que él viniera a casa.
Subí las escaleras y me fui a la habitación, en busca de mis llaves y de mi móvil. Ya casi eran las seis de la tarde y no quería llegar tarde a la cita con mis amigas.
Bajé las escaleras casi de dos en dos, me despedí de mi madre que estaba en la cocina intentando hacer un pastel que estaba leyendo en un libro de cocina, y me fui.
Escrito y publicado por Leire a las 17:40:00 5 me acuerdo de tí
martes, 2 de noviembre de 2010
¿Seguro? Porque yo creo que no.
Pronto llegó Auro junto con Isaac. Se despidieron con un beso en los labios, al igual que Nanni y Eric, e Isaac entró dentro del instituto después de darme un beso en la mejilla.
No tuve que decirle nada a Auro. Tan solo nos miramos y lo supimos todo. Nos abrazamos.
- Ahora que ya estamos bien… - empezó diciendo Nanni. – Espero que esto no vuelva a pasar. Porque esto que nos ha pasado ha sido una tontería, y de las grandes.
- Qué razón tienes. – añadí. – Lo siento mucho, chicas. No volveré a comportarme como una niña de tres años, e intentaré no ver cosas que no están ocurriendo.
- No te preocupes, Leire. No te culpamos. Entendemos perfectamente lo que te pasó. Pero quiero que comprendas, que pase lo que pase, no nos vamos a separar nunca. Y menos por culpa de los chicos. Porque la amistad está por encima todo.
- Joder, como os quiero chicas. – dije. Hicimos un abrazo colectivo.
Entre risas entramos dentro de la clase. Allí ya estaban todos nuestros compañeros. Y entre ellos, Edgar, que intentó disimular, pero pude ver claramente que me miraba de arriba abajo.
Mis amigas se sentaron juntas, como tenían costumbre hacerlo. Cynthia, desde la otra parte de la clase, me hacía señas para que me sentara con ella. Detrás, como el día anterior, seguían estando Ben y Edgar.
- Cariño. – me dijo Cynthia mientras me daba un beso en la mejilla. - ¿Qué tal estás?
- Muy bien, ¿y tú? – le pregunté mientras sacaba las cosas de mi mochila.
- Bien, también. Ayer me lo pasé muy bien. Podríamos repetir algún día de estos.
- Claro, cuando quieras.
- Sí, pero la próxima vez me invitáis a mí también. – la voz provenía de detrás nuestra. Era Ben el que hablaba.
- Eso no te lo crees ni tú, chaval. – le contestó Cynthia.
- ¿Y eso por qué? Por cierto, ya me podías haber contestado ayer a algún toque, ¿no?
- Estaba con Leire tranquilamente. No me iba a poner a hacerte toques cuando estábamos hablando. Además, ¿qué más te da?
- ¡Claro que me da! – se alteró Ben.
- ¿Y por qué? Si se puede saber. – preguntó Cynthia intrigada, aunque yo sabía que Ben no le iba a contestar.
- Pues porque…sí, y ya está.
Cynthia, enfadada, se dio media vuelta sin decirle nada más. A ella también le gustaba Ben, pero ella quería que él se lo demostrara invitándola a salir. Pero, al parecer, Ben no se atrevía.
Cuando llegó la hora del recreo, todos los de la clase recogimos nuestras cosas. Me acerqué a la mesa de Auro y Nanni y las esperé allí mientras ellas recogían las cosas.
- Chicas, ¿vais a ir a la cafetería? – era Cynthia que acababa de llegar a la mesa en la que estábamos nosotras.
- Sí, vamos a ir ahora, en cuanto Auro y Nanni terminen de recoger. – le contesté.
- Vale, pues me espero a que recojan y me voy con vosotras, ¿vale?
- De acuerdo. – le contestó Auro.
Nos fuimos las cuatro a la cafetería. Allí, como siempre y todos los días, ya se encontraban todos los demás, hasta incluso Edgar. Miré a ambos lados de la cafetería y vi a Fanny en otra mesa junto con sus amigas. “Ya me extrañaba a mí que ella no estuviera” pensé. Cogimos unas sillas y nos sentamos con ellos. Auro y Nanni junto con sus respectivos novios, pero esta vez no me supo mal, porque yo estaba al lado de Cynthia y de Carla.
- Oye, como molan tus zapatillas. – dijo Cynthia mientras miraba mis Converse. – Yo también quiero comprarme unas, lo que pasa es que no me decido por el color.
- Yo también tengo unas. – Carla se acaba de añadir a la conversación. – Pero las mías son rosas, lo que pasa que hoy, como sabía que ella y mi hermano se las iban a poner, no me las he puesto.
- Claro, no vaya a ser que te contagie algo. – dije yo de mala leche.
- Que no, enana, que no lo digo por eso, joder. Lo digo para así estrenarlas yo sola. – empezó a reírse, aunque a mí no me hizo mucha gracia.
- Y los pantalones rojos están muy chulos. Me gustan un montón. – sonreí en señal de agrado. – La verdad es que me encanta como vas hoy. – me sonrojé. Me halagaba que Cynthia me dijera eso, porque ella siempre iba perfecta.
El móvil que llevaba en el bolsillo empezó a vibrarme. Me levanté para poder sacarlo del bolsillo y vi que tenía un mensaje. Lo abrí. Era de Dani.
“¿Te apetece hacer algo conmigo mañana por la tarde?”
No ponía nada más en el mensaje. Sencillo y corto, pero directo. Me apetecía quedar con él, pero… ¿adónde podía ir con él? Podría llevarlo al Tomato, a lo mejor le gustaba, o quizá, hasta lo conociera.
“De acuerdo. Si quieres vamos al Tomato y nos tomamos algo allí. ¿Te parece bien sobre las seis? Un beso”
Enseguida su contestación llegó a mi móvil.
“Vale. El jueves a las seis voy a recogerte a tu casa. Hasta entonces.”
Una sonrisa apareció en mi rostro. Había quedado con Dani el jueves por la tarde.
