jueves, 14 de mayo de 2009

Triste

El rumor estaba confirmado y Carla me había dejado bien clarito que no tenía ninguna posibilidad con Edgar, ni aunque lo intentara.
Después de esto, tenía que intentar olvidarme de él como fuera. No iba a conseguir que él se fijara en mí nunca, por lo que era un poco tontería perder el tiempo intentando mediar palabra con él. Se que iba a ser difícil, muy difícil, pero, por ahora, no encontraba ninguna alternativa.
Actuaría con él de forma normal, sin cambios en mi personalidad. Pero Edgar tenía que desaparecer pronto de mi mente (aunque mi corazón no estuviera por la labor).

Carla me estuvo contando que el viernes por la noche en el parque se peleó con Eric, porque él quería volver con ella, pero Carla quería esperar algo más de tiempo. Su relación no era del todo sólida, y, a lo mejor, con un poco de tiempo, se daban cuenta de que querían seguir juntos o lo dejaban definitivamente. No sé porque me contaba a mí esto, pero la escuche atónita. Carla necesitaba desahogarse con alguien y había sido yo la elegida. Eso me hacía feliz. Siempre había querido tener una hermana que me ayudara en todo: ropa, chicos, problemas con los amigos, desagrados conmigo misma…pero con Carla eso no lo tenía. Por eso, en ese momento, me alegraba que contara conmigo para contarme sus problemas con Eric.

Cogimos las bolsas y nos fuimos para casa. Estaba reventada, y eso que habíamos echo un descanso en el bar. Cuando llegamos a casa mi madre ya estaba preparando la cena. Le enseñé toda la ropa que me había comprado. Le gustó mucho, y mi hermana sonrió por el buen trabajo que había echo.
Subí a mi habitación a colgar la ropa en el armario, y a probarme algunas prendas que no me acababan de convencer demasiado. Carla entró a mi habitación sin tocar a la puerta, como siempre, y me pilló desvistiéndome.
- ¿Qué quieres? – le dije tapándome un poco.
- Venía solo para decirte que espero que no cuentes nada de lo que hemos estado hablando en el bar.
- No te preocupes, Carla, que no voy a decir nada. Puedes estar tranquila.

Se dio media vuelta y salió por donde había entrado. Me terminé de quitar la ropa y me puse el pijama. Bajé a cenar, y cuando terminé me despedí de mis hermanos y de mi madre y me fui a dormir. Entre las clases, la redacción y la tarde de compras con Carla estaba agotada. Me quería dormir pronto, y mañana ya sería otro día.

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miércoles, 13 de mayo de 2009

Con ella

- Te puedes pedir otra, que no pasa nada, enana. No se lo voy a contar a mamá.
- No, si es que no me apetece Carla, de verdad. – dije agachando la cabeza avergonzada.
- Pues el viernes no decías eso. – me dijo apoyando los brazos encima de la mesa y fijando sus ojos en mi cara sonrojada. Solo pude sonreír tímidamente. - ¿Te ha gustado la ropa que hemos comprado?
- Sí, me encanta Carla. Muchas gracias, de veras.
- De nada, Leire. – dijo mirando al camarero que acababa de traer las bebidas.
- Por cierto Carla, tengo que preguntarte una cosa que me ha dicho Nanni.
- ¿El qué? ¿Qué pasa?
- ¿Es verdad que Edgar se lió con Cynthia el viernes? Es que Nanni te oyó decirlo.
- Sí, claro que se liaron, aunque yo no lo vi, porque no estaba en condiciones como para ver qué pasaba entre ellos. – dijo riéndose. – Pero claro, si me lo dice Cynthia…tiene que ser verdad. – el rumor estaba más que confirmado.
- ¿Y no puede ser que ella se lo haya inventado? – dije mientras le daba vueltas a la coca-cola con la pajita.
- No creo, ella no es así. Oye, ¿y por qué preguntas tanto? ¿Tanto te interesa este tema?
- No, claro que no, pero…
- Ya lo entiendo, todo encaja enana. A ti te gusta Edgar. – dijo satisfecha del descubrimiento que acababa de hacer. No tenía escapatoria, mi hermana me había pillado. Era tontería negarlo, porque se me notaba demasiado.
- No es que me guste mucho, pero me hace gracia. - ¡MENTIRA! ¿Cómo podía mentir de esa manera?
- Si es que Edgar es muy guapo, pero Leire, olvídate de él. Chicos como él no se fija en chicas…como tú.
- ¿Cómo dices? ¿Chicas como yo? ¿Qué problema tengo?
- Ninguno. Bueno, si, demasiados. Lo primero que no eres popular y no creo que lo seas nunca. Ser popular no es fácil, y no se es de un día para otro. Enana, olvídate. – me acababa de dejar por los suelos. Agradecía a Carla por lo que había hecho por mi esta tarde, pero lo que me acababa de decir no había estado nada bien. Mi autoestima estaba por debajo del suelo, e iba a tardar bastante tiempo en que subiera algún peldaño.

