jueves, 7 de mayo de 2009

Domingo

El domingo pasó rápido. Por la mañana estuve leyendo un rato e hice los deberes que me habían mandado en el instituto. Tan solo dos días de clase, y los deberes ya se me estaban amontonando: redacciones, problemas…
Las tres de la tarde. No sabía que hacer, y aun tenía toda la tarde por delante. Llamé a Auro, pero no me cogió el móvil. Era raro, aunque a lo mejor se había ido con su madre a algún sitio y se había dejado el móvil en su casa. Llamé a Nanni, pero tampoco me contestó. Me esperaba lo peor. Seguro que habían quedado juntas y se habían dejado los teléfonos para que no pudiera contactar con ellas. O a lo mejor no era así. Me tendrían que dar una buena explicación cuando las viera y, sobretodo, creíble.
El resto de la tarde me la pasé navegando por Internet. Entré en el fotolog de Edgar (yo no tenía, pero el de él me lo sabía de memoria), y estuve viendo todas las fotos que había colgado a lo largo del verano. En todas salía guapísimo e impresionante. No podía parar de pensar en él, y más desde lo que pasó ayer. No me había gustado nada que se nos quedara mirando de esa forma, pero lo del beso en la cara me encantó.
No tenía casi hambre por lo que solo cené un yogurt. Subí a mi habitación y me conecté un rato al Messenger. En él estaban Nanni y Auro. Agregué las dos a una conversación, les iba a preguntar por qué no me habían cogido el móvil por la tarde.
- ¿Dónde habéis estado, chicas? Os he estado llamando esta tarde y ninguna de las dos me habéis cogido el móvil.
- Yo me ido con mis padres a casa de mi abuela, que hacía tiempo que no la veíamos. – esa era Auro.
- Y yo, tenía el móvil en la habitación y estaba en el salón viendo una película. Y no lo he cogido en toda la tarde, hasta ahora que he visto tu llamada. – esa era Nanni.

No había sonado muy convincentes sus excusas, pero eran mis amigas y les iba a creer. Esperaba que no hubieran quedado sin mí. No, eso ellas no lo hacían. Me despedí de ellas hasta el día siguiente.
Sobre las diez de la noche me acosté. Me costó un poco conciliar el sueño, pero por fin lo logré.

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Era de esperar.

¡Pum! Otro ruido, pero ahora provenía de la cocina. Fui corriendo pero me encontré con lo mismo: NADA. En ese instante caí: “seguro que es Isaac que me quiere hacer la puñeta y pretende asustarme” pensé.
Respiré hondo dos veces. Era muy asustadiza, y odiaba que me hiciera eso. Pero tenía que hacerle frente, así que me fui al sofá del comedor y me quedé sentada esperando que Isaac apareciera con el típico “bu” que se decía cuando quería asustarme. Pero nada, tan solo oía mi respiración.
Subí al piso de arriba porque me estaba poniendo histérica y abrí la puerta de la habitación de Isaac de golpe. Él estaba sentado en la cama fumando. “Mierda” oí que dijo, y apagó el cigarro en un cenicero que después escondió debajo de la cama.
- Te estás viciando al tabaco, ¿eh?
- Y tú te estás viciando a no llamar a las puertas, ¿verdad? – me dijo enfadado.
- Lo siento. – puse mi cara de pedir perdón. – ¿Eras tú el de los ruidos?
- Claro que era yo, ¿quién va a ser si no? Me encanta hacerte eso. – le pegué una palmada en la pierna. Poco más y sufre una taquicardia por su culpa. - Por cierto, y cambiando de tema, ayer no te esperaba que aparecieras por el parque. Por lo que tú también mentiste a mamá.
- Si, pero no se tiene porque enterar, ¿no? – dije con una sonrisa pícara. Él también me sonrió.
- Claro que no. Para eso están los hermanos, para apoyarse los unos a los otros.
- Si, pero eso parece que Carla no lo sabe porque…
- Calla, calla, que menuda borrachera cogió ayer. Nunca la había visto así, y mira que la he visto mal, ¿eh? Pero tú también ibas algo contenta.
- Si, pero sabía lo que hacía en todo momento.
- Si, es que…Por cierto, te vi un momento que estabas con Edgar sentada en sus piernas, ¿y eso? – me preguntó interesado.
- Pues no sé, me dijo que fuera y me sentara. La verdad es que estuvimos poco tiempo hablando porque me llamaste tú. – mientras decía esto Isaac se levantó, abrió la puerta, vio que aún no había nadie en casa y la volvió a cerrar de nuevo. Sacó un paquete de tabaco de un cajón, y se encendió un cigarro. Me quedé mirando con cara de no entenderlo.
- Lo siento, lo necesito. Estoy nervioso. – se le notaba.
- ¿Qué te pasa?