- ¿Y esa sonrisa? – preguntó Carla. Se había dado cuenta de que había sonreído al recibir los mensajes de Dani.
- Por nada, ¿por qué? – dije intentando quitarle importancia.
- ¿Por nada? No me mientas, que te conozco. ¿De quién era el mensaje?
- De Dani. – le contesté.
- ¿Dani? ¿Y qué quería?
- Quería volver a quedar conmigo el jueves.
- ¿Es que estás quedando con Dani? – dijo Cynthia con un tono de voz bastante elevado. Tanto, que lo oyeron todos los que estaban en la mesa. Edgar dirigió enseguida su mirada hacia mi rostro. Su cara hablaba por sí sola.
- Sí, y me gustaría que no lo supiera nadie, si no te importa. – dije bajando mi tono de voz algunos decibelios, para que tan solo lo oyeran Cynthia y Carla.
- Lo siento. Pero no es nada malo estar quedando con un chico, ¿no? – añadió Cynthia.
- Claro que no, pero es que no estoy quedando con él en plan de pareja, sino que solo estamos saliendo como amigos, nada más. Y no me apetece que la gente se piense cosas que no son.
- ¿La gente? ¿O quizá Edgar? – me soltó Cynthia. Me quedé de piedra.
- A mí ese chico ya me da igual. – dije intentando salir airosa de la situación.
- ¿Seguro? Porque yo creo que no.
Escrito y publicado por Leire a las 16:23:00 5 me acuerdo de tí
jueves, 28 de octubre de 2010
MIÉRCOLES
Ya era la hora de levantarse. Estábamos a miércoles. Solo tendría que esperar dos días más, más el de hoy, y la semana habría llegado a su fin, aunque quedaría por delante todo el fin de semana. Y eso era peor. Mucho peor que los tres días que quedaban de ir al instituto.
Después de ir al baño y de ducharme, abrí mi armario y cogí los pantalones rojos que mi madre me había comprado el día anterior. Busqué una camiseta blanca sencilla de manga corta. En los pies, las Converse nuevas. Tenía ganas de estrenar las dos cosas. Y eso fue lo que hice. Seguro que mis hermanos también se ponían las zapatillas. Estaba segura.
Bajé a la cocina. Mi madre, como casi siempre, estaba recogiendo todo deprisa porque llegaba tarde al trabajo, como siempre. Yo no sé cómo se las apañaba, pero siempre iba con el tiempo justo.
Me dio un beso en la mejilla y diciendo un “hasta luego” se marchó de casa cerrando la puerta de la calle a sus espaldas.
Me puse un par de tostadas en la tostadora, y me puse un pequeño vaso de zumo, como todas las mañanas. Hoy me había levantado con más hambre de lo habitual. Eso no era normal en mí, pero… ¿qué iba a hacer? Pues comer. Fácil solución.
Mis hermanos no tardaron en bajar. Carla llevaba una falda bastante corta con unas sandalias y una camiseta bastante sencilla para tratarse de ella. Me dio un beso en la frente, se echó un vaso de zumo, se lo bebió casi de un trago y se fue de casa. Habría quedado con Hugo, como siempre.
En cambio, Isaac si llevaba las zapatillas nuevas. Llevaba un pantalón vaquero largo, y se había dejado la lengüeta de las zapatillas por fuera. Arriba una camiseta negra de manga corta bastante ajustada que dejaba entre ver su cuerpo bien definido. Muchas de las tardes se las pasaba en su cuarto haciendo ejercicio: que si abdominales, que si flexiones… Lógico que tuviera ese cuerpo.
De repente, y no sé por qué, me acordé de Edgar sin camiseta. Ese torso musculoso, bronceado y tan deseado por mí y por tantas chicas. Él se paseaba por la casa de sus abuelos con mucha chulería, propia de él. Y de repente, otra imagen. Pero ahora no era tan agradable. Edgar gritándome delante de todo el mundo que era una zorra y que no quería saber nada más de mí.
Ese pensamiento hizo que volviera en sí.
- ¡Leire! ¿Estás bien, enana? Estás empanada, ¿eh? – era Isaac.
- Lo siento, estaba pensando en otra cosa.
- No, si ya lo sé. Te he estado llamando como veinte veces. ¿En qué estabas pensando?
- En nada. Cosas mías. No te preocupes. Bueno, ¿y qué querías?
- Decirte que voy a ir a casa de Auro a por ella, por si te querías venir.
- No, da igual. Yo me voy al instituto sola.
- ¿Enserio? Si es un momento, vamos a por Auro y nos vamos los tres juntos para allá.
- Isaac, te he dicho que no. No insistas más por favor.
- ¿Es qué ha ocurrido algo con ella? – me preguntó queriendo descifrar que era lo que me pasaba.
- Sabes que sí. – sabía perfectamente que Auro se lo había contado, para eso él era su novio. – Así que no me preguntes nada, anda.
- Creo que está vez te equivocas. No sé nada. Pero esperaba que tú me lo contaras.
- Es muy sencillo. Desde que Auro está saliendo contigo y Nanni con Eric me siento sola, como si me estuvieran dejando de lado.
- Pero si yo casi no paso tiempo con Auro. Solo la veo en el instituto, porque como es normal, a mí también me gusta quedar con mis amigos y, supongo, que ella también querrá quedar por su lado con sus amigas.
- Lo sé. Pero no sé por qué, Isaac, me siento así. Sé que poco a poco ella se van a ir alejando de mí. Y si no tiempo al tiempo.
- Si yo puedo remediarlo, eso no va a pasar. – le sonreí. – Así que estate tranquila, y no seáis tontas, tanto tú como ellas. Sois muy buenas amigas, y por culpa de los chicos no vale la pena discutir. Aunque uno de los chicos sea yo. – los dos reímos. – Y ahora vamos a por Auro, anda.
- No, mejor que no. Prefiero verla en el instituto junto con Nanni así me disculpo con las dos. Será mucho más fácil para mí, créeme.
- De acuerdo. Pues allí nos vemos.