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De tienda en tienda

Carla abrió sin que yo le contestara para que pudiera pasar. Ella era así.
- Dime Carla, ¿qué quieres? – le pregunté sin desviar la vista del ordenador.
- Que había pensado que podíamos ir ahora de tiendas, ¿no? Bueno, si no tienes nada que hacer, claro.
- Vale, por mi bien. Acabo de terminar una redacción que tenía para mañana y me había conectado un rato haber si había alguien, pero tu plan me parece mejor. – le sonreí.
- Pues venga, no tardes. Te esperó abajo.

Asentí con la cabeza y ella salió de mi habitación. Esa misma mañana Carla había aceptado para irnos de compras las dos algún día, pero no pensaba que fuera a ser hoy. Cogí el móvil y las llaves y bajé al salón, donde Carla estaba con el bolso esperándome cerca de la puerta.
Salimos y nos dirigimos al centro comercial. Me iba a dejar guiar por ella, pero siempre dentro de unos márgenes. No quería cambiar mi forma de vestir bruscamente, sino poco a poco, añadiendo a mi armario cosas nuevas.
En la primera tienda que entramos me llevé bastantes cosas. Estaban de rebajas, y mi hermana aprovechó. Ese era su truco. Iba siempre de compras cuando las tiendas rebajaban sus prendas, porque así se podía comprar el doble de ropa con menos dinero. Me cogió faldas, pantalones de pitillo, camisetas largas y también algo de vestir por si salía de fiesta, como el viernes pasado, aunque sabía que eso iba a ser algo difícil que se repitiera. Me llevé la mayoría de las prendas que mi hermana hizo que me probara, me sentaban bien porque realzaban mi figura. Carla estaba satisfecha con las compras que habíamos hecho.
Después de unas dos horas de tienda en tienda, decidimos entrar a un bar a tomarnos algo. Ella se pidió una cerveza, pero yo no quería repetir la experiencia del viernes, por ahora. Además, pensé que no era el lugar ni el momento, por lo que pedí una coca-cola.

Safe Creative #0905193686287 Nota de la escritora: Pongo este adelanto esta mañana porque esta tarde puede que no postee ya que mañana tengo un examen y tengo que estudiar. Lo siento. Pero no os preocupeis que si puedo, pondré otro trozo. Espero que os haya gustado. Un beso para todos aquellos que perdeís algo de vuestro tiempo leyendo mi novela. GRACIAS.

martes, 12 de mayo de 2009

Cosas que pasan

Cuando terminaron las tres horas restantes de clase, salimos a la calle, cada uno camino a su casa. Por el pasillo, me encontré con Edgar que me dijo un “hasta mañana, Leire”. Seguí andando como si nada, y a penas le miré. Estaba furiosa con él. No me parecía bien que se liara con Cynthia y luego hablara conmigo como si nada hubiese ocurrido. Pero claro, eso él no podía saberlo. No tenía ni idea de que a mí me gustaba, y él estaba soltero y podía hacer lo que quisiese. De echo, no había echo nada malo.
Entonces lo entendí. Había actuado injustamente con él. Había tenido un rebote de niña pequeña y malcriada. Debía de haberle contestado y no haber pasado de largo como si nadie se hubiera dirigido a mí. Pero no podía evitarlo. Estaba enfadada y tenía celos de Cynthia. Pero tenía que aguantarme.
Esperaba que al día siguiente él me hablara como si yo si le hubiera contestado a su despedida, aunque sabía que se podía haber molestado, y mucho. Lo quería, estaba loca por él, pero debía ser fuerte y mantenerme firme.
Esperé a que saliera Isaac para irme a casa acompañada de alguien.