No tenía ni idea de lo que le podía ocurrir, pero sabía que era algo que le inquietaba demasiado. Conocía a mi hermano, y sabía cuando le preocupaba algo de verdad.

- Sabes que puedes contármelo. – le dije.
- Lo sé. Pues verás, que ayer por la noche, cuando estábamos en el parque, estuve gran parte de la noche con Dafne. Y claro, entre el alcohol y algunas caladas a un porro me acabé liando con ella. – increíble, pero cierto.
- ¿Qué dices?
- Pues lo que oyes. Pero es que a mí no me gusta, y no quiero que se piense que puede llegar a tener algo más conmigo.
- El lunes se lo dices.
- Pero es que no quiero verla ni hablar con ella, me da vergüenza.
- Te da vergüenza hablar con ella, pero no besarle, ¿no? Lo siento, Isaac, pero este tema se me escapa de las manos. – él se quedó pensativo. Apagó el cigarro que tenía en las manos.
- Gracias Leire, me has hecho recapacitar. – me sonrió.

Me levanté y me fui a mi cuarto. Estuve escuchando música hasta las nueve de la noche. Se me pasó el tiempo volando. Estaba pensando en mis cosas y en mis problemas, y a penas me enteraba de que pasaba el tiempo. Mi madre había venido ya y Carla ya se había levantado, porque podía oírlas hablar en la cocina.
Bajé a la cocina a comer algo. La cena fue bastante tranquila. A penas hablamos. Enseguida me fui a dormir. Estaba muerta de sueño.

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martes, 5 de mayo de 2009

¿Y ese ruido?

Hugo era un chico muy simpático. Estuvimos hablando con él durante toda la comida. La pequeña Jenny comió antes que nosotros, y después se fue un rato a dormir la siesta. Mientras, los cuatro intercambiábamos anécdotas e historias que nos habían ocurrido. Al final supe que Hugo y Nanni habían tenido una especie de rollo en el verano. No duró mucho, pero si lo suficiente para que aún quedara en sus ojos una especie de brillo cada vez que se miraban. Estaba segura de que aún sentían algo el uno por el otro.
Después de comer estuvimos viendo una película que Hugo había alquilado recientemente del video club. No me gustó mucho porque era de miedo, pero gracias a ella, Hugo estuvo toda la película cogiendo a Nanni, porque ésta, al igual que yo, chillaba en cada susto de la película.
Sobre las seis de la tarde, vi conveniente irme. Nanni hizo lo mismo. Cuando íbamos por la calle no pude contenerme y le pregunte:
- A ti te sigue gustando Hugo, ¿verdad?
- No es que me guste, porque tú sabes que a mi el que me gusta es Eric, pero me agrada cuando me coge y se preocupa por mí. Me hace sentirme querida.
- ¿Y por qué no lo vuelves a intentar con él? Porque a él se lo nota que aún siente algo por ti, no se qué, pero algo seguro.
- No sé, ya veremos. Deja que pase unos días y que esté más con él, a ver que pasa.