Me dio un beso en la mejilla y se fue. Suspiré. Isaac no era mala persona, sino todo lo contrario. Siempre me había ayudado en todo, o casi todo. Y tenía toda la razón en lo que me había dicho. Y lo mejor de todo, es que le creía, y sabía que él no iba a ser capaz de que Auro me dejara de lado estando él entre medias. Y eso me tranquilizaba.
Cuando llegué al instituto, Nanni estaba en la puerta de éste junto con Eric. Ambos hablaban de forma despreocupada y alegre. Se podía ver en sus caras ese amor que sentían el uno por el otro. Me acerqué a ellos y les dije un tímido “buenos días”. No tuve que decir nada más, porque segundos después Nanni se me abalanzó y me dio un fuerte abrazo.
- Leire, no me vuelvas a hacer esto. Ayer estuve muy mal. No sabía si llamarte o no. Perdóname, por favor.
- No, perdóname tú a mí. He sido yo la que se ha comportado como una cría y la que ha estado viendo cosas que no eran verdad. Lo siento mucho, Nanni. Y siento también que ayer lo pasaras tan mal. – nos volvimos a abrazar. Esa era la diferencia entra las amigas y las buenas amigas: las amigas podían estar días y días enfadadas, en cambio, en las buenas amigas, los enfados tan solo duraban unas horas, aunque esta vez el enfado había durado casi un día entero.
- Bueno chicas, yo os dejo solas. Me voy. – Eric le dio un beso en los labios a Nanni.
- Eric, quédate si quieres. – le dije. – A mí no me molestas.
- Ya lo sé, Leire. – me sonrió. – Hasta luego.
Nanni me miró y me sonrió. Ella sabía perfectamente que yo no tenía nada en contra de Eric, sino todo lo contrario. Sabía que él era buen chico y que iba a tratar a mi amiga como se merecía.
Escrito y publicado por Leire a las 16:12:00 5 me acuerdo de tí
martes, 26 de octubre de 2010
Ya le gustaría a alguno que otro ser como él.
- ¿Qué tal la tarde? – me preguntó Isaac.
- Bien. Hemos ido al Tomato y…
- Me encanta ese bar. – añadió Ben. – Siempre está lleno de chicas jóvenes y guapas.
- Y de chicos guapos, sobretodo. – añadí yo. Edgar chascó la lengua, aunque no salió ninguna palabra de su boca.
- Bueno, sí, también. Hay de todo. – volvió a intervenir Ben sin apartar la vista de la pantalla.
- ¿Y por qué yo nunca he ido allí? – preguntó Isaac.
- Pues no sé, porque nosotros hemos ido un par de veces. – añadió Edgar mientras me volvía a dirigir una de sus “amables” miradas.
- Pues tendré que ir allí algún día. – yo asentí.
- Y estando allí con Cynthia… - empecé diciendo, pero Ben me volvió a interrumpir.
- ¿Has estado con Cynthia? Ya decía yo que no me contestaba a los toques.
- Sí, he estado con Cynthia. Y he visto a Mark.
- ¿Qué Mark? – preguntó Ben.
- ¿El mismo Mark que va a mi clase? – añadió Isaac.
- El mismo. Lo he conocido esta mañana. Y esta tarde me lo he encontrado en el Tomato. Y nos ha invitado a Cynthia y a mí una caña.
- ¡Qué majo el chico! – dijo Ben irónicamente.
- Pues sí, la verdad es que sí. Ya le gustaría a alguno que otro ser como él. – le miré a Edgar. Él volvió a chascar la lengua, pero seguía sin soltar ni prenda. – Bueno, me subo arriba. Si queréis algo, llamarme.
- Hasta luego fea. – dijo Ben mientras soltaba una risotada. Me acerqué a él y le di una colleja. Él se quejó, pero no le hice caso y me subí a la habitación.
Me quité la ropa y me puse el pijama. Edgar y Ben pronto se irían y yo podría bajar tranquilamente al salón.
Poco después oí que la puerta de la calle se abría y, segundos más tarde, se cerraba. “Ben y Edgar ya se han ido” pensé. Así que bajé al salón tranquilamente. Ellos aún estaban jugando a la consola. No se había ido nadie, sino que había llegado mi madre.
Estaba en la cocina con un montón de bolsas encima de la mesa. “Ha hecho una buena compra” pensé. Empecé a abrir las bolsas como una desesperada, para ver lo que mi madre se había comprado.
- Espera, espera impaciente. Déjame que te lo enseñe yo, ¿no? – me dijo mi madre apartándome de las bolsas como si de una mosca se tratase.
- Está bien. – me senté en una silla.
Mi madre empezó a sacar blusas y pantalones de las bolsas. No estaban del todo mal. Aunque a su gusto, claro.
- Bueno… y esto es para ti. Lo he visto y he tenido que comprártelo. – miedo me dio. Pero cuando vi que sacaba unos pantalones pitillo de color rojo me quedé de piedra. ¡Eran preciosos!
- Mamá, me encantan. Son muy bonitos.
- ¿Enserio? ¿De verdad te gustan? Mira a ver si es tu talla, porque como hace tiempo que no salgo contigo de compras…
- Has dado en el clavo. – empecé a dar vueltas por la cocina con los pantalones entre mis brazos.
- Tengo algo más. – me paré en seco.
- ¿El qué? – dije impaciente.
- Bueno, hace tiempo que me estáis dando la paliza tú y tus hermanos con unas zapatillas y…
- Mamá, ¿no me digas que me has comprado unas Converse? –mi madre asintió mientras metía una mano en una de las bolsas y sacaba una caja de zapatos.
La abrí y allí estaban. Las Converse blancas con letras rojas que durante tanto tiempo había deseado. Mi madre siempre me decía que no, que eran demasiado caras. Pero por fin las tenía. Le di un gran abrazo. Ella me lo agradeció.
- Oye, ¿y este abrazo? – Isaac acababa de entrar en la cocina. Edgar y Ben ya se habían ido.
- Por nada. – añadí yo.
- ¿Le has comprado unas Converse a Leire y a mí no?