Por el camino, apenas hablamos ninguno de los dos. Yo estaba sumida en mis pensamientos, e Isaac solo hacía que mirar al suelo. Sabía que estaba preocupado por lo de Dafne, pero yo no le iba a preguntar nada, prefería que me lo contara él si quería. No pretendía presionarle.

Por fin llegamos a casa. Nunca el trayecto se me había echo tan largo como hoy.
Cuando entramos en casa, Carla estaba poniendo la mesa y mi madre estaba sirviendo ya la comida. Fuimos directamente a dejar las mochilas al cuarto, y nos bajamos a comer. Estaba hambrienta.
Al acabar de comer, me puse a hacer la redacción que la profesora nos había mandado. Me costó algunas horas hacerlo, y todo por culpa de él: de ese chico que me tenía loca.
Por fin acabé la redacción, y era algo pronto. Aún tenía toda la tarde por delante, así que me conecté a Internet. Miré el Fotolog de Edgar, para variar, y después me conecté un rato al Messenger. En él estaba Nanni. Me preguntó que como estaba. Yo le respondí que bien, aunque sabía que eso no era cierto.
En ese instante llamaron a la puerta.

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lunes, 11 de mayo de 2009

No me lo esperaba.

Me cogió de la mano y entramos en clase. Edgar y Ben ya estaban sentados en las últimas mesas, como siempre. Nos sentamos delante de ellos. Les sonreí tímidamente mientras ocupábamos nuestros asientos.
- ¿Qué tal, chicas? ¿Cómo lleváis la resaca? – preguntó Ben.
- A mí aún me dura. – dije bromeando. Con Ben me resultaba algo más fácil establecer una conversación, pero cuando se trataba de Edgar, ya era otra historia.
- Si es que Leire…el viernes llevabas una buena, ¿eh? – me dijo Edgar sonriéndome pícaramente.
- Si, la verdad es que sí. – dije bajando la mirada.
- Que en una de las veces, si no te llego a coger, te me caes. - ¿y ese “me”? se había referido a mí como algo suyo, o eso es lo que me había parecido.

No me salió ninguna palabra, por lo que sonreí y me giré hacia delante porque la profesora acababa de hacer acto de presencia en la clase.
Ahora si estaba confundida. Ese “me” me había descolocado completamente. Auro también se dio cuenta, por lo que me cogió la mano y me pasó un papel en el que ponía:
Has estado genial, aunque sé que ese “casi te me caes” ha sonado a… ¿a qué ha sonado? Dímelo tú.
Le contesté poniendo:
Yo te diré a que ha sonado: ha sonado a que me voy a estar comiéndome la cabeza toda la semana por culpa de ese “me”.

A penas pude prestar atención a lo que decía la profesora. Tan solo me enteré cuando sonó el timbre y dijo que para el próximo día le teníamos que entregar una redacción de lo que habíamos echo en estas vacaciones.
En el recreo, ni me atreví a entrar en la cafetería, porque sabía que el grupo de Carla e Isaac iban a estar en las mesas. Así que nos fuimos a unos bancos. A los pocos minutos apareció Nanni. Nos alegramos de verla. Enseguida le conté la contestación que Edgar me había dado. Se quedó sin palabras.
A lo lejos vi a Isaac con Dafne. Supuse que le estaría diciendo que él no quería nada serio con ella.