No comenté nada más al respecto. Aunque ella me había dicho que no sentía nada por él, yo sabía que algo si había, porque sino la segunda contestación no me la hubiera dado. Pero no la quería atosigar. Quería que fuera ella la que aclarara sus sentimientos sin ayuda de nadie.
A medio camino me despedí de Nanni, y ella se fue hacia su casa. No vivíamos lejos, a tan solo unas calles.
Cuando llegué a casa, mi madre no estaba. Supuse que se había ido a casa de Rita a tomar un café. Es lo que solía hacer los fines de semana. Eran muy buenas amigas. Se conocieron en el instituto cuado estudiaban, y ahora era inseparables. Pasaban dos tardes juntas a la semana: se reían, se divertía, contaban sus penas y para casa. Me parecía bien, porque así mi madre se desahogaba.
Subí a mi habitación. Toda la planta de arriba estaba completamente en silencio, y eso era demasiado raro teniendo en cuenta que se trataba de mi casa.
Entre abrí la puerta de la habitación de Carla. Estaba durmiendo. Era lógico, después de la fiesta de ayer debía estar agotada.
En ese momento oí un ruido en el salón. Bajé corriendo, pero allí no había nadie. Me mosqueé un poco, porque el ruido había sido bien sonoro.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Sábado

Cuando me desperté el sábado, se me hizo un poco raro encontrarme en la habitación en la que estaba. Cuando giré la cabeza y vi en la otra cama a Nanni en un profundo sueño, me acordé de que nos habíamos quedado en casa de Auro a dormir. Recapacité sobre lo que había pasado la noche anterior. ¿De verdad había ocurrido todo eso? De repente me dio un pinchazo en la cabeza. Si, si que era real, y mi dolor de cabeza lo corroboraba.
Esperé un poco en la cama hasta que Nanni se despertará. Miré el reloj que había colgado en la habitación. Era pronto, tan solo las diez de la mañana. Después de habernos acostado tan tarde, debería de dormir un poco más, pero era imposible. No podía.
A los diez minutos empecé a oír murmullos fuera de la habitación. Me levanté en silencio para no despertar a Nanni y salí del dormitorio. Me dirigí a lo que parecía el salón, no había nadie allí. Permanecí en silencio, para ver de donde provenía el murmullo de voces que oía. Venía de la cocina. Me dirigí hacia allí, y encontré a una niña pequeña que estaba desayunando mientras veía embobada la tele.
- Hola guapa. – le dije. Supuse que era la hermana de Auro. Era una niña muy mona.
- Hola. ¿Quién eres? – me preguntó casi sin mirarme. Los dibujos la tenían absorbida.
- Soy Leire, una amiga de tu hermana. – porque era su hermana, ¿verdad?
- ¿Hermana? Yo no tengo hermana, pero si un hermano. – me tenía desorientada.
- ¿Cómo que no tienes una hermana? – era una voz varonil. Provenía de unos pasos por detrás de mí. Me giré y vi a un chico, más o menos de mi edad, alto, con el pelo rubio. Sus ojos me absorbían poco a poco, como a la niña pequeña los dibujos.
- Hola… - dije con tono amigable.
- Buenos días. Tú debes ser Leire, ¿no? – me dijo como si me conociera de toda la vida.
- Si, claro. Y tú eres…
- Lo siento, no me he presentado. Soy Hugo, el hermano mayor de Auro, bueno, aunque solo tengo dos años más que tú. Y la niña que ves ahí – dijo señalando a la pequeña – se llama Jenny. Y si, es mi hermana y la hermana de Auro, lo que pasa que se pelean mucho, y Jenny le gusta decir que no tiene hermana. – me dijo sonriendo. Yo hice lo mismo.
- ¿Ya te has levantado? – dijo Auro tocándose la cabeza. Llevaba los pelos alborotados, y apenas podía abrir los ojos. – Me duele la cabeza horrores.
- Ayer buena fiesta, ¿no hermanita? Anda, desayunad que ya es hora. Iré a avisar a Nanni, que sino se pasa toda la mañana durmiendo.