- ¡Qué caprichosos sois los tres, madre mía! – dijo mi madre mientras sacaba otra caja de zapatos. – Estas son para ti. Espero que te gusten, hijo. – Isaac las abrió. Las suyas eran a cuadros.
- Me encantan, mamá. – le dio un abrazo.
- Y las de Carla, estas. – sacó otra caja.
- ¿Las mías? A ver… - acababa de aparecer Carla en la cocina.
- Son las que me has pedido, hija.
- Son las más chulas. – dijo Carla. Eran de color rosa. – Gracias.
Entre abrazos, besos y más abrazos, quitamos las bolsas de encima de la mesa y nos pusimos a cenar.
Al terminar, me despedí de los tres y me fui con mis regalos a la cama de lo más contenta.
Escrito y publicado por Leire a las 17:18:00 5 me acuerdo de tí
jueves, 21 de octubre de 2010
Si no lo hago ahora, ¿cuándo lo voy a hacer?
- Yo sí le conozco. Se llama Mark. Y es del instituto.
- ¿Enserio? Porque no me suena su cara. Y es muy guapo. Me resulta extraño no conocerlo.
- Pues va a la clase de Isaac.
- Vaya. ¿Y dónde se ha metido todo este tiempo? Porque la verdad es que es guapísimo.
- Es la segunda vez que lo dices en un minuto, Cynthia.
- ¡Es que es la verdad! ¿Y de cuánto tiempo lo conoces? – preguntó interesada.
- De unas pocas horas. De hecho, lo he conocido esta misma mañana. Bueno, aunque sé muy poco de él. Más bien nada.
- ¿Y por qué no vas a saludarlo? – me sugirió.
- ¡¿Estás loca?! ¡Qué vergüenza! Está allí con sus amigos.
- ¿Y qué? Pero le tendrás que agradecer nuestras cervezas, ¿no?
- ¿Y por qué no vas tú?
- ¿Yo? Perdona Leire, pero no soy yo la que conoce a ese bombón. Si no, estate segura de que ya estaba allí dedicándole una de mis mejores sonrisas.
- Está bien, pero solo para que no me des más la lata.
Bebí un gran sorbo, y después de respirar hondo un par de veces, me hice el ánimo y me levanté. Anduve con timidez hacia la mesa en donde se encontraba Mark. A medida que me iba acercando, pude ver que sus amigos se daban codazos entre sí. Alguno se atrevió a señalarme, avisando a Mark de que iba hacia allí. Me temblaban las piernas.
- Hola chicos. – dije cuando llegué, por fin, a la mesa. – Hola Mark.
- Hola Leire. – se levantó y me dio dos besos. - ¿Cómo estás?
- Muy bien. Aquí, tomándome unas cañas con una amiga. – dije señalando a Cynthia que estaba sola en la mesa mientras hablaba con los chicos de la mesa de al lado. - ¿Cómo estás tú?
- Bien. Aquí también con unos colegas de risas.
- Por cierto, gracias por la invitación.
- ¡Ah! De nada. Es que te he visto entrar, pero no me he atrevido a decirte nada. Y he pensado que invitándote a una cerveza, seguramente vendrías a hablar conmigo.
- Pues has acertado. – sonreí.
- ¿Vienes muy a menudo al Tomato? Porque yo creo que nunca te he visto.
- ¡Qué va! Es la primera vez que vengo. Pero tendré que venir más a menudo, a ver si siempre me invitan a cerveza.
- ¡Qué morro tienes! – dijo mientras me cogía de la cintura. Vi como todos sus amigos se hacían señas entre ellos para que nos miraran. - Oye, ¿te sientas con nosotros un rato?
- No, que está allí Cynthia sola y…
- ¿Sola? – no me dejó que terminara la frase. – Tu amiga parece que está bien acompañada. – Miré hacia la mesa. Cynthia seguía hablando con los chicos de la mesa de al lado.
- Ya, pero…no, prefiero irme con ella que si no luego me dirá que la he dejado sola. Además, vosotros querréis hablar de vuestras cosas y yo no pinto nada.
- Eso no es cierto, pero lo que quieras.
- Entonces, ¿nos vemos por el instituto? – sonreí.
- De acuerdo. – me volvió a dar dos besos, ahora en señal de despedida.
- Hasta luego, Mark. – miré a sus amigos. – Adiós chicos.
- Adiós. – me contestaron todos al unísono.
Me di media vuelta y me dirigí hacia la mesa de Cynthia. En cuanto llegué, ella dejó de hablar con los chicos de la mesa de al lado.
- ¿Qué tal? – me preguntó intrigada.
- Muy bien. Y muy guapo, como tú dices. – las dos reímos.
- ¡Qué mala eres!
- Oye, ¿y los chicos de al lado? Te has pasado todo el rato que yo no he estado hablando con ellos.
- Son unos colegas. Los conocí el año pasado en un botellón en el parque. Y los suelo ver bastante a menudo.
- Tú no pierdes comba, ¿eh?
- Claro que no. Si no lo hago ahora, ¿cuándo lo voy a hacer? – asentí. - ¿Pedimos la cuenta y nos vamos?
- Vale.
Cynthia llamó a Robert. Enseguida vino. Pagamos la cuenta y salimos del Tomato. Al pasar por al lado de Mark le sonreí, y éste me correspondió.
Cuando llegué al parque, me despedí de Cynthia y cada una se fue hacia su casa. Por el camino me acordé de algo que había olvidado por completo. Edgar y Ben estaban en mi casa con mi hermano jugando a la consola. Estuve a punto de darme media vuelta y quedarme en el parque sola hasta que ellos se fueran de mi casa. Pero pronto me di cuenta de que lo que acababa de pensar era una tontería.
Saqué las llaves del bolsillo y entré en casa. Y como me lo había imaginado, Edgar y Ben estaban en el comedor junto a Isaac. Tenía que hacer frente a mis problemas. En un momento, pensé en subir a mi habitación sin ni siquiera saludarlos. Pero así nunca podría hacer frente a lo que me estaba pasando con Edgar. Así que fui hacia ellos y me senté en una silla al lado de Ben. Me di cuenta como Edgar, que en ese momento no estaba jugando, me dirigía una mirada no muy amigable. Yo le dirigí mi peor mirada, aunque de he reconocer que no era muy buena en eso.