- ¿Qué hace Isaac con Dafne? No sabe que él es mío. – dijo Auro. Nanni y yo la miramos perplejas. – Que me gusta de verdad, chicas.
- Es que creo que el viernes se liaron. – dijo Nanni.
- ¿Y cómo sabes tú eso? – le pregunté. No tenía ni idea de cómo se había podido enterar.
- Porque cuando he entrado al instituto, he pasado por la cafetería y se lo estaba contando Ben a Eric.
- Si es que, en este instituto, todo el mundo se entera de todo. – dije yo.
- Entonces también te habrás enterado que Edgar se lió con Cynthia, ¿no? – dijo Nanni sin apenas levantar la cabeza.
- ¿Cómo? – me levanté del banco de un salto.
- Se lo oí decir a Carla cuando pasé por su lado.
- No es posible, seguro que se lo ha inventado mi hermana. No puede ser. – no paraba de andar de un lado para otro.
- Es Edgar, Leire, ¿recuerdas? Uno de los chicos más guapos y populares del instituto. Y Cynthia es una preciosidad. Estaba claro que tarde o temprano iba a ocurrir.

Sonó el timbre y nos fuimos a clase de nuevo.


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domingo, 10 de mayo de 2009

Lunes otra vez

Me sonó el despertador. Me costó un poco comprender que el fin de semana se había terminado, y debía volver a la rutina. Hoy iba a ser un día duro. Nos encontraríamos con toda la gente con la que habíamos estado el viernes.
Me arreglé. Tenía que ir a comprarme ropa. No podía seguir con este vestuario. Me gustaba como vestía Carla, pero cualquiera le pedía un favor. Quería que me acompañara al centro comercial, pero sabía que su respuesta iba a ser un rotundo NO. No iba a perder su valioso tiempo conmigo. Pero tenía que preguntárselo, no iba a perder nada por intentarlo.
Bajé a desayunar. Mis hermanos ya estaban abajo junto con mi madre.
- Un beso nena, que me voy a trabajar. – me dijo mi madre.
- Que tengas un buen día. – le dije a la vez que cerraba la puerta. – Carla, tengo que pedirte un favor. – le dije de repente.
- ¿Tú? ¿A mí? No flipes. – esa fue su contestación.
- Carla, escúchala. Es Leire, y tienes que ayudarla en lo que puedas. – dijo Isaac. Siempre me ayudaba, por eso nos llevábamos tan bien.
- Está bien. ¿Qué quieres? – dijo accediendo a escucharme.
- Necesito que algún día, cuando tú puedas y te venga bien, me acompañes a comprarme ropa. Me encanta la que llevas tú y sé que como tienes buen gusto, podrías ayudarme. – le salió una sonrisa de sus perfectos labios. Lo que acababa de decir había sido un halago para ella.
- Que mi enana se hace mayor. – dijo alborotándome el pelo. – Claro que te ayudaré, y encantada, pero me tendrás que hacer caso a lo que te diga.
- ¡Echo!

Isaac estaba boquiabierto. No había pensado que Carla fuera a reaccionar de esa manera.
Cogímos nuestras cosas y salimos de casa. Nada más cerrar la puerta, vimos que Eric estaba con el coche esperando a Carla. Ella subió y se fueron. Isaac hizo una mueca graciosa, yo me reí y empezamos a caminar dirección al instituto.

Tenía pánico de entrar en clase. No sabía como iban a actuar Edgar y compañía. Me temía lo peor.
De camino a la clase me encontré con Auro. Era raro que Nanni no estuviera con ella. Me dijo que es que Nanni se había ido las primeras horas al médico a hacerse unos análisis. Menos mal que estaba Auro, porque si no me hubiera tenido que enfrentar yo sola al peligro.
- ¿Estás nerviosa, Leire? Te tiemblan las manos. – se me notaba demasiado.
- Si, porque no sé como actuaran Ben, Edgar y todos los demás después de lo del viernes.
- Tú no te preocupes. Solo sé natural, tú misma, que eso se te da bien. – la verdad es que sí, era lo único que sabía hacer bien.