Esperamos a Nanni. A penas tardó cinco minutos. Auro nos preparó un buen desayuno con tostadas, leche, zumo, galletas…y la verdad es que lo agradecí, porque mi barriga estaba rugiendo desde que abrí los ojos en la cama. Mientras desayunábamos, Auro nos ofreció que nos quedásemos a comer en su casa, aunque yo no lo vi muy apropiado. Hugo insistió bastante. Nos dijo que sus padres se habían ido a casa de unos amigos a pasar el día, y que ellos estarían solos hasta la noche, por lo que entonces me pareció correcto quedarme.
Llamé a mi madre para que lo supiera, pero aunque hubo unas cuantas quejas por su parte, después no se opuso.

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domingo, 3 de mayo de 2009

Por fin a dormir

No me apetecía más estar en el parque. No estaba ya a gusto. Se me había pasado del todo el mareo, y ya me encontraba perfectamente. Volvía a mi toda la vergüenza que antes había desaparecido por completo. Pero aún no me podía ir a casa porque me quedaba a dormir en casa de Auro. Miré el reloj que llevaba en mi muñeca: las tres y media de la mañana. Como pasaba el tiempo. Se me había pasado volando.
Me acerqué al banco donde estaba Auro y Nanni en compañía de Ben y Edgar, porque aún estaban allí conversando.
- Hombre, Leire, que no he hablado contigo en toda la noche. – me dijo Ben agarrándome por la cintura. ¡Madre mía! Que cariñosos y simpáticos estaban todos esa noche, pero sabía que el lunes, cuando volviéramos a clase, todo sería diferente.
- Ya, he estado por ahí. – dije sonriéndole.
- Bueno, chicas, cuando queráis nos vamos a casa, ¿eh? Que yo estoy ya muerta. – dijo Auro.
- No os vayáis, va. Que nos lo estamos pasando muy bien, ¿no? – dijo Edgar mirándonos a las tres las piernas. ¡Qué descarado!
- Si, pero ya es tarde. Nosotras nos vamos ya. – dijo Auro.


Nos despedimos de todos y volvimos para casa. Durante el trayecto estuvimos hablando de todo lo que nos había pasado en el parque. Me lo había pasado bastante bien, y lo más importante es que había hablado un poco con Edgar, aunque había echo algunas cosas que no me gustaba nada de nada, pero se lo podía pasar. Es que me gustaba tanto… Cada vez que lo miraba, se me atragantaban las palabras. Cuanto más pasaba el tiempo, más me gustaba. Era perfecto: sus ojos, sus labios, sus gestos, la forma de hablar, la forma de andar…TODO.

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miércoles, 29 de abril de 2009

Conversación interrumpida

Me acerqué al lugar en el que estaba Isaac. Éste estaba abanicando a Carla con una hoja de papel. No tenía ni idea de donde la había podido sacar. Me estaba preocupando. Mi hermana presentaba un color de cara que no era normal, estaba entre el blanco y el morado.
- ¿Qué la pasa a Carla? – pregunté, aunque ya me sabía la contestación.
- No le pasa nada, solo que está un poco mareada, pero en breves estará como nueva. – me dijo Eric.
- ¿Qué hace la enana está aquí? – dijo Carla.
- Pues no hace nada que estoy yo aquí… ¿y ahora te das cuenta? Madre mía.
- Leire, si sabes que te lo digo todo de broma. Yo te quiero mucho. – me quedé con la boca abierta en el momento que salieron esas palabras de sus labios. Se levantó, vino hacia mi y me dio un abrazo y un beso en la mejilla. ¡No me lo podía creer! ¿Qué estaba haciendo mi hermana? Desde que tenía uso de razón, ella nunca me había dado un abrazo, y menos un beso. Pero estaba claro que actuaba así por los efectos del alcohol.