Escrito y publicado por Leire a las 16:38:00 10 me acuerdo de tí
martes, 19 de octubre de 2010
¿Y quién es ese chico? ¿Le conoces? Porque yo no.
A penas comí. No tenía nada de hambre. No me gustaba estar enfadada con mis amigas. Pero era un enfado tonto y de niñas pequeñas. Ellas eran libres de poder quedar con sus novios o con quien quisieran, por lo tanto, yo también tenía derecho de quedar con una compañera de clase que me caía bien.
Después de hacer los deberes para el día siguiente, me tumbé en la cama. No tenía ganas de conectarme a Internet. Seguro que Auro y Nanni estaban en el Messenger, y no me apetecía nada hablar con ellas.
Isaac entró en ese momento en la habitación. Cerró la puerta y se quedó de pie apoyado en mi armario. Me incorporé en la cama.
- ¿Qué vas a hacer esta tarde? – me preguntó. Estaba segura de que lo sabía perfectamente. Auro le habría informado.
- Pues he quedado con Cynthia sobre las seis para ir a algún bar a tomarnos algo. ¿Por qué? ¿Te quieres venir?
- No. Es que había quedado con Edgar y con Ben para hacer algo, pero no sabemos el qué. Y he pensado en que se podrían venir a casa a jugar a la consola.
- Pues que vengan. A mí me da igual. – añadí.
- Vale. Te lo he preguntado porque como tú y Edgar no estáis en vuestro mejor momento, he visto oportuno preguntártelo. Él es mi amigo, pero tú eres mi hermana. Y, ante todo, quiero que tú estés bien y no te encuentres incómoda.
- Gracias Isaac. – Me levanté y le abracé.
Después del abrazo, Isaac salió de mi habitación. Oí como bajaba a la planta de abajo y le decía algo a mi madre. Seguramente, le estaría diciendo que le dejara la televisión del comedor para poder montar la consola allí, y así estar más anchos.
A los pocos minutos oí que alguien volvía a subir las escaleras, y mi madre entró en mi habitación. Me comentó que se iba a ir un rato al centro comercial para ver si se compraba algo de ropa, ya que últimamente había perdido bastante peso y todo le estaba algo grande.
Miré el reloj. Eran cerca de las seis de la tarde. Me levanté de la cama porque aún seguía tumbada encima de ella. Me arreglé un poco el pelo en el espejo, y después de coger algo de dinero y de metérmelo en el bolsillo del pantalón, bajé al salón para irme lo más rápidamente posible. No quería encontrarme con Edgar y Ben en mi casa. No sabría qué hacer ni qué decir.
Me despedí de Isaac y salí de casa. Cerré la puerta a mis espaldas. Respiré hondo un par de veces y comencé a andar. Pensé en como actuaría al llegar a casa, ya que Edgar y Ben seguro que aún estarían allí.
Enseguida llegué al parque. Cynthia ya se encontraba allí, sentada en uno de los bancos con las piernas cruzadas mientras veía, distraídamente, como jugaban dos niños. En cuanto me vio, se levantó casi de un salto y se acercó a darme un abrazo. Yo se lo respondí.
- ¿Hace mucho tiempo que estás esperando? – le pregunté.
- ¡Que va! Hace unos cinco minutos o por ahí. – me sonrió. - ¿Quieres que vayamos al centro comercial y ahí nos tomamos algo?
- Prefiero que no. – le respondí.
- ¿Y eso? ¿Qué ocurre? – preguntó preocupada y a la vez intrigada.
- Es que mi madre está allí de compras, y no me apetece que me vea.
- Ok. Pues… ¿vamos a algún bar cerca de aquí? Conozco uno que no está muy lejos, es bastante barato y suelen haber estudiantes.
- Vámonos a ese. – contesté contenta.
Nos pusimos en camino. Cynthia andaba de forma despreocupada, pero a la vez sexy, sensual y coqueta. Yo, en cambio, no andaría así en la vida, ni aunque me lo propusiera. Esa forma de andar era natural, no aprendida en una academia de modelos.
En breves llegamos al bar. Tenía un nombre bastante peculiar: Tomato. Le pregunté a Cynthia si conocía la historia del nombre, pero ella contestó negativamente.
Entramos de forma decidida. El bar estaba bastante concurrido, aunque había un par de mesas vacías hacia el fondo del local. Hicimos un par de señas al propietario del Tomato, para ver si nos podíamos sentar en alguna de las mesas vacías. El hombre, con un gesto del brazo, nos invitó a sentarnos.
Una vez sentada miré a ambos lados de la mesa en la que estábamos acomodadas. Todo el bar estaba lleno de adolescentes conversando alegremente mientras se tomaban algo, tanto para beber como para comer.
- ¿Qué pedimos? – me preguntó Cynthia. El camarero acababa de llegar a la mesa.
- Yo quiero una cerveza. – hacía tiempo que no bebía una y me apetecía.
- Y a mí ponme otra, Robert. Y unos cacahuetes, por favor.
- Marchando dos cervezas y un plato de cacahuetes para las señoritas. – dijo gritando mientras se alejaba de la mesa.
- ¿De qué conoces al camarero? – pregunté intrigada.
- No pienses que me he liado con él ni nada por el estilo, ¿eh? – aunque no me hubiera extrañado nada, porque Robert era un chico joven y bastante guapo, aunque algo mayor que nosotras. Tendría sobre unos veinte o veintiún años. – Es que vengo bastante a este bar.
- ¡Ah! Ya me estaba imaginando lo peor. – las dos reímos sonoramente.
- Aquí tenéis, chicas. Y este plato de patatas corre por cuenta de la casa. – dijo dejando las cosas encima de la mesa.
- Gracias. – contesté.
Bebí de la cerveza que Robert me acababa de traer. Estaba fría y sentaba muy bien. Aún hacía bastante calor y se agradecía algo frío.