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jueves, 7 de mayo de 2009

Domingo

El domingo pasó rápido. Por la mañana estuve leyendo un rato e hice los deberes que me habían mandado en el instituto. Tan solo dos días de clase, y los deberes ya se me estaban amontonando: redacciones, problemas…
Las tres de la tarde. No sabía que hacer, y aun tenía toda la tarde por delante. Llamé a Auro, pero no me cogió el móvil. Era raro, aunque a lo mejor se había ido con su madre a algún sitio y se había dejado el móvil en su casa. Llamé a Nanni, pero tampoco me contestó. Me esperaba lo peor. Seguro que habían quedado juntas y se habían dejado los teléfonos para que no pudiera contactar con ellas. O a lo mejor no era así. Me tendrían que dar una buena explicación cuando las viera y, sobretodo, creíble.
El resto de la tarde me la pasé navegando por Internet. Entré en el fotolog de Edgar (yo no tenía, pero el de él me lo sabía de memoria), y estuve viendo todas las fotos que había colgado a lo largo del verano. En todas salía guapísimo e impresionante. No podía parar de pensar en él, y más desde lo que pasó ayer. No me había gustado nada que se nos quedara mirando de esa forma, pero lo del beso en la cara me encantó.
No tenía casi hambre por lo que solo cené un yogurt. Subí a mi habitación y me conecté un rato al Messenger. En él estaban Nanni y Auro. Agregué las dos a una conversación, les iba a preguntar por qué no me habían cogido el móvil por la tarde.
- ¿Dónde habéis estado, chicas? Os he estado llamando esta tarde y ninguna de las dos me habéis cogido el móvil.
- Yo me ido con mis padres a casa de mi abuela, que hacía tiempo que no la veíamos. – esa era Auro.
- Y yo, tenía el móvil en la habitación y estaba en el salón viendo una película. Y no lo he cogido en toda la tarde, hasta ahora que he visto tu llamada. – esa era Nanni.

No había sonado muy convincentes sus excusas, pero eran mis amigas y les iba a creer. Esperaba que no hubieran quedado sin mí. No, eso ellas no lo hacían. Me despedí de ellas hasta el día siguiente.
Sobre las diez de la noche me acosté. Me costó un poco conciliar el sueño, pero por fin lo logré.

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Era de esperar.

¡Pum! Otro ruido, pero ahora provenía de la cocina. Fui corriendo pero me encontré con lo mismo: NADA. En ese instante caí: “seguro que es Isaac que me quiere hacer la puñeta y pretende asustarme” pensé.
Respiré hondo dos veces. Era muy asustadiza, y odiaba que me hiciera eso. Pero tenía que hacerle frente, así que me fui al sofá del comedor y me quedé sentada esperando que Isaac apareciera con el típico “bu” que se decía cuando quería asustarme. Pero nada, tan solo oía mi respiración.
Subí al piso de arriba porque me estaba poniendo histérica y abrí la puerta de la habitación de Isaac de golpe. Él estaba sentado en la cama fumando. “Mierda” oí que dijo, y apagó el cigarro en un cenicero que después escondió debajo de la cama.
- Te estás viciando al tabaco, ¿eh?
- Y tú te estás viciando a no llamar a las puertas, ¿verdad? – me dijo enfadado.
- Lo siento. – puse mi cara de pedir perdón. – ¿Eras tú el de los ruidos?
- Claro que era yo, ¿quién va a ser si no? Me encanta hacerte eso. – le pegué una palmada en la pierna. Poco más y sufre una taquicardia por su culpa. - Por cierto, y cambiando de tema, ayer no te esperaba que aparecieras por el parque. Por lo que tú también mentiste a mamá.
- Si, pero no se tiene porque enterar, ¿no? – dije con una sonrisa pícara. Él también me sonrió.
- Claro que no. Para eso están los hermanos, para apoyarse los unos a los otros.
- Si, pero eso parece que Carla no lo sabe porque…
- Calla, calla, que menuda borrachera cogió ayer. Nunca la había visto así, y mira que la he visto mal, ¿eh? Pero tú también ibas algo contenta.
- Si, pero sabía lo que hacía en todo momento.
- Si, es que…Por cierto, te vi un momento que estabas con Edgar sentada en sus piernas, ¿y eso? – me preguntó interesado.
- Pues no sé, me dijo que fuera y me sentara. La verdad es que estuvimos poco tiempo hablando porque me llamaste tú. – mientras decía esto Isaac se levantó, abrió la puerta, vio que aún no había nadie en casa y la volvió a cerrar de nuevo. Sacó un paquete de tabaco de un cajón, y se encendió un cigarro. Me quedé mirando con cara de no entenderlo.
- Lo siento, lo necesito. Estoy nervioso. – se le notaba.
- ¿Qué te pasa?