Eché un vistazo a los alrededores. Mis amigas estaban hablando con Ben y Edgar en el banco donde había estado yo con anterioridad. Edgar miraba de arriba abajo a Auro, y eso no me hacía nada de gracia. Auro, en cambio, ni le prestaba atención. Veía que de vez en cuando giraba un poco la cabeza para ver lo que estaba haciendo Isaac en ese momento. Le gustaba demasiado mi hermano, se lo notaba. Esa actitud era de una persona que, sin darse cuenta, se estaba pillando por otra. Nanni, por otra parte, hablaba de forma despreocupada con Ben, como si se conocieran de toda la vida. De echo, llevábamos varios años juntos en la misma clase, pero apenas habíamos intercambiado con ellos algunas palabras. Esperaba que esta noche sirviera para algo, es decir, que nos acercáramos más a ellos, y que cambiara algunas de las cosas con las que ahora no estaba a gusto.

- Hola Leire, ¿te lo estás pasando bien? – era Dani.
- Hola Dani. Si, me lo estoy pasando muy bien.
- Menos mal que ahora ya hablas porque antes… - dijo sonriendo.
- Si, es que antes me encontraba un poco mal, pero ahora ya estoy mejor. – le cogí el vaso que llevaba en la mano y le di varios tragos. Se lo devolví.
- Me alegro de que ya estés mejor. Ahora podré hablar un poco contigo. Por cierto, ¿qué edad tienes?
- Tengo 15 recién cumplidos. Tú supongo que tendrás la edad de Carla, ¿no?
- No, la de Eric. Tengo 18 años, ¿no los aparento? – dijo con una sonrisa pícara.
- Si, claro que lo aparentas pero…
- ¡Ah, Dani! Estás aquí. – me interrumpió Dafne. – Te estado buscando por todas partes. Ay, hola Leire. No te había visto. – dijo casi sin mirarme.
- ¿No ves que estoy hablando con ella, Dafne?
- Si, pero es que tengo que hablar contigo urgentemente, no te vas a creer lo que me ha pasado cuando… - empezó diciendo.
- Bueno, yo me voy. Os dejo solos, ¿vale? – dije con la cabeza agachada.
- No, Leire, no te vayas…
- Hasta luego. – dijo Dafne con sonrisa malévola.

Me fui de donde estaba. Que mal me había caído siempre Dafne. Era bastante estúpida, y se lo tenía un poco creído. Lo que acababa de hacer no estaba bien. No es que Dani y yo estuviéramos hablando de una gran cosa, pero no era correcto interrumpir una conversación así como lo había echo ella.

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martes, 28 de abril de 2009

Increíble, pero cierto.

Isaac nos trajo los tres vasos. Le pegué un trago. Sabía a algo raro, pero no me estaba malo, con lo que me lo bebí en muy pocos tragos. Mis amigas se me quedaron mirando.
- Es que el camino se me ha hecho largo y tenía sed. – se rieron las dos. Vino mi hermano y me lo rellenó.
- Como te vas a poner hoy, enana.