Cynthia cogió una patata y se la metió en la boca. La masticó sensualmente. ¡Aquella chica tenía encanto para hacer cualquier cosa! No me extrañaba, para nada, que se llevara a todos los chicos de calle.
- ¿Y el sábado que vamos a hacer? – le pregunté después de estar un par de minutos en silencio y pensando en lo que podría hablar con ella.
- Pues ni idea, la verdad. Pero supongo que lo mismo de todos los sábados. Iremos al parque a hacer botellón y luego al Diamonds.
- Siempre lo mismo y con la misma gente. – dije con cara de poco agrado. Enseguida, al decir la misma gente, me vino a la cabeza la imagen de Edgar y también la de Fanny.
- Claro, pero… ¿qué quieres que hagamos?
- Ni idea, pero algo diferente, para ir cambiando.
- Yo llevo un año y pico haciendo lo mismo todos los sábados y aún no me he cansado. Y tú que tan solo llevas cuatro días…
- Hay gente para todo, ¿no? – ella asintió. Bebí cerveza. El último trago que me quedaba en el vaso.
- ¿Pedimos otra? – Cynthia, al igual que yo, también se había bebido toda la cerveza.
- No hace falta, chicas. – acababa de llegar Robert y había dejado encima de la mesa otras dos cervezas.
- ¿Y esto? – le pregunté.
- Os invita aquel chico de aquella mesa. – dijo señalando una mesa que estaba al principio del bar.
- Vale. Gracias. – le contestó Cynthia y Robert se marchó llevándose los vasos vacíos. - ¿Y quién es ese chico? ¿Le conoces? Porque yo no. – dijo mientras se giraba para volver a ver al chico.
Escrito y publicado por Leire a las 16:21:00 10 me acuerdo de tí
jueves, 14 de octubre de 2010
Nombre poco común.
Y ahí estaba yo, pensando en lo que Fanny me acababa de decir. ¿Insignificante? ¿Yo? La verdad es que no me lo consideraba. Sabía perfectamente que me lo había dicho para fastidiarme y para hacerme sentir peor de lo que estaba.
Alguien abrió de nuevo la puerta del baño. Esta vez no era Fanny, sino Auro. En cuanto me vio, vino y me abrazó. Ella sabía perfectamente que me pasaba algo. Me conocía muy bien aunque Nanni me la presentara hacia un mes.
- ¿Qué te pasa, Leire? Cuéntamelo todo. – dijo una vez nos separamos.
- Sé que en cuanto te lo diga, te vas a enfadar.
- No, ya verás como no. Pero cuéntamelo. No me gusta verte así. ¿Ha pasado algo con Fanny o con Edgar?
- No, no es por ellos. Esta vez no.
- ¿Entonces? – preguntó intrigada.
- Es por… vosotras. Bueno, por ti y por Nanni.
- ¿Qué te hemos hecho nosotras? Si siempre estamos intentando ayudarte en todo.
- Sí, lo sé. Pero es que hoy estoy un poco embajonada, y no sé por qué. Os he visto, tú con mi hermano y Nanni con Eric y me he sentido sola.
- ¡Pero si no te hemos dejado sola en ningún momento! – dijo exaltada.
- No, directamente, pero ahora cuando estábamos en la cafetería, tú te has sentado con Isaac y Nanni con Eric. Y yo me he quedado sin sitio. Me he encontrado desplazada y mal y me he ido.
- Lo siento, no lo hemos hecho aposta. De echo, si había sitio. Solo tenías que haberte cogido una silla y haberte sentado con nosotras.
- Ya. Sé que he exagerado un poco la situación, pero es como la he visto y la he vivido en ese momento. Pero es que, vosotras sabéis perfectamente que ahora estoy mal por todo lo que me ha pasado con Edgar. Deberíais ayudarme.
- ¡Pero si es lo que estamos haciendo! Mira, creo que ahora estás un poco cegada y estás sacando las cosas de quicio. Nosotras vamos a estar en la cafetería con todos los demás, en cuanto te tranquilices, vas ¿vale?
- De acuerdo. – acepté.
Auro salió del baño como Fanny había hecho hacía unos diez minutos atrás.
¿De verdad estaba cegada y estaba sacando las cosas de quicio, como me había dicho Auro? Ella estaba viendo las cosas desde otra perspectiva. A lo mejor tenía razón, aunque yo no lo veía así.
Me eché agua de nuevo en la cara, respiré hondo un par de veces y salí del baño con la cabeza gacha. Me topé con alguien.
Levanté la cabeza y vi a alguien que no conocía. Su cara me era familiar, pero no tenía el placer de conocerle. Era un chico alto, moreno con los ojos marrones claros. Más o menos tendría la edad de Edgar o quizá la de Eric.
- Lo siento. He salido rápido del baño y no te he visto. Perdona. – le dije mientras le tocaba el hombro en señal de disculpa.
- No pasa nada. Yo también iba un poco pensando en mis cosas y no me he dado cuenta de que salías en ese momento del baño. – me sonrió. Tenía unos dientes relucientes y una sonrisa bonita. – Por cierto, ¿cómo te llamas?
- Soy Leire. – sonreí. – ¿Y tú nombre?
- Mi nombre es Mark. Por cierto, tienes un nombre poco común.
- El tuyo tampoco es muy normal, que digamos. – ambos reímos por la estupidez de nuestra conversación. – Oye, ¿a qué curso vas? Es que tu cara me suena, pero no sé de qué.
- Te sonará de verme por aquí por el instituto. Voy a 1º Bachiller.
- ¡Ah! Como mi hermano. ¿Lo conoces? Se llama Isaac.
- Sí, claro que lo conozco, como no. Es de lo más popular que hay en el instituto. Entonces también serás hermana de Carla, claro.
- Por supuesto. – sonreí. – Que también es de lo más popular que hay en el instituto. Y luego estoy yo.
- ¿Qué pasa contigo? – preguntó intrigado.
- Pues que yo soy de lo más normal y paso más bien desapercibida.