No tenía ni idea de lo que le podía ocurrir, pero sabía que era algo que le inquietaba demasiado. Conocía a mi hermano, y sabía cuando le preocupaba algo de verdad.

- Sabes que puedes contármelo. – le dije.
- Lo sé. Pues verás, que ayer por la noche, cuando estábamos en el parque, estuve gran parte de la noche con Dafne. Y claro, entre el alcohol y algunas caladas a un porro me acabé liando con ella. – increíble, pero cierto.
- ¿Qué dices?
- Pues lo que oyes. Pero es que a mí no me gusta, y no quiero que se piense que puede llegar a tener algo más conmigo.
- El lunes se lo dices.
- Pero es que no quiero verla ni hablar con ella, me da vergüenza.
- Te da vergüenza hablar con ella, pero no besarle, ¿no? Lo siento, Isaac, pero este tema se me escapa de las manos. – él se quedó pensativo. Apagó el cigarro que tenía en las manos.
- Gracias Leire, me has hecho recapacitar. – me sonrió.

Me levanté y me fui a mi cuarto. Estuve escuchando música hasta las nueve de la noche. Se me pasó el tiempo volando. Estaba pensando en mis cosas y en mis problemas, y a penas me enteraba de que pasaba el tiempo. Mi madre había venido ya y Carla ya se había levantado, porque podía oírlas hablar en la cocina.
Bajé a la cocina a comer algo. La cena fue bastante tranquila. A penas hablamos. Enseguida me fui a dormir. Estaba muerta de sueño.

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martes, 5 de mayo de 2009

¿Y ese ruido?

Hugo era un chico muy simpático. Estuvimos hablando con él durante toda la comida. La pequeña Jenny comió antes que nosotros, y después se fue un rato a dormir la siesta. Mientras, los cuatro intercambiábamos anécdotas e historias que nos habían ocurrido. Al final supe que Hugo y Nanni habían tenido una especie de rollo en el verano. No duró mucho, pero si lo suficiente para que aún quedara en sus ojos una especie de brillo cada vez que se miraban. Estaba segura de que aún sentían algo el uno por el otro.
Después de comer estuvimos viendo una película que Hugo había alquilado recientemente del video club. No me gustó mucho porque era de miedo, pero gracias a ella, Hugo estuvo toda la película cogiendo a Nanni, porque ésta, al igual que yo, chillaba en cada susto de la película.
Sobre las seis de la tarde, vi conveniente irme. Nanni hizo lo mismo. Cuando íbamos por la calle no pude contenerme y le pregunte:
- A ti te sigue gustando Hugo, ¿verdad?
- No es que me guste, porque tú sabes que a mi el que me gusta es Eric, pero me agrada cuando me coge y se preocupa por mí. Me hace sentirme querida.
- ¿Y por qué no lo vuelves a intentar con él? Porque a él se lo nota que aún siente algo por ti, no se qué, pero algo seguro.
- No sé, ya veremos. Deja que pase unos días y que esté más con él, a ver que pasa.

No comenté nada más al respecto. Aunque ella me había dicho que no sentía nada por él, yo sabía que algo si había, porque sino la segunda contestación no me la hubiera dado. Pero no la quería atosigar. Quería que fuera ella la que aclarara sus sentimientos sin ayuda de nadie.
A medio camino me despedí de Nanni, y ella se fue hacia su casa. No vivíamos lejos, a tan solo unas calles.
Cuando llegué a casa, mi madre no estaba. Supuse que se había ido a casa de Rita a tomar un café. Es lo que solía hacer los fines de semana. Eran muy buenas amigas. Se conocieron en el instituto cuado estudiaban, y ahora era inseparables. Pasaban dos tardes juntas a la semana: se reían, se divertía, contaban sus penas y para casa. Me parecía bien, porque así mi madre se desahogaba.
Subí a mi habitación. Toda la planta de arriba estaba completamente en silencio, y eso era demasiado raro teniendo en cuenta que se trataba de mi casa.
Entre abrí la puerta de la habitación de Carla. Estaba durmiendo. Era lógico, después de la fiesta de ayer debía estar agotada.
En ese momento oí un ruido en el salón. Bajé corriendo, pero allí no había nadie. Me mosqueé un poco, porque el ruido había sido bien sonoro.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Sábado