Mi hermano solo hacía que llenarnos los vasos a las tres. En media hora íbamos ya bastante contentas. En la vida me había sentido de esa forma. Era una sensación muy rara. La cabeza no paraba de darme vueltas, veía borroso y no me podía mantener de pie sin tambalearme. Buscaba desesperadamente un sitio donde poder sentarme. Nanni y Auro se lo estaban pasando muy bien, estaban en su salsa.
Vi un hueco en uno de los bancos y sin pensármelo dos veces fui a sentarme. Pero cuando estaba llegando, fue Edgar y se sentó. Me quedé parada. Él se dio cuenta de que me había quitado el sitio, y con el dedo me dijo que me acercara.
Fui donde estaba él.
- Hola Leire, ¿querías sentarte?
- Si, si. Pero no importa, no pasa nada. Ya me busco yo otro sitio.
- No anda, ven aquí. – se levantó, me cogió de la cintura e hizo que me sentara en sus piernas. El corazón me latía a mil por hora. No me estaba creyendo lo que me estaba pasando. – A qué aquí estás mejor, ¿eh?
- Claro está. – le sonreí.
- ¿Y qué haces tú aquí? Pensaba que a ti estás cosas no te gustaban.
- Y no me gustan. Pero mis amigas me convencieron. Me llevaron de cañas y ahora estoy aquí bebiendo con vosotros. Y, ¡mírame! Con dos o tres cubatas encima y casi no se ni lo que digo ni lo que hago – no era del todo cierto así, pero bueno.
- Bueno, hay que probar de todo en esta vida, ¿no? Para saber si te gusta o no.
- Pues sí, o eso creo. ¿Sabes? Nunca pensé que hablarías conmigo de esta manera que lo estás haciendo ahora. - ¿por qué había dicho eso?
- ¿Por qué lo dices? – preguntó intrigado.
- Un chico como tú, popular, guapo, agradable, simpático, divertido…hablando conmigo, una chica normal, más bien fea, sencilla... – no me conocía. En otras condiciones eso que acababa de decir ni se me hubiera pasado por la cabeza.
- Lo que te he dicho, tiene que haber una primera oportunidad para todo. Sino lo pruebas, no sabes que te gusta, ¿no? – me sonrió pícaramente. Me estaba tirando los tejos. Si, de eso estaba segura. En toda regla. Me quería quedar con él toda noche hablando, pero me llamó Isaac.
- Me está llamando Isaac. Ahora luego vengo otra vez, ¿vale?
- Vale, pero primero…- dijo mientras señalaba con su dedo índice su mejilla en señal de que le diera un beso. Se lo di. Edgar me ayudó a levantarme porque falto poco para aterrizar en el suelo.

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lunes, 27 de abril de 2009

De fiesta

Estaba sentada en el banco cuando noté que mis amigas se ponían nerviosas. Oí los pasos de alguien que se acercaba. Deseaba con todas mis fuerzas que no fueran alguno de mis hermanos, pero si que fuera Edgar. Levanté la cabeza poco a poco y vi a un chico. Me quedé con la boca abierta. Era uno de los chicos más guapos que había visto nunca. Llevaba unos vaqueros y una sudadera. Sus ojos marrones llamaban la atención, y no sabía por qué.
- Hola Nanni, ¿qué tal estás? – dijo el chico.
- ¿Y a mí no me dices nada, Dani? – dijo Auro casi sin pensárselo. No estaba entendiendo lo que estaba pasando. Solo miraba a unos y a otros.
- Mira que eres envidiosa, Auro. A ti te veo casi todos los días en casa de la abuela, pero a Nanni no. – respondió el chico. Nanni solo hacía que sonreír.
- Bueno, Dani, te presento a mi amiga Leire. – le hice un gesto de saludo con la mano. No tenía ganas ni de levantarme. – Leire, este es mi primo Dani.
- ¿Carla es tu hermana? Es que os dais un aire. – me preguntó Dani. Asentí con la cabeza. – No tenía ni idea. Pues está allí con nosotros.
- Ya lo sé. – dije sin ganas.
- Hombre, pero si has hablado. Pensaba que no tenías lengua.
- Dani, es que la hemos llevado esta noche a un bar de cañas, y como nunca lo había echo, pues está aún con los efectos. – le respondió su prima.
- Pobreta. Bueno chicas, yo me voy para allá. Si queréis algo tan solo tenéis que ir para allí y me lo pedís, ¿vale? Que hemos comprado botellón.
- Vale, gracias primo.