- Como yo, entonces. – sonreímos.
- Bueno Mark, yo me voy a ir que mis amigos me están esperando.
- Espero verte algún día por el instituto, Leire.
- Lo mismo digo.
Él entró en el cuarto de baño de los chicos y yo me dirigí hacia la cafetería. La cara de Mark me era muy familiar. Como él había dicho, seguramente nos habíamos topado por el instituto en innumerables ocasiones. Éramos muchos y era casi imposible conocer a todo el mundo.
Al llegar a la cafetería, todos los del grupo se me quedaron mirando. Cogí una silla de una mesa próxima y me senté con ella. Nadie dijo nada, aunque Auro y Nanni se me quedaron mirando con una mirada que hablaba por si sola. Yo, simplemente, agaché la cabeza.
Enseguida tocó el timbre y nos dirigimos todos a clase, y con ello mi pesadilla. Me senté en el mismo sitio, por lo que seguía teniendo a Edgar detrás junto con Ben. Me puse nerviosa, no pude remediarlo. Me seguía poniendo nerviosa, aunque ya no nos habláramos, ni siquiera nos miráramos. Sentía, también, la mirada de Fanny en mí, sin que la apartara ni un momento. ¿Acaso no se fiaba de mí? Edgar ya era suyo, de su propiedad. ¿Por qué seguía sin dejarme en paz? ¿Por qué seguía agobiándome? ¿Por qué seguía haciéndome la vida imposible? Por más que me formulara estas preguntas en la cabeza, no encontraba respuestas para ellas.
Cuando por fin acabaron las clases, recogí todas mis cosas de la mesa y las guardé en la mochila sin ningún orden. Quería salir de allí lo antes posible. Cogí la mochila del asa y me dirigí hacia la puerta aunque Cynthia, llamándome desde su sitio, hizo que retrocediera sobre mis pasos.
- ¿Qué ocurre? – le pregunté.
- ¿Te apetece que hagamos algo esta tarde?
- ¿Tú y yo? ¿Y eso? – me estaba resultando algo raro lo que Cynthia me estaba proponiendo.
- Sí, tú y yo. Es que últimamente todos los demás están muy ocupadas: Carla con Hugo, Dafne con Eloy…
- Auro con Isaac, Nanni con Eric…
- Vaya, entonces me comprendes mejor de lo que pensaba. – dijo sonriendo.
- Si, te entiendo bastante bien. Pues por mi bien, ¿qué quieres que hagamos? ¿qué te apetece?
- No sé. Podríamos ir a algún bar a tomarnos algo y a pasar la tarde.
- Vale. ¿Quedamos sobre las seis?
- De acuerdo. Pues a las seis en el parque, ¿vale?
- Hecho. – le sonreí.
Me di media vuelta y salí de clase. Auro y Nanni estaban en la puerta esperándome. Me resultó raro que Isaac y Eric no estuvieran con ellas.
- No están porque queríamos acompañarte nosotras a casa. – dijo de repente Nanni.
- ¿Perdona? – dije yo un poco sorprendida.
- Que les hemos dicho a Eric y a Isaac que se fueran, que nosotras hoy nos íbamos contigo.
- ¿Y por qué me decís esto? Yo no he dicho nada.
- No has dicho nada, pero te conocemos y te lo vemos en la cara. – dijo Auro. – No queremos que vuelvas a pensar a pensar que te dejamos de lado, porque sabes que no es así.
- Esta conversación ya la hemos tenido Auro, y creo que ha quedado suficientemente claro.
- Sí, pero era para recordártelo. Por si acaso. – añadió.
- Oye, ¿y de qué estabas hablando con Cynthia? – preguntó Nanni.
- Hemos quedado las dos esta tarde para ir a un bar a tomarnos algo, pero si os queréis venir, os venís, que no pasa nada. Es que he supuesto que ibais a quedar con vuestros chicos.
- Pues has supuesto mal. – dijo Nanni. – Pero no pasa nada. Vete con Cynthia.
Salimos del instituto. La tensión que había entre nosotras se podía cortar con un cuchillo. Sabía perfectamente que ellas se habían mosqueado conmigo por haber quedado con Cynthia y no haberles dicho nada. Pero yo también tenía motivo para estar molesta, y no lo estaba.
Todo el camino hacia nuestras casas nos lo pasamos en silencio. Al llegar nos despedimos con un frío “adiós”, y cada una se fue hacia sus respectivas casas.
Escrito y publicado por Leire a las 17:18:00 8 me acuerdo de tí
martes, 12 de octubre de 2010
Solo dale tiempo.
Nanni y Eric se despidieron con otro beso, y las tres entramos, por fin, en clase. Y, de repente, me topé con su mirada. Edgar estaba sentado en las últimas mesas, al lado de Ben. Era extraño que no estuviera con Fanny, la que era ahora su novia. ¿Habría pasado algo entre ellos? ¿O solamente no querían estar juntos todo el tiempo? Miré hacia el otro lado de la clase. En la otra punta estaba Fanny junto con sus “amigas”, porque no sabía a ciencia cierta si Jess, Karen o Raquel eran amigas de Fanny.
Me senté al lado de Cynthia. Estaba delante de ellos, pero eso no me importó demasiado. Le saludé. Ella hizo lo mismo. Me acomodé en mi asiento y saqué todas las cosas preparada para cuando el profesor viniera a dar la clase.
En ese instante Cynthia se giró hacia atrás. Al parecer Ben le había tocado el hombro para que ésta se girara.
- ¿Qué quieres? – le dijo Cynthia con un tono no muy amigable.
- ¿No me vas a preguntar dónde estuve ayer todo el día? – preguntó Ben impaciente porque ella se lo preguntara.
- No, no te lo voy a preguntar porque no me interesa para nada.
- ¿Enserio?
- Claro que es enserio. O si no te lo habría preguntado ya, ¿no? ¿Y lo he hecho? ¿Verdad qué no? Pues ya está. No me interesa.
- Pues vaya. – noté decepción en la voz de Ben.