Cuando me desperté el sábado, se me hizo un poco raro encontrarme en la habitación en la que estaba. Cuando giré la cabeza y vi en la otra cama a Nanni en un profundo sueño, me acordé de que nos habíamos quedado en casa de Auro a dormir. Recapacité sobre lo que había pasado la noche anterior. ¿De verdad había ocurrido todo eso? De repente me dio un pinchazo en la cabeza. Si, si que era real, y mi dolor de cabeza lo corroboraba.
Esperé un poco en la cama hasta que Nanni se despertará. Miré el reloj que había colgado en la habitación. Era pronto, tan solo las diez de la mañana. Después de habernos acostado tan tarde, debería de dormir un poco más, pero era imposible. No podía.
A los diez minutos empecé a oír murmullos fuera de la habitación. Me levanté en silencio para no despertar a Nanni y salí del dormitorio. Me dirigí a lo que parecía el salón, no había nadie allí. Permanecí en silencio, para ver de donde provenía el murmullo de voces que oía. Venía de la cocina. Me dirigí hacia allí, y encontré a una niña pequeña que estaba desayunando mientras veía embobada la tele.
- Hola guapa. – le dije. Supuse que era la hermana de Auro. Era una niña muy mona.
- Hola. ¿Quién eres? – me preguntó casi sin mirarme. Los dibujos la tenían absorbida.
- Soy Leire, una amiga de tu hermana. – porque era su hermana, ¿verdad?
- ¿Hermana? Yo no tengo hermana, pero si un hermano. – me tenía desorientada.
- ¿Cómo que no tienes una hermana? – era una voz varonil. Provenía de unos pasos por detrás de mí. Me giré y vi a un chico, más o menos de mi edad, alto, con el pelo rubio. Sus ojos me absorbían poco a poco, como a la niña pequeña los dibujos.
- Hola… - dije con tono amigable.
- Buenos días. Tú debes ser Leire, ¿no? – me dijo como si me conociera de toda la vida.
- Si, claro. Y tú eres…
- Lo siento, no me he presentado. Soy Hugo, el hermano mayor de Auro, bueno, aunque solo tengo dos años más que tú. Y la niña que ves ahí – dijo señalando a la pequeña – se llama Jenny. Y si, es mi hermana y la hermana de Auro, lo que pasa que se pelean mucho, y Jenny le gusta decir que no tiene hermana. – me dijo sonriendo. Yo hice lo mismo.
- ¿Ya te has levantado? – dijo Auro tocándose la cabeza. Llevaba los pelos alborotados, y apenas podía abrir los ojos. – Me duele la cabeza horrores.
- Ayer buena fiesta, ¿no hermanita? Anda, desayunad que ya es hora. Iré a avisar a Nanni, que sino se pasa toda la mañana durmiendo.


Esperamos a Nanni. A penas tardó cinco minutos. Auro nos preparó un buen desayuno con tostadas, leche, zumo, galletas…y la verdad es que lo agradecí, porque mi barriga estaba rugiendo desde que abrí los ojos en la cama. Mientras desayunábamos, Auro nos ofreció que nos quedásemos a comer en su casa, aunque yo no lo vi muy apropiado. Hugo insistió bastante. Nos dijo que sus padres se habían ido a casa de unos amigos a pasar el día, y que ellos estarían solos hasta la noche, por lo que entonces me pareció correcto quedarme.
Llamé a mi madre para que lo supiera, pero aunque hubo unas cuantas quejas por su parte, después no se opuso.

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