Se fue hacia donde estaban los demás. Auro y Nanni se miraron mutuamente y me ayudaron a levantarme.
- ¿Dónde vamos? – pregunté mientras caminábamos.
- Vamos allí con ellos. Están todos juntos pasándoselo de miedo, y nosotras no vamos a estar aquí solas. – dijo Nanni.
- Pero allí están mis hermanos y no me pueden ver así.
- No pasa nada, lo entenderán. Además, no creo que mañana se acuerden.


Llegamos hasta el banco donde estaban mis hermanos y todos los demás. Carla estaba sentada en el banco con la cabeza hacia atrás. “Menuda lleva tu hermana” me susurró Nanni al oído. Nunca la había visto en esas condiciones. Eric no paraba de mirarla mientras bebía del vaso que llevaba en la mano. En ese momento llegó Isaac junto con Edgar y Ben de otro banco en el que había más gente.
- Hombre Leire, pero si estás aquí junto con tus amiguitas. – me dijo Isaac. – Por cierto, ¿y por qué estás aquí? – me solté de mis amigas para que mi hermano no notara nada. Además, ya me encontraba mejor, aunque aún estaba un poco mareada.
- Que hemos ido al teatro y…
- Cine. – me susurró Nanni.
- ¿Qué? – pregunté.
- Que habéis ido al cine, Leire, al cine. – dijo Isaac. - ¿Dónde has estado de verdad? – dijo mientras se acercaba a darme un beso. – Porque haces un olor a bar que tela…- empecé a reírme. – Con que es eso, ¿no? Has estado en un bar de cañas. Madre mía. Ven anda que te eche un cubata.
- Y a nosotras otro, por fa Isaac. – dijo Auro mostrando su lado más seductor.
- Eso esta echo chicas.


Se fue al banco, que es donde tenían todas las botellas. No quería beber, pero no podía dejar pasar esta oportunidad. Edgar no nos había dicho nada, pero quedaba mucha noche, y yo, fuera como fuese, tenía que hablar con él.

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domingo, 26 de abril de 2009

Por culpa de las cervezas

Entramos en el primer bar que encontramos. Allí había gente bastante normal charlando, cenando, de copas... Nos sentamos en una mesa que había cerca de una pared. Enseguida vino un hombre a traernos una hoja donde ponía todo lo que ofrecían. La estuve ojeando de arriba abajo, pero me detuve con más detalle en la parte donde ponía todas las bebidas que ofrecían.
- No sé si nos pondrán problemas. – dijo Nanni.
- No creo que pongan ningún problema, aunque seamos menores.
- Espero que no nos pidan nada. – añadió Nanni.
- Entonces pedimos tres cervezas, ¿no?
- Me parece bien. – asentí decidida.

El hombre vino en poco tiempo. Le dijimos lo que queríamos, pero cuando le dijimos lo de las cervezas, no puso buena cara, pero se dio media vuelta y no dijo nada. A los pocos minutos teníamos encima de la mesa tres cervezas y de regalo nos trajo unos cacaos.
Espere a que ellas bebieran primero. No debía estar muy mala porque no pusieron caras extrañas.
- Que no pasa nada Leire, venga. – dijo Nanni.

Le di el primer sorbo. No estaba del todo mala, pero no me acababa de convencer. Prefería una coca-cola o cualquier otra cosa. Mis amigas me observaban como si de una película se tratase. Pero no les prestaba atención.
Estuvimos casi una hora en el bar. Nos pedimos una cerveza más cada una. Cuando nos íbamos a ir, me tuvieron que ayudar a levantarme porque yo sola no podía. Nanni y Auro se reían, pero era porque ellas tampoco iban muy bien, y les salía la risa floja. No podía entender como me había podido subir dos cervezas, era lo que la gente normal se tomaba para comer o cenar, pero claro, como nunca había bebido alcohol…
Andamos poco a poco hacía el parque. Por el camino nos encontramos a varios chicos que nos dijeron algo, pero no les entendí. Yo iba centrada en no caerme, ya que las piernas me fallaban.
Llegamos por fin al parque. El trayecto se me hizo interminable. Había muchísima gente en el parque. No solo mis hermanos y sus amigos, sino también más gente de otros institutos. Supuse que era el centro de reunión de todos los adolescentes de nuestras edades. Nos sentamos en unos de los bancos más apartados de todos. Rezaba para que mis hermanos no me vieran en esas condiciones. No era capaz ni de razonar si me preguntaban algo, y seguro que al final mamá se acabaría enterando. Pero en cierto modo, deseaba que me vieran, para ver si se acercaba Edgar a hablar conmigo, aunque sabía que era casi imposible.
- Madre mía, como está esto de gente. – oí que dijo Auro.
- Hoy se va a liar, y mucho. – dijo Nanni.