Cynthia volvió a girarse hacia adelante. Se me quedó mirando y me hizo un guiño. Entendí a la perfección lo que significaba. Como me había comentado el día de antes, a Cynthia le gustaba Ben, pero quería ir poco a poco. Pretendía conocerlo antes bien para luego no tener disgustos. Ella tampoco quería que él se pensara que iba detrás de él como un perrito faldero se tratase. Cynthia tenía las cosas muy claras, y no sé dejaba chafar por nadie. Era una chica decidida y que nadie podía dominar. Si ella hacía algo, era porque, realmente, ella quería hacerlo.
Las tres clases siguientes antes del recreo se me pasaron verdaderamente muy lentas. Sentir que tenía detrás mismo a Edgar hacia que no me pudiera concentrar. Tenía miedo de que en cualquier momento él pudiera decirme o hacerme algo. Pero no pasó nada de eso. De vez en cuando podía oír cómo le comentaba algo a Ben, pero siempre relacionado con algo que en ese momento estaba explicando el profesor. Si estaba cambiando, sí. Siempre que se sentaba con Ben hablaban de cualquier cosa, por muy tonta que fuera. Pero ahora no. ¿Acaso también estaba perdiendo la relación con su mejor amigo?
El timbre para salir el recreo. “Por fin” pensé. Un minuto más en esa clase y cerca de Edgar y me hubiera dado un sincope o algo por el estilo. Salí de clase y me quedé en la puerta de ésta esperando que Nanni y Auro salieran. Pero no fueron ellas las que aparecieron primero, si no Fanny con sus secuaces. Ni si quiera me dirigieron una simple mirada, excepto Karen. Iba la última de las cuatro. Cuando pasó por mi lado me dirigió tímidamente una ligera sonrisa, que yo le correspondí sin pensármelo. Me daba pena. Esperaba que fuera capaz, y pronto, de dejar a esas chicas y buscarse otras amigas que supieran apreciarla, porque realmente era muy buena chica.
Pocos segundos después salieron mis amigas y nos fuimos hacia la cafetería. Mis amigas estaban empeñadas en que fuéramos allí, ya que iban a estar Eric e Isaac. Era entendible, pero también debían pensar un poco en mí, ¿no? A lo mejor a mi no me apetecía estar en aquel sitio compartiendo espacio con Edgar. Bastante había tenido en clase. Quería relajarme, y así no lo iba a conseguir. “Leire, no seas egoísta” oí decir en mi mente. Tenía toda la razón. Debía hacer de tripas corazón e ir allí con todos.
Llegamos y mi preocupación desapareció por completo. Edgar no estaba. Uf. Menos mal. Podría estar tranquila y comportándome como realmente era.
Nos sentamos en la mesa. Auro al lado de Isaac y Nanni de Eric. ¿Hola? ¿Y yo dónde? Miré a mis amigas pero ellas no se dieron cuenta de mi situación en aquel momento. Eché un vistazo a toda la mesa sin encontrar donde sentarme. Noté como de repente algo se ponía en mi garganta impidiendo que yo pudiera tragar. Mis manos empezaban a temblar y a sudar. Un sudor frío subía hacia mi cabeza.
Me di media vuelta y salí de allí rápidamente. No se me ocurrió actuar de otra forma nada más que de esa. No quería montar un numerito, aunque sabía de sobra que ya lo había hecho.
Me fui casi corriendo al servicio de chicas. ¿Qué era lo que me estaba pasando? No lo entendía del todo bien, aunque podía saber a que era debido. Veía como cada una de mis amigas tomaba un camino diferente, y a mí me dejaban totalmente sola, sin saber qué hacer ni cómo actuar. ¿Realmente me sentía tan sola?
Una lágrima cayó por mi mejilla. La quité de allí. No quería llorar, y menos en el instituto.
Abrí el grifo de los baños. Metí las manos debajo y, haciendo como una especie de cuenco, me mojé la cara. Suerte que esa mañana no me había maquillado, sino se me hubiera corrido todo el maquillaje. Me miré al espejo. Estaba horrible. Los ojos hinchados y rojos de haber llorado.
Alguien abrió la puerta en ese momento. “Lo que me faltaba” pensé. Fanny estaba de pie, detrás de mí. Me di la vuelta.
- ¿Qué quieres? – le pregunté a la vez que me giraba para ver mejor todos sus movimientos.
- ¿Yo? Nada en especial. – se apoyó en la pared del baño mientras cruzaba los brazos.
- Entonces… ¿qué coño haces aquí?
- Venía al baño. ¿Es que a caso no puedo? – me vaciló.
- Sí, claro que puedes. Pero sé que no has venido a eso.
- Pues claro que no, payasa. He venido a reírme de ti. He visto como salías de la cafetería afectada, y quería saber lo que te pasaba para reírme a gusto.
- Ya te puedes pirar de aquí, porque no te lo pienso contar. – dije dándole la espalda y quedándome enfrente del espejo.
- Como te tomo el pelo.
- ¿A qué te refieres? – vi por el espejo que Fanny venía hacia donde estaba yo. Se puso a mi lado.
- Sé perfectamente lo que te ocurre. Ves como tus amigas te están dejando de lado para estar con sus respectivos novios.
- Eso no es verdad. – mentí. ¿Cómo podía ella saberlo?
- Claro que es verdad. Además, te lo noto en la mirada. – agaché la cabeza y miré al suelo. No aguantaba que me intimidara con su mirada. - ¿Lo ves? Y tampoco soportas que Edgar esté conmigo.
- Eso no me preocupa demasiado. Sé que no vais a durar mucho tiempo. Se os ve de lejos. Solo dale tiempo. – no estaba muy segura de lo que decía, pero lo dije.
- Bueno, eso es solo lo que piensas tú. Es una insignificante opinión proveniente de una insignificante persona.
Me miró de arriba abajo y se marchó del baño dando un portazo al salir.
PD: Recordaos que podeis seguir preguntándome lo que querais en Formspring.
Escrito y publicado por Leire a las 19:58:00 8 me acuerdo de tí