Yo no tenía ningunas ganas de que se liara ninguna. Tan solo tenía ganas de que aquello se me pasara rápido. No me encontraba nada bien. Mi cabeza me daba vueltas, y parecía que no tenía intención de parar nunca.

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jueves, 23 de abril de 2009

De compras

Nos dirigimos al centro comercial. Ellas también se querían comprar algo de ropa para esa noche. Entramos en la primera tienda que vimos, pero no encontramos nada de nuestro agrado.
Ya en la tercera tienda que entramos, Auro encontró una minifalda negra que le gustaba y Nanni una camiseta con un escote de vértigo. Me parecía que esas ropas eran un poco arriesgadas para esa noche, pero ellas me convencieron de que no era así.
Yo no había visto nada que me gustara hasta que Auro dijo:
- ¿Y no te gusta esto? – me enseñó unos shorts vaqueros muy bonitos, pero demasiado cortos.
- ¿Esto? ¿No iré muy atrevida? – fue mi pregunta. – Además, eso no es nada cómodo.
- ¡Y que más da que no sea cómodo! Eso no importa ahora. Lo que importa es que debemos llamar la atención sea como sea. – dijo Auro.
- Como se enteré mi madre… - pero no me preocupaba demasiado.

Estaba de acuerdo con lo que dijo Auro, por lo que me compré el pantalón corto. La verdad es que me quedaba muy bien, realzaba mis piernas.
Fuimos a casa de Auro a cambiarnos. Nos pusimos la ropa que nos habíamos comprado y nos fuimos otra vez de nuevo para el centro comercial a cenar. Su madre no nos vio porque no estaba en ese momento en casa, y menos mal.
Durante el paseo, recordé que Auro nos había dicho en el recreo que tenía una sorpresa preparada para nosotras, así que supuse que pronto nos lo diría.
Cenamos en el McDonald. Había unos chicos al lado de nosotras cenando que no paraban de mirarnos, y no me extrañaba, porque íbamos demasiado provocativas para mi gusto.
- ¿Estos aún estarán cenando en casa de Eric? – dije impaciente.
- ¿Cenando? Si aún no habrán empezado ni a preparar la cena, seguro. Tan solo son las nueve y por lo menos hasta las doce no aparecerán por el parque. – dijo Nanni.
- ¿Y qué vamos a hacer hasta esa hora, chicas? – pregunté.
- Ahora es cuando entra en acción mi plan sorpresa. Iremos a algún bar a tomarnos alguna cerveza.
- Vale, vale. Me gusta el plan. – dijo Nanni.
- ¿Cerveza? – pregunté un poco asustada.
- Claro. - dijo Nanni.
- Yo en mi vida he probado una cerveza ni nada parecido. Además, eso tiene alcohol y...
- Hoy la probarás. Y no te preocupes, que apenas lleva alcohol. Ni lo notarás. – añadió Auro.


No me convencía mucho el plan, pero alguna vez tendría que ser la primera, ¿no? No sabía si me iba a gustar o no. Mi madre bebía alguna cerveza en las comidas, pero nunca me había llamado la atención como para probarla y menos ir a un bar a beber exclusivamente cervezas.

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